Mala sangre de campeones

Este reportaje publicado el 9 de agosto en el diario La Ruta de Tucumán, recoge las declaraciones de Alberto Chividini, jugador de Argentina en 1928 y 1930, campeón de América en 1929. Es claro y terminante. En idéntico sentido se expresaron -y obran en mi poder- los enviados especiales de todos los diarios argentinos, menos uno. Crítica fue el que armó y planificó desde dos antes del partido final una estrategia para crear descontento en el pueblo argentino, de modo de aumentar el malestar social existente con el presidente Hipólito Yrigoyen. Crítica quería derrocarlo. El golpe de Estado de Uriburo se produjo el 6 de setiembre de 1930.

Montevideo 1.º de junio de 2018. Mi nombre aparece en la película estrenada en la noche de ayer -31 de mayo de 2018-, como autor de la “idea original” y la “investigación” del tema tratado: los triunfos de Uruguay en los mundiales de fútbol de 1924, 1928 y 1930. He solicitado a la productora Coral Cine se eliminen esas inscripciones en la presentación y afiches promocionales, así como también mis apariciones con la voz y la leyenda que en algunos casos la identifica y en otros no, bajo la advertencia de adoptar otras medidas en caso de que no se proceda a cumplir el pedido. Lo motivos de esa decisión son los siguientes:

En ningún momento se sometió a mi análisis el guión final de la película que debió corresponderse con la “investigación” que desde hace más de 43 años venimos desarrollando en un equipo en el que participaron Diego Lucero, Eduardo Gutiérrez Cortinas, Sergio Gorzy, Pablo Veroli y el investigador franco-uruguayo Pierre Arrighi radicado en Francia.

No se me convocó para observar el producto final terminado antes que se procediera a su exhibición pública, a los efectos que de la observación previa del filme –en mi calidad de autor de la idea original y la investigación histórica-, pudiera advertir e intentar corregir: A) las múltiples y gruesas equivocaciones que contiene en colocación de imágenes e informaciones de la grave dimensión de comunicar que la primera final de Ámsterdam en 1928 entre Uruguay y Argentina terminó 0 a 0, y errar en la adjudicación de los goles en la segunda y no colocar la famosa fotografía del gol del “tuya Héctor”; B) la tergiversación de varios hechos claves desarrollados en esa década; C) la omisión total y absoluta de la participación decisiva del Club Nacional de Football en los episodios de 1924 y 1930; y D) lo que es aún peor, el daño tremendo que se provoca a nuestro fútbol de la manera en que Coral Cine resolvió presentar en forma trastocada y tendenciosa la final del campeonato del mundo de 1930.

El filme se incluye dentro del rubro de documentales, o sea “perteneciente o relativo a los documentos; que se funda en documentos reales y dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad” (http://dle.rae.es/?id=E40ePzT). Esta premisa de oro no se respetó.

Se engaña al público “haciendo” hablar a Héctor Scarone, Pedro Petrone y Francisco Varallo a través del recurso de inventar su voz por medio del doblaje. No existen disponibles registros grabados de los dos primeros. En cambio de Varallo, el archivo de Tenfield-VTV posee una larga y jugosa entrevista realizada en su casa de La Plata por Enzo Francescoli a la cuál Coral Cine pudo acceder sin problemas. Mienten en varios pasajes del ¿documental? Instalan a Héctor Scarone con la imagen de pobre diablo, mal hablado, que terminó su vida como la empezó: de cartero. Scarone, reconocido como el mejor jugador del mundo de su época, vivió siempre del buen dinero del fútbol y se transformó en director técnico famoso siendo asesor de la selección de Suecia en el mundial de 1950 y entre una larga lista de clubes donde trabajó en Uruguay, Colombia y Ecuador, dirigió al Real Madrid durante dos campeonatos de España. La lista de errores de este y otros tipos resultaría de muy larga enumeración.

La falta de rigor histórico afecta al Club Nacional de Football y atenta contra el mayor mérito de la gesta concretada en 1924. En el mundial de Colombes compitió medio Uruguay liderado por Nacional en la Asociación Uruguaya de Fútbol. La otra mitad, conducida por Peñarol, se encontraba fuera de la organización oficial del fútbol reconocida por FIFA. Por ese motivo grandes jugadores del club aurinegro no pudieron ser tenidos en cuenta, quedando sólo las estrellas de Nacional como base, acompañadas por emergentes jugadores de otros clubes.

El desconocimiento de la figura y la tarea realizada por el Dr. Enrique Buero desde 1923 hasta 1928, cuando es electo como el primer vicepresidente no europeo de la historia, no puedo dejar de señalarlo como otra grave omisión.

Se agravia al Club Nacional de Football al marginar totalmente a la institución del campeonato mundial de 1930 cuando fueron sus dirigentes, José Usera Bermúdez y Roberto Espil quienes presentaron en abril de 1929 el proyecto de organizar el torneo referido. Aprobado por la comisión directiva pasó a la Asociación y se le remitió al vicepresidente de la FIFA, el uruguayo Enrique Buero, para que lo defendiera en el inminente congreso de Barcelona en mayo. Hace dos meses, en una de las pocas ocasiones en que asistí a Coral Cine convocado para grabar algunos textos, mano a mano con Sebastián Bednarik  le comenté este episodio. Le señalé que tenía en mi poder el acta manuscrita de Nacional y el proyecto mecanografiado de Bermúdez y Espil, agregándole que ambos documentos impactarían en la pantalla. Le señalé que era imprescindible que esto apareciera para que se eternizara la justicia con la dirigencia de Nacional, institución que ideó el mundial de 1930 para conmemorar el centenario de la Jura de la Constitución y que luego, sí, apoyó decididamente el gobierno del Dr. Campisteguy. El señor Bednarik me respondió que sí, que lo iba a tener en cuenta. Lo olvidó olímpicamente en otro de los graves errores de rigor histórico cometido en el filme.

Se establecen de exprofeso omisiones graves concretadas y amparadas por la nociva regla cada vez más vigente en nuestra sociedad de igualar hacia abajo, de pasar el rasero para que sólo quede la meseta de la mediocridad. No existe en la película mención alguna sobre el Gran Parque Central y la cancha de los Pocitos, donde se inició la fiesta futbolística de 1930. El Arq. Juan Scasso autor de esa monumental obra de total y absoluta vigencia quedó archivado en el cofre del secreto junto con el Prof. Alberto Suppici responsable de la preparación atlética del seleccionado.

¿Cómo es posible que una película relacionada con la década más gloriosa de la historia del fútbol uruguayo no mencione al Club Nacional de Football y al Club Atlético Peñarol? ¿Cómo puede desconocerse a Bella Vista, institución a la que pertenecía el capitán Nasazzi durante toda esa etapa? Y lo otros clubes que aportaron las estrellas: Liverpool FC, Montevideo Wanderers FC, Rampla Jrs., CA Lito, Belgrano FC, Universal FC, Charley FC, Capurro FC, Solferino FC, Racing CM y Olimpia FC. No se tuvo la delicadeza o el cumplido como tributo a estas instituciones, de incluirlas en los créditos finales al costado del nombre de cada futbolista.

Lo más grave y doloroso llega cuando se presenta la final del campeonato mundial de 1930 montada sobre un escenario de violencia y agresiones de todo tipo propinadas por el pueblo uruguayo antes, durante y después del partido contra los argentinos; el árbitro belga, y por los jugadores celestes en la cancha del Estadio Centenario.

El juez John Langenus escribió en 1943 un libro (Silbando por el mundo). Al comentar su actuación en la final señaló: “Se dispuso un servicio de orden ejemplar. Fuera del estadio, el ejército canalizaba la circulación agitando bayonetas. Adentro, la policía se encargaba de la vigilancia. Y en las puertas de entrada, el público debía someterse a un exhaustivo cacheo ejecutado por los soldados. Al final, todas esas medidas parecieron totalmente inútiles ya que todo transcurrió del modo más deportivo. Cuando se produjo el segundo gol argentino, los uruguayos reclamaron fuera de juego. Siempre lo mismo: el momento del pase la recepción de la pelota. Mi juez de línea, Christophe, estaba convencido, como yo, que el gol cuestionado había sido legal. Y de no haber sido fair-play el público, un gol convertido en esas circunstancias habría desencadenado cantidad de incidentes. Pero no pasó nada. Después del partido se dijo que los argentinos no habían podido jugar tranquilos bajo la protección de los fusiles Maúser. Eran bobadas evidentemente. Se dijo también que la policía me había tenido que proteger. Eran bobadas también. Los dirigentes de Argentina habían prometido la victoria pero no habían cumplido. Se daban cuenta que el resultado era justo pero no querían asumirlo. No eran ellos los culpables. La culpa de la derrota la tenían otros. La policía era culpable, los soldados eran culpables, el público era culpable y, finalmente, como siempre, el árbitro era culpable”.

Al colocar equivocadamente a los uruguayos como agresores y violentos fuera y dentro de la cancha, ganando 4 a 2 a los argentinos de “pesado”, Coral Cine agrede con mentiras a la historia brindando a los investigadores europeos enemigos del Uruguay, pasto a las fieras sobre la leyenda negra que ellos construyeron para denostarnos, apoyándose en la tendenciosa y planificada campaña que en la Argentina realizó solamente el diario Crítica, iniciándola dos días antes de la final. Obran en mi poder los ejemplares de esa publicación cuyo dueño era, increíblemente, un uruguayo. Se llamó Natalio Botana y, detrás de la mentira armada, existían fines golpistas alentando a los militares argentinos contra el gobierno democrático.

Dos días antes de la final Crítica escribió: “La bandera argentina no puede flamear el miércoles en la torre de los homenajes del gran estadio. Tienen que ganar los uruguayos de cualquier manera”. Era el caldo de cultivo para la derrota que deseaba Botana y los militares argentinos que preparaban el primer golpe de Estado exitoso de ese país contra el legítimo presidente Hipólito Yrigoyen. Después de la derrota Crítica estaba en su salsa. “El referee parcial y el juego brutal del adversario decretaron nuestra derrota”, tituló. En la siguiente edición lanzó la idea de que: “¡No hay que jugar más con los uruguayos!”  Botana se jactó en su diario afirmando que “conforme lo reclamó Crítica –que fue el único diario argentino que demostró la necesidad imperiosa de romper las relaciones del football con el Uruguay, esta medida va a ser tomada de un momento a otro. Puede anticiparse que la ruptura anhelada será cuestión de horas”. Es misma noche, el 2 de agosto de 1930, la Asociación Argentina Amateur de Footbal adoptó la resolución de romper relaciones con la uruguaya.

Recorriendo las páginas de los diarios argentinos (La Nación, La Razón, El Diario, El Mundo y La Calle) se leen artículos que reconocen la justicia del triunfo de Uruguay y fustigan a los dirigentes por los errores cometidos al integrar el equipo incluyendo jugadores lesionados. En ninguno de esos periódicos se mencionan hechos violentos del público, de la policía o vejámenes a la bandera argentina. El plan de Botana puesto en marcha por intermedio de Crítica dio sus frutos aprovechando –entre otras cosas- el malhumor por la derrota en Montevideo. Un mes y un puñado de días después de la final de Montevideo, el 6 de setiembre de 1930, el Gral. Uriburu derrocó al gobierno legítimo. ¿Coral Cine quiere convertirse en el Botana –también uruguayo- afiliándose a la tesis de Crítica para denostar la gloriosa y limpia victoria construida por la celeste en 1930?

Las equivocaciones, errores, omisiones y ausencia de rigor histórico mencionadas precedentemente, pudieron evitarse si efectivamente Coral Cine hubiera trabajado en equipo –como lo proclama-, convocando a cualquiera de los calificados historiadores del fútbol uruguayo que los directores desearan, para mostrarle el filme terminado. Obvio también las hubiera detectado –en caso de ser llamado- en mi calidad de autor de la idea original y la investigación.

Las palabras pronunciadas por el Secretario de Deportes, Prof. Fernando Cáceres, antes de emitirse el filme, anunciaron que el mismo sería llevado a Rusia como parte de la campaña que Uruguay –junto con Argentina y Paraguay- vienen desarrollando para obtener la sede de la Copa Mundial de la FIFA de 2030. Es de esperar que tanto el destacado profesor, como el Dr. Alfredo Etchandy gran experto en temas históricos, luego de observar la película evalúen si la misma constituye una propaganda beneficiosa para obtener el fin propuesto. En blanco y negro, de acuerdo a la falta de adecuación a la verdad histórica, el fútbol uruguayo pasó a ser en el filme, el de los maestros de 1924 que encantó a Europa y especialmente a los franceses, transformándose en violentos y agresivos malhechores para “ganar de cualquier forma”. A mi juicio exhibir la película en Europa es algo así como patear un penal en contra aceptando lo que escribieron los historiadores de ese continente en libro de los 100 años de la FIFA, pág. 108: “Otros aspecto del mundial de 1930, más bien negativos, anunciaban también el futuro: los partidos estuvieron acompañados por manifestaciones nacionalistas, con su cortejo de violencia, y sólo la intervención de la policía permitió proteger al equipo de la Argentina. La Copa del Mundo ya se vislumbraba como un espejo político, económico y social del mundo contemporáneo”.

Hasta aquí el leal juicio de mi parte, en el cual ninguna hostilidad de principio existe sino una vívida consciencia de rendir tributo a la verdad histórica de nuestro milagroso fútbol uruguayo y de nuestro decoro de raza y cultura, de aquellos orientales de un país desconocido que llegaron a Europa y que, en la exacta definición de Nilo J. Suburú “metieron al Uruguay a patadas en la geografía del mundo”.

 

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