Messi, Halldorsson, México, Neymar, David y Goliath

 

Escojo la fotografía exclusiva de Fernando González para ejemplificar mi pensamiento sobre el actual momento de Lionel Messi y el fútbol argentino. Todos los uruguayos -por lo menos yo lo pienso así aunque creo encontrarme dentro de la minoría-, debemos ayudar y contribuir para la recuperación del fútbol argentino. Ellos, nuestros vecinos, han sido los maestros del fútbol sudamericano. Los que nos enseñaron a jugar a nosotros. Fuimos sus discípulos. Entre ambos construimos la gloria del fútbol de hoy. Por este motivo, a mi juicio, Luis Suárez y Edinson Cavani dándole la mano a Messi para levantarlo del suelo, es la mejor ofrenda que podemos entregar a nuestros hermanos.

Escojo la fotografía exclusiva de Fernando González para ejemplificar mi pensamiento sobre el actual momento de Lionel Messi y el fútbol argentino. Todos los uruguayos -por lo menos yo lo pienso así aunque creo encontrarme dentro de la minoría-, debemos ayudar y contribuir para la recuperación del fútbol argentino. Ellos, nuestros vecinos, han sido los maestros del fútbol sudamericano. Los que nos enseñaron a jugar a nosotros. Fuimos sus discípulos. Entre ambos construimos la gloria del fútbol de hoy. Por este motivo, a mi juicio, Luis Suárez y Edinson Cavani dándole la mano a Messi para levantarlo del suelo, es la mejor ofrenda que podemos entregar a nuestros hermanos.

Confieso que me llenó de dudas el rostro serio, adusto, demasiado concentrado de Lionel Messi, que en primer plano la televisión llevó al mundo en los instantes previos a su ejecución del penal a favor de Argentina en el partido contra Islandia. No era necesario estar doctorado en siquiatría o sicología para advertir que ese notable jugador de fútbol, ser humano al fin, experimentaba en su interior decenas de sensaciones encontradas que inundaban su mente de recuerdos negativos. El último y aún muy fresco lo retrotraía a dos años atrás, cuando en sus pies se encontraba la conquista de la Copa América centenario para Argentina. El tiro decisivo marrado desde los once pasos en esa final,  ahora se convertía en otra nueva pesada carga sobre sus hombros. Una mochila difícil de superar. La obligación impostergable de transformar el remate en gol instalada en su mente decodificó ondas de pavor escénico a su pierna derecha. Decidió asegurar el tiro. Después de dos pasos Messi abrió el pie izquierdo golpeando la pelota con la parte lateral utilizada en plancha, con idéntico gesto técnico al que se usa para pasar el esférico a un compañero en acción de juego. Esa forma de pegarle aumenta la posibilidad de la precisión del envío pero, también, disminuye la potencia y la velocidad. De ese modo no puede golpearse fuerte la pelota. En esta ocasión la búsqueda de asegurar al máximo la definición, condujo a Messi por la ruta de elegir el palo derecho del golero de Islandia. El tiro dirigido a la mitad de la zona definida entre el medio del arco y es caño derecho del portero, se transformó en un bombón de chocolate para Hannes Halldorsson.

Amante de los autos de carrera y de los viajes en empresas aéreas de bajo costo, Halldorsson se gana la vida en Reikiavik trabajando en una productora de cortos publicitarios y cine, actividad con la que sustenta su paso por el mundo. El fútbol en es Islandia tiene característica de amateur. Jamás pensó que su humildad perdiera el anonimato gracias a una acción de juego, convirtiéndose en el héroe del primer partido de la historia que su país disputó en la Copa del Mundo de la FIFA.

A diferencia de lo ocurrido contra Chile en la definición del partido por penales tras el empate durante el jugo y donde Messi podía alcanzar el título de campeón de América que aún no logró, en esta ocasión no hubo lágrimas en su rostro. El juego continuaba. El fútbol seguía. El tormento de exhibir que la camiseta de Argentina pesa toneladas en el pecho de Messi cuando llegan las instancias claves, también.

Alentados por la acción de su compañero los diez jugadores de campo que vistieron la indumentaria de Islandia lucharon como vikingos a partir de entonces para amarrar un empate que para ellos resultó histórico. País de ciento tres mil y pocos quilómetros cuadrados –un poco más que la superficie de Uruguay-, apenas habitado por 330.016 personas que se las ingenian para convivir con la tierra cubierta de hielo, el sol de medianoche o las noches blancas en las cercanías del polo ártico, su debut mundialista en la mítica ciudad de Moscú y el famoso estadio del Spartak, se transformó en otro símbolo del fútbol donde David puede más que Goliath.

Confieso que sentí pena por ese nuevo camino de espinas que debe recorrer Messi con la camiseta albiceleste en su torso. La historia de los maestros del fútbol de América del Sur, poseedor en la actualidad del mejor talento de calidad y técnica que habita en la tierra –aunque carente de los atributos espirituales para convertirlo en Dios del fútbol-, no merece enfrentarse cada cuatro años al tormento de vivir este tipo de situaciones.

En la misma ciudad de Moscú, inevitable centro del mundo desde hace varios siglos, aunque en diferente estadio, México construyó otra historia bastante parecida a la que escribieron los islandeses el día anterior. El guión donde el más débil se las ingenia para meter el golpe de K.O. al gigante, esta vez lo escribieron los mexicanos a su modo en el estadio Luzhniki del suburbio de Luzhnétskaya, recurriendo a los mismos elementos que han sido en muchas ocasiones –no en todas, como piensan equivocadamente muchos aficionados en nuestro país-, los que tantas veces expusieron en un campo de juego los equipos uruguayos. Aquello de “garra y corazón”, como definía Hugo Bagnulo al estilo nacido en los años setenta, y el “con menos ser más”, utilizado por el Prof. De León para graficar este tipo de situaciones, volvió a hacerse realidad. Un gol convertido en perfecta maniobra de contragolpe a la que no le faltó el toque de habilidad del joven y atrevido Hirving Lozano, pareció no inquietar a Alemania que continuó jugando con el método de siempre, apoyado en una frase que los europeos repiten hasta el cansancio: “el fútbol es un deporte donde casi siempre ganan los alemanes”. Y ese “casi” se hizo realidad. “A la uruguaya”, todos atrás defendiendo, con la ayuda siempre estimada de la suerte y algunos errores en la definición de los alemanes, los aztecas se llevaron la histórica victoria.

Conceptos finales para el Brasil de Neymar. Con un mechón de pelo teñido con un color que lo acercaba al dorado del oro, otra de las estrellas que comparte cartel de primera clase en el fútbol mundial -entre las que también están al mismo o mayor nivel, incluso, los uruguayos Luis Suárez y Edinson Cavani-, la actuación de Neymar dejó una vez más en claro su enorme capacidad para dominar la pelota, su alta técnica, la casi imposibilidad de contenerlo -salvo recurriendo a la infracción-, cuando decide avanzar a velocidad con el esférico dominado y… esa sensación que también irradia la figura de Messi en lo referente al temperamento.

El gol del empate de Suiza convertido por Steven Zuber en una acción de juego donde debió utilizarse el VAR para constatar la clara falta que cometió el autor al empujar al zaguero Miranda, dejó en evidencia que el actual reglamento impuesto para su utilización deja muchas dudas. El árbitro no está habilitado para pedir su auxilio. Resuelven si se pone en marcha o no el recurso de la revisión los cuatro jueces asistentes encerrados en una cuarto delante de muchas cámaras. El sistema funciona desde Moscú. Por lo visto hasta hoy donde no ha sido utilizado el mecanismo, se advierte que las autoridades están tratando de esterilizar el innegable valor que podría tener esta herramienta tecnológica que bien usada, contribuye a establecer más justicia en el fútbol.

Yo fui testigo de la victoria de 1970 ante Israel y la de 2018 frente a Egipto

 

Martes 2 de junio de 1970. Sentado al lado de Carlos Solé en el pupitre de la tribuna de prensa del estadio Cuauhtémoc de Puebla asignado a CX 8 Radio Sarandí, mis veinte años se emocionaron hasta las lágrimas cuando Ildo Maneiro golpeó la pelota casi agachándose al ingresar al área pequeña, conectando el centro enviado por Juan Martín Mujica desde la izquierda y convertir a los 20 minutos el primer gol de Uruguay ante Israel en el partido debut de los celestes en la Copa Jules Rimet. Media hora después un taponazo del mismo Mujica desde la izquierda al recoger un rebote que cedió el golero de Israel, colocó el 2:0 definitivo en el tanteador.

Viernes 15 de junio de 2018. En la tribuna de prensa de la Arena Ekaterimburgo, sentado al lado de Jorge Giordano, estudioso y ascendente director técnico de nuestro país que asiste a su segundo torneo de esta índole porque, entre otras cosas, “en los mundiales se define el sistema táctico de los próximo cuatro años”, mis casi setenta abriles experimentaron una sensación interna de serena alegría. Inexpresiva, si se compara con aquel llanto de la juventud que quedó grabado detrás del registro de la inolvidable voz de don Carlos lanzando al éter el grito de gol. Hoy me puse de pie sonriente observando la montaña humana que formaron sobre el cuerpo de José María Giménez –autor del impecable cabezazo que infló la red-, tendido de euforia sobre el césped después de convertir el gol del triunfo por 1:0 sobre Egipto, en el estreno de la celeste en la Copa del Mundo de la FIFA Rusia 2018.

Entre uno y el otro acontecimiento de los he sido testigo transcurrieron 48 años y 13 días, lapso en el cuál Uruguay no pudo vencer a Holanda (1974), Alemania (1983), España (1990), Dinamarca (2002), Francia (2010) y Costa Rica (2014). Casi medio siglo con un par de llamativas coincidencias.

La primera es simple. Las dos jugadas nacieron de centros enviados desde los extremos del campo y conectados con la cabeza. El de Maneiro metiéndose como una flecha a buscar por el segundo palo el pelotazo de Mujica enviado desde la izquierda luego de ser habilitado con pase corto por Cubilla. El de Josema trepando por la escalera al cielo cortinado perfectamente por el capitán Godín, en la búsqueda del corner ejecutado por Sánchez del ángulo derecho del campo.

La otra conexión entre los dos triunfos, más allá de la agonía del obtenido ante Egipto en contraposición con la comodidad de la victoria frente a Israel, radica en la propuesta de juego y en la actitud. En los dos casos el equipo celeste dominó de principio a fin el trámite del cotejo. En aquel tiempo del mundial azteca la inexistente tecnología imposibilitaba que se informaran datos al culminar los enfrentamientos, tal como ocurre hoy en día. Ante Egipto el equipo celeste dispuso de la posesión de la pelota en un 57% contra el 43% restante del rival, acertando el 85% de las ocasiones en que los jugadores se conectaron mediante el pase de la pelota (492 entregas correctas en 578 realizadas), también siendo superior en este aspecto a los egipcios quienes alcanzaron el 76% de efectividad en las entregas.

Los hechos visionados por este testigo confirman que el equipo celeste que venció a Egipto en los minutos de la agonía, expuso similar actitud y propuesta para encarar el juego vistiendo el traje de favorito y también protagonista, que aquel de 1970 que amarró con comodidad la victoria ante Israel. Aquel conjunto de Puebla y este de Ekaterimburgo del gol victorioso cuando el partido moría, dominaron de principio a fin el juego, emergiendo como justos y claros ganadores de sus compromisos.

El equipo oriental que escaló Tabárez para el debut defendió con total acierto al extremo de convertir al golero Muslera en un espectador más. Con un Diego Godín esplendoroso –la figura del equipo-, expuso una propuesta ofensiva permanente que chocó una y otra vez ante la correcta muralla defensiva de ocho y nueve hombres alineados por el adversario en dos bloques cubriendo el área de Egipto, con marcación desde atrás de dos hombres sobre Luis Suárez y uno restante que siempre llegaba de frente para asistir a sus compañeros en el control del ariete ofensivo oriental.

La paciencia resultó a la postre la otra gran virtud que exhibió Uruguay. Apegado a la nueva línea de juego que prioriza el buen trato de la pelota y su destino seguro, luchó contra el pasado que aconsejaba recurrir al ollazo cuando el reloj consumía el tiempo y el gol de la victoria se intuía pero no llegaba. Matías Vecino y Rodrigo Bentacur respaldados por Godín y Giménez mucho tuvieron que ver para que el equipo todo fuera, una y otra vez, al asalto de la nutrida muralla egipcia, con la pelota jugada a ras del piso en la denodada búsqueda del último pase que pusiera cara a cara ante el arco rival a la dupla de los mortíferos artilleros: Suárez y Cavani. En dos ocasiones el guardameta Mohamed El Shenawy salvó el arco. La primera ante Suárez en el arranque del segundo tiempo y la segunda al desviar al córner tras el disparo de bolea de Cavani, habilitado por el Pistolero. El palo se antepuso cuando otra perfecta ejecución de un tiro libre del goleador del Patís Sainte Germain se dirigía a las mallas.

En síntesis Uruguay obtuvo –cómo lo solicité en el comentario previo- “un triunfo claro en la contundencia del juego, en la prestancia y actitud en la cancha de quién se siente importante por el respaldo de la historia”.

Así ocurrió en esta jornada histórica de Ekaterimburgo que revivió aquella otra de hace 48 años. ¡Ojalá, como aquel equipo de México 1970 que reunía grandes virtudes y muchas carencias, el recorrido del camino iniciado hoy tenga, por lo menos, el mismo destino. Las coincidenbcias son muchas. Aunque todo el Uruguay que empuja el sueño, después de esta tarde sueña con un destino más importante…

Nota con revelaciones exclusivas: hoy hace 94 años que nacía la gloria de Colombes

Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.

Hoy, sábado 9 de junio de 2018, la selección uruguaya de fútbol transformada en “una ola de esperanza compartida” [1]emprende el viaje en ancas de la ilusión empujada por todo el pueblo en procura de conquistar la quinta estrella dorada para la gloriosa celeste.

Hoy, exactamente 94 años atrás, aquel día lunes se constituyó en el mojón triunfal más exitoso en toda la historia del fútbol de América del Sur. Los uruguayos enfundados en el maillot color cielo, en el estadio de Colombes, barrio de la eternamente mítica ciudad de París, cerraban en campos de Europa en calidad de invictos, una formidable actuación con 14 partidos consecutivos ganados. Nueve de esos triunfos se obtuvieron en la excursión por España. Los cinco restantes en el primer campeonato del mundo organizado en la historia por la FIFA, organismo que cumplía 20 años de vida. La competencia se disputó con el riguroso sistema “de copa”. El equipo que perdía su enfrentamiento quedaba eliminado.

Hoy, en esta primera nota que escribo para los cibernautas con los que diariamente compartiré las experiencias de la cobertura desde Rusia 2018, entendí oportuno revelar el resultado exclusivo de mis investigaciones relacionado con el quilómetro cero, el puntapié inicial, el comienzo de aquella gesta de Uruguay en 1924, aún inigualada y sin duda alguna, la más sensacional  de nuestro fútbol. Los referidos estudios culminaron hace pocos meses gracias al aporte del Dr. Hernán Navascués quién suministró un documento constituido en eslabón final de la cadena, que permitió llegar a la tan anhelada verdad histórica que paso a reconstruir.

LA ÉPOCA DE LA DIVISIÓN DEL FÚTBOL URUGUAYO

En la noche del  12 de noviembre de 1922 la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) desafilió a Peñarol y Central por violar los reglamentos (artículo 7.º, inciso A, que prohibía a sus clubes afiliados competir con los de la Asociación Amateur de Football de Argentina), a pesar de las advertencias oficiales previas formuladas por resoluciones de la asamblea de clubes que aurinegros y palermitanos integraban. Como consecuencia de esta decisión Nacional quedó liderando la AUF, en tanto los clubes que dejaron de pertenecer a ella, fundaron inmediatamente la Federación Uruguaya de Fútbol (FUF). Ambas organizaciones planificaron y llevaron a cabo en 1923 sus correspondientes campeonatos uruguayos.

El ex presidente de Nacional de 1906, Dr. José María Reyes Lerena, conducía la AUF actuando con dos vicepresidentes. El primero, Dr. Atilio Narancio, también vinculado a Nacional, mantenía una gran amistad con José Batlle y Ordóñez y el segundo, César Batlle Pacheco, era hijo del líder político citado, el popular Don Pepe, la figura de mayor importancia e influencia de aquel tiempo en el Partido Colorado. César, su primogénito, curiosamente en 1919 ocupó la presidencia de Peñarol, institución a la que ahora enfrentaba defendiendo la causa reglamentaria de los clubes que votaron mayoritariamente la exclusión de los aurinegros de la AUF.

Es necesario señalar, para comprender la intrincada lucha que se desató en el fútbol uruguayo de aquel tiempo, que el Dr. Julio María Sosa, presidente de Peñarol desde 1921 y el líder de la FUF –aunque no ocupó la conducción de la misma-, también pertenecía al Batllismo liderado por Don Pepe, habiéndose distanciado a raíz de la elección para presidente de la República realizada en noviembre de este mismo año de 1922, al no haber sido elegido por Batlle y Ordóñez para tan alto cargo, inclinándose por la designación del Ing. José Serrato que no pertenecía a su sector.

En suma, además de la violación reglamentaria de Peñarol y Central que originó el cisma, existieron otros motivos que incidieron en la misma. La lucha política dentro del Batllismo fue uno, y el otro la repercusión que venía produciéndose en el fútbol montevideano a raíz del segundo cisma que se registró en el fútbol argentino desde el año anterior, es decir en 1921. Este aspecto relacionado con la inevitable repercusión de lo ocurrido en Buenos Aires no es usual que sea invocado por aquellos que se inclinan sobre los episodios relacionado con el cisma uruguayo. Sin embargo -como se verá en líneas siguientes-, resultó fundamental.

LA AFILIACIÓN A LA FIFA

En el tiempo que se produjeron estos episodios la FIFA no tenía ninguna influencia, al extremo que no resulta exagerado señalar que en la realidad “no existía”. Cooptada por los ingleses desde 1906, la Football Association que pasó a ejercer su dominio, la mantuvo  en estado de lactancia hasta 1921 año  en que los manejos del holandés Karl Hirschman –inspirador de la creación de la FIFA en 1902 y partícipe de ella desde entonces-, depositaron al francés Jules Rimet en la conducción del organismo. No exagero al afirmar que en la realidad el nacimiento de la FIFA se produce en 1921 al trasladarse la sede a la ciudad donde vivía el nuevo conductor. Surge lo que se puede señalar como “la era Rimet”. Una de sus primeras decisiones resultaría decisiva para el fútbol uruguayo. La “nueva” FIFA con el apoyo del Comité Olímpico Internacional (COI) conducido por su fundador, Barón Pierre de Coubertin, asumió la organización del “torneo mundial” de fútbol dentro del marco de los próximos Juegos Olímpicos que se llevaban a cabo en París en 1924.

En medio de los cismas que atravesó el fútbol de Argentina y Chile, una de las asociaciones de esos países en conflicto obtuvo la simbólica afiliación a la FIFA, resolución que poco o nada aportaba en la porfía. La Asociación Argentina de Football la logró en 1912 y los trasandinos de Valparaíso en 1913. En conocimiento de esas situaciones y como reflejo de las mismas, Uruguay en 1915 inició oficialmente el trámite de incorporación, por lo que se pensaba por parte de los dirigentes que la AUF figuraba entre los países vinculados a la organización mundial. La realidad indicaba otra cosa. La AUF recibió la respuesta de la burocrática FIFA que funcionaba en Londres, solicitándole información sobre el fútbol que organizaba (competencia local, cantidad de clubes, jugadores, etc.) la que no fue remitida por la Asociación. Es decir que al explotar el cisma en el fútbol de Uruguay ninguna de las dos organizaciones en pugna mantenía relación con la Federación Internacional.

COI INVITARÁ A URUGUAY AL CAMPEONATO MUNDIAL DE FÚTBOL 

Al despertar 1923 una información de una agencia de noticias francesa despachó un cable que produjo efecto en el Río de la Plata. “De acuerdo con informaciones de diarios franceses, el Comité Olímpico Internacional, invitará probablemente al Uruguay y Argentina, a enviar sus equipos a las próximas olimpiadas, a disputar el Campeonato Mundial de Fútbol”.[2] El artículo finaliza con la opinión del redactor: “Es necesario pues, comenzar desde ya, a convencer a las autoridades pertinentes para que inicien cuanto antes los trabajos preparatorios, a fin de lograr que lo que ayer suponíamos una risueña quimera, llegue a ser pronto una palpable realidad”.

No era la primera vez que una información de este tipo surgía desde Europa. Anteriormente se llegó a mencionar la posibilidad de que un equipo integrado por jugadores de Argentina y Uruguay concurriera a participar en el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos.

El interés del COI -en cuyo seno la FIFA de Rimet y Hirschman venían avanzando con la finalidad de legitimar a la Federación Internacional como organizadora de esa anunciada competencia-, por el fútbol rioplatense resultaba la consecuencia directa de los triunfos que los uruguayos y argentinos lograron en 1922 sobre el equipo vasco y checoeslovaco –junto con Bélgica eran los mejores del mundo-, que visitaron el Río de la Plata.

La noticia aparecida en el comienzo de 1923 época en la cual la actividad de fútbol se paralizaba hasta el mes de marzo y no tenía absolutamente ningún contacto con lo que ocurre  hoy en día, revelaba una realidad. En octubre de 1922 el Dr. Marcelo Torcuato de Alvear asumió la presidencia de Argentina. Venía de desempeñar durante varios años el cargo de embajador de su país acreditado ante el gobierno de Francia. Eximio esgrimista, amante del deporte, trabó amistad intensa con el Barón Pierre de Coubertin quién lo distinguió con la designación de “miembro del COI”. Alvear prometió enviar una importante delegación de  deportistas de Argentina –entre ellos los representantes del fútbol- a los Juegos Olímpicos de 1924.

ADVERSARIOS EN EL FÚTBOL, JUNTOS EN LA POLÍTICA

En Uruguay dos hombres polarizaban la conducción del fútbol reuniendo características muy particulares. El Dr. Atilio Narancio, nacionalófilo -aunque hasta el momento no había desempeñado ningún cargo en la comisión directiva del club, aunque fue uno de los fundadores a la edad de 15 años-, vicepresidente primero de la AUF era amigo íntimo de José Batlle y Ordóñez y compartía la conducción del fútbol de medio país con su hijo, César Batlle Pacheco.  El Dr. Julio María Sosa, presidente en funciones de Peñarol, era el líder de la FUF enfrentado a Nacional, con alto cargo en la masonería uruguaya y figura destacada de mayor relieve que Narancio dentro del Partido Colorado, encaminándose hacia la ruptura con el Batllismo.

A pesar de esta situación al llegar las elecciones de noviembre de 1922 para la presidencia de la República –cargo para el cual José Batlle y Ordóñez eligió el Ing. Serrato-, también se escogía en los comicios a los integrantes del Consejo Nacional de Administración. La lista del Partido Colorado, determinada por Don Pepe, la integró el Dr. Julio María Sosa para la presidencia y el Dr. Atilio Narancio para la vice. El 1.º de marzo de 1923 el Dr. Sosa y el Dr. Narancio asumieron esos cargos por lo cual y en los hechos –paradojicamente- defendían los mismos intereses políticos y rivalizaban en los deportivos.

Observe el lector la turbulencia que se vivió en Montevideo entre noviembre de 1922 y marzo de 1923 en las dos expresiones máximas que cautivaban y polarizaban a la sociedad oriental: la política y el fútbol. La primera se desarrolló exclusivamente dentro del Partido Colorado piloteado por José Batlle y Ordóñez quién adoptada las decisiones, mientras el Partido Nacional liderado por el Dr. Luis Alberto de Herrera exhibía una unidad hasta entonces monolítica. Esa lucha de la colectividad Batllista se expandió al fútbol, la expresión más apasionante y popular de los uruguayos. Esta descripción de la realidad deja sin base de sustentación a quienes afirman que el Partido Colorado se refleja en la vida del Club Atlético Peñarol y el Partido Nacional está identificado con la colectividad política que lleva su nombre.

Este ambiente político se aquietó a partir del 1.º de marzo al asumir las nuevas autoridades del Poder Ejecutivo llamado entonces “bicefalo”.

EL ACTA QUE DESCUBRE EL DR. HERNAN NAVASCUÉS

En el fútbol el complicado y dividido panorama se ensombreció pocos días después. El 5 de marzo de 1923 un incendio destruyó la tribuna principal construida en madera del Parque Central, escenario cuya propiedad pertenecía a la Sociedad Comercial de Montevideo que explotaba –entre otras- la línea de tranvías, ahora eléctricos, a la Unión y Maroñas y que usufructuaba Nacional por convenio firmado en 1911 por el presidente del club Dr. José María Delgado.

En Argentina transcurrían cinco meses del gobierno de Alvear impulsando en lo deportivo, definitivamente, la organización de una amplia delegación a los Juegos Olímpicos de 1924. Al conocerse las noticias del incendio de la cancha de Nacional, surgió en Buenos Aires la inmediata solidaridad de los amigos de la AUF, la Asociación Argentina de Football, también enfrentada en su país a la Federación disidente. Enviaron una carta al presidente de Nacional, Numa Pesquera ofreciendo ayuda económica para proceder a la inmediata reparación de las instalaciones destruidas por el incendio. En la sesión de la Comisión Directiva del lunes 16 de abril de 1923, en el acta de la misma se reflejó el tratamiento de la nota mencionada, adoptándose la siguiente resolución: “Asociación Argentina. Comunica que por unanimidad de votos á tomado las siguientes resoluciones. 1.º poner a disposición del Club Nacional de Football de Montevideo en calidad de préstamo hasta la suma de cinco mil pesos moneda nacional de curso legal argentinos, sin interés, 2.º Significar á esta institución, que esta Asociación lamenta no poder aumentar la suma ofrecida, por encontrarse en vísperas de recibir la visita de un team extranjero y deber concurrir á las olimpiadas mundiales á celebrarse en París el año próximo. La Directiva resuelve agradecer el ofrecimiento pero no aceptarlo”. El hallazgo del acta corresponde al Dr. Hernán Navascués quién entregó la fotocopia que obra en mi poder.

El documento corrobora lo expresado con relación a la firme decisión del gobierno argentino del presidente Alvear, que aportó 200.000 pesos del erario público para enviar una nutrida delegación a los Juegos Olímpicos de 1924, cosa que efectivamente ocurrió con excepción del equipo de fútbol. Investigué este episodio del que no se ha escrito en el vecino país y tampoco en el nuestro, a pesar que existió una directa relación de los hechos aunque con definición diferente. En Buenos Aires se planteó la misma lucha entre la Asociación y la Federación que la que se desencadenó en Montevideo. El final distinto –motivo exhaustivamente incluido en el libro de mí autoría que está en proceso sobre Colombes 1924-, se produjo a raíz de la también disímil posición adoptada por el gobierno de ambas naciones. En Argentina mientras Alvear no decidió intervenir en el enfrentamiento entre los dos organismos en pugna en el fútbol, en Uruguay el presidente Serrato y el Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Pedro Manini Ríos –ambos fanáticos de Nacional y en el caso del segundo el inspirador de la fundación del club-, jugaron todas las cartas para apoyar decididamente a la Asociación liderada por Nacional.

EL MINISTRO MANINI RÍOS REQUIERE AL EMBAJADOR  ENRIQUE BUERO

Desde hace varias décadas realizo los estudios correspondientes para llegar a la verdad histórica sobre diferentes episodios del fútbol uruguayo. He sido el pionero en rescatar paso a paso –más allá de la verdad publicada hasta entonces- diferentes acontecimientos relacionados con la gesta de Colombes, algunos de los cuáles permanecían en el anonimato, otros tapados por el olvido y varios de ellos escamoteados por intereses personales. En todo ese tiempo no alcanzaba a desentrañar un misterio encerrado en una sola pregunta. ¿Cómo se enteró la AUF antes que la FUF que el fútbol uruguayo no disponía de la afiliación a la FIFA y resuelve gestionarla?

Disponía en mis manos desde el momento en que la gentileza de Juan Buero me abrió las puertas al archivo de todas las cartas de su abuelo Enrique, del siguiente telegrama que le envió la AUF: “Montevideo, 19 de mayo de 1923. A Ministro Buero, Berna. Asociación Football solicítale represéntela Congreso internacional reúnese veinte veintiuno Ginebra solicitando afiliación definitiva Uruguay. Reyes”.[3]

También entré en contacto y ha sido publicado en varias ocasiones, con la respuesta del Dr. Buero enviada por telegrama del 22 de mayo de 1923 al Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Dr. Pedro Manini Ríos. “Diplomacia. Montevideo. Para Asociación Football. Congreso afilió provisionalmente Uruguay. Afiliación definitiva sujeta condición trasmitir siguientes datos que estaba imposibilitado proporcionar falta instrucciones: Primero: Historia Asociación. Segundo: Condiciones su jurisdicción clubs, siendo esta consideración más importante pues Federación Internacional reconoce una Asociación por país. Tercero: declaración Amateur; Cuarto: Número clubs afiliados; Quinto: Estadísticas concurrencia matchs organizados Asociación; Sexto: resultados últimos campeonatos. Estos datos deberánse enviar secretariado á nombre Hirschaman, 67 Nic Maesstraat, Amsterdam. Inmediatamente recibidos Asociación quedará afiliada definitivamente”.[4]

El telegrama prosigue con algo también trascendente. “Aprovechando presencia delegados Federación Vizcaina, Federación Regional Sud, Federación Levantina y Federación Cataluña, obtuve siguiente proposición, para cuya formalización requiérese tan solo aceptación Asociación Uruguay: En ocasión concurrir Uruguay Olimpiada 1924, asociaciones nombradas jugarían con combinados uruguayos. Bilbao paga hasta 15.000 pesetas; Barcelona, 12.000; Valencia, Madrid, Sevilla, 8.000 cada una, jugándose dos partidos cada localidad”.[5]

Dos días después –el 24 de mayo de 1923- el Dr. Buero escribió una extensa carta al Ministro Manini Ríos, donde amplió con detalles y episodios las jornadas vividas en el congreso de la FIFA que en los hechos, es el primero que se reunió bajo la presidencia de Rimet y donde se consideraron la organización por parte de la Federación Internacional del “torneo mundial” en el marco de los Juegos Olímpicos de 1924.[6] En la misma y a diferencia de su hermano Juan Enrique que había desempeñado en el pasado funciones como delegado de Peñarol ante la AUF, el Dr. Buero que no era aficionado al fútbol, entre otros conceptos expresó: “El resultado interesante de mi vinculación con estos señores del mundo sportivo, fue la concertación de una serie de matchs a disputarse en España por nuestros jugadores, mediante retribuciones pecuniarias de tal entidad, que permitirían el envío de un buen equipo uruguayo para que intervenga en los partidos de footdball de las Olimpiadas Mundiales a disputar en París en Mayo del año próximo. […] En resumen la gira por España de nuestros jugadores podría producir como minimun de alrededor de 10.000 pesos de nuestra moneda; cantidad que en manera alguna se invertiría en los gastos de viaje por la Península. Quedaría un fuerte remanente que podría aplicarse a satisfacer parte de los gastos que demandará el envió de nuestros jugadores a Europa a efecto de tomar parte en las Olimpiadas Mundiales, haciendo posible esta concurrencia que de otra manera sería difícil financiar. Podrá parecer extraño a Vuestra Excelencia que insista en esta clase de informaciones, pero en atención al enorme interés que despierta en Europa todo lo relacionado con los deportes y campeonatos, no trepido en afirmar a V. E. que una victoria del equipo uruguayo en las Olimpiadas de 1924 tendría una gran repercusión en el mundo sportivo al que hoy en día están vinculados todos los políticos y hombres dirigentes de estas viejas sociedades”.[7]

EL VALOR DEL ACTA DE NACIONAL ENCONTRADA POR EL DR. NAVASCUÉS

El hallazgo del Dr. Hernán Navascués quien gentilmente puso el documento en mis manos, en presencia del destacado historiador de Nacional Cr. Juan J. Melos –quién inmediatamente aportó el dato del incendio del Parque Central- cuando visitó el estadio de Nacional un grupo de historiadores de Argentina que llegaron a nuestro país a raíz de gestiones de Sergio Gorzy, permitió llegar definitivamente a la verdad histórica de la gestación de la más grande hazaña del fútbol uruguayo y sudamericano de todos los tiempos. ¿Qué aporta ese eslabón que faltaba? Nada más o nada menos que la respuesta a las interrogantes planteadas sobre la forma cómo descubre la AUF la ausencia de afiliación a la FIFA. De la lectura del acta surge que el hallazgo se originó en la carta que remitió la Asociación Argentina de Football donde se expresa que no puede realizarse un aporte mayor de dinero a Nacional por “deber de concurrir á las olimpiadas mundiales á celebrarse en París”.

Desde la transcrita información del 10 de enero dando cuenta que “el Comité Olímpico Internacional, invitará probablemente al Uruguay y Argentina, a enviar sus equipos a las próximas olimpiadas, a disputar el Campeonato Mundial de Fútbol”, no aparecen otras referencias sobre el tema en la prensa.

La Comisión Directiva de Nacional que recibió la carta de la Asociación Argentina de Football la presidía Numa Pesquera e integraban Víctor M. Pomés, Juan José Chiappara, Eduardo  Martínez Vigil, Serafín Lorenzo, Mario Restano, Dr. José María Delgado, Pedro Insausti, Joaquin J. Romero y la ex gloria futbolística del club, Alfredo Foglino. Es muy probable que entre Pesquera, especialmente el secretario Chiappara -futuro arquitecto quién integrará la delegación a Colombes en 1924 y será anotado como jugador-, y el ex presidente Delgado, haya surgido la idea de emular a los amigos de la Asociación Argentina de Football, quienes informaron de la decisión de concurrir a “las olimpiadas mundiales”. Así como Boca Jrs., Huracán y Sportivo Barracas que lideraban la organización oficial argentina y tenían decidido viajar a París con su selección, Nacional no podía dejar de liderar similar movimiento en Uruguay. Resuelta la iniciativa, comunicada la idea a la AUF -que en los hechos era Nacional así como la FUF equivalía a Peñarol-, y realizadas las averiguaciones pertinentes, descubren que el fútbol uruguayo no existía dentro de la FIFA. ¿Qué hacer para lograr la afiliación y aventajar claramente a la Federación liderada por Peñarol?

Entre las averiguaciones realizadas toman contacto con la realidad reglamentaria de la FIFA. La Federación internacional reconoce una sola organización por país la que debe ser representativa del fútbol del mismo y es el congreso el habilitado para concederla luego de analizar los petitorios correspondientes. La otra información recibida condicionó los acontecimientos. Las reuniones del congreso correspondiente al año 1923 se llevarían acabo a partir del 21 de mayo próximo en Ginebra. Y… la gran frustración. Imposible enviar un delegado de la AUF portador de la solicitud de afiliación. Viajar a Europa desde el Río de la Plata en aquella época insumía más de tres semanas para cubrir el viaje interoceánico, teniéndose en cuenta que los vapores que lo realizaban tenían fecha fija de llegada al puerto de Montevideo y posterior salida. ¿Qué hacer entonces?

Recurrir a la afinidad política y también a la pasión nacionalófila la que, por imperio de las circunstancias, le resultaba sumamente favorable. El 1.º de marzo de 1923 habían asumido sus cargos el presidente de la República, Ing. Serrato y el ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Manini Ríos, pertenecientes entonces al sector Riverista del Partido Colorado gobernante. Como se ha señalado en líneas precedentes ambos coincidían en el idéntico fanatismo por el Club Nacional de Football. Con la expresa autorización del ministro Manini la AUF conducida por Reyes Lerena, Batlle Pacheco y Narancio, telegrafían al embajador -cargo entonces denominado como ministro plenipotenciario- en los Países Bajos, Dr. Enrique Buero.

Los restantes eslabones inmediatos han sido comentados en las líneas precedentes. El valor de esta nota que llega a su fin ha sido el de revelar, en el día del cumpleaños n.º 94 de la hazaña conquistada en Colombes al vencer en la final 3:0 a Suiza, la génesis de lo que a mi juicio constituye el comienzo a nivel mundial de la etapa más gloriosa del fútbol uruguayo y sudamericano en su historia, que está comprendida entre los años 1916 y 1930. El valor y significado de la proeza culminada en el estadio de Colombes se resume en varios puntos concretos. A saber. El 10 de abril de 1924 al presentarse en Vigo frente al combinado de la Coruña, Uruguay se convirtió en el primer país de América latina en jugar al fútbol en Europa. Se inició allí una serie de nueve partidos, todos ganados, éxito que se prolongó luego en las “olimpiadas mundiales”, el “torneo mundial”, el “campeonato del mundo” y la “copa del mundo”, todas éstas definiciones que fueron válidas y fueron utilizadas desde ese año y hasta 1974 por la prensa de los países para referirse al certamen que por primera vez en París (Colombes) organizó la FIFA. A partir de 1974 en la competencia que tuvo como sede a la República Federal de Alemania, la Federación Internacional definió para el futuro que su torneo se mencionara con el único nombre de Copa del Mundo de la FIFA.  Así ocurrió al ponerse en juego el nuevo trofeo, luego que en 1970 quedara definitivamente en poder de Brasil la copa cuya disputa se inició en Montevideo en 1930, al independizarse la FIFA del COI organizando su propia competencia de acuerdo a lo resuelto en el congreso de Ámsterdam en 1928.

¡Ojalá se inicie hoy con la partida de la delegación de Uruguay rumbo a Moscú otra gesta gloriosa como aquella primera que culminó hace hoy, exactamente 94 años!

Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.
Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.

[1] Frase que se convirtió en famosa, utilizada por Wilson Ferreira Aldunate en sus discursos durante la campaña electoral de 1971, al referirse a las expectativas que generaba el Partido Nacional en caso de llegar al gobierno para poner en marcha el compromiso asumido con la ciudadanía en el documento “Nuestro compromiso con usted”, plan de acción de su futura administración.

[2] La Democracia, Montevideo, 10/01/1923.

[3] El referido telegrama se reprodujo en el libro Negociaciones Internacionales escrito por el Dr. Enrique Buero. Bruselas. 1932. 22887 Imp. Des Anc. Etabl. Aug. Puvrez. S.A. Bruxelles.

[4] Idem.

[5] Ibídem.

[6] Pierre Arrighi. “1924. Primera Copa del Mundo de fútbol de la FIFA”. Montevideo. Setiembre de 2014. Contiene toda la información hasta entonces nunca publicada sobre los congresos de la FIFA relacionados con esta competencia que organiza por primera vez en su historia, desde su fundación en 1904.

[7] La extensa carta se reproduce íntegramente en el libro Negociaciones Internacionales escrito por el Dr. Enrique Buero. Bruselas. 1932. 22887 Imp. Des Anc. Etabl. Aug. Puvrez. S.A. Bruxelles.

Mala sangre de campeones

Este reportaje publicado el 9 de agosto en el diario La Ruta de Tucumán, recoge las declaraciones de Alberto Chividini, jugador de Argentina en 1928 y 1930, campeón de América en 1929. Es claro y terminante. En idéntico sentido se expresaron -y obran en mi poder- los enviados especiales de todos los diarios argentinos, menos uno. Crítica fue el que armó y planificó desde dos antes del partido final una estrategia para crear descontento en el pueblo argentino, de modo de aumentar el malestar social existente con el presidente Hipólito Yrigoyen. Crítica quería derrocarlo. El golpe de Estado de Uriburo se produjo el 6 de setiembre de 1930.

Montevideo 1.º de junio de 2018. Mi nombre aparece en la película estrenada en la noche de ayer -31 de mayo de 2018-, como autor de la “idea original” y la “investigación” del tema tratado: los triunfos de Uruguay en los mundiales de fútbol de 1924, 1928 y 1930. He solicitado a la productora Coral Cine se eliminen esas inscripciones en la presentación y afiches promocionales, así como también mis apariciones con la voz y la leyenda que en algunos casos la identifica y en otros no, bajo la advertencia de adoptar otras medidas en caso de que no se proceda a cumplir el pedido. Lo motivos de esa decisión son los siguientes:

En ningún momento se sometió a mi análisis el guión final de la película que debió corresponderse con la “investigación” que desde hace más de 43 años venimos desarrollando en un equipo en el que participaron Diego Lucero, Eduardo Gutiérrez Cortinas, Sergio Gorzy, Pablo Veroli y el investigador franco-uruguayo Pierre Arrighi radicado en Francia.

No se me convocó para observar el producto final terminado antes que se procediera a su exhibición pública, a los efectos que de la observación previa del filme –en mi calidad de autor de la idea original y la investigación histórica-, pudiera advertir e intentar corregir: A) las múltiples y gruesas equivocaciones que contiene en colocación de imágenes e informaciones de la grave dimensión de comunicar que la primera final de Ámsterdam en 1928 entre Uruguay y Argentina terminó 0 a 0, y errar en la adjudicación de los goles en la segunda y no colocar la famosa fotografía del gol del “tuya Héctor”; B) la tergiversación de varios hechos claves desarrollados en esa década; C) la omisión total y absoluta de la participación decisiva del Club Nacional de Football en los episodios de 1924 y 1930; y D) lo que es aún peor, el daño tremendo que se provoca a nuestro fútbol de la manera en que Coral Cine resolvió presentar en forma trastocada y tendenciosa la final del campeonato del mundo de 1930.

El filme se incluye dentro del rubro de documentales, o sea “perteneciente o relativo a los documentos; que se funda en documentos reales y dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad” (http://dle.rae.es/?id=E40ePzT). Esta premisa de oro no se respetó.

Se engaña al público “haciendo” hablar a Héctor Scarone, Pedro Petrone y Francisco Varallo a través del recurso de inventar su voz por medio del doblaje. No existen disponibles registros grabados de los dos primeros. En cambio de Varallo, el archivo de Tenfield-VTV posee una larga y jugosa entrevista realizada en su casa de La Plata por Enzo Francescoli a la cuál Coral Cine pudo acceder sin problemas. Mienten en varios pasajes del ¿documental? Instalan a Héctor Scarone con la imagen de pobre diablo, mal hablado, que terminó su vida como la empezó: de cartero. Scarone, reconocido como el mejor jugador del mundo de su época, vivió siempre del buen dinero del fútbol y se transformó en director técnico famoso siendo asesor de la selección de Suecia en el mundial de 1950 y entre una larga lista de clubes donde trabajó en Uruguay, Colombia y Ecuador, dirigió al Real Madrid durante dos campeonatos de España. La lista de errores de este y otros tipos resultaría de muy larga enumeración.

La falta de rigor histórico afecta al Club Nacional de Football y atenta contra el mayor mérito de la gesta concretada en 1924. En el mundial de Colombes compitió medio Uruguay liderado por Nacional en la Asociación Uruguaya de Fútbol. La otra mitad, conducida por Peñarol, se encontraba fuera de la organización oficial del fútbol reconocida por FIFA. Por ese motivo grandes jugadores del club aurinegro no pudieron ser tenidos en cuenta, quedando sólo las estrellas de Nacional como base, acompañadas por emergentes jugadores de otros clubes.

El desconocimiento de la figura y la tarea realizada por el Dr. Enrique Buero desde 1923 hasta 1928, cuando es electo como el primer vicepresidente no europeo de la historia, no puedo dejar de señalarlo como otra grave omisión.

Se agravia al Club Nacional de Football al marginar totalmente a la institución del campeonato mundial de 1930 cuando fueron sus dirigentes, José Usera Bermúdez y Roberto Espil quienes presentaron en abril de 1929 el proyecto de organizar el torneo referido. Aprobado por la comisión directiva pasó a la Asociación y se le remitió al vicepresidente de la FIFA, el uruguayo Enrique Buero, para que lo defendiera en el inminente congreso de Barcelona en mayo. Hace dos meses, en una de las pocas ocasiones en que asistí a Coral Cine convocado para grabar algunos textos, mano a mano con Sebastián Bednarik  le comenté este episodio. Le señalé que tenía en mi poder el acta manuscrita de Nacional y el proyecto mecanografiado de Bermúdez y Espil, agregándole que ambos documentos impactarían en la pantalla. Le señalé que era imprescindible que esto apareciera para que se eternizara la justicia con la dirigencia de Nacional, institución que ideó el mundial de 1930 para conmemorar el centenario de la Jura de la Constitución y que luego, sí, apoyó decididamente el gobierno del Dr. Campisteguy. El señor Bednarik me respondió que sí, que lo iba a tener en cuenta. Lo olvidó olímpicamente en otro de los graves errores de rigor histórico cometido en el filme.

Se establecen de exprofeso omisiones graves concretadas y amparadas por la nociva regla cada vez más vigente en nuestra sociedad de igualar hacia abajo, de pasar el rasero para que sólo quede la meseta de la mediocridad. No existe en la película mención alguna sobre el Gran Parque Central y la cancha de los Pocitos, donde se inició la fiesta futbolística de 1930. El Arq. Juan Scasso autor de esa monumental obra de total y absoluta vigencia quedó archivado en el cofre del secreto junto con el Prof. Alberto Suppici responsable de la preparación atlética del seleccionado.

¿Cómo es posible que una película relacionada con la década más gloriosa de la historia del fútbol uruguayo no mencione al Club Nacional de Football y al Club Atlético Peñarol? ¿Cómo puede desconocerse a Bella Vista, institución a la que pertenecía el capitán Nasazzi durante toda esa etapa? Y lo otros clubes que aportaron las estrellas: Liverpool FC, Montevideo Wanderers FC, Rampla Jrs., CA Lito, Belgrano FC, Universal FC, Charley FC, Capurro FC, Solferino FC, Racing CM y Olimpia FC. No se tuvo la delicadeza o el cumplido como tributo a estas instituciones, de incluirlas en los créditos finales al costado del nombre de cada futbolista.

Lo más grave y doloroso llega cuando se presenta la final del campeonato mundial de 1930 montada sobre un escenario de violencia y agresiones de todo tipo propinadas por el pueblo uruguayo antes, durante y después del partido contra los argentinos; el árbitro belga, y por los jugadores celestes en la cancha del Estadio Centenario.

El juez John Langenus escribió en 1943 un libro (Silbando por el mundo). Al comentar su actuación en la final señaló: “Se dispuso un servicio de orden ejemplar. Fuera del estadio, el ejército canalizaba la circulación agitando bayonetas. Adentro, la policía se encargaba de la vigilancia. Y en las puertas de entrada, el público debía someterse a un exhaustivo cacheo ejecutado por los soldados. Al final, todas esas medidas parecieron totalmente inútiles ya que todo transcurrió del modo más deportivo. Cuando se produjo el segundo gol argentino, los uruguayos reclamaron fuera de juego. Siempre lo mismo: el momento del pase la recepción de la pelota. Mi juez de línea, Christophe, estaba convencido, como yo, que el gol cuestionado había sido legal. Y de no haber sido fair-play el público, un gol convertido en esas circunstancias habría desencadenado cantidad de incidentes. Pero no pasó nada. Después del partido se dijo que los argentinos no habían podido jugar tranquilos bajo la protección de los fusiles Maúser. Eran bobadas evidentemente. Se dijo también que la policía me había tenido que proteger. Eran bobadas también. Los dirigentes de Argentina habían prometido la victoria pero no habían cumplido. Se daban cuenta que el resultado era justo pero no querían asumirlo. No eran ellos los culpables. La culpa de la derrota la tenían otros. La policía era culpable, los soldados eran culpables, el público era culpable y, finalmente, como siempre, el árbitro era culpable”.

Al colocar equivocadamente a los uruguayos como agresores y violentos fuera y dentro de la cancha, ganando 4 a 2 a los argentinos de “pesado”, Coral Cine agrede con mentiras a la historia brindando a los investigadores europeos enemigos del Uruguay, pasto a las fieras sobre la leyenda negra que ellos construyeron para denostarnos, apoyándose en la tendenciosa y planificada campaña que en la Argentina realizó solamente el diario Crítica, iniciándola dos días antes de la final. Obran en mi poder los ejemplares de esa publicación cuyo dueño era, increíblemente, un uruguayo. Se llamó Natalio Botana y, detrás de la mentira armada, existían fines golpistas alentando a los militares argentinos contra el gobierno democrático.

Dos días antes de la final Crítica escribió: “La bandera argentina no puede flamear el miércoles en la torre de los homenajes del gran estadio. Tienen que ganar los uruguayos de cualquier manera”. Era el caldo de cultivo para la derrota que deseaba Botana y los militares argentinos que preparaban el primer golpe de Estado exitoso de ese país contra el legítimo presidente Hipólito Yrigoyen. Después de la derrota Crítica estaba en su salsa. “El referee parcial y el juego brutal del adversario decretaron nuestra derrota”, tituló. En la siguiente edición lanzó la idea de que: “¡No hay que jugar más con los uruguayos!”  Botana se jactó en su diario afirmando que “conforme lo reclamó Crítica –que fue el único diario argentino que demostró la necesidad imperiosa de romper las relaciones del football con el Uruguay, esta medida va a ser tomada de un momento a otro. Puede anticiparse que la ruptura anhelada será cuestión de horas”. Es misma noche, el 2 de agosto de 1930, la Asociación Argentina Amateur de Footbal adoptó la resolución de romper relaciones con la uruguaya.

Recorriendo las páginas de los diarios argentinos (La Nación, La Razón, El Diario, El Mundo y La Calle) se leen artículos que reconocen la justicia del triunfo de Uruguay y fustigan a los dirigentes por los errores cometidos al integrar el equipo incluyendo jugadores lesionados. En ninguno de esos periódicos se mencionan hechos violentos del público, de la policía o vejámenes a la bandera argentina. El plan de Botana puesto en marcha por intermedio de Crítica dio sus frutos aprovechando –entre otras cosas- el malhumor por la derrota en Montevideo. Un mes y un puñado de días después de la final de Montevideo, el 6 de setiembre de 1930, el Gral. Uriburu derrocó al gobierno legítimo. ¿Coral Cine quiere convertirse en el Botana –también uruguayo- afiliándose a la tesis de Crítica para denostar la gloriosa y limpia victoria construida por la celeste en 1930?

Las equivocaciones, errores, omisiones y ausencia de rigor histórico mencionadas precedentemente, pudieron evitarse si efectivamente Coral Cine hubiera trabajado en equipo –como lo proclama-, convocando a cualquiera de los calificados historiadores del fútbol uruguayo que los directores desearan, para mostrarle el filme terminado. Obvio también las hubiera detectado –en caso de ser llamado- en mi calidad de autor de la idea original y la investigación.

Las palabras pronunciadas por el Secretario de Deportes, Prof. Fernando Cáceres, antes de emitirse el filme, anunciaron que el mismo sería llevado a Rusia como parte de la campaña que Uruguay –junto con Argentina y Paraguay- vienen desarrollando para obtener la sede de la Copa Mundial de la FIFA de 2030. Es de esperar que tanto el destacado profesor, como el Dr. Alfredo Etchandy gran experto en temas históricos, luego de observar la película evalúen si la misma constituye una propaganda beneficiosa para obtener el fin propuesto. En blanco y negro, de acuerdo a la falta de adecuación a la verdad histórica, el fútbol uruguayo pasó a ser en el filme, el de los maestros de 1924 que encantó a Europa y especialmente a los franceses, transformándose en violentos y agresivos malhechores para “ganar de cualquier forma”. A mi juicio exhibir la película en Europa es algo así como patear un penal en contra aceptando lo que escribieron los historiadores de ese continente en libro de los 100 años de la FIFA, pág. 108: “Otros aspecto del mundial de 1930, más bien negativos, anunciaban también el futuro: los partidos estuvieron acompañados por manifestaciones nacionalistas, con su cortejo de violencia, y sólo la intervención de la policía permitió proteger al equipo de la Argentina. La Copa del Mundo ya se vislumbraba como un espejo político, económico y social del mundo contemporáneo”.

Hasta aquí el leal juicio de mi parte, en el cual ninguna hostilidad de principio existe sino una vívida consciencia de rendir tributo a la verdad histórica de nuestro milagroso fútbol uruguayo y de nuestro decoro de raza y cultura, de aquellos orientales de un país desconocido que llegaron a Europa y que, en la exacta definición de Nilo J. Suburú “metieron al Uruguay a patadas en la geografía del mundo”.