Tabárez, el Cerro, la docencia intacta y el fútbol ante Rusia

Reproducción de la página del suplemento deportivo que todos los días editaba El Diario. Se observa la primera hoja donde aparecía el reportaje a Oscar Tabárez, realizado en un aula de la escuela N.º 30 en el Cerro y cuya dirección ejercía el maestro. La misma se llevó a cabo en la primer semana de setiembre de 1983 al retornar de Venezuela donde Uruguay, con su dirección, se consagró sorpresivamente y contra toda lógica, campeón panamericano a fines de agosto. La fotografía fue armada por el equipo deportivo de aquel vespertino. La imagen la captó Mario Saporiti. El texto de la entrevista lo realizó el periodista Alberto Schiavone. La idea y coordinación que incluyó, por solicitud de Tabárez, obtener la autorización de los organismos superiores del gobierno “cívico-militar” de la época, corrieron por cuenta del autor de la nota.

Hay una nueva versión de Oscar Tabárez en el contacto con la prensa internacional y uruguaya a través de las conferencias que organiza la FIFA, y a las cuales el director técnico de mayor edad de Rusia 2018, tiene obligación de concurrir. La experiencia acumulada se decanta en la riqueza de sus conceptos ante cualquier pregunta. Mantiene intacta la capacidad de la docencia, aquella profesión que lo llevó en el escalafón de enseñanza primaria al cargo de director de la escuela N.º 30 en el Cerro.

Hasta allí llegue una mañana en los comienzos del mes de setiembre de 1983, acompañado del periodista Alberto Schiavone y el fotógrafo Mario Saporiti. ¿El motivo? Dirigiendo a un equipo uruguayo armado a las apuradas, con acusaciones al director técnico de haber citado a jugadores por amistad, Tabárez llevó a Uruguay a la conquista del campeonato panamericano, título que por primera vez en la historia obtenía nuestro país. El Diario, cuya dirección deportiva ejercía, fue el canal informativo que más apoyó a esa selección, cubrió los entrenamientos y le realizó una nota a Tabárez antes de la partida. La única que se publicó porque todos los demás medios escritos, radiales y televisivos le dieron la espalda. Nadie pensaba que ese equipo uruguayo rejuntado, retornaría campeón.

Al volver llamé a Tabárez y le plantee una nota exclusiva en la escuela N.º 30, a partir de una fotografía tomada en un aula frente al pizarrón donde Tabárez escribiría la palabra “campeón”, rodeado de alumnos. Aceptó con la condición de que estuvieran de acuerdo las autoridades de la educación mediante la correspondiente autorización para realizar la producción propuesta. El Uruguay atravesaba el período autodenominado “gobierno cívico-militar”. Comencé por lo más alto. El contacto con el Cnel. Raúl Cloto Masciadri, director general del ministerio de Educación y Cultura, resultó positivo. Con su autorización el “si” final debía ser otorgado por el director de primaria, maestro Ribolla Ricci. Planteado el tema se logró la autorización que exigió Tabárez y así llegué con los compañeros aquella mañana al Cerro.

Oscar Tabárez estaba rodeado de diez niños delante del pizarrón cuando le pedí que escribiera “campeón”, con la finalidad de que el fotógrafo Saporiti captara las diversas imágenes a medida que el maestro componía la palabra con las letras, Tabárez se negó. Ante la sorpresa y recordando siempre la máxima que escribió y cantó Jaime Roos –“la foto tiene que salir”-, propuse al técnico que había logrado el primer éxito que lo hizo trascender, que yo escribía la palabra y él tomaba la tiza para apoyarla en el último trazo. Aceptada la alternativa así nació esa fotografía que se ha hecho histórica, registrada por Mario Saporiti que recuerda aquella etapa del Tabárez docente, virtud innata que conmtinúa exhibiendo –como los vinos añejos- en cada conferencia de prensa donde resulta un placer escucharlo.

“Otra cosa que tengo muy incorporada, pero muy incorporada desde hace algún mundial ya, es que en los mundiales no se puede esperar. Cuando uno piensa algo, está convencido, hay que hacerlo. Y eso lo saben los 23 jugadores del plantel como los 23 de los mundiales anteriores”, dijo Oscar Tabárez en el encuentro con el periodismo el día previo al partido contra Arabia Saudita.

Acto seguido y en cumplimiento de la revelación ante la prensa, Tabárez “metió la mano en el equipo” –como se acostumbraba a decir antiguamente cuando el entrenador revolucionaba el conjunto con las variantes-, y confirmó una integración diferente a las anteriores para disputar el primer puesto en el grupo A del mundial frente al equipo local, en el estadio de Samara. Resulta positiva la actitud del entrenador que mantiene vigente sus conceptos expuestos en las dos anteriores citas mundialistas en lo que atañe a la búsqueda del equipo para cada circunstancia, otorgando oportunidades a los componentes del plantel.

Aunque se publicite que la figura táctica inicial será la de 3-5-2, la realidad y los antecedentes indican que con las salidas del conjunto de Guillermo Varela, Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez, el entrenador celeste rearma el 4-4-2 tan habitual en las formaciones celestes. El pasaje de Nández al lugar del half derecho sustituyendo a Varela, permiten abrir la interrogante sobre los motivos que llevaron a mantener en el grupo de 23 jugadores a Maximiliano Pereira, a quién no se recurre en la emergencia, destinando al joven fernandino a esa posición que ocupó en la selección sub 20.

Con las salidas de Carlos Sánchez –pese a que con cierta razón, después de las dos asistencias para idéntica cantidad de goles convertidos por Uruguay, llevó a Sergio Gorzy a decir que Uruguay era “Sánchez y diez más”-, y de Cristian Rodríguez, el técnico Tabárez exhibe su pensamiento similar al de la gran mayoría de los uruguayos. El Cebolla Rodríguez está para el final del partido, cuando la mano viene brava y se requiere fuerza –en lugar de fútbol-, en la mitad del campo para asegurar el resultado. El Pato Sánchez –a mi juicio y así lo señalé en los dos comentarios de los partidos-, aportó la ejecución de la pelota quieta que culminaron en los dos tantos conseguidos por el equipo. Pero, antes y después, estuvo lejos de aquel jugador con ida y vuelta permanente, desequilibrante en River Plate de Argentina.

El principio de lesión que acusó José María Giménez impone otra variante que no estaba en la mente de Tabárez. La necesidad de preservar al joven zaguero del Atlético de Madrid para el partido de octavos de final origina el ingreso de Sebastián Coates.

La nueva constitución del equipo aparece como la más lógica para enfrentar a ese vendaval de fuerza, velocidad, potencia y goles con los que Rusia –llamativamente-, le pasó por arriba a egipcios y árabes. Estas dos producciones espectaculares del equipo local sorprendieron a propios y extraños. Rusia debutó en el mundial acumulando siete partidos consecutivos sin poder ganar, con una estadística de resultados negativos desde 2016, año en que Stanislav Cherchesov asumió el cargo de entrenador. Los últimos dos triunfos incrementaron a siete sus éxitos, contra seis empates y diez derrotas.

Ante ésta realidad actual donde el equipo de fútbol del país anfitrión se ha transformado en “una máquina de correr”, quienes gustan de encontrarle la quinta pata al gato para desmerecer los cambios positivos que operan en la mente de los actores la búsqueda de la gloria, la motivación para no defraudar las expectativas de una gran nación convirtiéndose en héroes si logran lo que nunca antes pudieron alcanzar los antepasados -Lev Yashin entre otros-, ojean con malicia las páginas de  la historia reciente del deporte.[1]

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Dopaje_en_Rusia – El dopaje en el deporte ruso tiene una naturaleza sistémica. Rusia perdió 49 medallas olímpicas por infracciones de dopaje, la mayor cantidad en cualquier país, cuatro veces el número de finalistas y más de un tercio del total mundial. De 2011 a 2015, más de mil competidores rusos en diversos deportes, incluidos deportes de verano, invierno y paralímpicos, se beneficiaron de un encubrimiento del cual era partícipe el gobierno ruso.

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