Definitivo: Delgado no cree en la decadencia de Porte y afirma que estaba en “su hora meridiana” (Nota VII)

El detalle pertenece a la nota que escribió el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, el 7 de marzo de 1918 en el vespertino El Plata. El Dr. Delgado que recibió una de las dos cartas que dejó Porte, en las que no mencionó en la que le fue dirigida a él, los motivos del suicidio afirma claramente que “no es cierto el decaimiento futbolístico del jugador”. Marcado en amarillo en la nota. Se trata de un testimonio claro para arrojar luz sobre el tema y sirve para dejar sin consistencia otro que se maneja sobre la sustitución de Porte que se operaría en el equipo titular por decisión del Dr. Delgado.

La última nota de la amplia cobertura del sepelio de Abdón Porte desplegada por el vespertino El Plata llama aún hoy la atención por su títulos: “EN EL ALBUM DE ABDON PORTE (sic) Ha sido un Werther del sport”. Desde el comienzo mismo de la lectura del texto queda en claro que su autor estaba adornado por dotes especiales de escritor, además de poseedor de una amplia cultura y una vena poética.

EL TEXTO ÍNTEGRO DE LA NOTA

“Extraordinarias actitudes físicas y nobles condiciones morales, le habían tejido una aureola de popularidad por pocos superada en el ambiente deportivo del Río de la Plata.

Nacional era su ideal. Lo amaba como el creyente á su fé, como el soldado á su bandera. Para él fue su último pensamiento, como su primer energía. Por su enseña todo era capaz de dar; ninguno, por defenderla, se expuso á más peligros; puede decirse, sin hipérbole, que no hay parte de su cuerpo en donde no se encuentre una cicatriz, noble huella de su audacia y de su amor absoluto por la causa de sus afecciones. ¡Faltaría, tal vez, metal, si el Club Nacional de Football hubiera premiado cada una de ellas con la Cruz de Hierro que merecían!…

De humildísimo origen, el deporte fue para él como una escala de Jacob por la cual ascendió á altura que jamás debió de haber soñado.

Gloria, fama y honores se le prodigaron. Sobre sus hombros lo levantó como un ídolo, la muchedumbre frenética; sus oídos se familiarizaron con el elogio; sus toscas manos acostumbradas sólo á la dureza de la herramienta, se sintieron estrechadas por la ternura y el afecto; sus sienes besadas solamente por el agrio sudor de las faenas sintieron el halago del laurel olímpico…

Acostumbrado al incienso, él le fue necesario, luego como el agua para la planta. Faltóle (sic) serenidad de juicio para comprender, como en la parábola de Rodó, que el vaso estriado, perdido su timbre armonioso, aún puede ser bello búcaro de flores, y una vez que notó la fatal estría de su decadencia, acaso no llegada todavía, prefirió romper bruscamente el vaso de su vida.

Malsanas brumas, sin duda, le impidieron ver claro y lo llevaron, contra la realidad de las cosas, porque no creemos que fuera cierta tal decadencia, ni había disminuido á su alrededor el halago del aplauso, ni el afecto de los partidarios, al trágico abismo en que ha caído.

Por eso decimos que fue un Werther.

Pero extraviado y todo, qué helada majestad hay en su muerte romántica, qué resplandor fascinante y trágico en esa resolución de sucumbir en el campo de sus proezas, qué honda y estéril energía en esa juventud que al sentir el otoño de sus actitudes prefiere truncarse en flor!…

No quiso escuchar la melancólica reconvención de los amantes Verlainianos, cuando su amor caduco no vivía más que de vocaciones del pasado.

El no aplazó la ‘exquisita’ muerte, murió en su hora.

Fuerte, trágico y bello, como un ateniense de los siglos de oro, se extinguió sobre el teatro de sus hazañas, en plena hora meridiana.

¡Haya querido el cielo que todos los estrépitos que sus proezas levantaron, despertaran sus ecos dormidos para endulzar sus póstumos instantes; y que el incienso, que tanto amaba y con tanta justicia se le prodigó, servido le haya de nube para elevarse con la conciencia de que deja un recuerdo imperecedero!”

PRESIDENTE DE NACIONAL NIEGA LA DECADENCIA DE PORTE

 El texto que lleva al pie la firma de J. M. D. perteneció a José María Delgado, presidente del Club Nacional de Football desde 1911 y quién, hasta nuestros días, representa una de las más altas torres que ha conducido a la institución. Justicia total y absoluta ha concretado en realidad la resolución de la comisión directiva de colocar su nombre a una de las tribunas del estadio del Parque Central.

El escrito del Dr. Delgado es la respuesta a la publicación de La Tribuna Popular del día anterior (ver nota V de esta serie). Como quedó constancia en el texto de la misma La Tribuna Popular camina por la ruta de la ambigüedad, porque en ella se señalan como origen de la trágica decisión “una serie de circunstancias á que no están ajenas del todo razones económicas”, agregando luego que “por sobre todo él tuvo como causa principal en su gesto trágico, el convencimiento íntimo de su decadencia como jugador”, concluyendo con algo totalmente inexacto como es afirmar que “el domingo último, la escasa lucidez de sus jugadas, lo decidieron á eliminarse para siempre”. Esta rotunda afirmación de La Tribuna Popular no tiene sentido, ni asidero para justificar el suicidio. El partido del domingo 3 de marzo de 1918 que Nacional ganó 5:1 era el primero de la temporada, tenía simple carácter amistoso para iniciar el año futbolístico y el equipo lo ganó con comodidad absoluta. Además,  lo que echa por tierra el sentido trágico que la publicación le quiere otorgar, es que desde el 23 de diciembre de 1917 el equipo de Nacional estuvo sin jugar, de vacaciones y sin ningún tipo de entrenamiento o actividad parecida. Esto ocurrió así porque así era el fútbol de aquel tiempo. En enero y febrero no se practicaba este deporte para evitar el calor. Se practicaba el cricket, de mucha menor exigencia física. Por lo tanto es una exageración señalar que Porte porque jugó mal resolvió suicidarse porque estaba en decadencia.

El valor de la respuesta del Dr. Delgado al negar esta afirmación realizada por La Tribuna Popular, es una prueba de enorme valor y a su vez arroja luz sobre la mentira de atribuir al decaimiento del jugador, el motivo del suicidio. Lo afirma con toda lógica en dos ocasiones. Primero cuando escribe que “una vez que notó (Porte) la fatal estría de su decadencia, acaso no llegada todavía”. Lo reitera luego cuando sostiene que “no creemos que fuera cierta tal decadencia” y concluye afirmando, rotundamente, una verdad que todos los futbolistas conocían: Porte se encontraba “en plena hora meridiana”.

Esta última afirmación es por demás lógica en todos los tiempos de la historia del fútbol. Ningún deportista se encuentra físicamente decadente a los 25 años de edad y mucho menos anímicamente cuando, como en el caso de Abdón Porte, desde su llegada a Nacional hasta el momento de su trágico final conquistó los siguientes títulos: con Nacional “Campeón uruguayo 1912, 1915, 1916 y 1917. Campeón de la Copa Competencia 1912, 1913, 1914 y 1915. Campeón de la Copa de Honor 1913, 1914, 1915, 1916 y 1917. Campeón de la Copa La Razón 1911 y Copa Instrucciones del Año XIII 1913 (ambas frente al CURCC). Campeón del Río de la Plata (Copa Aldao) 1916 y Campeón Copa de Honor Rioplatense 1915 y 1916. Con Uruguay Campeón Sudamericano con Uruguay 1917 (integró el plantel, no jugó). Campeón Copa Competencia Rioplatense con Uruguay 1913 y 1915”.[1]  

¿POR QUÉ EXISTE RELACIÓN ENTRE PORTE Y WERTHER?

En su poético artículo transcripto el Dr. Delgado afirmó que Porte “ha sido un Werther del sport”. Esa frase es, también, el título principal de la nota. Justifica esa afirmación señalando que “malsanas brumas, sin duda, le impidieron ver claro y lo llevaron, contra la realidad de las cosas (…) al trágico abismo en que ha caído. Por eso decimos que fue un Werther”.

La mención del Dr. Delgado a la novela de Johan Wolfgang Goethe titulada Los sufrimiento del joven Werther, puede conducir a otra pista de investigación. La misma está ligada –en tren de conjeturas-, con lo que afirmaba Luis Alfredo Sciutto (Diego Lucero), jugador de Bella Vista en ese tiempo y en el futuro de Nacional, eximio periodista luego y fundador de Clarín de Buenos Aires en 1945.

La novela de Goethe narra la historia del joven Werther quien conoce a Carlota, una joven hermosa comprometida para casarse con Alberto, quien se encuentra de viaje. Entre Werther y Carlota nace una amistad que continúa cuando retorna Alberto. Nace en Werther el amor que se acrecienta día a día al saber que es recíproco de parte de Carlota. Un domingo antes de Noche Buena el joven Werther se atreve a besar a Carlota, despidiéndose con un “¡Adiós para siempre!”. Werther retorna a su casa y llevado por el pesimismo se suicida. ¿Por qué el Dr. Delgado recurre a esta cita de Werther?

Diego Lucero, mi maestro y amigo –a pesar de la gran diferencia de edad que existía- contaba en conversaciones amistosas –sin que las haya volcado sobre las páginas de los diarios o bien en grabaciones-, que la trágica decisión de Porte se originó a raíz de dejar embarazada a una joven con la que mantenía relaciones amorosas, más allá de su vinculación estable con otra chica con la que iba a contraer matrimonio el siguiente 3 de abril de 1918. El extinto Eduardo Gutiérrez Cortinas, quién esto escribe y firma, y también el Dr. Hernán Navascues, escucharon de boca de Diego Lucero esta afirmación. Es necesario consignar que Luis Alfredo Sciutto –nombre y apellido de quién popularizo en Clarín el seudónimo mencionado-, tenía 17 años en aquel 1918, jugaba con buena capacidad en los juveniles de los clubes del Arroyo Seco donde nació, se incorporaría al nacer Bella Vista y pasaría luego a Nacional, momento en que defendió a la selección uruguaya.

Asimismo debe dejarse constancia –especialmente para los jóvenes que leen estas crónicas-, que aquel tiempo del mundo no tiene ningún punto de contacto con el actual. Un aborto no sólo era impensado, sino también impracticable. Y para una jovencita dar a luz un “hijo natural”-como se decía entonces-, resultaba una afrenta y una condena social difícil de sobrellevar.

En lo que a mi respecta, tomo con pinzas este relato de Diego Lucero, así como otro que aparecerá muchas décadas después del luctuoso episodio, donde la construcción de la equivocada línea argumental de la decadencia de Porte se amplía con una escena en el vestuario, después del partido disputado entre Nacional y Charley el domingo 3 de marzo, momento en el cual el Dr. Delgado le expresa a Porte que la lesión que experimentaba en una rodilla conspira contra tu rendimiento, por lo cual la directiva resolvió sustituirlo por Alfredo Zibecchi. En próxima nota la luz de los documentos dejará -también- en claro esta falacia.

[1] Cr. Juan José Melos Prieto. El padre de la gloria. Pág. 32

Próxima nota: ¿Porte escribió la carta que dejó para el Dr. Delgado? (Nota VIII)

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