¿Porte escribió la carta que dejó para el Dr. Delgado? (Nota VIII)

 

La imagen corresponde al carné de jugador de Abdón Porte expedido por la Asociación Uruguaya de Fútbol. En él se aprecia abajo a la izquierda, la firma del jugador. Escrita con pluma y tinta como ocurría en aquel tiempo, la caligrafía -comparada con las restantes pertenecientes al empleado administrativo de la asociación-, refleja una gran diferencia. Nadie podría dudar en afirmar que la firma de Porte pertenece a alguien de “humildísimo origen”, como escribió el Dr. Delgado refiriéndose a la infancia del jugador. ¿Alguien con esta caligrafía que refleja una escasa educación podría escribir una carta como la que -aparentemente- dejó al mismo Dr. Delgado, que culmina con un verso propio de un poeta como lo era el presidente de Nacional?

En las informaciones publicadas en los diarios de Montevideo –únicos medios de información de entonces ya que las radios y las televisoras no existían-, en sus ediciones del 5 y 6 de marzo de 1918, tal como señalé en las notas anteriores, se hizo mención a las dos cartas que dejó Porte.

El Plata, el vespertino que más amplio espacio destinó a la cobertura de lo ocurrido, señaló que “movido el cuerpo, se encontró á su lado un sombrero de paja, bajo el cual Porte había colocado dos cartas: una dirigida al presidente del Club Nacional y la restante, á un miembro de su familia. En ninguna de las cartas referidas, concreta el motivo de su determinación. Es pues, lo más aceptable, creer que se trata de un momento irreflexivo, provocado por una enfermedad de carácter nervioso”. Y concluye: “En la carta dirigida por Abdón Porte al doctor Delgado, le manifiesta que su deseo es el de reposar en el lugar donde se encuentran los hermanos Carlos y Bolívar Céspedes. De acuerdo a su pedido, se han hecho gestiones ante el señor Eusebio Céspedes, quien, con toda seguridad, atenderá el deseo del entusiasta afiliado, que en su última hora, anheló llegar al sitio donde se encuentran los que iniciaron una época, la época de oro de nuestro football, que fueron símbolos de entusiasmo y entereza, entregándolo todo, inspirados en el principio de sport por sport. En consecuencia, los restos del exjugador Porte, quedarán en depósito en la necrópolis Central, para ser depositados mañana, en el Cementerio de la Teja”.[1]

La Razón -más escuetamente- en el mismo sentido informó que Porte “deja una carta para el presidente de su club, Dr. José M.a Delgado. En ella, sin explicar los móviles de su fatal resolución, recomienda a su querida madre a los cuidados del club que defendió con tanta consecuencia. Y su deseo póstumo, es de que su cuerpo repose en el cementerio de la Teja junto con el de los hermanos Céspedes”.[2]

La Tribuna Popular dentro de la divulgación de las resoluciones que adoptó Nacional a raíz del suicidio de Porte, culmina expresando lo siguiente: “A. Porte ha dejado una carta para el doctor José María Delgado, presidente del Club Nacional de Football. La carta del doctor Delgado dice así: ‘Querido doctor don José María Delgado. Le pido á usted y demás compañeros de Comisión que hagan por mí como yo hice por ustedes: hagan por mi familia y por mi querido madre. Adiós querido amigo de la vida. Abdón Porte. Nacional aunque en polvo convertido / Y en polvo siempre amante / No olvidaré un instante / Lo mucho que te he querido. Adiós para siempre. En el Cementerio de la Teja con Bolívar y Carlitos’.[3]

ORIGINALES DE LAS CARTAS DE PORTE NUNCA APARECIERON

 Esta publicación textual de la carta que dejó Porte para el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, abre algunas interrogantes para quien –como es mi caso- ha investigado pacientemente el caso desprendido de toda subjetividad y con la única finalidad de aproximarme, como en todos los casos de la historia de nuestro fútbol, a la verdad histórica. Reflexionemos.

Primero. Para aquellos que conocen profundamente la profesión del periodismo, el análisis de este tema puntual de la divulgación textual de la carta, lleva de la mano al camino de las dudas. El Dr. Delgado estaba vinculado estrechamente a El Plata. Eligió sus páginas para publicar el 6 de marzo el texto de su autoría referido al suicidio de Porte, hecho que compara con el episodio de Werther, en la novela de Goethe. (ver nota VII). Entonces… ¿por qué entregó para ser publicado ese mismo día, el texto íntegro a La Tribuna Popular cuyo propietario –Lapido-, era adversario del vespertino El Plata del Dr. Ramírez?

Segundo. El original de esa carta de Porte al Dr. Delgado nunca apareció. Tampoco el de la otra misiva, la destinada a “la familia” o solo “al hermano”, según el diario de la época que se elija para seguir los detalles del suceso. El motivo por el cuál el presidente de Nacional no conservó el original de la carta que le fue dirigida, para entregarla luego al acervo del club, es imposible conocerlo hoy a cien años de distancia. Sin embargo esta realidad enciende otra duda. ¿Por qué el Dr. Delgado, poeta y escritor de primera línea, director de revistas literarias y por ende conocedor del valor de los documentos, no tomó el recaudo de conservar esa carta de Porte, trascendente documento de esta “caso” muy bien definido como “inescrutable” por el jugador Pesquera en su discurso. La conclusión de este episodio de la carta, sobre el que no existen análisis como el aquí realizado, permite plantear legítimamente el beneficio de la duda sobre la autoría de la segunda parte de la misma e incluso algunas conjeturas sobre el por qué de la actitud del Dr. Delgado para no mostrar el original de la misiva póstuma y sí, en cambio, filtrar a La Tribuna Popular el, aparentemente, texto íntegro de la misma. Justamente, los enigmas que abre esta situación referida a la carta de Porte dirigida al Dr. Delgado, también nacen del artículo por él escrito y publicado en El Plata, y cuyo texto íntegro formó parte de mi artículo anterior (ver nota VII). A lo allí expresado se suman otras pruebas posteriores que han aparecido. Veamos…

 ORIGINA DUDAS LA TRANSCRIPCIÓN DE LA CARTA A DELGADO

Tercero. Cabe señalar que el presidente de Nacional afirma en la nota referida precedentemente que Porte era “de humildísimo origen” y más adelante manifiesta que “sus toscas manos (estaban) acostumbradas sólo á la dureza de la herramienta”. Estas dos afirmaciones deben unirse con la realidad que se vivía en aquel tiempo donde el acceso a la escuela pública no era masivo, especialmente en los pueblos y villas del interior del país. Abdón Porte nació en Durazno[4] y su caligrafía que llegó a nuestros días a través de su firma en el carné de jugador de la AUF, permiten dar fe de las afirmaciones del Dr. Delgado. En consecuencia, no parece corresponderse esa definición con la realidad, abriendo una interrogación sobre la capacidad que podría tener Porte para que, efectivamente, fuera el autor de esa cuarteta final que se le atribuye en la carta. Carta que, es necesario insistir, su original nunca apareció.

Primer plano de la firma que Abdón Porte estampó en el carné de jugador de la AUF que ilustra el comienzo de esta nota. La caligrafía del jugador reafirma las expresiones del presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, en cuanto a su escasa cultura. Entonces… ¿pertenecen a Porte esos versos perfectos con que cierra la carta que antes de suicidarse escribió al Dr. Delgado? La duda es lógica.

Cuarto. El contenido de la otra carta que Porte dejó junto a su cuerpo y que –como se afirma línea arriba- tenía por destinatario a “la familia” según lo informado por La Razón, o sólo a su “hermano”, de acuerdo al testimonio de El Plata, no se conoce. Es interesante señalar como demostración del misterio que aún hoy rodea este episodio trágico, que La Tribuna Popular informó que “A. Porte ha dejado una carta para el doctor José María Delgado, presidente del Club Nacional de Football”, sin mencionar en ningún momento la existencia de la otra misiva.

[1] Deportes. “El fallecimiento de Abdón Porte. Impresión que ha causado su trágica desaparición”. El Plata, 06/03/1918.

[2] FOOTBALL. Abdón Porte. La Razón, 05/03/1918.

[3] HOMENAJES. La Tribuna Popular, 06/03/1918.

[4] Dimitri Seuchuk en Abdón Porte: más allá de la leyenda, Montevideo, ediciones MC, 02/2018:35. El autor afirma que “Abdón Porte Falco nació en Libertad, departamento de Durazno (…) en una familia humilde”. El estudio de la geografía de ese departamento no contiene ningún pueblo con el nombre de Libertad.

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Próxima nota: La fábula de sustituir a Porte con Zibechi (Nota IX)

 

 

Definitivo: Delgado no cree en la decadencia de Porte y afirma que estaba en “su hora meridiana” (Nota VII)

El detalle pertenece a la nota que escribió el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, el 7 de marzo de 1918 en el vespertino El Plata. El Dr. Delgado que recibió una de las dos cartas que dejó Porte, en las que no mencionó en la que le fue dirigida a él, los motivos del suicidio afirma claramente que “no es cierto el decaimiento futbolístico del jugador”. Marcado en amarillo en la nota. Se trata de un testimonio claro para arrojar luz sobre el tema y sirve para dejar sin consistencia otro que se maneja sobre la sustitución de Porte que se operaría en el equipo titular por decisión del Dr. Delgado.

La última nota de la amplia cobertura del sepelio de Abdón Porte desplegada por el vespertino El Plata llama aún hoy la atención por su títulos: “EN EL ALBUM DE ABDON PORTE (sic) Ha sido un Werther del sport”. Desde el comienzo mismo de la lectura del texto queda en claro que su autor estaba adornado por dotes especiales de escritor, además de poseedor de una amplia cultura y una vena poética.

EL TEXTO ÍNTEGRO DE LA NOTA

“Extraordinarias actitudes físicas y nobles condiciones morales, le habían tejido una aureola de popularidad por pocos superada en el ambiente deportivo del Río de la Plata.

Nacional era su ideal. Lo amaba como el creyente á su fé, como el soldado á su bandera. Para él fue su último pensamiento, como su primer energía. Por su enseña todo era capaz de dar; ninguno, por defenderla, se expuso á más peligros; puede decirse, sin hipérbole, que no hay parte de su cuerpo en donde no se encuentre una cicatriz, noble huella de su audacia y de su amor absoluto por la causa de sus afecciones. ¡Faltaría, tal vez, metal, si el Club Nacional de Football hubiera premiado cada una de ellas con la Cruz de Hierro que merecían!…

De humildísimo origen, el deporte fue para él como una escala de Jacob por la cual ascendió á altura que jamás debió de haber soñado.

Gloria, fama y honores se le prodigaron. Sobre sus hombros lo levantó como un ídolo, la muchedumbre frenética; sus oídos se familiarizaron con el elogio; sus toscas manos acostumbradas sólo á la dureza de la herramienta, se sintieron estrechadas por la ternura y el afecto; sus sienes besadas solamente por el agrio sudor de las faenas sintieron el halago del laurel olímpico…

Acostumbrado al incienso, él le fue necesario, luego como el agua para la planta. Faltóle (sic) serenidad de juicio para comprender, como en la parábola de Rodó, que el vaso estriado, perdido su timbre armonioso, aún puede ser bello búcaro de flores, y una vez que notó la fatal estría de su decadencia, acaso no llegada todavía, prefirió romper bruscamente el vaso de su vida.

Malsanas brumas, sin duda, le impidieron ver claro y lo llevaron, contra la realidad de las cosas, porque no creemos que fuera cierta tal decadencia, ni había disminuido á su alrededor el halago del aplauso, ni el afecto de los partidarios, al trágico abismo en que ha caído.

Por eso decimos que fue un Werther.

Pero extraviado y todo, qué helada majestad hay en su muerte romántica, qué resplandor fascinante y trágico en esa resolución de sucumbir en el campo de sus proezas, qué honda y estéril energía en esa juventud que al sentir el otoño de sus actitudes prefiere truncarse en flor!…

No quiso escuchar la melancólica reconvención de los amantes Verlainianos, cuando su amor caduco no vivía más que de vocaciones del pasado.

El no aplazó la ‘exquisita’ muerte, murió en su hora.

Fuerte, trágico y bello, como un ateniense de los siglos de oro, se extinguió sobre el teatro de sus hazañas, en plena hora meridiana.

¡Haya querido el cielo que todos los estrépitos que sus proezas levantaron, despertaran sus ecos dormidos para endulzar sus póstumos instantes; y que el incienso, que tanto amaba y con tanta justicia se le prodigó, servido le haya de nube para elevarse con la conciencia de que deja un recuerdo imperecedero!”

PRESIDENTE DE NACIONAL NIEGA LA DECADENCIA DE PORTE

 El texto que lleva al pie la firma de J. M. D. perteneció a José María Delgado, presidente del Club Nacional de Football desde 1911 y quién, hasta nuestros días, representa una de las más altas torres que ha conducido a la institución. Justicia total y absoluta ha concretado en realidad la resolución de la comisión directiva de colocar su nombre a una de las tribunas del estadio del Parque Central.

El escrito del Dr. Delgado es la respuesta a la publicación de La Tribuna Popular del día anterior (ver nota V de esta serie). Como quedó constancia en el texto de la misma La Tribuna Popular camina por la ruta de la ambigüedad, porque en ella se señalan como origen de la trágica decisión “una serie de circunstancias á que no están ajenas del todo razones económicas”, agregando luego que “por sobre todo él tuvo como causa principal en su gesto trágico, el convencimiento íntimo de su decadencia como jugador”, concluyendo con algo totalmente inexacto como es afirmar que “el domingo último, la escasa lucidez de sus jugadas, lo decidieron á eliminarse para siempre”. Esta rotunda afirmación de La Tribuna Popular no tiene sentido, ni asidero para justificar el suicidio. El partido del domingo 3 de marzo de 1918 que Nacional ganó 5:1 era el primero de la temporada, tenía simple carácter amistoso para iniciar el año futbolístico y el equipo lo ganó con comodidad absoluta. Además,  lo que echa por tierra el sentido trágico que la publicación le quiere otorgar, es que desde el 23 de diciembre de 1917 el equipo de Nacional estuvo sin jugar, de vacaciones y sin ningún tipo de entrenamiento o actividad parecida. Esto ocurrió así porque así era el fútbol de aquel tiempo. En enero y febrero no se practicaba este deporte para evitar el calor. Se practicaba el cricket, de mucha menor exigencia física. Por lo tanto es una exageración señalar que Porte porque jugó mal resolvió suicidarse porque estaba en decadencia.

El valor de la respuesta del Dr. Delgado al negar esta afirmación realizada por La Tribuna Popular, es una prueba de enorme valor y a su vez arroja luz sobre la mentira de atribuir al decaimiento del jugador, el motivo del suicidio. Lo afirma con toda lógica en dos ocasiones. Primero cuando escribe que “una vez que notó (Porte) la fatal estría de su decadencia, acaso no llegada todavía”. Lo reitera luego cuando sostiene que “no creemos que fuera cierta tal decadencia” y concluye afirmando, rotundamente, una verdad que todos los futbolistas conocían: Porte se encontraba “en plena hora meridiana”.

Esta última afirmación es por demás lógica en todos los tiempos de la historia del fútbol. Ningún deportista se encuentra físicamente decadente a los 25 años de edad y mucho menos anímicamente cuando, como en el caso de Abdón Porte, desde su llegada a Nacional hasta el momento de su trágico final conquistó los siguientes títulos: con Nacional “Campeón uruguayo 1912, 1915, 1916 y 1917. Campeón de la Copa Competencia 1912, 1913, 1914 y 1915. Campeón de la Copa de Honor 1913, 1914, 1915, 1916 y 1917. Campeón de la Copa La Razón 1911 y Copa Instrucciones del Año XIII 1913 (ambas frente al CURCC). Campeón del Río de la Plata (Copa Aldao) 1916 y Campeón Copa de Honor Rioplatense 1915 y 1916. Con Uruguay Campeón Sudamericano con Uruguay 1917 (integró el plantel, no jugó). Campeón Copa Competencia Rioplatense con Uruguay 1913 y 1915”.[1]  

¿POR QUÉ EXISTE RELACIÓN ENTRE PORTE Y WERTHER?

En su poético artículo transcripto el Dr. Delgado afirmó que Porte “ha sido un Werther del sport”. Esa frase es, también, el título principal de la nota. Justifica esa afirmación señalando que “malsanas brumas, sin duda, le impidieron ver claro y lo llevaron, contra la realidad de las cosas (…) al trágico abismo en que ha caído. Por eso decimos que fue un Werther”.

La mención del Dr. Delgado a la novela de Johan Wolfgang Goethe titulada Los sufrimiento del joven Werther, puede conducir a otra pista de investigación. La misma está ligada –en tren de conjeturas-, con lo que afirmaba Luis Alfredo Sciutto (Diego Lucero), jugador de Bella Vista en ese tiempo y en el futuro de Nacional, eximio periodista luego y fundador de Clarín de Buenos Aires en 1945.

La novela de Goethe narra la historia del joven Werther quien conoce a Carlota, una joven hermosa comprometida para casarse con Alberto, quien se encuentra de viaje. Entre Werther y Carlota nace una amistad que continúa cuando retorna Alberto. Nace en Werther el amor que se acrecienta día a día al saber que es recíproco de parte de Carlota. Un domingo antes de Noche Buena el joven Werther se atreve a besar a Carlota, despidiéndose con un “¡Adiós para siempre!”. Werther retorna a su casa y llevado por el pesimismo se suicida. ¿Por qué el Dr. Delgado recurre a esta cita de Werther?

Diego Lucero, mi maestro y amigo –a pesar de la gran diferencia de edad que existía- contaba en conversaciones amistosas –sin que las haya volcado sobre las páginas de los diarios o bien en grabaciones-, que la trágica decisión de Porte se originó a raíz de dejar embarazada a una joven con la que mantenía relaciones amorosas, más allá de su vinculación estable con otra chica con la que iba a contraer matrimonio el siguiente 3 de abril de 1918. El extinto Eduardo Gutiérrez Cortinas, quién esto escribe y firma, y también el Dr. Hernán Navascues, escucharon de boca de Diego Lucero esta afirmación. Es necesario consignar que Luis Alfredo Sciutto –nombre y apellido de quién popularizo en Clarín el seudónimo mencionado-, tenía 17 años en aquel 1918, jugaba con buena capacidad en los juveniles de los clubes del Arroyo Seco donde nació, se incorporaría al nacer Bella Vista y pasaría luego a Nacional, momento en que defendió a la selección uruguaya.

Asimismo debe dejarse constancia –especialmente para los jóvenes que leen estas crónicas-, que aquel tiempo del mundo no tiene ningún punto de contacto con el actual. Un aborto no sólo era impensado, sino también impracticable. Y para una jovencita dar a luz un “hijo natural”-como se decía entonces-, resultaba una afrenta y una condena social difícil de sobrellevar.

En lo que a mi respecta, tomo con pinzas este relato de Diego Lucero, así como otro que aparecerá muchas décadas después del luctuoso episodio, donde la construcción de la equivocada línea argumental de la decadencia de Porte se amplía con una escena en el vestuario, después del partido disputado entre Nacional y Charley el domingo 3 de marzo, momento en el cual el Dr. Delgado le expresa a Porte que la lesión que experimentaba en una rodilla conspira contra tu rendimiento, por lo cual la directiva resolvió sustituirlo por Alfredo Zibecchi. En próxima nota la luz de los documentos dejará -también- en claro esta falacia.

[1] Cr. Juan José Melos Prieto. El padre de la gloria. Pág. 32

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¿Qué decía la carta que Porte dejó a su hermano? (Nota VI)

Vista del campo de juego construido en 1900 en el predio del Gran Parque Central por la empresa de tranvías a la Unión y Maroñas. En la mitad del mismo apareció el cuertpo de Abdón Porte, quién optó por el camino del suicidio en la madrugada del 5 de marzo de 1918. El motivo, de acuerdo a lo que expresó en su discurso su compañero de equipo, Ramón Pesquera, es “un misterio inescrutable”.

Las ediciones del jueves 7 de marzo de 1918 dedicaron amplios espacios a cubrir e informar sobre todo los detalles del velatorio y sepelio de los restos mortales de Abdón Porte. El Día, La Tribuna Popular, La Razón y el Siglo se limitaron a ese tipo de cobertura, dejando completamente de lado el tema vinculado con esclarecer los motivos que llevaron a un joven futbolista que estaba en la cumbre de su trayectoria a adoptar la decisión de poner fin trágicamente a su vida.

EN EL PANTEÓN DE LOS CÉSPEDES Y EL HOMENAJE DE PEÑAROL

 La cobertura más amplia y de mayor categoría del acto del sepelio –sin duda alguna- la realizó el vespertino El Plata. Incluyó dos fotografías en la página entera que destinó para cubrir la noticia. Se observa una imagen de la columna de gente que atiborró la calle principal del cementerio Central y, luego, un primer plano del Rodolfo E. Bermúdez, leyendo su discurso en representación del Club Nacional de Football.

En el comienzo de la misma destaca que La familia del señor Eusebio Céspedes accediendo al póstumo pedido de Porte, ofreció al Club Nacional el sepulcro en el que descansan los hermanos Céspedes. En consecuencia, en la mañana de hoy fueron trasladados los restos al Cementerio de la Teja.[1]

Uno de los detalles simpáticos lo ofrecieron los elementos del primer team del Peñarol, el tradicional adversario del Club del Camino 8 de Octubre. Vimos, sin una sola excepción, á todos sus componentes, que acudieron en corporación á este acto de extricta (sic) y obligada solidaridad.[2]

Aporta al destaque de esta información señalar que en la anterior edición de El Plata –la del miércoles 6 de marzo-, con el mismo sub-título que encabeza estas líneas, el vespertino informó que el decano de nuestro football, el Club A. Peñarol, envió a la sede del Club Nacional una delegación especial, con el cometido de depositar una corona, ofrenda de los aurinegros hacia quien fue su más tesonero rival de las justas deportivas.[3]

Entiendo que corresponde destacar esta información, principalmente en estos momentos de nuestro fútbol, cuando ya han transcurrido casi dos décadas del siglo XXI y en donde, en lugar de aquietarse las pasiones para volver al viejo sentimiento deportivo donde más allá de las disputas en la cancha reinaba la caballerosidad y la cortesía entre los exponentes de pasiones tan diferentes.

EL DISCURSO DE RAMÓN PESQUERA, COMPAÑERO DE EQUIPO

Entiendo importante para arrojar luz sobre esta polémica surgida desde hace varias décadas, entre la verdad histórica y la verdad oficial construida –choque que se agiganta en esta ocasión del centenario del trágico hecho-, proceder a reproducir íntegramente el discurso leído por Ramón Pesquera, jugador del primer equipo de Nacional, quien hizo uso de la palabra en nombre de sus compañeros de plantel.

¡Porte ha muerto! Esta frase lapidaria cruzó ayer como fulgor de rayo por nuestros oídos y recorrió de boca en boca la ciudad estremeciéndonos el corazón. La fatal nueva no se amoldaba á nuestro entendimiento, parecía el espejismo de un sueño que llegaba para torturarnos el alma con el dolor de una pesadilla ingrata; pero pasaron los primeros momentos de estupor y aun sin querer arrancar de nuestros ojos esa venda que parecía impedirles ver, tuvimos que convencernos de la terrible realidad, tuvimos que convencernos de que nuestro camarada, nuestro buen amigo, había muerto y tuvimos que reconocer que aquel hombre fuerte y joven, vigoroso y luchador, había caído para siempre sobre el mismo campo que tantas veces sirviera para recoger el eco estrepitoso de los aplausos que nuestro valiente camarada provocó en sus tardes de gloria, de las que, tantas veces gustó el alma noble de nuestro Indio

Una de las columnas fuertes de nuestro club se ha derribado y en su caída ha llevado con ella un pedazo de nuestra alma, de nuestra vida misma, ya que se lleva consigo una amistad íntima, un pedazo de nuestro corazón y la amistad leal y sincera como era la que con sus amigos usaba Porte. Era, señores, á mi juicio, una parte integrante de nuestro ser.

La fatídica visión de la muerte, que al contemplar los despojos inertes del que ayer fuera un gallardo vencedor, revuelve nuestros sentidos. Y es en este caso más lúgubre y más avasalladora que nunca, porque en el fondo de lo sucedido aparece el misterio inescrutable. Respetemos con la solemnidad que la muerte impone con su presencia, el terrible designio, el insondable por qué, que armó la mano de quien á si propio se despedaza el corazón y pensemos que muy grande debió ser la tribulación que embargara su espíritu cuando le llevó a tan definitiva decisión. No es del caso indagar, no hay porque hacerlo, el destino, la predestinación, lo llevó allí y su sino desdichado quiso que no pudiéramos cortar lo inevitable, que no pudiéramos tender nuestra mano al que al borde del precipicio, se abismó en él, dejándonos tan sólo el recuerdo cariñoso de su bondad y de su altivez como ejemplo de amigo y como prototipo de luchador.

En nuestra mente vivirá siempre el recuerdo de su amor al club de sus amores, eternamente recordaremos sus arrestos gallardos de valiente, que no cedía ante el cansancio, ni el dolor, que desdeñando las fatigas de su cuerpo y despreciando la adversidad entregaba su alma por entero, en la defensa de sus ideales.

Sin que mis palabras lleven el menor engendro de reproche para nadie, ya que odios no caben ante la magnitud de la muerte, es necesario recordar aquella aciaga tarde en Belvedere en la Porte entregó hasta la última gota de energía de su ser y no se amilanó ante el castigo ni guardó de él rencores ni odios para nadie. Pudo siempre, dada su complexión, responder con la agresión á los que le agredieron, pero nunca lo hizo: era bueno y era noble, era sportman y era caballero.

Porte, compañero de todos los momentos, que te fuiste, acompáñanos con tu espíritu en la lucha, sigue vertiendo sobre nosotros con la prodigalidad con que siempre lo hicieste (sic) tu ejemplo de luchador; y hermanando tu imperecedero recuerdo con el de los que fueron nuestros y te precedieron en el camino de la muerte, haremos de de ese recuerdo al altar donde fortificaremos nuestro espíritu y lo templaremos para las luchas del porvenir.

Camarada: sobre tu tumba depositamos tus compañeros una rama de oliva que ciña eternamente tu frente de vencedor y del jardín de nuestra vida escojeremos (sic) para ti las mejores margaritas á fin de que te lleven con su aroma, el recuerdo inolvidable de tus compañeros.

Descansa en paz”.[4]

LAS PALABRAS DE PESQUERA Y ALGUNAS INTERROGANTES

Compañero de equipo de Abdón Porte en la etapa gloriosa del primer trienio de campeón uruguayo de Nacional (1915-1917) conseguido por un club en el fútbol de nuestro país, Pequera inició sus palabras para ratificar la importancia que tenía el equipo el jugador que se quitó la vida. Ramón Pesquera se desempeñaba en la defensa, razón por la cuál conocía muy bien la capacidad y competencia de Porte. Lo define como una columna y alerta sobre el futuro sin su presencia.

Luego Pesquera hace hincapié en algo que, un siglo después, parece totalmente lógico. Se refiere al episodio dejando inicial constancia clara y terminante al expresar que “de lo sucedido aparece el misterio inescrutable”. Esta afirmación es la única que tiene validez cuando aquel ser humano que decide transcurrir el tortuoso y difícil sendero de la autoeliminación, no deja un testimonio rotundo y definitivo sobre los motivos que lo condujeron al suicidio. Es por esa razón que Pesquera se dirige a los presentes en el acto del cementerio central, planteando a todos una solicitud: “Respetemos con la solemnidad que la muerte impone con su presencia, el terrible designio, el insondable por qué, que armó la mano de quien á si propio se despedaza el corazón y pensemos que muy grande debió ser la tribulación que embargara su espíritu cuando le llevó a tan definitiva decisión”.

No es del caso indagar, no hay porque hacerlo, el destino, la predestinación, lo llevó allí y su sino desdichado quiso que no pudiéramos cortar lo inevitable”.

Al reflexionar sobre la apelación de Pesquera intentando desanimar a quienes estuvieran afines a buscar los motivos de la trágica decisión, surgen interrogantes lógicas para quién se incline sobre el hecho -cien años después de ocurrido el mismo-, como es mi caso. ¿Qué revelación o mensaje contenía una de las dos cartas que quedaron junto al revólver y cuyo destinatario era el hermano del suicida? ¿Por qué nunca trascendió y no se ha hecho ninguna mención, en los diarios de la época a la misma? Es de suponer, dada la importancia y trascendencia que el Dr. José María Delgado ejercía sobre la vida del Club Nacional de Football, que a él se entregaron las dos cartas, una de las cuáles estaba remitida a su persona. Y las preguntas continúan fluyendo. ¿Las cartas se encontraban en sobres cerrados o no?

En suma, el cierre de las palabras de Ramón Pesquera, así como el texto de la carta que el Dr. José María Delgado publicó en El Plata del 6 de marzo en respuesta a lo escrito por La Tribuna Popular en la jornada anterior, abren otro espectro de conjeturas sobre la única realidad que conocemos y que el jugador Pesquera resume con acierto: “el misterio inescrutable”.

[1] “El acto de hoy”. El Plata. 07/03/1918.

[2] “Los de Peñarol”. El Plata. 07/03/1918.

[3][3] “El homenaje del Peñarol”. El Plata. 06/03/1918.

[4] “Del señor R. Pesquera”. El Plata. 07/03/2018.

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Próxima nota: Definitivo: Delgado no cree en la decadencia de Porte y afirma que estaba en “su hora meridiana”.

“Han circulado mil versiones” del suicidio de Porte (Nota V)

Fotografía captada en el último mes de 1915 luego que Nacional conquistara la Copa Uruguaya, agregándola a los torneos internacionales de clubes, Copa Competencia y Copa Cusenier, que anualmente se ponían en juego ante los clubes de Buenos Aires y Rosario de Argentina.
Con los tres trofeo en el eje de la imagen, arriba desde la izquierda aparecen Pascual Somma, José Vanzzino, Maquinita Olivieri, Carlos Scarone, De Vecchi, Porte, Foglino y Castellino. Abajo, en el mismo sentido: Pablo Dacal, Ángel Romano, José Brachi y Lázaro. El Canario o Indio Abdón Porte tenía 23 años.

La Tribuna Popular inició una extensa nota publicada al día siguiente del suicidio de Porte, con lo conceptos que transcribo a continuación. “La noticia del suicidio del querido jugador nacionalófilo Abdón Porte que adelantamos ayer, produjo verdadera consternación entre los parciales albos y sorprendió íntegramente á todos los aficionados, ya que el jugador desaparecido pertenecía al grupo de los privilegiados que saben captarse las simpatías de todos, por nobleza de alma y sinceridad de afectos. Dolorosa y desagradable impresión, porque jamás podía soñarse que Porte tuviera un final de tal naturaleza, siendo por su carácter, sus hábitos y su ambiente, la más absoluta negación de todo romanticismo, de toda sombra, de toda sospecha”.[1] Queda claro -según mi opinión- que nadie pensaba que el trágico episodio podía ocurrir.

Agrega la hermosa crónica por la galanura del texto propio de aquella época, que “Nacional pierde á uno de sus más viriles paladines en horas en que gustados los triunfos, libados todos los néctares, logradas las más soñadas consagraciones, se hubiera hecho necesario, indispensable, contar en la guardia con los soldados más capaces, más dignos, más esforzados y amantes de la enseña nacionalfila, para que no se produjera la decadencia que sigue a toda época de esplendor.

Y Porte, si ayer fué necesario á Nacional, si cuando él no pudo asistir á los fields, la bandera alba no flameó victoriosa, hoy hubiera sido indispensable, como primer cruzado en cada batalla, como primer colaborador en cada victoria”.[2]

De lo transcripto no surge ninguna duda sobre el excelente estado en que se encontraba Porte, condiciones propias de su edad. Es necesario recordar que tenía 25 años y, reiterar, que de los 36 partidos de la temporada de 1917 que disputó Nacional, en 33 de ellos actuó Porte y convirtió 4 goles.

RESOLUCIONES DE NACIONAL E INICIO DEL VELATORIO

La nota continúa informando sobre las varias resolución adoptadas por Nacional sobre el tema.

“-Ofrecer el local del club Nacional de Deportes para velar sus restos

-Costear los gastos de entierro.

-Colocar la bandera del club a media asta.

-Instituir un mes de luto para los jugadores compañeros de Porte.

-Designar al señor Bermúdez, para que en el acto del sepelio haga uso de la palabra en nombre de la Comisión y á Ramón Pesquera en nombre de los jugadores.

-Apersonarse al señor Eusebio Céspedes para hacerle presente la íultima disposición del extinto.

-Colocar la bandera del Club sobre el ataúd que guarda los restos mortales de Porte.

-Agradecer los ofrecimientos de algunas casas de pompas fúnebres que se ofrecieron para hacer gratis el sepelio”.[3]

La nota prosigue informando que en la noche desfilaron millares de personas por las sede de Nacional desde las 9 de la noche hasta las primeras horas de la madrugada, para rendir el último adiós a Porte. “Fue tal la aglomeración, que la policía tuvo que intervenir enérgicamente para mantener el orden. El público desbordaba hasta la acera opuesta del local de los albos, renovándose lentamente los grupos á medida que las personas podían lograr acceso y firmar los albums”. Corresponde señalar que la sede de Nacional se ubicaba en un local de la avenida 18 de Julio entre Andes y Convención, casi en la esquina con ésta última arteria de tránsito, en el segundo piso.

Con el subtítulo de “han circulado mil versiones”, La Tribuna Popular finaliza la extensa nota intentando buscar el motivo que ocasionó la trágica decisión de Porte. En su primer párrafo refleja con exactitud lo que ocurrió con posterioridad al episodio. Expresa que “han circulado mil versiones”. Nada más claro y real de lo que ocurrió hace 100 años a partir de un dato que, quienes han buscado la quinta pata al gato, no han reparado o no quieren comprender. Al no expresar el suicida en sus cartas el motivo por el cual tomó la trágica decisión, cualquier hipótesis es válida por más descabellada que sea y aunque no tenga la más mínima sustentación. Es el caso que a partir de fines de la década del cincuenta del siglo pasado se ha intentado construir como verdad oficial del club. Según ella Porte se encontraba en decadencia a raíz de una lesión de rodilla, situación que originó que al terminar el primer partido amistoso de práctica de la temporada, que disputaron Nacional y Charley el domingo 3 de marzo, en los vestuarios el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, se apersonara a Porte para expresarle que no iba a poder seguir jugando, señalándole a Zibechi que se encontraba a su lado, como el sustituto en su puesto.

No existe nada más irreal que la construcción de este hecho que no ocurrió y que se quiere imponer como si hubiera existido.

Desmenuzaré uno por uno los episodios que construyen esa pretendida versión oficial, a partir de transcribir el texto publicado por La Tribuna Popular en la nota que vengo referenciando, aparecida el 6 de marzo de 1918, la cual –lo confieso y queda claro- ha dado a pie a los constructores de la verdad oficial para agarrarse de ella y agregarle condimentos, sin tomar en cuenta cómo comienza el artículo: “han circulado mil versiones”, lo que en buen romance indica que la que refiere el periódico es una más, sin asidero alguno.

LA LESIÓN DE LA RODILLA NO SE MENCIONÓ 100 AÑOS ATRÁS

“Han circulado mil versiones.

Hasta se ha dicho que Porte, de un tiempo á esta parte, venía sufriendo graves consecuencias de un golpe recibido en la cabeza en un match e la temporada última.

Sin embargo los orígenes del suicidio son otros.

Hace más de un año que Porte había manifestado á compañeros de club y á diversos amigos que el día que él decayera como jugador se mataría.

No concebía su vida si no defendía con brillo á su querido club.

Es un hecho raro, excepcional, pero exacto fatalmente.

Difícil de explicar el proceso psicológico que lo llevó á cumplir su resolución.

Fue menester que una serie de circunstancias á que no están ajenas del todo razones económicas, llevaran á Porte á apresurar su fin, pero por sobre todo, él tuvo como causa principal en su gesto trágico, el convencimiento íntimo de su decadencia como jugador.

Tenía la obsesión de creerse desconfiado por muchos, de sus capacidades deportivas y era su tormento constante para él, el juicio que merecerían sus performances.

Así tenemos que el domingo último [se refiere al partido que Nacional le ganó a Charley 5:1 con Porte como titular] la escasa lucidez de sus jugadas, lo decidieron á eliminarse para siempre.

Así lo confirman una serie de detalles.

Sus compañeros le observaron un distintivo de Nacional en su solapa y respondió:

“Es lo último que me queda de Nacional”.

Poco después dio una modesta propina á un empleado del Club, y afirmó también “es el último domingo que juego”.

Aferrado así á su idea, premeditó el suicidio, y su amor al club de sus triunfos le inspiró dos estrofas que no dictó el cerebro pero cinceló con alma y corazón…

El mismo amor lo hizo romántico y fue á morir donde más de una vez fuera sacado en triunfo: ¡Al medio del field!

Cayó allí como gladiador romano, en el propio lugar de sus hazañas, con la visión eterna de sus más alto idealismo.

No quiso manchar con sangre el campo y tuvo el último gesto, el postrer estoicismo: levantó sus ropas, buscó el lugar del corazón fríamente, sin vacilaciones y disparó junto á las carnes, impotentes á la rebelión ante la suprema voluntad”.[4]

Este texto que construye La Tribuna Popular será destruido al día siguiente por el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, en un artículo publicado con su firma en El Plata y que será publicado en una próxima nota.

Por otra parte hay que poner los ojos sobre aquella época para comprenderla. Por esa vía también quedará sin sustento lo transcripto precedentemente, escrito por La Tribuna Popular. Nacional jugó su último partido en 1917 el 23 diciembre ante Peñarol por la semifinal de la Copa Albion. Al perder y no alcanzar la final ante Wanderers –que jugaron los aurinegros el 30 de diciembre-, se cerró la temporada. En aquella época en enero y febrero no se jugaba al fútbol. Esa estación del verano se destinaba a la práctica del cricket. En marzo los clubes reiniciaban los entrenamiento con partidos amistosos y a fines de abril comenzaban las competencias oficiales. Lo apuntado quiere decir que Porte no podía tomar el partido ante Charley –primer encuentro de todos los que se disputaron en 1917-, como algo definitivo para evaluar su juego. Venía de dos meses de inactividad, como todos los demás, compañeros y rivales. Es cierto que no rindió a gran altura. Pero… Nacional ganó 5:1; los jugadores estaban sin entrenamiento y los amistosos de pretemporada recién comenzaban.

[1] Mundo sportivo. Football. “ABDON PORTE”. La Tribuna Popular. Montevideo 06/03/1918.

[2] Ibídem.

[3] Ídem.

[4] Ídem

¿Por qué se suicidó Abdón Porte hace 100 años? (Nota IV)

La fotografía de Abdón Porte de particular, con saco, camisa y corbata, tal como se estilaba en aquel tiempo. Así vestía, seguramente, la madrugada en que su puso fin a su vida a los 25 años y cuando estaba en la plenitud de su excepcional trayectoria de jugador de fútbol.

Los diarios que se editaban en Montevideo en 1918, dedicaron grandes espacios al suicidio de Abdón Porte en sus ediciones del miércoles 6 de marzo. Nadie comprendía como un futbolista de 25 años de edad; que estaba en la cumbre de su rendimiento; que de los 36 partidos disputados por Nacional en el glorioso año 1917 había intervenido nada menos que en 33 de ellos, convirtiendo –además- cuatro goles, suma interesante si se tiene en cuenta el que el Indio o el Canario, como lo apodaban, actuaba en la posición de centre half.

Para aumentar la incomprensión de la actitud se agregaba un dato conocido. Porte no perdió la titularidad en el equipo ya que el domingo 3 de marzo –un día y monedas antes del suicidio-, en el primer partido de la temporada de 1918 ocupó la playa de titular en el equipo que venció 5:1 a Charley en el Parque Central. Nada había cambiado con relación a 1917.También se sumaba otro detalle poco conocido y al que no hace referencia ninguna publicación oficial de Nacional sobre el tema. Al culminar 1917 el bravío jugador fue homenajeado por un grupo de parciales y simpatizantes de Nacional por sus actuaciones y lo que representaba para la institución y el equipo (ver más detalles en la nota 2).

Como consecuencia de lo expresado en aquel Montevideo conmocionado 100 años atrás por la tragedia de un ídolo total que se quitó la vida, la pregunta que buscaba respuesta era una sola: ¿por qué se suicidó?

Versión que genera una segunda duda: ¿quién halló el cuerpo?

 “En la noche del lunes 4 de marzo de 1918 el jugador concurrió a la sede de Nacional ubicada en la avenida 18 de Julio casi esquina Andes, para celebrar como era costumbre cuando se ganaba un partido, la goleada ante Charley del día anterior. Alrededor de la una de la mañana del martes tomó un tranvía del recorrido 52. Se bajó al llegar al Parque Central, entró a la cancha y se dirigió al círculo central. Un disparo quebró el silencio de la madrugada, pero nadie le dio importancia en ese momento. La mañana siguiente, un peón del Montevideo Lawn Tennis -que administraba las canchas de ese deporte del Parque Central-vio un cuerpo en el centro del campo y avisó a la policía y al presidente de Nacional, José María Delgado”.

Este detalle de los hechos previos se brindó en las páginas de El Día del 6 de marzo y fueron recogidas por el historiador Luis Prats el domingo pasado -4 de marzo de 2018- en El País. Prats agrega que “otra versión dice que el hallazgo fue de Severino Castillo, el canchero del estadio tricolor.”

De las páginas de El Día, Prats agrega que “La primera versión fue que el futbolista sufría dificultades financieras. Poco tiempo antes había renunciado a su empleo en la droguería del Rey, ante la promesa de otro mejor pagado que no se cumplió. Los jugadores eran entonces aficionados que generalmente dependían de otro oficio para vivir. Pero la posibilidad fue descartada pues él nunca comentó nada a sus compañeros. Además, estaba previsto que se casara el siguiente 3 de abril. Algún familiar comentó que un año antes, Abdón le había dicho: ‘El día que no le pegue, me pego un tiro en el Parque Central’. La expresión fue tomada entonces como una broma”.[1]

 No se conocían motivos que pudieran llevarlo a tan irreparable resolución

Quien más espacio periodístico dedicó a la cobertura de la tragedia fue el vespertino El Plata. Existían motivos para que así ocurriera. No sólo porque este periódico dedicaba diariamente amplia información sobre el fútbol, sino también por la relación de amistad y coincidencia política que existía entre el joven presidente de Nacional –el Dr. José María Delgado-, con los propietarios del medio de prensa y su director, el Dr. Juan Andrés Ramírez. Copiamos textualmente la parte de la extensa nota que comienza con una pregunta de sub-título: “¿Causas de la trágica determinación?”

“La pregunta de rigor, la única pregunta, era la que deseaba indagar, por el motivo que llevó á Porte á tan extrema resolución. La interrogación era de rigor. Al malogrado deportistas, á quien siempre se le vió en todo el apogeo de la salud, gozando de un característico y envidiable buen humor, que dentro de su sencillez, á veces llegaba á la más encantadora ingenuidad, no se le conocía ni remotamente motivos que pudiera llevarlo á tan irreparable resolución. Es en atención á todo ello, que la noticia cayó como una bomba en nuestros círculos sportivos.

Las primeras informaciones, como acontece siempre que se trata de estos hechos bruscos, fueron en su generalidad erróneas y fuera de fundamento. Pasadas las primeras horas después de hilar hechos y detalles, solo se ha podido llegar á una única deducción: la que Porte ha sido víctima de un mal momento, que bien pudiera haber sido provocada por un principio de neurastenia, tan reciente, que ni á sus mismos íntimos llegó a preocupar. Que la intuición del suicidio era su obstinación desde hace unos días lo asevera el hecho de que en diversas ocasiones, pidió á alguno de sus amigos un revólver que fue negado en todas las demandas; no por sospechas, sino por una medida de natural previsión”.[2]

La crónica de El Plata prosigue después del sub-título “¿Cómo ocurrió el hecho?”

“Hasta la una de la mañana del día de ayer, Abdón Porte estuvo en la sede social del Club Nacional de Football. Después de esa hora y averiguado el instante en que pasaba el último tren con destino á la Unión, el footballer abandonó el local, despidiéndose con naturalidad de sus camaradas de círculo, para dirigirse al fiel del Parque Central.

De acuerdo con atinadas presunciones, Porte distrajo el tiempo necesario para llegar al viejo ‘ground’ y realizar rápidamente su intento. Es decir, el suicidio se efectuó á las dos de la mañana. Justifica ese aserto, la declaración de algunas personas que viven en las adyacencias del campo, que aseguran haber sentido a esa hora una detonación.

Recién a las seis de la mañana, uno de los empleados que tiene el Montevideo Tennis, institución ésta también locataria del Parque, notó que en el mismo centro del field se encontraba un hombre en posición de cubito dorsal. Al principio no le preocupó el hecho, pero en la nueva recorrida, viendo la inmovilidad del cuerpo, no obstante haberse iniciado una pequeña lluvia, acentuó más su atención, llegando así al centro del campo. Poco tuvo que hacer el referido empleado que conocía al jugador del Nacional. El revólver que yacía al lado del cuerpo, ya ensangrentado, le dio al investigador toda la magnitud del suceso. El tiro había dado de lleno en el corazón, produciendo, como es de presumir, una muerte instantánea. Movido el cuerpo, se encontró á su lado un sombrero de paja, bajo el cual Porte había colocado dos cartas: una dirigida al presidente del Club Nacional y la restante, á un miembro de su familia.

Tales son los hechos que han rodeado la desaparición del sentido jugador. En ninguna de las cartas referidas, concreta el motivo de su determinación. Es pues, lo más aceptable, creer que se trata de un momento irreflexivo, provocado por una enfermedad de carácter nervioso”.

Reflexiones sobre lo transcripto

 Los textos publicados por El Plata pertenecen a aquel periodismo de total veracidad que inculcó el Dr. Juan Andrés Ramírez[3] a partir 1912 cuando asumió la conducción del vespertino en cuestión. Contó Diego Lucero -quien trabajó en el citado diario-, al autor de esa serie de notas sobre Porte, que el Dr. Ramírez leía previamente y corregía todos los artículos que se publicaban en las diversas secciones del periódico. Riguroso en la sintaxis, la ortografía sin faltas e, inclusive, el estilo no dudaba en corregir los textos e interrogar a los autores de los mismos sobre la procedencia de los datos que se difundían. Debe agregarse que al frente de la página deportiva actuaba Eduardo Arechavaleta, uno de los primeros periodistas dedicados al fútbol desde el inicio del siglo XX, quién creció y desarrolló su actividad bajo esos estrictos lineamientos impuestos por la dirección.

La presentación sirve –a mi juicio- para dar valor a lo escrito por el redactor de la nota en cuestión. Afirma que “se despidió con naturalidad de sus camaradas”, es decir de sus compañeros de equipo con quién festejó el éxito en la primera presentación de la temporada ante Charley.

No puede obviarse la afirmación de que a Porte “siempre se le vió en todo su apogeo de salud”. Insisto en un punto. El periodista Arechavaleta, quién seguramente fue el autor de la nota, dedicó su vida por entero al fútbol, conocía de cerca a sus protagonistas, estaba enterado de sus vidas privadas. Y así seguirá mucho tiempo más. A esta altura había realizado varias coberturas en el exterior, entre ellas el largo viaje del combinado uruguayo a Brasil en 1917 y luego cubrirá la excursión de los celestes a España y Colombes en 1924.

La seriedad de lo escrito se valora, también, por no dar crédito a lo aparecido en otros medios que atribuyeron al Indio Castillo –una figura emblemática del Parque Central-, el haber encontrado el cuerpo de Porte. Sin duda alguna esto obedeció a la determinación de los responsables de la institución de construir una verdad oficial, que agregara notas de romanticismo y símbolos a la tragedia.

Claro y terminantemente El Plata informa de las dos cartas que dejó escritas Abdón Porte, expresando que En ninguna de las cartas referidas, concreta el motivo de su determinación”.

 

[1] Luis Prats. “Cien años de la primera leyenda de Nacional: la muerte de Abdón Porte. El País, 04/03/2018.

[2] DEPORTES. “El fallecimiento de Abdón Porte. Impresión que ha causado su trágica desaparición”. El Plata, 06/03/1918.

[3] Juan Andrés Ramírez Chain (Buenos Aires, 16/08/1875 – Montevideo, 06/01/1963). Hijo del Dr. Gonzalo Ramírez y de Irene Chain Pacheco. Abogado, político y periodista ingresó al Partido Nacional en 1913 electo diputado. A partir de 1933 dividió a esa colectividad hasta 1958 creando el Partido Nacional Independiente cuyos votos no se acumulaban al lema. Abuelo de Gonzalo Aguirre Ramírez, vicepresidente de la República (1990-1995) y Juan Andrés Ramírez, ministro del Interior (1990-1995) y precandidato a la presidencia en posteriores elecciones.

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 Próxima nota: “Han circulado mil versiones” del suicidio de Porte.

Cien años del suicidio de Abdon Porte (Nota III)

 

José Vanzzino aparece a la izquierda de Abdón Porte. El popular Cochemba -como apodaban a Vanzzino- se desempeñaba con gran eficacia como half derecho. Vecino de mi barrio, amigo de mi padre, contaba que “no fui con el combinado a 1924 porque en la carpintería donde trabajaba no me dieron la licencia”.

Un siglo atrás en el tiempo, el fútbol en el Río de la Plata tenía algunas particularidades totalmente diferentes a las actuales. Los meses de verano pleno –enero y febrero- se destinaban a la práctica del cricket, el deporte más popular en el Reino Unido durante el siglo XIX y en las décadas finales del mismo en el Río de la Plata. Popularizado el fútbol en el Río de la Plata en 1918, su actividad comenzaba con enfrentamientos amistoso “para entrar en formar”, a partir de marzo, iniciando en abril la Copa Uruguaya y meses después los torneos internacionales: los trofeos Competencia y de Honor o Cusenier. En estos dos últimos certámenes participaban por inscripción instituciones de Montevideo, Buenos Aires y Rosario de Argentina.

Por lo tanto, los meses de enero y febrero de 1918, futbolísticamente hablando transcurrieron  con muy pocas noticias en los diarios, único medio informativo por el cual las informaciones de todo tipo llegaban a los ciudadanos. Obvio es decir que la radio y la televisión no existían.

En la materia que nos ocupa, ese año dieciocho se inició con las convocatorias de Nacional y Peñarol a asamblea para realizar elecciones. La más importante era la que se desarrollaba en los aurinegros a raíz de la renuncia del Dr. Francisco Simón, ocasionada como consecuencia del soborno a los jugadores del club (Piendibene, El Japonés Varela y el wing derecho Pérez) en el partido ante Nacional que definió la competencia máxima del fútbol uruguayo. Precisamente, la comisión especial designada por la AUF para ocuparse del tema intentó reunirse en estos meses, sin éxito.

En los últimos días de febrero de 1918 se informó por la prensa del primer partido amistoso de la temporada. Nacional frente a Charley, en el Parque Central, el domingo 3 de marzo. La noticia apareció en todos los diarios que se editaban, así como también –con mayor o menor espacio- el lunes 4 incluyeron la cobertura del triunfo 5:1 de los albos. Nacional formó con Paravís, Urdinarán y Foglino; Olivieri, Porte y Zibecchi; Somma, Héctor Scarone, Romano, Marán y Gorla. El primero, y éste último jugador citado, realizaban su debut en las filas del club. Sobre los autores de la lotería surgen diferencias según el periódico que se escoja para leer. Para La Tribuna Popular los marcaron Gorla y Marán en dos ocasiones, anotando el restante Héctor Scarone. La Razón atribuye los tantos a Gorla al minuto de juego, luego dos de Marán, Héctor Scarone, Somma y Romano. Resulta interesante aclarar que esas diferencias de entonces a las que se agregan otras sobre las integraciones de los equipos y que son moneda corriente hasta bastante avanzada la década del cincuenta del siglo XX. El hecho resulta lógico y tiene, en parte, su explicación. En el fútbol uruguayo local las camisetas comenzaron a llevar número a partir de 1951, a pesar que la FIFA los impuso como norma un año antes en el campeonato del mundo de Brasil, donde los celestes utilizaron números rojos en sus dorsales.

El cadáver se encontró “en la casilla de los jugadores”

La trágica información la adelantaron los diarios  La Tribuna Popular y El Plata. El primero lo hizo en su segunda edición, en un pequeño recuadro sin mayor destaque, mezclado con noticias de “el alcohol para los autos”, “El Lloyd Brasileiro” y “El cónsul argentino”, entre muchas otras.

“Esta mañana a las 7, el Conserje del Parque Central –sede del Club Nacional de Football- encontró en la casilla de los jugadores, el cadáver de Abdon Porte, el conocido Cente Hall (sic) de dicha institución, el cual presentaba un balazo en el corazón. A su lado se encontraba un revólver, faltándole una capsula. Fuera de toda duda se trata de un suicidio, pues Porte a (sic) dejado dos cartas, una para el presidente del Club doctor José M. Delgado y otra para un hermano suyo. Se dio intervención a la seccional 9. A las 9 de la mañana debe reunirse la Comisión del Club Nacional de Football, citada con toda urgencia”.[1]

Adviértase un detalle en esta información que la historia no ha recogido, pero que en los hechos significa la primera duda sobre el trágico episodio y la forma posterior sobre cómo evolucionó la información y el manejo que de la misma se hizo. Se señala aquí que el cadáver “se encontró en la casilla de los jugadores”.

Asimismo debe destacarse que esta noticia indica que Porte dejó “dos cartas”, una para el presidente del club Dr. Delgado y la otra para “un hermano suyo”.

Otra versión: “en el medio del field se descargó un tiro”

El Plata, periódico que aparecía en la noche, destinó mayor espacio en la sección que utilizaba para la difusión de noticias sobre el fútbol. “En las primeras horas de la mañana de hoy, los círculos deportivos nacionales fueron sorprendidos con la infausta noticia del suicidio de Abdón Porte, popularísimo footballer que, desde hace varios años, venía destacando una acción continua y laboriosa en los cuadros del Nacional. Porte encarnaba en sí toda la vida de su club”. El artículo agrega varios elogios, así como con una biografía sobre su trayectoria, que es iniciada con simples menciones al hecho en sí. “Nacional pierde hoy, uno de sus jugadores más constantes, […]. Porte se suicidó en el field de Nacional, en ese campo que fue teatro de sus mejores hazañas. […]. Cayó, pues, en el campo de honor. Su última visión han sido esas gradas y ese palco, donde mil veces palpitó como una sola alma, el público entusiasta para aclamar al nombre del ‘canario’, premiando su labor, inmejorable”.[2]

La crónica a esta altura tiene la particularidad de que no brinda información concreta sobre el episodio, dedicándose a comentar y dimensionar la figura del jugador, dejando inicialmente en una nebulosa detalles del suceso al señalar que “se suicidó en el field de Nacional” agregando que “cayó, pues, en el campo de honor”, aportando un texto poético para destacar el valor del futbolista. Señala como “Canario” el apodo con  el que se le conocía, situación ésta verídica que luego se cambió por la del “Indio”. Sigue la información totalmente distinta a la de La Tribuna Popular referida al hecho.

“Para el logro de sus fines, se proveyó de un revólver, encaminándose al Parque Central en medio de cuyo field se descargó un tiro en el corazón, falleciendo instantáneamente. Su cadáver fue encontrado esta mañana, comunicándose la infausta nueva a la Directiva de Nacional que se ha reunido para tomar las providencias del caso”.[3]

¿Dejó una o dos cartas?

Este diario que –reitero- aparecía en la noche, culmina la nota informativa señalando que “Deja una carta para el presidente de su club, Dr. José M.a Delgado. En ella, sin explicar los móviles de su fatal resolución, recomienda a su querida madre a los cuidados del club que defendió con tanta consecuencia. Y su deseo póstumo, es de que su cuerpo repose en el cementerio de la Teja junto con el de los hermanos Céspedes”. Luego finaliza con una detallada biografía donde resalta, entre otras virtudes, la forma como anulaba en la cancha a José Piendibene en cada ocasión en que se disputaba el clásico ante Peñarol. Entiendo interesante reproducirlo porque brinda la dimensión exacta del valor de la figura joven que perdía Nacional. Porte tenía veinticinco años de edad en el momento de quitarse la vida.

“La eficacia de su juego de cabeza lo hacía hartamente (sic) peligroso para el contrario, y muchas veces la cabeza de Porte dio sonados triunfos a su club. No era esto solo. Piendibene, sin disputa el mejor centro forward sudamericano, debió siempre rendir tributo a Porte, único talvez (sic) que constituyó para Piendibene, una verdadera muralla”.[4]

Corresponde señalar que las transcripciones precedentes son las únicas publicadas aquel trágico martes 5 de marzo de 1918 por los diarios cuyo cierre de imprenta  les permitió incluir las primeras informaciones sobre el hecho. Asimismo, el conocimiento de la noticia ambientó –como comprobaremos en la nota siguiente- todo tipo de versiones sobre los motivos que originaron la drástica determinación de Porte.

Un apunte final relacionado con El Plata. En tiempos en que los diarios eran la principal difusión de los movimientos políticos, con claro sentido partidario, este vespertino respondía al Partido Nacional. A él estaba vinculado el doctor José María Delgado -presidente de Nacional-, quién tenía vinculación directa con los directores del referido vespertino.

Próxima nota: ¿por qué se suicidó Abdón Porte hace 100 años?

[1] “Abdón Porte. SE SUICIDO ESTA MAÑANA”. La Tribuna Popular. Montevideo, 05/03/1918:10.

[2] “FOOTBALL. ABDON PORTE”. El Plata. Montevideo. 05/03/1918:5.

[3] Ídem.

[4] Ibídem.

Porte jugó todos los partidos ante Peñarol entre 1911 y 1917, aunque algunos los cuentas desde 1914 (Nota II)

 

Primer plano de Abdon Porte

“Realizóse (sic) el sábado en la Qiuinta Severi, una fiesta campestre ofrecida al querido centro half nacionalófilo Abdon Porte por un grupo de admiradores albos. La fiesta a pesar de su carácter casi íntimo, asumió proporciones brillantes, como no podía menos de suceder dados los prestigios de Porte cuyos esfuerzos y sacrificios en filas nacionalófilas, le han valido las más altas simpatías de los parciales. El obsequiado guardará pues del homenaje imborrable recuerdo por las atenciones de que fue objeto”.[1] No se hace mención en la información al motivo que generó el referido tributo. Sin embargo, no resulta difícil imaginarlo. Vamos a introducirnos en su triunfal trayectoria futbolística.

CON 16 AÑOS EN 1909 JUEGA CON COLÓN EN PRIMERA DIVISIÓN

Era un muchacho de “humildísimo origen”[2] escribió el Dr. José María Delgado, presidente de Nacional de esos años, en un artículo publicado en el vespertino El Plata dos días después del suicidio, firmado con la letras iniciales de su nombre y apellido: J.M.D.

Nacido en 1893 en la ciudad de Durazno, llegó a Montevideo en 1908 en busca de mejores destinos. Sobresalía, en aquel football de la época que había ganado definitivamente la pasión popular, por ser un jugador de coraje, entrega, derroche de energías y capacidad para marcar al adversario. En plena adolescencia, con quince años en 1908, comenzó a jugar en el club Colón en la División II del fútbol uruguayo. La sede de la institución funcionaba en el café del mismo nombre, en el camino Reducto n.° 245.

Allí se encontró con otro jovencito apenas un año mayor que él. Era Alfredo Foglino (01-02-1892). Conformaron una pareja de full back que llamó la atención por su rendimiento dentro de un equipo que logró el ascenso a primera división. En 1909 ambos futbolistas actuaron en el más alto nivel de la asociación. El episodio constituye el primer mojón de un carrera en ascenso permanente de los dos muchachos.

En esas mismas mesas del café Colón, un grupo de muchachos del equipo que tenía ese nombre, más otros compañeros, lograron renacer al club Libertad que se inscribe en la División II de la AUF en 1909 y gana el ascenso para jugar en 1910 en la división superior. En este año Colón abandona la actividad al disminuir sensiblemente su poderío, incorporándose Porte y Foglino al Libertad. Esos dos años de la dupla defensiva actuando en el círculo principal de la asociación defendiendo primero a Colón (1909) y luego a Libertad (1910) -aunque en algunas ocasiones lo hicieron en los equipos de segunda división-, origina que en 1911 la pareja de full back aceptara pasar a defender al Club Nacional de Football.

Porte de full back a centre half y… campeón uruguayo

Durante toda la temporada de 1911 en la que Nacional supera una grave crisis existencial gracias a la decisiva intervención del Dr. José María Delgado, presidente del club con veintiséis años, el triángulo final del club lo integran De Valois, Demarchi o Landoni en el arco, con Porte y Foglino en la zaga.

En aquellos tiempos –y durante varias décadas más- los dirigentes cumplían la difícil misión de elegir los once jugadores que actuaban en cada partido. Al comenzar la temporada de 1912 la influyente opinión de varios de ellos triunfa en las discusiones. Abdón Porte es colocado en la posición de centre half, en tanto Foglino es desplazado al lugar de half izquierdo, en la búsqueda de mantener el buen entendimiento del año anterior.

En su nueva ubicación la actuación del Indio o el Canario Porte –apodos con el cuál comienza a ser identificado- se potenció y con él, el de toda la escuadra que logró consagrarse campeón uruguayo con 25 puntos superando al CURCC (Peñarol) por seis unidades.

No fue un título más para Nacional. Quién se incline sobre la historia comprenderá que al influjo de Abdón Porte el club albo logró una gran consagración después de… ¡ocho años sin conseguir obtener el título máximo de nuestro fútbol!

Resulta interesante e ilustrativo mencionar los campeones de esas temporadas de ostracismo de Nacional. Ellos fueron: CURCC (Peñarol) 1905; Wanderers 1906, CURCC (Peñarol) 1907, River Plate 1908, Wanderers 1909 y River Plate 1910.

39[3] PARTIDOS ANTE PEÑAROL 

Ese lauro conseguido por Nacional significó la catapulta para instalarse en la cumbre de los años siguientes, siempre en ascenso. La obra revolucionaria y transformadora del presidente José María Delgado, se trasladó a la cancha con una eficiencia que sólo logran transmitir los grandes líderes.

Nacional disputó palmo a palmo el campeonato uruguayo de 1913 y 1914 que se adjudicó River Plate.

En los años siguiente el club albo se mantuvo en los primeros planos apuntando siempre a la cumbre. Campeón en 1916 y 1917 con integraciones del equipo que renovaban apellidos y posiciones. Por ejemplo, Foglino –en los diarios y los hinchas lo llamaban Fuggini- a quién comenzaron a denominar el Mariscal, era colocado en diferentes puestos de la defensa. El único inamovible siempre fue Abdón Porte.

Esta situación tenía su explicación deportiva. En cada ocasión que Nacional se enfrentaba en el clásico con el CURCC (Peñarol), el Indio anulaba totalmente a José Piendibene, la estrella de los aurinegros. El Maestro –como lo apodaron los argentinos- actuaba de centre forward retrasado lo que permitía desplegar la delantera en abanico, con los dos wing abiertos y los insider a sus costados más adelantados. En consecuencia, el Indio Porte era el responsable de marcarlo y… anularlo. Y lo logró en la enorme mayoría de los 39 partidos clásicos en los que Porte defendió la camiseta de Nacional hasta que tomó la decisión de suicidarse. Resulta necesario establecer que Porte jugó todos los partidos ante el CURCC (Peñarol) entre 1911 y 1917. O sea que en su trayectoria como jugador de Nacional no faltó a ningún enfrentamiento clásico contra Peñarol. ¡Un récord muy difícil de igualar en cualquier época! Este dato confirma -además- que Porte estaba dotado de un físico privilegiado, que no experimentaba lesiones graves y que a los 25 años se encontraba en la plenitud de su fortaleza física y atlética, con otro lustro por delante para recorrerlo con el éxito singular que lo acompañó desde su llegada a Nacional.

ANTE EL CURCC / PEÑAROL; Y EL GRAN AÑO 1917 DE PORTE

Corresponde dejar constancia que los dos historiadores que han escrito sobre Abdón Porte, el suicidio y sus trayectoria -Cr. Juan José Melos Prieto y Dimitri Seuchuk-, se encontraron con una situación difícil de resolver para quienes niegan la continuidad del CURCC como Club Atlético Peñarol. En función de ello, en el caso de Seuchuk se encontró obligado a dividir la cantidad de partidos en los que enfrente de Nacional estuvo el CURCC y en los que, luego, el rival fue Peñarol. De acuerdo a su criterio las cantidades que maneja son correctas: “frente al CURCC jugó 16 partidos, de los cuales ganó 7, empató 3, y perdió 6 (y) contra Peñarol disputó 24 partidos, ganando en 11 enfrentamiento, empatando 5 y perdiendo 2″.

En cambio el Cr. Melos desconoce la existencia del CURCC e informa sólo de los enfrentamientos entre Nacional y Peñarol en el período comprendido entre 1914 y 1917. En ese lapso llega a la misma conclusión que Seuchuk -23 partidos clásicos-, equivocándose en la asignación de los cotejos ganados (11), empatados (5) y perdidos (11). Seguramente, un error de imprenta.

Al margen de lo expresado precedentemente, es necesario destacar la excelente actuación de Abdón Porte en la temporada de 1917 –a la cuál me referí en la primera nota de esta serie- donde su rendimiento resultó espectacular. Se inició el 11 de marzo con un triunfo con tanteador 2:1 en un partido amistoso ante River Plate en el parque Lugano, los dos goles los marcó Porte. La actividad se cerró para el club el 23 de diciembre en el partido semifinal de desempate que Nacional perdió 2:1 contra Peñarol. Entre una fecha y la otra la institución alba jugó 36 partidos. El Indio o el Canario Porte –como lo apodaban- jugó 33 de ellos convirtiendo 4 goles.

PORTE Y LA CELESTE: TRES PARTIDOS EN EL COMBINADO B

Apasionado y afecto  a la búsqueda de lo que denomino la “verdad histórica”, corresponde expresar que la química entre Porte y el combinado de Uruguay no existió. Hasta el momento de su trágico suicido con 25 años el Indio actuó en tres partidos defendiendo a lo que entonces se llamó el combinado B, como consecuencia de la actuación simultánea en Buenos Aires del equipo principal formado por la comisión de selección que presidía Héctor R. Gómez.

El primero de ellos se desarrolló en el Parque Central el 27 de abril de 1913. Uruguay ganó 4:0 mientras el combinado principal -ese mismo domingo- empataba sin goles en la cancha de GEBA en Palermo. Ambos cotejos tuvieron carácter amistoso y benéfico. El llevado a cabo en Buenos Aires lo organizó el comité “Pro flotilla militar-aérea Argentina” y de Montevideo estuvo a cargo de “las señoritas y personas de nuestra sociedad que simpatizan con los fines perseguidos por elComité Nacional de Aviación”. El denominado por la prensa combinado B formó con Demarchi, Castellino y Miguel Aphesteguy; Juan Delgado, Abdón Porte y Vanzzino; Antonio Marques Castro, Insargaray, Bastos, Seone y Camacho.

La segunda ocasión en que Porte defendió a Uruguay tuvo similares características. En Buenos Aires disputaba el Campeonato Sudamericano organizado para conmemorar el centenario de la revolución de mayo. En el estreno del torneo, el 2 de julio, Uruguay venció a Chile 4:0, derrota que al día siguiente resultó cuestionada por un periodista trasandino incitando a los dirigentes a reclamar los puntos perdidos “por la participación en el equipo uruguayo de los jugadores africanos Isabelino Gradín y Juan Delgado”. Aclarada debidamente la situación y ante el papelón cometido, el embajador de Chile acreditado ante el gobierno de Uruguay, propició un partido amistoso en Montevideo luego de la finalización de la actuación de Chile en Buenos Aires. El viernes 14 de julio de 1916, mientras en Buenos Aires se despertaba una extraordinaria expectativa por la final del domingo entre argentinos y uruguayos, un combinado B celeste derrotó 4:1 a Chile en el Parque Central.  Uruguay presentó la oncena con A. Marquez Castro; José y Miguel Benincasa; Olivieri, Porti (sic) y Melogno: Pérez, Cacal, C. Bastos, Carlos Scarone y Marán. Los chilenos abrieron el tanteador a los dieciocho minutos. Empató Bastos al final de la etapa inicial.

“A los 10 minutos (del segundo tiempo) el árbitro castigó con un penaltykick a los trasandinos, que nos pareció injusto. Carlos Bastos, encargado de dirigirlo, lo desvió de exprofeso, siendo su simpática actitud largamente aplaudida”, informó La Tribuna Popular al día siguiente en la crónica del partido. Esta actitud que hoy parece insólita, en aquel tiempo era moneda corriente. El mismo Bastos colocó en ganancia a Uruguay, luego convirtió Carlos Scarone de tiro penal y cerró el tanteador Abdón Porte marcando el cuarto tanto.

Los datos precedentes -insisto- pertenecen a la crónica de La Tribuna Popular. Otros diarios difieren en en los autores de los goles, omiten el penal marrado a propósito y son coincidentes en otorgar a Porti (sic) el cuarto goal.

La tercera vez que Porte actuó en un combinado oriental ocurrió en situación parecida a la anterior. Uruguay consagrado campeón de la primera Copa América al vencer el 14 de octubre de 1917 a los argentinos en el Parque Pereira -actual pista oficial de atletismo-, aceptó disputar dos días después un partido benéfico en el mismo escenario frente a Brasil cuyo equipo participó del campeonato sudamericano. Los celestes formaron con Balmelli, José y Miguel Benincasa; Olivieri, Porte (sic) y Montes; Etchard, Garrido, Grecco, Gradín y Marán. La crónica de La Tribuna Popular destacó la jugada previa de Porte habilitando luego a Grecco para marcar el primer gol.

La relación de los tres partidos en los que jugó Porte en la selección y la disposición en nuestro poder de la integración de Argentina en el único partido que Porte enfrentó a los albicelestes, deja sin sustento lo expresado en el Libro de Oro de Nacional. Se afirma allí que “el primer match en que intervino en un lance internacional de seleccionados, le tocó marcar a Watsson Hutton. Las crónicas de la época agotaron el ditirambo a favor del popular Indio”.[4] El futbolista citado era estrella de la selección argentina principal a la que Porte no enfrentó durante su trayectoria. Debe señalarse que esta referencia citada, apareció en uno de los diarios montevideanos el día posterior al suicidio, de donde -seguramente- se la tomó para incluir en la publicación señalada.

Sin embargo, en la misma publicación y en coincidencia con mi pensamiento señalado líneas arriba, se afirma que “el ex centro half de Nacional, que mientras tomó colocación en ese sitio fue uno de los hombres más discutidos de nuestro football en la hora en que debieron organizarse otros combinados. Fue descartado de éstos por creerse que su juego, si bien decía de voluntad, entusiasmo y energía, en cambio no colaboraba con el resto del equipo. No se fue siempre justo con esa apreciación. Muchos fueron designados sin tener condiciones superiores al criticado. Para Nacional, en cambio, no tuvo sustitutos”.[5]

Corresponde señalar que Porte tuvo participación en la primera Copa América de la historia disputada en Montevideo, en el estadio del Parque Pereira –ubicada en el lugar donde hoy se encuentra la pista de atletismo-, entre el 30 de setiembre y el 14 de octubre. Integró el plantel de Uruguay que formó la comisión de selección de la AUF presidida por Héctor R. Gómez que se consagró campeón, en un episodio que conmovió y llenó de euforia a los habitantes de la capital de nuestro país.

Próxima nota: comienzo de 1918 y el suicidio

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[1] “FOOTBALL. Homenaje a Porte”. La Tribuna Popular, Montevideo, 12/12/1917:2.

[2] José María Delgado. “EN EL ALBUM DE ABDON PORTE. Ha sido un Werther del sport”. El Plata. Montevideo. 07/03/1917.

[3] Esa cantidad de partidos aparece en la biografía de Abdon Porte publicada en el diccionario del deporte del Uruguay, suplemento que apareció semanalmente en El Diario de la noche de Montevideo desde 1988. En El País de su edición de ayer -domingo 4 de marzo de 2018-, el investigador Luis Prat refiere a que los clásicos consecutivos en los que intervino Porte fueron 39.

[4] LIBRO DE ORO. “A manera de bibliografía”. Montevideo. 1953:s/n.

[5] Idem

 

 

100 años del suicidio de Abdón Porte (Nota I)

La fotografía fue captada el 20 de mayo de 1917 en el Parque Central. Ese día Nacional le ganó a Peñarol 4:0 por la Copa Uruguaya, con goles convertidos por Abdon Porte, Bracchi, Héctor Scarone y Marán. Arriba de pie de izquierda a derecha aparecer Pedro Olivieri -apodado Maquinita-, José Vanzzino -Cochemba-, Abdon Porte -el Indio- Santiago Demarchi -Tagucho- Alfredo Foglino -el Mariscal- y Ramón Pesquera. Abajo en el mismo orden, José Bracchi -Pepe-, Héctor Scarone, Carlos Scarone -Rasqueta-, Rodolfo Marán y Pascual Somma -el Loco-. La imagen pertenece al acervo de la Comisión de Historia y Estadísticas del Club Nacional de Football. Se trata de un registro difícil ya que este equipo se integró solamente en esta oportunidad y anteriormente el 22 de abril en el partido ante Central por el mismo trofeo y en similar escenario.

Nacional conquistó en 1917 el primer hito histórico de la Copa Uruguaya. Este trofeo que actualmente se ha puesto en juego en el torneo N.º 115 en disputa, de acuerdo a la comunicación oficial de la AUF, quedó en propiedad de los albos en aquel año, por obtenerlo en tres ocasiones en forma consecutiva.

El hecho de convocar al presente reproduciendo lo que –reitero- en forma oficial la Asociación difunde en su página web (www.auf.org) no es un dato menor, aunque para muchos distraídos pasa inadvertido. Al estar en curso la Copa Uruguaya ciento quince, se establece claramente que en la historia de su disputa que se inició en 1900 hubo cuatro años en donde la competencia no se disputó. A saber:

-En 1904 por la guerra civil que conmovió a nuestro país.

-En 1925 debido a la promulgación del laudo por parte del presidente de la República, Ing. Serrato, que puso fin al cisma de nuestro fútbol cuando sólo se había disputado la primera fecha del certamen.

-En 1926 como consecuencia del referido laudo que puso en funciones al Consejo Provisorio del fútbol uruguayo con el cometido de organizar el campeonato de clasificación para integrar la primera división a partir de 1927 con 20 clubes.

-Y en 1948 a raíz de la huelga de jugadores profesionales de fútbol que se inició en octubre, cuando había concluido la primera rueda completa de la Copa Uruguaya y finalizado –simultáneamente- la Copa de Honor que se adjudicó Nacional.

¿SOBORNOS EN EL PARTIDO NACIONAL – PEÑAROL?

En la mañana del domingo 11 de noviembre de 1917, día del último partido de la Copa Uruguaya de ese año que disputaban en la tarde Nacional y Peñarol, en la cobertura periodística previa se leyó el siguiente texto que llamó la atención: “Se nos asegura que algunos de los jugadores que debían tomar parte en el match de hoy, fueron vistos hace varios días por un miembro de Comisión que les ofreció determinadas sumas de dinero si no tomaban parte en el match o hacían lo necesario para hacer inútil la prueba. No sería nada extraordinario que se hubieran intentado vergonzosos sobornos de jugadores por parte de algunos hinchas pero, si ha intervenido como se nos asegura, un miembro de la Comisión de uno de los clubs, sería necesario que la Asociación se preocupara de poner en claro lo ocurrido, ya que no es posible permitir que continúen ocupando cargos de honor y responsabilidad, personas capaces de desnaturalizar tan indecorosamente las finalidades del deporte”.[1]

“PORTE ERA EL ALMA DE LA LÍNEA MEDIA”

“Nacional ha logrado el premio a sus afanes. Ha conquistado el Campeonato Uruguayo de 1917, y, con él, ha colmado las aspiraciones de su larga y gloriosa jornada deportiva, adjudicándose en propiedad la Copa Uruguaya, […]. Nacional ha logrado lo que no había logrado ningún otro equipo en el Uruguay, y los títulos de su hazaña son tan absolutos y deslumbrantes, que nadie se atrevería a discutirlos. Los albos han obtenido ayer el justo premio á la labor excepcional de toda la temporada, llegando á la meta con sólo dos puntos perdidos después de lograr todo un record de goals, prueba evidente de la capacidad del ataque y con el mínimum de tantos en contra, como corroboración también de bondades y méritos de sus líneas defensivas”.[2]

En el extenso comentario de las incidencias que se registraron en el encuentro disputado en el “Field Oficial”, como se denominaba al hermoso escenario inaugurado un mes antes en ocasión de la Copa América, en el parque Pereira –en el lugar donde hoy se encuentra la pista de atletismo-, se incluye el análisis del rendimiento de los jugadores.

“Las defensas superaban a los quintetos. En ambos campos, los delanteros fracasaban en el empeño, ante la bizarría, el entusiasmo y la capacidad de las zagas.[…] Porte era el alma de la línea media alba, y Baezino (sic) [se refiere a José Vanzzino] y Olivieri lo secundaban con singular habilidad, neutralizando los tres buena parte de los ataques enemigos, quebrando sus mejores avances”.[3]

La crónica a la que me refiero resulta por demás expresiva cuando analiza la actuación de El Maestro Piendibene, quién a esa altura de su trayectoria se encontraba en la cumbre de su fama, no sólo en Peñarol sino también en la selección uruguaya. “Piendibene, regular. Con la obsesión de Porte… No empleó el shoting, ni logró imprimir mayor armonía á la línea”.[4]

“OPTIMISMO UN TANTO ARRIESGADO”

 “Una vez terminado el match, y respondiendo á una invitación de un grupo de parciales, organizóse (sic) una manifestación que acompañó á los jugadores hasta el local del Club de Deportes. […] Esa manifestación, con letreros alusivos, derroche de cohetes, su cortejo de automóviles, un breack del Jockey Club con la presencia de los campeones, invitaciones impresas para ser presenciada desde los balcones de la Asociación, hablan de un optimismo un tanto arriesgado, pero concurren á afirmar cuánta confianza depositaban en la bondad de los jugadores, quienes por acción refleja, por el cúmulo apreciable de virilidad que infiltran á los que en el field visten la casaca, y que, dominados por su pasión, todo lo habían concebido, y su propósito, ante la realidad, no podía sino culminar”.[5]

Como surge de la lectura precedente, al cronista de aquella época que escribió la nota le llamó la atención –con toda lógica para el tiempo que vivía-, el hecho de que los asistentes que concurrían a “los balcones” del local sede de la AUF en la avenida 18 de Julio para presenciar desde allí la caravana organizada para festejar la conquista de la Copa Uruguaya en propiedad, portaban “invitaciones impresas” que les habilitaba el acceso a tan selecto lugar de observación. Ocurre que en esa altura del decurso del mundo –segunda década del siglo XX- una impresión de este tipo como la que se menciona, exigía un proceso dificultoso que insumía algunos días. Ningún punto de contacto con la realidad que se vive hoy, cien años después, donde cualquier ser humano en su domicilio con una computadora arma e imprime cualquier elemento de este tipo.

PÉREZ, VARELA Y PIENDIBENE CUESTIONADOS

El motivo que originó la opinión del periodista sobre el “optimismo un tanto arriesgado” que sugerían esas invitaciones se conoció en la edición de La Tribuna Popular del martes 13 de noviembre de 1917.

“Radicales soluciones. Una cuestión grave. La Comisión Directiva del Club Peñarol, acaba de adoptar resoluciones de extrema gravedad, que han de producir sensación entre los millares de parciales aurinegros.

Como lo habíamos adelantado ayer tratáronse (sic) en la sesión una serie de acusaciones contra dos jugadores: Pérez y Varela. El debate fue extenso y acalorado, resolviéndose suspender por tiempo indeterminado al jugador Pérez, que como Varela, era acusado de no haber procedido lealmente en el match del domingo.

En cuanto á Varela no pudo llegarse á adoptarse ninguna resolución por haber quedado sin quórum la Comisión.

Parece que las resoluciones tienen origen en acusaciones de varios jugadores peñarolenses, que el domingo observaron en el fiel irregularidades graves de sus dos compañeros.

Como consecuencia de los hechos que quedan relatados, han renunciado sus cargos de la directiva del Club A. Peñarol, el presidente doctor F. Simón, el doctor Melchor Pacheco y el señor H. Dall’Orto”.

En la misma edición se informó que varios parciales de los aurinegros organizaban un merecido homenaje a Isabelino Gradín “en virtud de su brillante comportamiento en el último match realizado por su Club”.

Como resulta lógico para cualquier época de la historia del fútbol, una situación como la denunciada, analizada e inicialmente resuelta por la directiva de Peñarol, originó todo tipo de comentarios e informaciones posteriores ampliatorias en los días, semanas y meses siguientes. Manuel El Japonés Varela era una figura consagrada y junto con el joven y veloz puntero derecho José Pérez, se consagraron campeones de la primera Copa América disputada en setiembre y octubre de este año 1917 en Montevideo. La noticia más trascendente que surgió en los días posteriores, vinculó a un tercer jugador de Peñarol en el episodio. Nada menos que a José Piendibene –el jugador símbolo de la institución-, quién al igual que Pérez quedó suspendido por tiempo indeterminado.

Los tres futbolistas de Peñarol involucrados en los episodios que desencadenaron la crisis en el club, quedaron marginados de la actividad en la institución. Los aurinegros Ruotta por El Japonés Varela, Curto por Pérez y Armando Artigas por El Maestro Piendibene, ingresaron en el equipo que se repuso inmediatamente del contraste experimentado ante Nacional en la Copa Uruguaya, cerrando el año 1917 con la conquista de la segunda edición de la Copa Albion luego de dejar por el camino a Defensor y a Nacional –empató 1:1 y en el nuevo partido y venció 3:1 en el encuentro de desempate, actuando los últimos seis minutos con diez hombres por lesión de Campolo- y ganar la final 3:0 ante Wanderers el 30 de diciembre de 1917.

Nacional reaccionó inmediatamente de conocidas las decisiones del comando de Peñarol. La directiva resolvió “solicitar a la AUF una inmediata y enérgica investigación, a fin de aclarar las versiones que han circulado sobre soborno de determinados jugadores. Entienden los albos que como tales rumores no hacen más que empañar el triunfo obtenido por el primer equipo, tienen especial interés en que se aclare el grado de veracidad que pueda existir en todo cuánto se ha comentado”. Cumpliendo la decisión el poderoso delegado del club, Rodolfo E. Bermúdez –en las sombras acusado de ser el “miembro de la Comisión” que llevó a cabo la obra-, solicitó el miércoles 28 de noviembre en la asamblea de la AUF la formación de una “Comisión especial para investigar el grado de verdad de los sobornos”. Aprobada la moción fueron designados integrantes de la misma Héctor R. Gómez, Conrado Pelfort y José Reyes Lerena. “El delegado de Peñarol señaló que estaba reuniendo datos sobre el asunto para elevarlos a la asociación”.

Próxima nota: Porte jugó todos los partidos ante Peñarol entre 1911 y 1917, aunque algunos los cuentas desde 1914 (Nota II)

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[1] “FOOTBALL. El gran match de hoy por el Campeonato Uruguayo. Una jornada que puede ser definitiva. ¡Nacional! – ¡Peñarol! Sobornos?”. La Tribuna Popular. Montevideo. 11/11/1917:2.

[2] “FOOTBALL. Ni Nacional ni Peñarol lograr abrir score. Los albos conquistan su título más glorioso”. La Tribuna Popular. Montevideo. 12/11/1917:2.

[3] Idem.

[4] Ibídem

[5] Ibídem.