Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIII – 1.ª parte)

La fotografía tomada durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez en 1911, es un documento. Aparece arriba, de pie, desde la izquierda Feliciano Viera, (?), Pedro Manini Ríos, Mateo Margariños Solsona, Antonio M. Rodríguez, el coronel Laborde, José Serrato, (?), Domingo Arena y (?). Abajo, en el mismo sentido: Claudio Williman, Diego Pons y Don Pepe. A excepción del muchachito ubicado segundo  de pié y que no está identificado, el más joven de todos los que están en la imagen es Manini Ríos. Desde 1896 era una de las nuevas figuras políticas destacadas por el líder del Batllismo con su amistad por las condiciones personales e intelectuales que lo adornaban. Editorialista de El Día, luego director del matutino de Batlle y Ordoñez, al captarse la fotografía ya había ocupado diversos cargos, entre ellos el de diputados y era aspirante a la presidencia de la República. Resultó el hombre clave en la fundación de Nacional y sus primeros años. Y en el plano futbolístico ya había sido impuesto con la alta distinción de haber sido designado el primer presidente honorario de Nacional. ¿Por qué motivos?

Próximos al final de esta serie de notas sobre el suicidio de Abdón Porte, entiendo que resulta imprescindible para comprender la exhaustiva investigación realizada, así como el contenido de conclusión finales que seguirá a continuación de esta crónica y una segunda que aparecerá luego, recorrer sucintamente la historia del Club Nacional de Football. Abarcaré el período comprendido entre  el momento de su nacimiento hasta el momento en que la asamblea de socios votó unánimemente al Dr. José María Delgado para ocupar la presidencia de la institución. Esta trascendente decisión –tal vez la más importantes en la vida de Nacional- se produjo el viernes 3 de marzo de 1911. Vayamos al comienzo de la vida del club de los albos.

¿POR QUÉ HOY NACIONAL DESCONOCE A PEDRO MANINI RÍOS?

Aunque sin la existencia de un acta formal que la torne incuestionable, la reunión que concluyó con la fundación de la institución se llevó a cabo en la casa del jovencito Ernesto Caprario, en la calle Soriano n.° 99 (actual 922) el 14 de mayo de 1899, entre un grupo de estudiantes universitarios de entre 15 y 19 años que reunían la condición de jugar al fútbol en el Montevideo FC –club que llevaba el nombre del café donde se reunían-, y Uruguay Athletic Club de la Unión. La historia oficial de la nueva institución comenzó a escribirse varias décadas después de producido el episodio, por una razón lógica. Ninguno de los fundadores se imaginaban el futuro que el destino tenía reservado para el sueño que ellos ponían en marcha. Por este motivo, al volcar sobre el papel los recuerdos de las décadas pasadas, se resaltaron las figuras del dueño de casa (Ernesto Capario), así como también las de Sebastián Puppo, Domingo Prat -estudiante de medicina- que contaba con 16 años (nacido el 27 de setiembre de 1882), y otro estudiante de medicina en la rama de la pediatría, Atilio Narancio de 15 años (nació el 3 de julio de 1883) . Surge aquí la primera constatación de la verdad histórica. Éstos dos últimos asistentes a la reunión, pertenecían al núcleo de los muy jovencitos quienes por la diferencia de edad con los mayores, poco podían influir en las decisiones y los planteos. En la reunión que surgió por impulso principal de los integrantes del Montevideo FC, resultó fundamental la participación de quién a ese altura de su vida ostentaba el título de abogado y editorialista en la página política de El Día. Me refiero a Pedro Manini Ríos de 18 años (nacido el 2 de setiembre de 1879) quién -por otra parte- gozaba de la distinción de José Batlle y Ordóñez como consecuencia de las condiciones intelectuales que lo adornaban, destacándolo entre los de su generación. Este aspecto llevó a Manini Ríos a pertenecer al selecto grupo de dirigentes cercanos a Don Pepe.

A raíz de este prestigio adquirido, Manini Ríos influirá para que el cerrado núcleo británico y empresarial que puso en marcha The Uruguay Association Football League en 1900, acepte al año siguiente la integración de Nacional a la organización oficial del fútbol uruguayo, postergando de esta forma el mismo deseo de otras instituciones con mayor antigüedad que Nacional y más sólido prestigio deportivo adquirido. No se detendrán aquí las gestiones  de Manini Ríos quién no tenía aspiraciones de destacarse en la vida del Club Nacional de Football, ya que en su mente visualizaba el mayor destino superior que se puede soñar en un país. El de conducirlo desde la presidencia de la República. Sin embargo, como fundador e impulsor del desarrollo de Nacional, Manini Ríos no dudó en desplegar acciones en apoyo del club mientras avanzaba en su carrera política y periodística en los más altos niveles gubernamentales.

El 28 de agosto de 1904 Nacional jugaba contra el C.U.R.Cricket Club la final del Campeonato Uruguayo de 1903, que no se había podido jugar ese año [por causa de la guerra civil que vivía el país por el levantamiento en armas del Partido Nacional liderado por Aparicio Saravia]. Se descontaba el triunfo del CURCC, pues Nacional tenía que presentarse por ausencia forzada de sus jugadores, a causa de la guerra civil, con elementos de segunda categoría. Los hermanos [Amílcar, Carlos y Bolívar] Céspedes y Gaudencio Pini [jugaban en Belgrano FC de Buenos Aires donde pasaron a residir, junto a su padre Eusebio, por su adhesión al Partido Nacional y para escapar de la leva del gobierno para formar las filas del ejército de línea] y Gonzalo Rincón en campaña [formando en las huestes de Aparicio]. Y ante la sorpresa general aparecieron los hermanos Céspedes y Pigni, créditos en aquel entonces del cuadro albo, que secretamente habían llegado de Buenos Aires.[1] ¿Cómo fue posible que las cuatro estrellas futbolísticas de Nacional que logró el triunfo por 3:2 consagrándose por primera vez en la historia campeón uruguayo, retornaran especialmente para disputar la final sin ser detenidos en la aduana por su calidad de desertores?

No llegaron secretamente como lo indica la crónica oficial del club. El Dr. Pedro Manini Ríos –al año siguiente con 25 años asumirá una banca de diputado por el Batllismo-, obtuvo la autorización del presidente de la República, José Batlle y Ordóñez, quien otorgó el salvoconducto autorizando el retorno de los cuatro jugadores militantes del Partido Blanco.

Por este y los anteriores servicios prestados en la fundación de Nacional, la directiva del club distinguió al joven Pedro Manini Ríos, designándolo primer presidente honorarios de la institución.

NACIONAL EN CRISIS: 5 AÑOS SIN GANAR UN TÍTULO

La conquista del título de 1903 -disputado en las postrimerías de 1904- colocó a Nacional en pie de igualdad con el CURCC (Peñarol), con una pequeña gran ventaja obtenida en el campo internacional. El resonante triunfo del 13 de setiembre de 1903, cuando el equipo albo en su totalidad asumió la conducción de seleccionado uruguayo, venciendo 3:2 por primera vez en la historia a los argentinos en Buenos Aires. Nacía de este modo la rivalidad que convertiría al enfrentamiento entre el CURCC (Peñarol) y Nacional en el clásico del fútbol uruguayo del siglo nuevo, sustituyendo al anterior que protagonizaban el CURCC (Peñarol) ante Albion.

Otros hechos se agregaron para potenciar esta rivalidad. El CURCC (Peñarol) eran los de “afuera”, los del interior, los que llegaban a la capital en ferrocarril para jugar sus partidos, los gringos de los ferrocarriles mezclados con algunos criollos obreros, los del club de una empresa privada. Enfrentaban a los universitarios, los de las familias de la clase alta, los de la capital del país, los del equipo integrado en su totalidad por criollos. Todo apuntaba para que esa rivalidad se estableciera y continuara.

Sin embargo, el destino jugó sus fichas en el paño de la existencia. En 1905 una epidemia de viruela que afectó a los habitantes de Montevideo se llevó la vida de los dos mejores jugadores de ataque de Nacional y el fútbol uruguayo. Bolívar (21 años) y Carlos (20) fallecieron el 9 y 30 de junio de este año. Aunque sin ellos Nacional obtiene el primer título de campeón de su historia en el campo internacional –ganó la 1.a edición de la Copa de Honor Cusenier, el vencer en la final 3:2 a Alumni en la cancha del Paso Molino el 10 de setiembre-, la pérdida de estos dos grandes valores afectó el poderío deportivo del club en esta etapa embrionaria del fútbol uruguayo. Corrían años donde con la excepción del CURCC (Peñarol), Nacional competía con varias instituciones por el éxito en un total pie de igualdad futbolística procurando que las conquistas derivaran en la obtención de apoyo popular. El club aurinegro del ferrocarril desde su comienzo contó con esta condición favorable de que un núcleo importante de parciales los rodeara por una razón muy simple. La institución se fundó en la Villa Peñarol, en las afueras de Montevideo –era en ese tiempo un club del interior-, donde la compañía británica que usufructuaba la explotación de los trenes instaló sus talleres y oficinas. Allí vivían 3.000 personas cuya existencia dependía de ésta actividad. Potencialmente el único club que funcionaba en la villa contó con la adhesión popular de los habitantes de todo el poblado.

En cambio en Montevideo el fútbol asistía a la pérdida de poder deportivo y de adeptos del Albion, y el surgimiento de Nacional, Montevideo Wanderers y River Plate FC de la aduana, luchando palmo a palmo por el éxito que redundara en apoyo popular. Los triunfos en la Copa Uruguaya del CURCC (1905-1907), Montevideo Wanderers (1906-1909) y de River Plate (1908-1910) desplazaron a Nacional que veía afectado su acceso a la popularidad por la propia condición del grupo de fundadores y quienes luego se sumaron a la causa, todos ellos pertenecientes al círculo universitario y, por ende –especialmente en aquel tiempo-, vinculados socialmente a la aristocracia. El mantenimiento de esta característica de coto cerrado, de círculo, iba en detrimento del poderío deportivo debido a que con la masificación del fútbol en Montevideo, los mejores jugadores comenzaron a surgir en los barrios aledaños y periféricos a Montevideo. Es necesario señalar, también, que comenzó a aparecer el profesionalismo encubierto en diversas formas -empleos, retribuciones por partido, etc.- para lograr captar a las mejores figuras del ambiente.

La consecuencia de esta pauperización futbolística en la que ingresó Nacional a partir de 1905, se materializó en las canchas a través de la ausencia de resonantes victorias locales que quedaron en manos de sus adversarios y, también, en el siempre difícil campo internacional donde Montevideo Wanderers en 1908 y CURCC (Peñarol) en 1909 obtuvieron el trofeo.

AL FINAL DEL AÑO 1910 DEBUTAN VARIOS JUGADORES EN NACIONAL

El referido andar tambaleante de Nacional hizo crisis en la Copa Uruguaya de 1910 cuya definición se convirtió en un mano a mano entre el CIURCC (Peñarol) y River Plate FC. Faltando tres partidos y cuando las posibilidades de terciar en esa lucha disminuyeron, la directiva presidida por Eusebio Céspedes aceptó como manotazo de ahogado la propuesta –desechada en anteriores ocasiones- del vocal Manuel Rovira Urioste, para que ingresaran al equipo titular el  wing derecho Pedro Mazzullo, el centre forward Antonio Brienza y Ángel Romano. Éste último tenía 17 o 18 años –según la biografía que se escoja para su estudio-, se desenvolvía con gran capacidad en todos los puestos del ataque. Ese, su debut en primera división ante Central, resultó espectacular. Victoria por 4:1 con tres goles de Romano quién volvió a convertir en el último partido del certamen ante el CURCC (Peñarol) en el empate en tres goles. Esa igualdad en el clásico disputado en la cancha de la villa, le cedió el título de campeón uruguayo a River Plate FC.

En el segundo partido ante Wanderers, que también finalizó en victoria, retornó al primer equipo otros jugador que había actuado al comienzo de la temporada, radiado luego de la formación titular: el back Juan Munichelli.

El 6 de noviembre finalizó la actividad futbolística de Nacional correspondiente a 1910 perdiendo 3:2 frente a Wanderers, convirtiendo Romano otro tanto. Este joven futbolista vivía en el barrio donde está el Parque Central y había aparecido en un campeonato armado por una de las tantas ligas independientes que existían entonces, disputado en la cancha del Ballor FC afiliado a la Liga Uruguaya, en la parte trasera del actual Hospital Militar. El hombre del club era el de un vermouth. Lo bancaba como acción publicitaria. El color de la camiseta era rosado. Allí lo vieron y Romano comenzó en 1908 jugando como centro delantero. Era casi un chiquilín.

Nacional incorpora a Romano a comienzos de 1910 para jugar en lo que llamaban el III Team, especie de divisiones formativas de la actualidad.

Le decían El Loco y le quedó para siempre, como una denominación cariñosa a sus extravagancias con la pelota de fútbol. Nadie hacía lo que él con la número 5. Las gambetas más complicadas, las piruetas más risueñas, la pisada, la amasada, el taquito, el mondonguillo y lo de hacerla dormir sobre el empeine de la alpargata y lo de pararla y dejarla seca abajo del pie cuando venía de alto… todo eso, a manera de un número de circo, lo hacía Angelito Romano para asombro de los que lo rodeaban.[2]

 

[1] LIBRO DE ORO. CLUB NACIONAL DE FOOTBAL. Tomo I. 1953:26.

[2] Diego Lucero. ESTRELLAS DEPORTIVAS, fascículo n.° 83, El Diario, Montevideo. “Ángel Romano el rey de la pirueta”, 18/04/1979:5.


Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIV – 2.ª parte)

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *