Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIV – 2.ª parte)

La reproducción de La Tribuna Popular del lunes 6 de marzo de 1911 es un documento trascendente que nunca se ha publicado.  Da cuenta de la formación de un nuevo Nacional, integrado por los jugadores que abandonaron el club. Su nombre: Nacional’s Old Boys. A la semana siguiente hizo su debut venciendo a Wanderers.

El exitoso debut en el primer equipo de Nacional del  wing derecho Pedro Mazzullo, el centre forward Antonio Brienza y el polifuncional Ángel Romano, concretado el 11 de setiembre de 1910 en el partido contra Central por la Copa Uruguaya,  se ratificó siete días después con la obtención de un trofeo. Nacional venció a Wanderers 2:1 con otro gol de Romano y el de la victoria anotado por Cordero de córner, conquistando la Copa San José. El partido se disputó en la capital del departamento, en el estadio municipal, cuando faltaban que transcurrieran muchas décadas para que llevara el nombre actual de Casto Martínez Laguarda. Los dos equipos montevideanos se trasladaron hasta San José de Mayo para enfrentarse con el trofeo en juego.

A medida que transcurrieron los cuatro últimos partidos de la temporada de 1910 se fue gestando una división en el plantel de jugadores. Aquellos  que pertenecían a la clase alta junto con otros que procedían de las familias patricias, expresaron la incomodidad que significaba para el club, que  perdiera su característica tradicional con el ingreso de elementos de condiciones sociales modestas, algunos de los cuáles se ganaban la vida trabajando como albañiles. La profundización de la grieta originó una asamblea extraordinaria que se desarrolló en el Centro Gallego donde el grupo de futbolistas de la elite, apoyados por varios dirigentes, informaron de su deseo de abandonar el club si la institución mantenía la nueva política  de apertura de sus puertas a representantes de las clases bajas. El adalid y líder de esta tesitura partió del integrante de la comisión directiva, Manuel Rovira Urioste, quién la defendió a ultranza.

Ante la situación creada en el plantel, el mejor de los cuatro jugadores promovidos al primer equipo y también el más jovencito –Ángel El Loco Romano-, no aguantó el ambiente que se generó  y… se fue a jugar al CURCC (Peñarol).

Paulatinamente la división aumentó sus dimensiones internas, hasta que en las primeras semanas de 1911 en la siempre tradicional sección de rumores y chimentos de la prensa titulada Lo que se dice”, en las páginas de La Tribuna Popular el clima de crisis que existía en el club albo trascendió al público. Se dice…

         -Qué Nacional lucha con dificultades para formar team.

         -Qué varios de los Crack que le dieron vida el año pasado, se niegan á prestarle su concurso.

         -Qué lo de las reformas en el Parque es cuento.[1]

 ¿NACIONAL SEGUIRÍA LA RUTA DE ALBION RUMBO A LA DESAPARICIÓN?

En el mes de febrero el Club Nacional de Football vivió horas de apasionada turbulencia por el choque de las dos corrientes en pugna. La polémica ocupó las páginas de la prensa publicándose cartas de asociados a favor de una y otra posición. Rescato una de ellas porque arroja luz definitiva sobre el decaimiento del Albion FC, el club uruguayo más importante -junto con el  CURCC (Peñarol)-, de fines del siglo XIX. La separación de Nacional de un grupo tan numeroso y selecto de socios, no puede causarle sino trastornos. Debe recordarse que una mala interpretación y una cosa insignificante motivó en 1902 la desmembración del Albion y como consecuencia de ella la formación de Wanderers, formado en sus comienzos en su totalidad por elementos del Albion que principió á decaer desde entonces y que sólo seis años después logro volver por sus antiguas proezas realizando la brillante temporada de 1908 que fue su último paso por los fields. Debe dejarse á un lado los personalismos. Un club de football, lo mismo que un país, precisa de todos sus elementos, precisa que todos ellos vayan guiados por un mismo fin, el de realzarlo en todo y por todo lo posible.[2]

Diversas opiniones se difundieron en la prensa sobre la crisis que vivía Nacional. Entre las voces de apoyo al movimiento reformista se destacó la de Héctor R. Gómez, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol y a esa altura de su exitosa gestión deportiva y administrativa, la figura de mayor destaque a nivel dirigente en el Río de la Plata.

Como ocurría anualmente en cada comienzo de año, de acuerdo con el estatuto la comisión directiva presidida por Eusebio Céspedes –el padre de los malogrados Carlos y Bolívar- debía fijar la asamblea en la cuál se elegían las autoridades de la institución.

Manuel Rovira Urioste se puso al frente de lo que denominó la fracción democrática”. Con el objetivo de formalizar el movimiento convocó a los veinte socios más representativos, los que se reunieron en la noche del 12 de febrero en el café Londres, en la esquina de la avenida 18 de Julio y Arenal Grande. Además del convocante, la figura más importante de los asistentes era la del Dr. Joaquín Reyes Lerena, presidente de Nacional en 1906, y los hermanos Andrés y José Landoni que integraban el primer equipo. Los dieciseis concurrentes restantes fueron los siguientes: Juan Restano, Julio Aguirre, Joaquín J. Romero, Pastor Castaing, Juan, Luis y Duilio Introini, Francisco Márquez, José y Guillermo Deya, José Alejandro Simeto, Nicolás Moratorio, Antonio Perrone, Mario Suero, Eduardo Moncaut y Eduardo Irigaray.

EL 3 DE MARZO DE 1911 SE CREO EL CLUB NACIONAL’S OLD BOYS

La grieta se profundizó definitivamente cuando un grupo de dirigentes, jugadores y asociados que pertenecían a la clase alta y al patriciado reaccionaron de forma inesperada. Con fecha del 28 de febrero de 1911 publicaron en todos los diarios de la capital el siguiente comunicado: se cita á los señores C. Asp, A. Bordabehere, O. Caserza, L. Carbone (hijo), J. C. –Campisteguy, L. A. Chabaneau, J. M. Durán, R. E. Frommel, S. Rey Espinosa, M. Espada (hijo), M. Ferreiro, C. Finocchietti, J. P. Indart, A. L. Méndez, E. Martínez, J. Pena, J. G. Pacheco, H. A. Pérez, G. Urrestarazú, P. G. Lacroix, J. Brauer (hijo), N. Bordabehere, A. Dugrós, E. Dugrós, C. Ríos, W. Friedrich, P. Reyes, E. Novoa, F. Pacheco, M. Bertolotti (hijo), F. Etchegorry Bercaitz, J. A. Ballesteros, H. L. Surraco y J. A. Garat, para la reunión que con motivo de la fundación del nuevo club, se efectuará el viernes 3 de marzo á las 9 p. m. En la calle Ituzaingó N.o 130, (Bar Chantecler). Se ruega puntual asistencia. El secretario ad-hoc.

En la nómina precedente figuran los famosos jugadores del equipo principal Luis Carbone, Juan Pena, Jorge Germán Pacheco, Carlos Ríos, Urrestarazú, José María Durán Guani, el back Frommel, W. Friedrich, Ferreiro, el ex dirigente Apeles Bordabehere y el también ex vicepresidente de Nacional, Jorge Ballestero.

Ante los hechos, con la división ya no sólo planteada sino que, también, concretada, la directiva de Nacional reaccionó en forma inmediata. Se cita á los señores socios activos del Club Nacional de Football, para una Asamblea General que tendrá lugar en el local del Centro Asturiano (ex Centro Gallego), calle Arapey n.° 243, el día viernes 3 de Marzo á las 8 y media p.m. Orden del día: Reforma de los Estatutos, Aprobación de la memoria y Balance anual. Elección de Comisión Directiva.[3]

Como consecuencia de la historia narrada, el viernes 3 de marzo de 1911 resultó un día clave en la vida de los albos. La jornada nocturna parió dos hechos trascendentes.

Anoche se efectuó la anunciada reunión de un grupo de sportmans pertenecientes al Club Nacional de Football, habiéndose tomado las siguientes resoluciones: Fundar un nuevo club sportivo que se llamará Nacionals Old Boy. Dicho club que cuenta con elementos de valía, concretará su primer team de football á realizar matchs nacionales é internacionales, disponiendo también de un considerable número de asociados, todos seleccionados. Además se nombraron barias comisiones con carácter de transitorias, que deberán llenar diferentes cometidos de importancia para el novel club. A fin de aprobar los reglamentos y nombrar Comisión Directiva, se efectuará una nueva reunión el viernes próximo en el mismo local. El nuevo club hizo su presentación oficial con éxito el domingo 19 de marzo de 1911, enfrentando al fuerte equipo de Montevideo Wanderers al que venció en su cancha de Belvedere.

EL 3 DE MARZO DE 1911 DELGADO ELECTO PRESIDENTE DE NACIONAL

En la asamblea extraordinaria se presentó la memoria y balance de la gestión conducida por Eusebio Céspedes donde se destacó la ejemplar administración por parte de la comisión directiva anterior, impulsando los intereses de la predicha asociación por los buenos carriles, dá una prueba bien elocuente de la injusticia que importa el conflicto en que se ha visto envuelta aquella con una parte de sus asociados. Más aún: en el renglón financiero corresponde anotar más de un éxito a favor de la nueva comisión. Propagando constante con eficaz resultado, en pro del aumento de socios y lo que es más significativo y aplaudible, una fiscalización severa en lo que se refiere á la administración de los dineros del club, cuya saludable gestión ha permitido un sobrante considerable.[4]

Posteriormente se aprobó la reforma de estatutos, designándose luego la comisión de escrutinio que llevaría a cabo la elección de autoridades. La lista triunfante, que representaba a la fracción netamente democrática del club, llevaba como lema el de los gloriosos campeones nacionalófilos Bolívar y Carlos Céspedes’. [El lunes 6 de marzo de 1911 al sumir la nueva comisión directiva] el señor Juan Daquó manifiesta el deseo de que antes de entrar de lleno en la misión que le está encomendada trate de unir o conciliar los dos bandos en que se encuentra dividido el club.[5]

La nueva comisión directiva surgida en los comicios quedó integrada con Eugenio Céspedes (presidente honorario). José María Delgado (presidente), Juan Daquó (vicepresidente), Joaquín Reyes Lerena (secretario). Hilario Garayalde (prosecretario), José A. Simeto (tesorero). Valentín Sámano (protesorero). Manuel Rovira Urioste, Ricardo Brusoni, Eduardo Moncaut y Nicolás de Rosa (Vocales). La comisión fiscal la integraron José López, Pedro Halty y Rodolfo Bermúdez.

Quedaron impuestos como suplentes para cada cargo, los siguientes: Santiago Puchet (presidente), Rodolfo Bermúdez (vicepresidente), Julián González Suero (secretario). Francisco Márquez (prosecretario), Juan Restano (tesorero). Alberto Lúgaro (protesorero). Luis Introini, Enrique Queirós, Alejandro Argul, Nemesio J. Bazzano (Vocales). Fueron electos suplentes de la comisión fiscal Felipe Díaz, Mario Suero y Miguel Irigaray.

[1] FOOTBALL. La Tribuna Popular. 24/01/1911.

[2] Football. La formación de un nuevo club. La Tribuna Popular. Montevideo, 06/03/1911.

[3] Mundo Sportivo. La Tribuna Popular. Montevideo, 02/03/1911.

[4] FOOTBALL. El Parque Central. La Tribuna Popular. Montevideo, 22/03/1911.

[5] LIBRO DE ORO. Club Nacional de Football. Montevideo. Tomo I, 1953.

Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIII – 1.ª parte)

La fotografía tomada durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez en 1911, es un documento. Aparece arriba, de pie, desde la izquierda Feliciano Viera, (?), Pedro Manini Ríos, Mateo Margariños Solsona, Antonio M. Rodríguez, el coronel Laborde, José Serrato, (?), Domingo Arena y (?). Abajo, en el mismo sentido: Claudio Williman, Diego Pons y Don Pepe. A excepción del muchachito ubicado segundo  de pié y que no está identificado, el más joven de todos los que están en la imagen es Manini Ríos. Desde 1896 era una de las nuevas figuras políticas destacadas por el líder del Batllismo con su amistad por las condiciones personales e intelectuales que lo adornaban. Editorialista de El Día, luego director del matutino de Batlle y Ordoñez, al captarse la fotografía ya había ocupado diversos cargos, entre ellos el de diputados y era aspirante a la presidencia de la República. Resultó el hombre clave en la fundación de Nacional y sus primeros años. Y en el plano futbolístico ya había sido impuesto con la alta distinción de haber sido designado el primer presidente honorario de Nacional. ¿Por qué motivos?

Próximos al final de esta serie de notas sobre el suicidio de Abdón Porte, entiendo que resulta imprescindible para comprender la exhaustiva investigación realizada, así como el contenido de conclusión finales que seguirá a continuación de esta crónica y una segunda que aparecerá luego, recorrer sucintamente la historia del Club Nacional de Football. Abarcaré el período comprendido entre  el momento de su nacimiento hasta el momento en que la asamblea de socios votó unánimemente al Dr. José María Delgado para ocupar la presidencia de la institución. Esta trascendente decisión –tal vez la más importantes en la vida de Nacional- se produjo el viernes 3 de marzo de 1911. Vayamos al comienzo de la vida del club de los albos.

¿POR QUÉ HOY NACIONAL DESCONOCE A PEDRO MANINI RÍOS?

Aunque sin la existencia de un acta formal que la torne incuestionable, la reunión que concluyó con la fundación de la institución se llevó a cabo en la casa del jovencito Ernesto Caprario, en la calle Soriano n.° 99 (actual 922) el 14 de mayo de 1899, entre un grupo de estudiantes universitarios de entre 15 y 19 años que reunían la condición de jugar al fútbol en el Montevideo FC –club que llevaba el nombre del café donde se reunían-, y Uruguay Athletic Club de la Unión. La historia oficial de la nueva institución comenzó a escribirse varias décadas después de producido el episodio, por una razón lógica. Ninguno de los fundadores se imaginaban el futuro que el destino tenía reservado para el sueño que ellos ponían en marcha. Por este motivo, al volcar sobre el papel los recuerdos de las décadas pasadas, se resaltaron las figuras del dueño de casa (Ernesto Capario), así como también las de Sebastián Puppo, Domingo Prat -estudiante de medicina- que contaba con 16 años (nacido el 27 de setiembre de 1882), y otro estudiante de medicina en la rama de la pediatría, Atilio Narancio de 15 años (nació el 3 de julio de 1883) . Surge aquí la primera constatación de la verdad histórica. Éstos dos últimos asistentes a la reunión, pertenecían al núcleo de los muy jovencitos quienes por la diferencia de edad con los mayores, poco podían influir en las decisiones y los planteos. En la reunión que surgió por impulso principal de los integrantes del Montevideo FC, resultó fundamental la participación de quién a ese altura de su vida ostentaba el título de abogado y editorialista en la página política de El Día. Me refiero a Pedro Manini Ríos de 18 años (nacido el 2 de setiembre de 1879) quién -por otra parte- gozaba de la distinción de José Batlle y Ordóñez como consecuencia de las condiciones intelectuales que lo adornaban, destacándolo entre los de su generación. Este aspecto llevó a Manini Ríos a pertenecer al selecto grupo de dirigentes cercanos a Don Pepe.

A raíz de este prestigio adquirido, Manini Ríos influirá para que el cerrado núcleo británico y empresarial que puso en marcha The Uruguay Association Football League en 1900, acepte al año siguiente la integración de Nacional a la organización oficial del fútbol uruguayo, postergando de esta forma el mismo deseo de otras instituciones con mayor antigüedad que Nacional y más sólido prestigio deportivo adquirido. No se detendrán aquí las gestiones  de Manini Ríos quién no tenía aspiraciones de destacarse en la vida del Club Nacional de Football, ya que en su mente visualizaba el mayor destino superior que se puede soñar en un país. El de conducirlo desde la presidencia de la República. Sin embargo, como fundador e impulsor del desarrollo de Nacional, Manini Ríos no dudó en desplegar acciones en apoyo del club mientras avanzaba en su carrera política y periodística en los más altos niveles gubernamentales.

El 28 de agosto de 1904 Nacional jugaba contra el C.U.R.Cricket Club la final del Campeonato Uruguayo de 1903, que no se había podido jugar ese año [por causa de la guerra civil que vivía el país por el levantamiento en armas del Partido Nacional liderado por Aparicio Saravia]. Se descontaba el triunfo del CURCC, pues Nacional tenía que presentarse por ausencia forzada de sus jugadores, a causa de la guerra civil, con elementos de segunda categoría. Los hermanos [Amílcar, Carlos y Bolívar] Céspedes y Gaudencio Pini [jugaban en Belgrano FC de Buenos Aires donde pasaron a residir, junto a su padre Eusebio, por su adhesión al Partido Nacional y para escapar de la leva del gobierno para formar las filas del ejército de línea] y Gonzalo Rincón en campaña [formando en las huestes de Aparicio]. Y ante la sorpresa general aparecieron los hermanos Céspedes y Pigni, créditos en aquel entonces del cuadro albo, que secretamente habían llegado de Buenos Aires.[1] ¿Cómo fue posible que las cuatro estrellas futbolísticas de Nacional que logró el triunfo por 3:2 consagrándose por primera vez en la historia campeón uruguayo, retornaran especialmente para disputar la final sin ser detenidos en la aduana por su calidad de desertores?

No llegaron secretamente como lo indica la crónica oficial del club. El Dr. Pedro Manini Ríos –al año siguiente con 25 años asumirá una banca de diputado por el Batllismo-, obtuvo la autorización del presidente de la República, José Batlle y Ordóñez, quien otorgó el salvoconducto autorizando el retorno de los cuatro jugadores militantes del Partido Blanco.

Por este y los anteriores servicios prestados en la fundación de Nacional, la directiva del club distinguió al joven Pedro Manini Ríos, designándolo primer presidente honorarios de la institución.

NACIONAL EN CRISIS: 5 AÑOS SIN GANAR UN TÍTULO

La conquista del título de 1903 -disputado en las postrimerías de 1904- colocó a Nacional en pie de igualdad con el CURCC (Peñarol), con una pequeña gran ventaja obtenida en el campo internacional. El resonante triunfo del 13 de setiembre de 1903, cuando el equipo albo en su totalidad asumió la conducción de seleccionado uruguayo, venciendo 3:2 por primera vez en la historia a los argentinos en Buenos Aires. Nacía de este modo la rivalidad que convertiría al enfrentamiento entre el CURCC (Peñarol) y Nacional en el clásico del fútbol uruguayo del siglo nuevo, sustituyendo al anterior que protagonizaban el CURCC (Peñarol) ante Albion.

Otros hechos se agregaron para potenciar esta rivalidad. El CURCC (Peñarol) eran los de “afuera”, los del interior, los que llegaban a la capital en ferrocarril para jugar sus partidos, los gringos de los ferrocarriles mezclados con algunos criollos obreros, los del club de una empresa privada. Enfrentaban a los universitarios, los de las familias de la clase alta, los de la capital del país, los del equipo integrado en su totalidad por criollos. Todo apuntaba para que esa rivalidad se estableciera y continuara.

Sin embargo, el destino jugó sus fichas en el paño de la existencia. En 1905 una epidemia de viruela que afectó a los habitantes de Montevideo se llevó la vida de los dos mejores jugadores de ataque de Nacional y el fútbol uruguayo. Bolívar (21 años) y Carlos (20) fallecieron el 9 y 30 de junio de este año. Aunque sin ellos Nacional obtiene el primer título de campeón de su historia en el campo internacional –ganó la 1.a edición de la Copa de Honor Cusenier, el vencer en la final 3:2 a Alumni en la cancha del Paso Molino el 10 de setiembre-, la pérdida de estos dos grandes valores afectó el poderío deportivo del club en esta etapa embrionaria del fútbol uruguayo. Corrían años donde con la excepción del CURCC (Peñarol), Nacional competía con varias instituciones por el éxito en un total pie de igualdad futbolística procurando que las conquistas derivaran en la obtención de apoyo popular. El club aurinegro del ferrocarril desde su comienzo contó con esta condición favorable de que un núcleo importante de parciales los rodeara por una razón muy simple. La institución se fundó en la Villa Peñarol, en las afueras de Montevideo –era en ese tiempo un club del interior-, donde la compañía británica que usufructuaba la explotación de los trenes instaló sus talleres y oficinas. Allí vivían 3.000 personas cuya existencia dependía de ésta actividad. Potencialmente el único club que funcionaba en la villa contó con la adhesión popular de los habitantes de todo el poblado.

En cambio en Montevideo el fútbol asistía a la pérdida de poder deportivo y de adeptos del Albion, y el surgimiento de Nacional, Montevideo Wanderers y River Plate FC de la aduana, luchando palmo a palmo por el éxito que redundara en apoyo popular. Los triunfos en la Copa Uruguaya del CURCC (1905-1907), Montevideo Wanderers (1906-1909) y de River Plate (1908-1910) desplazaron a Nacional que veía afectado su acceso a la popularidad por la propia condición del grupo de fundadores y quienes luego se sumaron a la causa, todos ellos pertenecientes al círculo universitario y, por ende –especialmente en aquel tiempo-, vinculados socialmente a la aristocracia. El mantenimiento de esta característica de coto cerrado, de círculo, iba en detrimento del poderío deportivo debido a que con la masificación del fútbol en Montevideo, los mejores jugadores comenzaron a surgir en los barrios aledaños y periféricos a Montevideo. Es necesario señalar, también, que comenzó a aparecer el profesionalismo encubierto en diversas formas -empleos, retribuciones por partido, etc.- para lograr captar a las mejores figuras del ambiente.

La consecuencia de esta pauperización futbolística en la que ingresó Nacional a partir de 1905, se materializó en las canchas a través de la ausencia de resonantes victorias locales que quedaron en manos de sus adversarios y, también, en el siempre difícil campo internacional donde Montevideo Wanderers en 1908 y CURCC (Peñarol) en 1909 obtuvieron el trofeo.

AL FINAL DEL AÑO 1910 DEBUTAN VARIOS JUGADORES EN NACIONAL

El referido andar tambaleante de Nacional hizo crisis en la Copa Uruguaya de 1910 cuya definición se convirtió en un mano a mano entre el CIURCC (Peñarol) y River Plate FC. Faltando tres partidos y cuando las posibilidades de terciar en esa lucha disminuyeron, la directiva presidida por Eusebio Céspedes aceptó como manotazo de ahogado la propuesta –desechada en anteriores ocasiones- del vocal Manuel Rovira Urioste, para que ingresaran al equipo titular el  wing derecho Pedro Mazzullo, el centre forward Antonio Brienza y Ángel Romano. Éste último tenía 17 o 18 años –según la biografía que se escoja para su estudio-, se desenvolvía con gran capacidad en todos los puestos del ataque. Ese, su debut en primera división ante Central, resultó espectacular. Victoria por 4:1 con tres goles de Romano quién volvió a convertir en el último partido del certamen ante el CURCC (Peñarol) en el empate en tres goles. Esa igualdad en el clásico disputado en la cancha de la villa, le cedió el título de campeón uruguayo a River Plate FC.

En el segundo partido ante Wanderers, que también finalizó en victoria, retornó al primer equipo otros jugador que había actuado al comienzo de la temporada, radiado luego de la formación titular: el back Juan Munichelli.

El 6 de noviembre finalizó la actividad futbolística de Nacional correspondiente a 1910 perdiendo 3:2 frente a Wanderers, convirtiendo Romano otro tanto. Este joven futbolista vivía en el barrio donde está el Parque Central y había aparecido en un campeonato armado por una de las tantas ligas independientes que existían entonces, disputado en la cancha del Ballor FC afiliado a la Liga Uruguaya, en la parte trasera del actual Hospital Militar. El hombre del club era el de un vermouth. Lo bancaba como acción publicitaria. El color de la camiseta era rosado. Allí lo vieron y Romano comenzó en 1908 jugando como centro delantero. Era casi un chiquilín.

Nacional incorpora a Romano a comienzos de 1910 para jugar en lo que llamaban el III Team, especie de divisiones formativas de la actualidad.

Le decían El Loco y le quedó para siempre, como una denominación cariñosa a sus extravagancias con la pelota de fútbol. Nadie hacía lo que él con la número 5. Las gambetas más complicadas, las piruetas más risueñas, la pisada, la amasada, el taquito, el mondonguillo y lo de hacerla dormir sobre el empeine de la alpargata y lo de pararla y dejarla seca abajo del pie cuando venía de alto… todo eso, a manera de un número de circo, lo hacía Angelito Romano para asombro de los que lo rodeaban.[2]

 

[1] LIBRO DE ORO. CLUB NACIONAL DE FOOTBAL. Tomo I. 1953:26.

[2] Diego Lucero. ESTRELLAS DEPORTIVAS, fascículo n.° 83, El Diario, Montevideo. “Ángel Romano el rey de la pirueta”, 18/04/1979:5.


Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIV – 2.ª parte)

 

Horacio Quiroga escribió el cuento de Porte a pedido del presidente de Nacional (Nota XII)

Horacio Quiroga nació en Salto el 31 de diciembre de 1878. Cinco años mayor que el Dr. José María Delgado, cultivó con quién a los 26 años asumirá como presidente de Nacional, una gran amistad, al igual que con Asdrúbal, su hermano mayor. Testimonio de esta afirmación es un libro publicado con la amplia correspondencia del cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Quiroga se suicidó en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires el 9 de febrero de 1937. Bebió un vaso de cianuro al enterarse que padecía cáncer de próstata. Tenía 58 años.

La pista que me permitió ir juntando las piezas que componen la respuesta a la afirmación rotunda formulada en el título de esta nota, la encontré releyendo un libro que se encontraba en el acervo de mi biblioteca desde algo más de un cuarto de siglo. Escrito por Pablo Rocca en 1990, Literatura y fútbol en el Uruguay (1899 / 1990) La polémica, el encuentro, de editorial Arca, se convirtió en una obra imprescindible por varios motivos. Comencemos por  transcribir lo que se lee en las páginas 20 y 21 del texto:

El 16 de mayo de 1918 la revista porteña Atlántida publicó, a una página y con un dibujo de Málaga Grenet en el centro, un breve relato de Horacio Quiroga titulado Juan Polti, half-back. La historia trata de un jugador del Nacional de Montevideo, proveniente de un ignorado club de quinta categoría y del pueblo. […] Del apogeo deportivo a la decadencia física, desde el éxito a su retiro del plantel y de ahí al suicidio. A Quiroga lo seduce –como siempre- el destino trágico del personaje, no le importa la plasticidad del juego ni se detiene en las condiciones del futbolista, éstas son apenas un marco para el frustrado sueño del pibe y su final, con la grotesca morisqueta que corona la carta despedida. El cuento, por su brevedad, por la economía de recursos empleados, se lee como casi todos los relatos de la primera época quirogiana, textos confeccionados a medida de una página, como los que exigía Luis Pardo en Caras y Caretas. Sin embargo la historia abarca demasiados hechos, pasa y saltea datos de singular riqueza en el personaje y en su entorno, urgido por el desenlace fatal. No es de sus mejores creaciones, pero contiene todos los rasgos que lo diferencian y lo distinguen entre los escritores del 900.

El caso elegido, sin embargo, no fue imaginado exclusivamente por el autor. Se trata de la reelaboración de un material que la realidad le proporcionó, un suceso ocurrido en Montevideo en la mañana del 5 de marzo de 1918. Ese día el cuerpo de Abdón Porte –y no Juan Polti, alteración nominativa obvia por la cercanía del acontecimiento- fue hallado por el encargado del Parque Central tendido en el medio del campo, con un tiro en la cabeza y una carta en la mano. El mensaje estaba remitido al presidente del Club Nacional, institución donde Porte había actuado hasta apenas unos días atrás cuando había sido apartado por su bajo rendimiento.

Tal presidente era un salteño, amigo de Quiroga desde la juventud, contertulio en el Consistorio del Gay Saber, corresponsal activo, primer biógrafo –junto con Alberto J. Brignole- en 1939: el Dr. José María Delgado, quien –como veremos- algo hará con el nexo literatura-fútbol. En la correspondencia que mantuvieron no queda ninguna cita de la anécdota, aunque hay una carta de agosto 22, donde algo podrían haber comentado[1]. Indudablemente fue Delgado quien le pasó la historia y, tal vez, la nota del suicida. Quiroga era poco propenso a confesiones sobre sus cuentos, además no tomó a Juan Polti, half-back en ninguna de las colecciones de relatos que de ahí en adelante compiló.

 EL CUENTO DE QUIROGA: JUAN POLTI, HALF BACK

La precedente no es la única mención que el autor del libro citado -Pablo Rocca- realiza asegurando que el dramático escritor salteño, Horacio Quiroga, recibió una carta del Dr. Delgado con noticias de lo ocurrido en Montevideo. En la página 37 informa Rocca de la aparición en noviembre de 1918 de la revista ¡Nacional! Dirigida por Rodolfo E. Bermúdez. Y agrega: “Allí ODAGLED escribió muchos poemas nacionalófilos, evidente seudónimo de José María Delgado, el mismo que le había proporcionado la epístola de Abdón Porte a su amigo Horacio Quiroga.

Entiendo del caso como elemento que sustenta la conclusión a la que arribaré, la transcripción del cuento Juan Polti, half-back que Quiroga consideró menor adoptando la decisión de que el mismo no figura en ninguna de las colecciones de relatos que de ahí en adelante compiló. He aquí el referido cuento.

Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones.
Tal es el caso de Juan Polti, half-back de Nacional. Como entrenamiento en el juego, el muchacho lo tenía a conciencia. Tenía, además, una cabeza muy dura, y ponía el cuerpo rígido como un taco al saltar; por lo cual jugaba al billar con la pelota, lanzándola de corrida hasta el mismo gol.
Polti tenía veinte años, y había pisado la cancha a los quince, en un ignorado Club de quinta categoría. Pero alguien de Nacional lo vio cabeceador, comunicándolo en seguida a su gente. Nacional lo contrató, y Polti fue feliz.
Al muchacho le sobraba, naturalmente, fuego, y este brusco salto en la senda de la gloria lo hizo girar sobre sí mismo como un torbellino. Llegar desde una portería de juzgado a un ministerio, es cosa que razonablemente, puede marear; pero dormirse forward de un Club desconocido y despertar de half-back de Nacional, toca en lo delirante. Polti deliraba, pateaba, y aprendía frases de efecto:

-Yo, señor presidente, quiero honrar el baldón que me han confiado…
El quería decir blasón, pero lo mismo daba, dado que el muchacho valía en la cancha lo que una o dos docenas de profesores en sus respectivas cátedras.
Sabía apenas escribir, y se le consiguió un empleo de archivista con cincuenta pesos oro. Dragoneaba furtivamente con mayor o menor lujo de palabras rebuscadas, y adquirió una novia en forma, con madre, hermanas y una casa que él visitaba.

La gloria lo circundaba como un halo. “El día que no me encuentre más en forma”, decía, “me pego un tiro”.

Una cabeza que piensa poco, y se usa, en cambio, como suela de taco de billar para recibir y contralanzar una pelota de football que llega como una bala, puede convertirse en un caracol sonante, donde el tronar de los aplausos repercute más de lo debido. Hay pequeñas roturas, pequeñas congestiones, y el resto. El half-back cabeceaba toda una tarde de internacional. Sus cabezazos eran tan eficaces como las patadas del team entero. Tenía tres pies: esta era su ventaja.

Pues bien: un día, Polti comenzó a decaer. Nada muy sensible; pero la pelota partía demasiado hacia la derecha o demasiado hacia la izquierda; o demasiado alto, o tomaba demasiado efecto. Cosas estas que no engañaban a nadie sobre la decadencia del gran half-back. Sólo él se engañaba, y no era tarea amable hacérselo notar.

Corrió un año más, y la comisión se decidió al fin a reemplazarlo. Medida dura, si las hay, y que un club mastica meses enteros, porque es algo que llega al corazón de un muchacho que durante cuatro años ha sido la gloria de field.

Cómo lo supo Polti antes de serle comunicado, o cómo lo previó -lo que es más posible-, son cosas que ignoramos. Pero lo cierto es que una noche el half-back salió contento de casa de su novia, porque había logrado convencer a todos de que debía casarse el 3 del mes entrante, y no otro día.

El 3 cumplía años ella. Y se acabó.

Así fueron informados los muchachos esa misma noche en el club, por donde pasó Polti hacia medianoche. Estuvo alegre y decidor como siempre. Estuvo un cuarto de hora, y después de confrontar, reloj en mano, la hora del último tranvía a la Unión, salió.

Esto es lo que se sabe de esa noche. Pero esa madrugada fue hallado el cuerpo del half-back acostado en la cancha, con el lado izquierdo del saco un poco levantado, y la mano derecha oculta bajo el saco.
En la mano izquierda apretaba un papel, donde se leía:
Querido doctor y presidente: le recomiendo a mi vieja y a mi novia. Usted sabe, mi querido doctor, por qué hago esto. ¡Viva el club Nacional. Y más abajo estos versos:

Que siempre esté adelante

El club para nosotros anhelo

Yo doy mi sangre por todos mis compañeros,

Ahora y siempre el club gigante

¡Viva el club Nacional!

El entierro del half-back Juan Polti no tuvo, como acompañamiento de consternación, sino dos precedentes en Montevideo. Porque lo que llevaban a pulso por espacio de una legua era el cadáver de una criatura fulminada por la gloria, para resistir la cual es menester haber sufrido mucho tras su conquista. Nada, menos que la gloria, es gratuito. Y si la obtiene así, se paga fatalmente con el ridículo, o con un revólver sobre el corazón.

Todo lo rescatado en este artículo, además de la lectura del libro de Pablo Rocca y –especialmente- el final del breve cuento de Horacio Quiroga, abren la puerta al tránsito por las últimas notas de esta serie, donde revelaré una pregunta fundamental sobre el mito. ¿Cómo nació? Resultará apasionante. Como anticipo creo atinado cerrar esta nota XI con una constatación. Los versos atribuidos a Porte enviados por el Dr. Delgado a su amigo Quiroga no son los mismos que el propio presidente de Nacional entregó a La Tribuna Popular al otro día del suicidio y que, según lo indicado en los textos del diario citado, pertenecían a la carta que Porte dejó para el Dr. Delgado. Es que, entonces… ¿Porte escribió dos cartas con textos distintos y no una sola misiva al presidente de Nacional?

[1] Cartas inéditas de Horacio Quiroga, Montevideo; INIAL, 1959, tomo II. Prólogo de Mercedes Ramírez de Rossiello, ordenación y notas de Roberto Ibáñez, pp. 53-75.


Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIII – 1.ª parte)