Messi, Halldorsson, México, Neymar, David y Goliath

 

Escojo la fotografía exclusiva de Fernando González para ejemplificar mi pensamiento sobre el actual momento de Lionel Messi y el fútbol argentino. Todos los uruguayos -por lo menos yo lo pienso así aunque creo encontrarme dentro de la minoría-, debemos ayudar y contribuir para la recuperación del fútbol argentino. Ellos, nuestros vecinos, han sido los maestros del fútbol sudamericano. Los que nos enseñaron a jugar a nosotros. Fuimos sus discípulos. Entre ambos construimos la gloria del fútbol de hoy. Por este motivo, a mi juicio, Luis Suárez y Edinson Cavani dándole la mano a Messi para levantarlo del suelo, es la mejor ofrenda que podemos entregar a nuestros hermanos.

Escojo la fotografía exclusiva de Fernando González para ejemplificar mi pensamiento sobre el actual momento de Lionel Messi y el fútbol argentino. Todos los uruguayos -por lo menos yo lo pienso así aunque creo encontrarme dentro de la minoría-, debemos ayudar y contribuir para la recuperación del fútbol argentino. Ellos, nuestros vecinos, han sido los maestros del fútbol sudamericano. Los que nos enseñaron a jugar a nosotros. Fuimos sus discípulos. Entre ambos construimos la gloria del fútbol de hoy. Por este motivo, a mi juicio, Luis Suárez y Edinson Cavani dándole la mano a Messi para levantarlo del suelo, es la mejor ofrenda que podemos entregar a nuestros hermanos.

Confieso que me llenó de dudas el rostro serio, adusto, demasiado concentrado de Lionel Messi, que en primer plano la televisión llevó al mundo en los instantes previos a su ejecución del penal a favor de Argentina en el partido contra Islandia. No era necesario estar doctorado en siquiatría o sicología para advertir que ese notable jugador de fútbol, ser humano al fin, experimentaba en su interior decenas de sensaciones encontradas que inundaban su mente de recuerdos negativos. El último y aún muy fresco lo retrotraía a dos años atrás, cuando en sus pies se encontraba la conquista de la Copa América centenario para Argentina. El tiro decisivo marrado desde los once pasos en esa final,  ahora se convertía en otra nueva pesada carga sobre sus hombros. Una mochila difícil de superar. La obligación impostergable de transformar el remate en gol instalada en su mente decodificó ondas de pavor escénico a su pierna derecha. Decidió asegurar el tiro. Después de dos pasos Messi abrió el pie izquierdo golpeando la pelota con la parte lateral utilizada en plancha, con idéntico gesto técnico al que se usa para pasar el esférico a un compañero en acción de juego. Esa forma de pegarle aumenta la posibilidad de la precisión del envío pero, también, disminuye la potencia y la velocidad. De ese modo no puede golpearse fuerte la pelota. En esta ocasión la búsqueda de asegurar al máximo la definición, condujo a Messi por la ruta de elegir el palo derecho del golero de Islandia. El tiro dirigido a la mitad de la zona definida entre el medio del arco y es caño derecho del portero, se transformó en un bombón de chocolate para Hannes Halldorsson.

Amante de los autos de carrera y de los viajes en empresas aéreas de bajo costo, Halldorsson se gana la vida en Reikiavik trabajando en una productora de cortos publicitarios y cine, actividad con la que sustenta su paso por el mundo. El fútbol en es Islandia tiene característica de amateur. Jamás pensó que su humildad perdiera el anonimato gracias a una acción de juego, convirtiéndose en el héroe del primer partido de la historia que su país disputó en la Copa del Mundo de la FIFA.

A diferencia de lo ocurrido contra Chile en la definición del partido por penales tras el empate durante el jugo y donde Messi podía alcanzar el título de campeón de América que aún no logró, en esta ocasión no hubo lágrimas en su rostro. El juego continuaba. El fútbol seguía. El tormento de exhibir que la camiseta de Argentina pesa toneladas en el pecho de Messi cuando llegan las instancias claves, también.

Alentados por la acción de su compañero los diez jugadores de campo que vistieron la indumentaria de Islandia lucharon como vikingos a partir de entonces para amarrar un empate que para ellos resultó histórico. País de ciento tres mil y pocos quilómetros cuadrados –un poco más que la superficie de Uruguay-, apenas habitado por 330.016 personas que se las ingenian para convivir con la tierra cubierta de hielo, el sol de medianoche o las noches blancas en las cercanías del polo ártico, su debut mundialista en la mítica ciudad de Moscú y el famoso estadio del Spartak, se transformó en otro símbolo del fútbol donde David puede más que Goliath.

Confieso que sentí pena por ese nuevo camino de espinas que debe recorrer Messi con la camiseta albiceleste en su torso. La historia de los maestros del fútbol de América del Sur, poseedor en la actualidad del mejor talento de calidad y técnica que habita en la tierra –aunque carente de los atributos espirituales para convertirlo en Dios del fútbol-, no merece enfrentarse cada cuatro años al tormento de vivir este tipo de situaciones.

En la misma ciudad de Moscú, inevitable centro del mundo desde hace varios siglos, aunque en diferente estadio, México construyó otra historia bastante parecida a la que escribieron los islandeses el día anterior. El guión donde el más débil se las ingenia para meter el golpe de K.O. al gigante, esta vez lo escribieron los mexicanos a su modo en el estadio Luzhniki del suburbio de Luzhnétskaya, recurriendo a los mismos elementos que han sido en muchas ocasiones –no en todas, como piensan equivocadamente muchos aficionados en nuestro país-, los que tantas veces expusieron en un campo de juego los equipos uruguayos. Aquello de “garra y corazón”, como definía Hugo Bagnulo al estilo nacido en los años setenta, y el “con menos ser más”, utilizado por el Prof. De León para graficar este tipo de situaciones, volvió a hacerse realidad. Un gol convertido en perfecta maniobra de contragolpe a la que no le faltó el toque de habilidad del joven y atrevido Hirving Lozano, pareció no inquietar a Alemania que continuó jugando con el método de siempre, apoyado en una frase que los europeos repiten hasta el cansancio: “el fútbol es un deporte donde casi siempre ganan los alemanes”. Y ese “casi” se hizo realidad. “A la uruguaya”, todos atrás defendiendo, con la ayuda siempre estimada de la suerte y algunos errores en la definición de los alemanes, los aztecas se llevaron la histórica victoria.

Conceptos finales para el Brasil de Neymar. Con un mechón de pelo teñido con un color que lo acercaba al dorado del oro, otra de las estrellas que comparte cartel de primera clase en el fútbol mundial -entre las que también están al mismo o mayor nivel, incluso, los uruguayos Luis Suárez y Edinson Cavani-, la actuación de Neymar dejó una vez más en claro su enorme capacidad para dominar la pelota, su alta técnica, la casi imposibilidad de contenerlo -salvo recurriendo a la infracción-, cuando decide avanzar a velocidad con el esférico dominado y… esa sensación que también irradia la figura de Messi en lo referente al temperamento.

El gol del empate de Suiza convertido por Steven Zuber en una acción de juego donde debió utilizarse el VAR para constatar la clara falta que cometió el autor al empujar al zaguero Miranda, dejó en evidencia que el actual reglamento impuesto para su utilización deja muchas dudas. El árbitro no está habilitado para pedir su auxilio. Resuelven si se pone en marcha o no el recurso de la revisión los cuatro jueces asistentes encerrados en una cuarto delante de muchas cámaras. El sistema funciona desde Moscú. Por lo visto hasta hoy donde no ha sido utilizado el mecanismo, se advierte que las autoridades están tratando de esterilizar el innegable valor que podría tener esta herramienta tecnológica que bien usada, contribuye a establecer más justicia en el fútbol.

Yo fui testigo de la victoria de 1970 ante Israel y la de 2018 frente a Egipto

 

Martes 2 de junio de 1970. Sentado al lado de Carlos Solé en el pupitre de la tribuna de prensa del estadio Cuauhtémoc de Puebla asignado a CX 8 Radio Sarandí, mis veinte años se emocionaron hasta las lágrimas cuando Ildo Maneiro golpeó la pelota casi agachándose al ingresar al área pequeña, conectando el centro enviado por Juan Martín Mujica desde la izquierda y convertir a los 20 minutos el primer gol de Uruguay ante Israel en el partido debut de los celestes en la Copa Jules Rimet. Media hora después un taponazo del mismo Mujica desde la izquierda al recoger un rebote que cedió el golero de Israel, colocó el 2:0 definitivo en el tanteador.

Viernes 15 de junio de 2018. En la tribuna de prensa de la Arena Ekaterimburgo, sentado al lado de Jorge Giordano, estudioso y ascendente director técnico de nuestro país que asiste a su segundo torneo de esta índole porque, entre otras cosas, “en los mundiales se define el sistema táctico de los próximo cuatro años”, mis casi setenta abriles experimentaron una sensación interna de serena alegría. Inexpresiva, si se compara con aquel llanto de la juventud que quedó grabado detrás del registro de la inolvidable voz de don Carlos lanzando al éter el grito de gol. Hoy me puse de pie sonriente observando la montaña humana que formaron sobre el cuerpo de José María Giménez –autor del impecable cabezazo que infló la red-, tendido de euforia sobre el césped después de convertir el gol del triunfo por 1:0 sobre Egipto, en el estreno de la celeste en la Copa del Mundo de la FIFA Rusia 2018.

Entre uno y el otro acontecimiento de los he sido testigo transcurrieron 48 años y 13 días, lapso en el cuál Uruguay no pudo vencer a Holanda (1974), Alemania (1983), España (1990), Dinamarca (2002), Francia (2010) y Costa Rica (2014). Casi medio siglo con un par de llamativas coincidencias.

La primera es simple. Las dos jugadas nacieron de centros enviados desde los extremos del campo y conectados con la cabeza. El de Maneiro metiéndose como una flecha a buscar por el segundo palo el pelotazo de Mujica enviado desde la izquierda luego de ser habilitado con pase corto por Cubilla. El de Josema trepando por la escalera al cielo cortinado perfectamente por el capitán Godín, en la búsqueda del corner ejecutado por Sánchez del ángulo derecho del campo.

La otra conexión entre los dos triunfos, más allá de la agonía del obtenido ante Egipto en contraposición con la comodidad de la victoria frente a Israel, radica en la propuesta de juego y en la actitud. En los dos casos el equipo celeste dominó de principio a fin el trámite del cotejo. En aquel tiempo del mundial azteca la inexistente tecnología imposibilitaba que se informaran datos al culminar los enfrentamientos, tal como ocurre hoy en día. Ante Egipto el equipo celeste dispuso de la posesión de la pelota en un 57% contra el 43% restante del rival, acertando el 85% de las ocasiones en que los jugadores se conectaron mediante el pase de la pelota (492 entregas correctas en 578 realizadas), también siendo superior en este aspecto a los egipcios quienes alcanzaron el 76% de efectividad en las entregas.

Los hechos visionados por este testigo confirman que el equipo celeste que venció a Egipto en los minutos de la agonía, expuso similar actitud y propuesta para encarar el juego vistiendo el traje de favorito y también protagonista, que aquel de 1970 que amarró con comodidad la victoria ante Israel. Aquel conjunto de Puebla y este de Ekaterimburgo del gol victorioso cuando el partido moría, dominaron de principio a fin el juego, emergiendo como justos y claros ganadores de sus compromisos.

El equipo oriental que escaló Tabárez para el debut defendió con total acierto al extremo de convertir al golero Muslera en un espectador más. Con un Diego Godín esplendoroso –la figura del equipo-, expuso una propuesta ofensiva permanente que chocó una y otra vez ante la correcta muralla defensiva de ocho y nueve hombres alineados por el adversario en dos bloques cubriendo el área de Egipto, con marcación desde atrás de dos hombres sobre Luis Suárez y uno restante que siempre llegaba de frente para asistir a sus compañeros en el control del ariete ofensivo oriental.

La paciencia resultó a la postre la otra gran virtud que exhibió Uruguay. Apegado a la nueva línea de juego que prioriza el buen trato de la pelota y su destino seguro, luchó contra el pasado que aconsejaba recurrir al ollazo cuando el reloj consumía el tiempo y el gol de la victoria se intuía pero no llegaba. Matías Vecino y Rodrigo Bentacur respaldados por Godín y Giménez mucho tuvieron que ver para que el equipo todo fuera, una y otra vez, al asalto de la nutrida muralla egipcia, con la pelota jugada a ras del piso en la denodada búsqueda del último pase que pusiera cara a cara ante el arco rival a la dupla de los mortíferos artilleros: Suárez y Cavani. En dos ocasiones el guardameta Mohamed El Shenawy salvó el arco. La primera ante Suárez en el arranque del segundo tiempo y la segunda al desviar al córner tras el disparo de bolea de Cavani, habilitado por el Pistolero. El palo se antepuso cuando otra perfecta ejecución de un tiro libre del goleador del Patís Sainte Germain se dirigía a las mallas.

En síntesis Uruguay obtuvo –cómo lo solicité en el comentario previo- “un triunfo claro en la contundencia del juego, en la prestancia y actitud en la cancha de quién se siente importante por el respaldo de la historia”.

Así ocurrió en esta jornada histórica de Ekaterimburgo que revivió aquella otra de hace 48 años. ¡Ojalá, como aquel equipo de México 1970 que reunía grandes virtudes y muchas carencias, el recorrido del camino iniciado hoy tenga, por lo menos, el mismo destino. Las coincidenbcias son muchas. Aunque todo el Uruguay que empuja el sueño, después de esta tarde sueña con un destino más importante…

Nota con revelaciones exclusivas: hoy hace 94 años que nacía la gloria de Colombes

Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.

Hoy, sábado 9 de junio de 2018, la selección uruguaya de fútbol transformada en “una ola de esperanza compartida” [1]emprende el viaje en ancas de la ilusión empujada por todo el pueblo en procura de conquistar la quinta estrella dorada para la gloriosa celeste.

Hoy, exactamente 94 años atrás, aquel día lunes se constituyó en el mojón triunfal más exitoso en toda la historia del fútbol de América del Sur. Los uruguayos enfundados en el maillot color cielo, en el estadio de Colombes, barrio de la eternamente mítica ciudad de París, cerraban en campos de Europa en calidad de invictos, una formidable actuación con 14 partidos consecutivos ganados. Nueve de esos triunfos se obtuvieron en la excursión por España. Los cinco restantes en el primer campeonato del mundo organizado en la historia por la FIFA, organismo que cumplía 20 años de vida. La competencia se disputó con el riguroso sistema “de copa”. El equipo que perdía su enfrentamiento quedaba eliminado.

Hoy, en esta primera nota que escribo para los cibernautas con los que diariamente compartiré las experiencias de la cobertura desde Rusia 2018, entendí oportuno revelar el resultado exclusivo de mis investigaciones relacionado con el quilómetro cero, el puntapié inicial, el comienzo de aquella gesta de Uruguay en 1924, aún inigualada y sin duda alguna, la más sensacional  de nuestro fútbol. Los referidos estudios culminaron hace pocos meses gracias al aporte del Dr. Hernán Navascués quién suministró un documento constituido en eslabón final de la cadena, que permitió llegar a la tan anhelada verdad histórica que paso a reconstruir.

LA ÉPOCA DE LA DIVISIÓN DEL FÚTBOL URUGUAYO

En la noche del  12 de noviembre de 1922 la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) desafilió a Peñarol y Central por violar los reglamentos (artículo 7.º, inciso A, que prohibía a sus clubes afiliados competir con los de la Asociación Amateur de Football de Argentina), a pesar de las advertencias oficiales previas formuladas por resoluciones de la asamblea de clubes que aurinegros y palermitanos integraban. Como consecuencia de esta decisión Nacional quedó liderando la AUF, en tanto los clubes que dejaron de pertenecer a ella, fundaron inmediatamente la Federación Uruguaya de Fútbol (FUF). Ambas organizaciones planificaron y llevaron a cabo en 1923 sus correspondientes campeonatos uruguayos.

El ex presidente de Nacional de 1906, Dr. José María Reyes Lerena, conducía la AUF actuando con dos vicepresidentes. El primero, Dr. Atilio Narancio, también vinculado a Nacional, mantenía una gran amistad con José Batlle y Ordóñez y el segundo, César Batlle Pacheco, era hijo del líder político citado, el popular Don Pepe, la figura de mayor importancia e influencia de aquel tiempo en el Partido Colorado. César, su primogénito, curiosamente en 1919 ocupó la presidencia de Peñarol, institución a la que ahora enfrentaba defendiendo la causa reglamentaria de los clubes que votaron mayoritariamente la exclusión de los aurinegros de la AUF.

Es necesario señalar, para comprender la intrincada lucha que se desató en el fútbol uruguayo de aquel tiempo, que el Dr. Julio María Sosa, presidente de Peñarol desde 1921 y el líder de la FUF –aunque no ocupó la conducción de la misma-, también pertenecía al Batllismo liderado por Don Pepe, habiéndose distanciado a raíz de la elección para presidente de la República realizada en noviembre de este mismo año de 1922, al no haber sido elegido por Batlle y Ordóñez para tan alto cargo, inclinándose por la designación del Ing. José Serrato que no pertenecía a su sector.

En suma, además de la violación reglamentaria de Peñarol y Central que originó el cisma, existieron otros motivos que incidieron en la misma. La lucha política dentro del Batllismo fue uno, y el otro la repercusión que venía produciéndose en el fútbol montevideano a raíz del segundo cisma que se registró en el fútbol argentino desde el año anterior, es decir en 1921. Este aspecto relacionado con la inevitable repercusión de lo ocurrido en Buenos Aires no es usual que sea invocado por aquellos que se inclinan sobre los episodios relacionado con el cisma uruguayo. Sin embargo -como se verá en líneas siguientes-, resultó fundamental.

LA AFILIACIÓN A LA FIFA

En el tiempo que se produjeron estos episodios la FIFA no tenía ninguna influencia, al extremo que no resulta exagerado señalar que en la realidad “no existía”. Cooptada por los ingleses desde 1906, la Football Association que pasó a ejercer su dominio, la mantuvo  en estado de lactancia hasta 1921 año  en que los manejos del holandés Karl Hirschman –inspirador de la creación de la FIFA en 1902 y partícipe de ella desde entonces-, depositaron al francés Jules Rimet en la conducción del organismo. No exagero al afirmar que en la realidad el nacimiento de la FIFA se produce en 1921 al trasladarse la sede a la ciudad donde vivía el nuevo conductor. Surge lo que se puede señalar como “la era Rimet”. Una de sus primeras decisiones resultaría decisiva para el fútbol uruguayo. La “nueva” FIFA con el apoyo del Comité Olímpico Internacional (COI) conducido por su fundador, Barón Pierre de Coubertin, asumió la organización del “torneo mundial” de fútbol dentro del marco de los próximos Juegos Olímpicos que se llevaban a cabo en París en 1924.

En medio de los cismas que atravesó el fútbol de Argentina y Chile, una de las asociaciones de esos países en conflicto obtuvo la simbólica afiliación a la FIFA, resolución que poco o nada aportaba en la porfía. La Asociación Argentina de Football la logró en 1912 y los trasandinos de Valparaíso en 1913. En conocimiento de esas situaciones y como reflejo de las mismas, Uruguay en 1915 inició oficialmente el trámite de incorporación, por lo que se pensaba por parte de los dirigentes que la AUF figuraba entre los países vinculados a la organización mundial. La realidad indicaba otra cosa. La AUF recibió la respuesta de la burocrática FIFA que funcionaba en Londres, solicitándole información sobre el fútbol que organizaba (competencia local, cantidad de clubes, jugadores, etc.) la que no fue remitida por la Asociación. Es decir que al explotar el cisma en el fútbol de Uruguay ninguna de las dos organizaciones en pugna mantenía relación con la Federación Internacional.

COI INVITARÁ A URUGUAY AL CAMPEONATO MUNDIAL DE FÚTBOL 

Al despertar 1923 una información de una agencia de noticias francesa despachó un cable que produjo efecto en el Río de la Plata. “De acuerdo con informaciones de diarios franceses, el Comité Olímpico Internacional, invitará probablemente al Uruguay y Argentina, a enviar sus equipos a las próximas olimpiadas, a disputar el Campeonato Mundial de Fútbol”.[2] El artículo finaliza con la opinión del redactor: “Es necesario pues, comenzar desde ya, a convencer a las autoridades pertinentes para que inicien cuanto antes los trabajos preparatorios, a fin de lograr que lo que ayer suponíamos una risueña quimera, llegue a ser pronto una palpable realidad”.

No era la primera vez que una información de este tipo surgía desde Europa. Anteriormente se llegó a mencionar la posibilidad de que un equipo integrado por jugadores de Argentina y Uruguay concurriera a participar en el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos.

El interés del COI -en cuyo seno la FIFA de Rimet y Hirschman venían avanzando con la finalidad de legitimar a la Federación Internacional como organizadora de esa anunciada competencia-, por el fútbol rioplatense resultaba la consecuencia directa de los triunfos que los uruguayos y argentinos lograron en 1922 sobre el equipo vasco y checoeslovaco –junto con Bélgica eran los mejores del mundo-, que visitaron el Río de la Plata.

La noticia aparecida en el comienzo de 1923 época en la cual la actividad de fútbol se paralizaba hasta el mes de marzo y no tenía absolutamente ningún contacto con lo que ocurre  hoy en día, revelaba una realidad. En octubre de 1922 el Dr. Marcelo Torcuato de Alvear asumió la presidencia de Argentina. Venía de desempeñar durante varios años el cargo de embajador de su país acreditado ante el gobierno de Francia. Eximio esgrimista, amante del deporte, trabó amistad intensa con el Barón Pierre de Coubertin quién lo distinguió con la designación de “miembro del COI”. Alvear prometió enviar una importante delegación de  deportistas de Argentina –entre ellos los representantes del fútbol- a los Juegos Olímpicos de 1924.

ADVERSARIOS EN EL FÚTBOL, JUNTOS EN LA POLÍTICA

En Uruguay dos hombres polarizaban la conducción del fútbol reuniendo características muy particulares. El Dr. Atilio Narancio, nacionalófilo -aunque hasta el momento no había desempeñado ningún cargo en la comisión directiva del club, aunque fue uno de los fundadores a la edad de 15 años-, vicepresidente primero de la AUF era amigo íntimo de José Batlle y Ordóñez y compartía la conducción del fútbol de medio país con su hijo, César Batlle Pacheco.  El Dr. Julio María Sosa, presidente en funciones de Peñarol, era el líder de la FUF enfrentado a Nacional, con alto cargo en la masonería uruguaya y figura destacada de mayor relieve que Narancio dentro del Partido Colorado, encaminándose hacia la ruptura con el Batllismo.

A pesar de esta situación al llegar las elecciones de noviembre de 1922 para la presidencia de la República –cargo para el cual José Batlle y Ordóñez eligió el Ing. Serrato-, también se escogía en los comicios a los integrantes del Consejo Nacional de Administración. La lista del Partido Colorado, determinada por Don Pepe, la integró el Dr. Julio María Sosa para la presidencia y el Dr. Atilio Narancio para la vice. El 1.º de marzo de 1923 el Dr. Sosa y el Dr. Narancio asumieron esos cargos por lo cual y en los hechos –paradojicamente- defendían los mismos intereses políticos y rivalizaban en los deportivos.

Observe el lector la turbulencia que se vivió en Montevideo entre noviembre de 1922 y marzo de 1923 en las dos expresiones máximas que cautivaban y polarizaban a la sociedad oriental: la política y el fútbol. La primera se desarrolló exclusivamente dentro del Partido Colorado piloteado por José Batlle y Ordóñez quién adoptada las decisiones, mientras el Partido Nacional liderado por el Dr. Luis Alberto de Herrera exhibía una unidad hasta entonces monolítica. Esa lucha de la colectividad Batllista se expandió al fútbol, la expresión más apasionante y popular de los uruguayos. Esta descripción de la realidad deja sin base de sustentación a quienes afirman que el Partido Colorado se refleja en la vida del Club Atlético Peñarol y el Partido Nacional está identificado con la colectividad política que lleva su nombre.

Este ambiente político se aquietó a partir del 1.º de marzo al asumir las nuevas autoridades del Poder Ejecutivo llamado entonces “bicefalo”.

EL ACTA QUE DESCUBRE EL DR. HERNAN NAVASCUÉS

En el fútbol el complicado y dividido panorama se ensombreció pocos días después. El 5 de marzo de 1923 un incendio destruyó la tribuna principal construida en madera del Parque Central, escenario cuya propiedad pertenecía a la Sociedad Comercial de Montevideo que explotaba –entre otras- la línea de tranvías, ahora eléctricos, a la Unión y Maroñas y que usufructuaba Nacional por convenio firmado en 1911 por el presidente del club Dr. José María Delgado.

En Argentina transcurrían cinco meses del gobierno de Alvear impulsando en lo deportivo, definitivamente, la organización de una amplia delegación a los Juegos Olímpicos de 1924. Al conocerse las noticias del incendio de la cancha de Nacional, surgió en Buenos Aires la inmediata solidaridad de los amigos de la AUF, la Asociación Argentina de Football, también enfrentada en su país a la Federación disidente. Enviaron una carta al presidente de Nacional, Numa Pesquera ofreciendo ayuda económica para proceder a la inmediata reparación de las instalaciones destruidas por el incendio. En la sesión de la Comisión Directiva del lunes 16 de abril de 1923, en el acta de la misma se reflejó el tratamiento de la nota mencionada, adoptándose la siguiente resolución: “Asociación Argentina. Comunica que por unanimidad de votos á tomado las siguientes resoluciones. 1.º poner a disposición del Club Nacional de Football de Montevideo en calidad de préstamo hasta la suma de cinco mil pesos moneda nacional de curso legal argentinos, sin interés, 2.º Significar á esta institución, que esta Asociación lamenta no poder aumentar la suma ofrecida, por encontrarse en vísperas de recibir la visita de un team extranjero y deber concurrir á las olimpiadas mundiales á celebrarse en París el año próximo. La Directiva resuelve agradecer el ofrecimiento pero no aceptarlo”. El hallazgo del acta corresponde al Dr. Hernán Navascués quién entregó la fotocopia que obra en mi poder.

El documento corrobora lo expresado con relación a la firme decisión del gobierno argentino del presidente Alvear, que aportó 200.000 pesos del erario público para enviar una nutrida delegación a los Juegos Olímpicos de 1924, cosa que efectivamente ocurrió con excepción del equipo de fútbol. Investigué este episodio del que no se ha escrito en el vecino país y tampoco en el nuestro, a pesar que existió una directa relación de los hechos aunque con definición diferente. En Buenos Aires se planteó la misma lucha entre la Asociación y la Federación que la que se desencadenó en Montevideo. El final distinto –motivo exhaustivamente incluido en el libro de mí autoría que está en proceso sobre Colombes 1924-, se produjo a raíz de la también disímil posición adoptada por el gobierno de ambas naciones. En Argentina mientras Alvear no decidió intervenir en el enfrentamiento entre los dos organismos en pugna en el fútbol, en Uruguay el presidente Serrato y el Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Pedro Manini Ríos –ambos fanáticos de Nacional y en el caso del segundo el inspirador de la fundación del club-, jugaron todas las cartas para apoyar decididamente a la Asociación liderada por Nacional.

EL MINISTRO MANINI RÍOS REQUIERE AL EMBAJADOR  ENRIQUE BUERO

Desde hace varias décadas realizo los estudios correspondientes para llegar a la verdad histórica sobre diferentes episodios del fútbol uruguayo. He sido el pionero en rescatar paso a paso –más allá de la verdad publicada hasta entonces- diferentes acontecimientos relacionados con la gesta de Colombes, algunos de los cuáles permanecían en el anonimato, otros tapados por el olvido y varios de ellos escamoteados por intereses personales. En todo ese tiempo no alcanzaba a desentrañar un misterio encerrado en una sola pregunta. ¿Cómo se enteró la AUF antes que la FUF que el fútbol uruguayo no disponía de la afiliación a la FIFA y resuelve gestionarla?

Disponía en mis manos desde el momento en que la gentileza de Juan Buero me abrió las puertas al archivo de todas las cartas de su abuelo Enrique, del siguiente telegrama que le envió la AUF: “Montevideo, 19 de mayo de 1923. A Ministro Buero, Berna. Asociación Football solicítale represéntela Congreso internacional reúnese veinte veintiuno Ginebra solicitando afiliación definitiva Uruguay. Reyes”.[3]

También entré en contacto y ha sido publicado en varias ocasiones, con la respuesta del Dr. Buero enviada por telegrama del 22 de mayo de 1923 al Ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Dr. Pedro Manini Ríos. “Diplomacia. Montevideo. Para Asociación Football. Congreso afilió provisionalmente Uruguay. Afiliación definitiva sujeta condición trasmitir siguientes datos que estaba imposibilitado proporcionar falta instrucciones: Primero: Historia Asociación. Segundo: Condiciones su jurisdicción clubs, siendo esta consideración más importante pues Federación Internacional reconoce una Asociación por país. Tercero: declaración Amateur; Cuarto: Número clubs afiliados; Quinto: Estadísticas concurrencia matchs organizados Asociación; Sexto: resultados últimos campeonatos. Estos datos deberánse enviar secretariado á nombre Hirschaman, 67 Nic Maesstraat, Amsterdam. Inmediatamente recibidos Asociación quedará afiliada definitivamente”.[4]

El telegrama prosigue con algo también trascendente. “Aprovechando presencia delegados Federación Vizcaina, Federación Regional Sud, Federación Levantina y Federación Cataluña, obtuve siguiente proposición, para cuya formalización requiérese tan solo aceptación Asociación Uruguay: En ocasión concurrir Uruguay Olimpiada 1924, asociaciones nombradas jugarían con combinados uruguayos. Bilbao paga hasta 15.000 pesetas; Barcelona, 12.000; Valencia, Madrid, Sevilla, 8.000 cada una, jugándose dos partidos cada localidad”.[5]

Dos días después –el 24 de mayo de 1923- el Dr. Buero escribió una extensa carta al Ministro Manini Ríos, donde amplió con detalles y episodios las jornadas vividas en el congreso de la FIFA que en los hechos, es el primero que se reunió bajo la presidencia de Rimet y donde se consideraron la organización por parte de la Federación Internacional del “torneo mundial” en el marco de los Juegos Olímpicos de 1924.[6] En la misma y a diferencia de su hermano Juan Enrique que había desempeñado en el pasado funciones como delegado de Peñarol ante la AUF, el Dr. Buero que no era aficionado al fútbol, entre otros conceptos expresó: “El resultado interesante de mi vinculación con estos señores del mundo sportivo, fue la concertación de una serie de matchs a disputarse en España por nuestros jugadores, mediante retribuciones pecuniarias de tal entidad, que permitirían el envío de un buen equipo uruguayo para que intervenga en los partidos de footdball de las Olimpiadas Mundiales a disputar en París en Mayo del año próximo. […] En resumen la gira por España de nuestros jugadores podría producir como minimun de alrededor de 10.000 pesos de nuestra moneda; cantidad que en manera alguna se invertiría en los gastos de viaje por la Península. Quedaría un fuerte remanente que podría aplicarse a satisfacer parte de los gastos que demandará el envió de nuestros jugadores a Europa a efecto de tomar parte en las Olimpiadas Mundiales, haciendo posible esta concurrencia que de otra manera sería difícil financiar. Podrá parecer extraño a Vuestra Excelencia que insista en esta clase de informaciones, pero en atención al enorme interés que despierta en Europa todo lo relacionado con los deportes y campeonatos, no trepido en afirmar a V. E. que una victoria del equipo uruguayo en las Olimpiadas de 1924 tendría una gran repercusión en el mundo sportivo al que hoy en día están vinculados todos los políticos y hombres dirigentes de estas viejas sociedades”.[7]

EL VALOR DEL ACTA DE NACIONAL ENCONTRADA POR EL DR. NAVASCUÉS

El hallazgo del Dr. Hernán Navascués quien gentilmente puso el documento en mis manos, en presencia del destacado historiador de Nacional Cr. Juan J. Melos –quién inmediatamente aportó el dato del incendio del Parque Central- cuando visitó el estadio de Nacional un grupo de historiadores de Argentina que llegaron a nuestro país a raíz de gestiones de Sergio Gorzy, permitió llegar definitivamente a la verdad histórica de la gestación de la más grande hazaña del fútbol uruguayo y sudamericano de todos los tiempos. ¿Qué aporta ese eslabón que faltaba? Nada más o nada menos que la respuesta a las interrogantes planteadas sobre la forma cómo descubre la AUF la ausencia de afiliación a la FIFA. De la lectura del acta surge que el hallazgo se originó en la carta que remitió la Asociación Argentina de Football donde se expresa que no puede realizarse un aporte mayor de dinero a Nacional por “deber de concurrir á las olimpiadas mundiales á celebrarse en París”.

Desde la transcrita información del 10 de enero dando cuenta que “el Comité Olímpico Internacional, invitará probablemente al Uruguay y Argentina, a enviar sus equipos a las próximas olimpiadas, a disputar el Campeonato Mundial de Fútbol”, no aparecen otras referencias sobre el tema en la prensa.

La Comisión Directiva de Nacional que recibió la carta de la Asociación Argentina de Football la presidía Numa Pesquera e integraban Víctor M. Pomés, Juan José Chiappara, Eduardo  Martínez Vigil, Serafín Lorenzo, Mario Restano, Dr. José María Delgado, Pedro Insausti, Joaquin J. Romero y la ex gloria futbolística del club, Alfredo Foglino. Es muy probable que entre Pesquera, especialmente el secretario Chiappara -futuro arquitecto quién integrará la delegación a Colombes en 1924 y será anotado como jugador-, y el ex presidente Delgado, haya surgido la idea de emular a los amigos de la Asociación Argentina de Football, quienes informaron de la decisión de concurrir a “las olimpiadas mundiales”. Así como Boca Jrs., Huracán y Sportivo Barracas que lideraban la organización oficial argentina y tenían decidido viajar a París con su selección, Nacional no podía dejar de liderar similar movimiento en Uruguay. Resuelta la iniciativa, comunicada la idea a la AUF -que en los hechos era Nacional así como la FUF equivalía a Peñarol-, y realizadas las averiguaciones pertinentes, descubren que el fútbol uruguayo no existía dentro de la FIFA. ¿Qué hacer para lograr la afiliación y aventajar claramente a la Federación liderada por Peñarol?

Entre las averiguaciones realizadas toman contacto con la realidad reglamentaria de la FIFA. La Federación internacional reconoce una sola organización por país la que debe ser representativa del fútbol del mismo y es el congreso el habilitado para concederla luego de analizar los petitorios correspondientes. La otra información recibida condicionó los acontecimientos. Las reuniones del congreso correspondiente al año 1923 se llevarían acabo a partir del 21 de mayo próximo en Ginebra. Y… la gran frustración. Imposible enviar un delegado de la AUF portador de la solicitud de afiliación. Viajar a Europa desde el Río de la Plata en aquella época insumía más de tres semanas para cubrir el viaje interoceánico, teniéndose en cuenta que los vapores que lo realizaban tenían fecha fija de llegada al puerto de Montevideo y posterior salida. ¿Qué hacer entonces?

Recurrir a la afinidad política y también a la pasión nacionalófila la que, por imperio de las circunstancias, le resultaba sumamente favorable. El 1.º de marzo de 1923 habían asumido sus cargos el presidente de la República, Ing. Serrato y el ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Manini Ríos, pertenecientes entonces al sector Riverista del Partido Colorado gobernante. Como se ha señalado en líneas precedentes ambos coincidían en el idéntico fanatismo por el Club Nacional de Football. Con la expresa autorización del ministro Manini la AUF conducida por Reyes Lerena, Batlle Pacheco y Narancio, telegrafían al embajador -cargo entonces denominado como ministro plenipotenciario- en los Países Bajos, Dr. Enrique Buero.

Los restantes eslabones inmediatos han sido comentados en las líneas precedentes. El valor de esta nota que llega a su fin ha sido el de revelar, en el día del cumpleaños n.º 94 de la hazaña conquistada en Colombes al vencer en la final 3:0 a Suiza, la génesis de lo que a mi juicio constituye el comienzo a nivel mundial de la etapa más gloriosa del fútbol uruguayo y sudamericano en su historia, que está comprendida entre los años 1916 y 1930. El valor y significado de la proeza culminada en el estadio de Colombes se resume en varios puntos concretos. A saber. El 10 de abril de 1924 al presentarse en Vigo frente al combinado de la Coruña, Uruguay se convirtió en el primer país de América latina en jugar al fútbol en Europa. Se inició allí una serie de nueve partidos, todos ganados, éxito que se prolongó luego en las “olimpiadas mundiales”, el “torneo mundial”, el “campeonato del mundo” y la “copa del mundo”, todas éstas definiciones que fueron válidas y fueron utilizadas desde ese año y hasta 1974 por la prensa de los países para referirse al certamen que por primera vez en París (Colombes) organizó la FIFA. A partir de 1974 en la competencia que tuvo como sede a la República Federal de Alemania, la Federación Internacional definió para el futuro que su torneo se mencionara con el único nombre de Copa del Mundo de la FIFA.  Así ocurrió al ponerse en juego el nuevo trofeo, luego que en 1970 quedara definitivamente en poder de Brasil la copa cuya disputa se inició en Montevideo en 1930, al independizarse la FIFA del COI organizando su propia competencia de acuerdo a lo resuelto en el congreso de Ámsterdam en 1928.

¡Ojalá se inicie hoy con la partida de la delegación de Uruguay rumbo a Moscú otra gesta gloriosa como aquella primera que culminó hace hoy, exactamente 94 años!

Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.
Hace exactamente 94 años la portada del vespertino El Plata del lunes 9 de junio de 1924, de esta forma informaba del triunfo logrado en la tarde europeo por 3:0 ante Suiza en la final del primer campeonato del mundo organizado por la FIFA en Colombes, en el marco de los Juegos Olímpicos.

[1] Frase que se convirtió en famosa, utilizada por Wilson Ferreira Aldunate en sus discursos durante la campaña electoral de 1971, al referirse a las expectativas que generaba el Partido Nacional en caso de llegar al gobierno para poner en marcha el compromiso asumido con la ciudadanía en el documento “Nuestro compromiso con usted”, plan de acción de su futura administración.

[2] La Democracia, Montevideo, 10/01/1923.

[3] El referido telegrama se reprodujo en el libro Negociaciones Internacionales escrito por el Dr. Enrique Buero. Bruselas. 1932. 22887 Imp. Des Anc. Etabl. Aug. Puvrez. S.A. Bruxelles.

[4] Idem.

[5] Ibídem.

[6] Pierre Arrighi. “1924. Primera Copa del Mundo de fútbol de la FIFA”. Montevideo. Setiembre de 2014. Contiene toda la información hasta entonces nunca publicada sobre los congresos de la FIFA relacionados con esta competencia que organiza por primera vez en su historia, desde su fundación en 1904.

[7] La extensa carta se reproduce íntegramente en el libro Negociaciones Internacionales escrito por el Dr. Enrique Buero. Bruselas. 1932. 22887 Imp. Des Anc. Etabl. Aug. Puvrez. S.A. Bruxelles.

Mala sangre de campeones

Este reportaje publicado el 9 de agosto en el diario La Ruta de Tucumán, recoge las declaraciones de Alberto Chividini, jugador de Argentina en 1928 y 1930, campeón de América en 1929. Es claro y terminante. En idéntico sentido se expresaron -y obran en mi poder- los enviados especiales de todos los diarios argentinos, menos uno. Crítica fue el que armó y planificó desde dos antes del partido final una estrategia para crear descontento en el pueblo argentino, de modo de aumentar el malestar social existente con el presidente Hipólito Yrigoyen. Crítica quería derrocarlo. El golpe de Estado de Uriburo se produjo el 6 de setiembre de 1930.

Montevideo 1.º de junio de 2018. Mi nombre aparece en la película estrenada en la noche de ayer -31 de mayo de 2018-, como autor de la “idea original” y la “investigación” del tema tratado: los triunfos de Uruguay en los mundiales de fútbol de 1924, 1928 y 1930. He solicitado a la productora Coral Cine se eliminen esas inscripciones en la presentación y afiches promocionales, así como también mis apariciones con la voz y la leyenda que en algunos casos la identifica y en otros no, bajo la advertencia de adoptar otras medidas en caso de que no se proceda a cumplir el pedido. Lo motivos de esa decisión son los siguientes:

En ningún momento se sometió a mi análisis el guión final de la película que debió corresponderse con la “investigación” que desde hace más de 43 años venimos desarrollando en un equipo en el que participaron Diego Lucero, Eduardo Gutiérrez Cortinas, Sergio Gorzy, Pablo Veroli y el investigador franco-uruguayo Pierre Arrighi radicado en Francia.

No se me convocó para observar el producto final terminado antes que se procediera a su exhibición pública, a los efectos que de la observación previa del filme –en mi calidad de autor de la idea original y la investigación histórica-, pudiera advertir e intentar corregir: A) las múltiples y gruesas equivocaciones que contiene en colocación de imágenes e informaciones de la grave dimensión de comunicar que la primera final de Ámsterdam en 1928 entre Uruguay y Argentina terminó 0 a 0, y errar en la adjudicación de los goles en la segunda y no colocar la famosa fotografía del gol del “tuya Héctor”; B) la tergiversación de varios hechos claves desarrollados en esa década; C) la omisión total y absoluta de la participación decisiva del Club Nacional de Football en los episodios de 1924 y 1930; y D) lo que es aún peor, el daño tremendo que se provoca a nuestro fútbol de la manera en que Coral Cine resolvió presentar en forma trastocada y tendenciosa la final del campeonato del mundo de 1930.

El filme se incluye dentro del rubro de documentales, o sea “perteneciente o relativo a los documentos; que se funda en documentos reales y dicho de una película cinematográfica o de un programa televisivo que representa, con carácter informativo o didáctico, hechos, escenas, experimentos, etc., tomados de la realidad” (http://dle.rae.es/?id=E40ePzT). Esta premisa de oro no se respetó.

Se engaña al público “haciendo” hablar a Héctor Scarone, Pedro Petrone y Francisco Varallo a través del recurso de inventar su voz por medio del doblaje. No existen disponibles registros grabados de los dos primeros. En cambio de Varallo, el archivo de Tenfield-VTV posee una larga y jugosa entrevista realizada en su casa de La Plata por Enzo Francescoli a la cuál Coral Cine pudo acceder sin problemas. Mienten en varios pasajes del ¿documental? Instalan a Héctor Scarone con la imagen de pobre diablo, mal hablado, que terminó su vida como la empezó: de cartero. Scarone, reconocido como el mejor jugador del mundo de su época, vivió siempre del buen dinero del fútbol y se transformó en director técnico famoso siendo asesor de la selección de Suecia en el mundial de 1950 y entre una larga lista de clubes donde trabajó en Uruguay, Colombia y Ecuador, dirigió al Real Madrid durante dos campeonatos de España. La lista de errores de este y otros tipos resultaría de muy larga enumeración.

La falta de rigor histórico afecta al Club Nacional de Football y atenta contra el mayor mérito de la gesta concretada en 1924. En el mundial de Colombes compitió medio Uruguay liderado por Nacional en la Asociación Uruguaya de Fútbol. La otra mitad, conducida por Peñarol, se encontraba fuera de la organización oficial del fútbol reconocida por FIFA. Por ese motivo grandes jugadores del club aurinegro no pudieron ser tenidos en cuenta, quedando sólo las estrellas de Nacional como base, acompañadas por emergentes jugadores de otros clubes.

El desconocimiento de la figura y la tarea realizada por el Dr. Enrique Buero desde 1923 hasta 1928, cuando es electo como el primer vicepresidente no europeo de la historia, no puedo dejar de señalarlo como otra grave omisión.

Se agravia al Club Nacional de Football al marginar totalmente a la institución del campeonato mundial de 1930 cuando fueron sus dirigentes, José Usera Bermúdez y Roberto Espil quienes presentaron en abril de 1929 el proyecto de organizar el torneo referido. Aprobado por la comisión directiva pasó a la Asociación y se le remitió al vicepresidente de la FIFA, el uruguayo Enrique Buero, para que lo defendiera en el inminente congreso de Barcelona en mayo. Hace dos meses, en una de las pocas ocasiones en que asistí a Coral Cine convocado para grabar algunos textos, mano a mano con Sebastián Bednarik  le comenté este episodio. Le señalé que tenía en mi poder el acta manuscrita de Nacional y el proyecto mecanografiado de Bermúdez y Espil, agregándole que ambos documentos impactarían en la pantalla. Le señalé que era imprescindible que esto apareciera para que se eternizara la justicia con la dirigencia de Nacional, institución que ideó el mundial de 1930 para conmemorar el centenario de la Jura de la Constitución y que luego, sí, apoyó decididamente el gobierno del Dr. Campisteguy. El señor Bednarik me respondió que sí, que lo iba a tener en cuenta. Lo olvidó olímpicamente en otro de los graves errores de rigor histórico cometido en el filme.

Se establecen de exprofeso omisiones graves concretadas y amparadas por la nociva regla cada vez más vigente en nuestra sociedad de igualar hacia abajo, de pasar el rasero para que sólo quede la meseta de la mediocridad. No existe en la película mención alguna sobre el Gran Parque Central y la cancha de los Pocitos, donde se inició la fiesta futbolística de 1930. El Arq. Juan Scasso autor de esa monumental obra de total y absoluta vigencia quedó archivado en el cofre del secreto junto con el Prof. Alberto Suppici responsable de la preparación atlética del seleccionado.

¿Cómo es posible que una película relacionada con la década más gloriosa de la historia del fútbol uruguayo no mencione al Club Nacional de Football y al Club Atlético Peñarol? ¿Cómo puede desconocerse a Bella Vista, institución a la que pertenecía el capitán Nasazzi durante toda esa etapa? Y lo otros clubes que aportaron las estrellas: Liverpool FC, Montevideo Wanderers FC, Rampla Jrs., CA Lito, Belgrano FC, Universal FC, Charley FC, Capurro FC, Solferino FC, Racing CM y Olimpia FC. No se tuvo la delicadeza o el cumplido como tributo a estas instituciones, de incluirlas en los créditos finales al costado del nombre de cada futbolista.

Lo más grave y doloroso llega cuando se presenta la final del campeonato mundial de 1930 montada sobre un escenario de violencia y agresiones de todo tipo propinadas por el pueblo uruguayo antes, durante y después del partido contra los argentinos; el árbitro belga, y por los jugadores celestes en la cancha del Estadio Centenario.

El juez John Langenus escribió en 1943 un libro (Silbando por el mundo). Al comentar su actuación en la final señaló: “Se dispuso un servicio de orden ejemplar. Fuera del estadio, el ejército canalizaba la circulación agitando bayonetas. Adentro, la policía se encargaba de la vigilancia. Y en las puertas de entrada, el público debía someterse a un exhaustivo cacheo ejecutado por los soldados. Al final, todas esas medidas parecieron totalmente inútiles ya que todo transcurrió del modo más deportivo. Cuando se produjo el segundo gol argentino, los uruguayos reclamaron fuera de juego. Siempre lo mismo: el momento del pase la recepción de la pelota. Mi juez de línea, Christophe, estaba convencido, como yo, que el gol cuestionado había sido legal. Y de no haber sido fair-play el público, un gol convertido en esas circunstancias habría desencadenado cantidad de incidentes. Pero no pasó nada. Después del partido se dijo que los argentinos no habían podido jugar tranquilos bajo la protección de los fusiles Maúser. Eran bobadas evidentemente. Se dijo también que la policía me había tenido que proteger. Eran bobadas también. Los dirigentes de Argentina habían prometido la victoria pero no habían cumplido. Se daban cuenta que el resultado era justo pero no querían asumirlo. No eran ellos los culpables. La culpa de la derrota la tenían otros. La policía era culpable, los soldados eran culpables, el público era culpable y, finalmente, como siempre, el árbitro era culpable”.

Al colocar equivocadamente a los uruguayos como agresores y violentos fuera y dentro de la cancha, ganando 4 a 2 a los argentinos de “pesado”, Coral Cine agrede con mentiras a la historia brindando a los investigadores europeos enemigos del Uruguay, pasto a las fieras sobre la leyenda negra que ellos construyeron para denostarnos, apoyándose en la tendenciosa y planificada campaña que en la Argentina realizó solamente el diario Crítica, iniciándola dos días antes de la final. Obran en mi poder los ejemplares de esa publicación cuyo dueño era, increíblemente, un uruguayo. Se llamó Natalio Botana y, detrás de la mentira armada, existían fines golpistas alentando a los militares argentinos contra el gobierno democrático.

Dos días antes de la final Crítica escribió: “La bandera argentina no puede flamear el miércoles en la torre de los homenajes del gran estadio. Tienen que ganar los uruguayos de cualquier manera”. Era el caldo de cultivo para la derrota que deseaba Botana y los militares argentinos que preparaban el primer golpe de Estado exitoso de ese país contra el legítimo presidente Hipólito Yrigoyen. Después de la derrota Crítica estaba en su salsa. “El referee parcial y el juego brutal del adversario decretaron nuestra derrota”, tituló. En la siguiente edición lanzó la idea de que: “¡No hay que jugar más con los uruguayos!”  Botana se jactó en su diario afirmando que “conforme lo reclamó Crítica –que fue el único diario argentino que demostró la necesidad imperiosa de romper las relaciones del football con el Uruguay, esta medida va a ser tomada de un momento a otro. Puede anticiparse que la ruptura anhelada será cuestión de horas”. Es misma noche, el 2 de agosto de 1930, la Asociación Argentina Amateur de Footbal adoptó la resolución de romper relaciones con la uruguaya.

Recorriendo las páginas de los diarios argentinos (La Nación, La Razón, El Diario, El Mundo y La Calle) se leen artículos que reconocen la justicia del triunfo de Uruguay y fustigan a los dirigentes por los errores cometidos al integrar el equipo incluyendo jugadores lesionados. En ninguno de esos periódicos se mencionan hechos violentos del público, de la policía o vejámenes a la bandera argentina. El plan de Botana puesto en marcha por intermedio de Crítica dio sus frutos aprovechando –entre otras cosas- el malhumor por la derrota en Montevideo. Un mes y un puñado de días después de la final de Montevideo, el 6 de setiembre de 1930, el Gral. Uriburu derrocó al gobierno legítimo. ¿Coral Cine quiere convertirse en el Botana –también uruguayo- afiliándose a la tesis de Crítica para denostar la gloriosa y limpia victoria construida por la celeste en 1930?

Las equivocaciones, errores, omisiones y ausencia de rigor histórico mencionadas precedentemente, pudieron evitarse si efectivamente Coral Cine hubiera trabajado en equipo –como lo proclama-, convocando a cualquiera de los calificados historiadores del fútbol uruguayo que los directores desearan, para mostrarle el filme terminado. Obvio también las hubiera detectado –en caso de ser llamado- en mi calidad de autor de la idea original y la investigación.

Las palabras pronunciadas por el Secretario de Deportes, Prof. Fernando Cáceres, antes de emitirse el filme, anunciaron que el mismo sería llevado a Rusia como parte de la campaña que Uruguay –junto con Argentina y Paraguay- vienen desarrollando para obtener la sede de la Copa Mundial de la FIFA de 2030. Es de esperar que tanto el destacado profesor, como el Dr. Alfredo Etchandy gran experto en temas históricos, luego de observar la película evalúen si la misma constituye una propaganda beneficiosa para obtener el fin propuesto. En blanco y negro, de acuerdo a la falta de adecuación a la verdad histórica, el fútbol uruguayo pasó a ser en el filme, el de los maestros de 1924 que encantó a Europa y especialmente a los franceses, transformándose en violentos y agresivos malhechores para “ganar de cualquier forma”. A mi juicio exhibir la película en Europa es algo así como patear un penal en contra aceptando lo que escribieron los historiadores de ese continente en libro de los 100 años de la FIFA, pág. 108: “Otros aspecto del mundial de 1930, más bien negativos, anunciaban también el futuro: los partidos estuvieron acompañados por manifestaciones nacionalistas, con su cortejo de violencia, y sólo la intervención de la policía permitió proteger al equipo de la Argentina. La Copa del Mundo ya se vislumbraba como un espejo político, económico y social del mundo contemporáneo”.

Hasta aquí el leal juicio de mi parte, en el cual ninguna hostilidad de principio existe sino una vívida consciencia de rendir tributo a la verdad histórica de nuestro milagroso fútbol uruguayo y de nuestro decoro de raza y cultura, de aquellos orientales de un país desconocido que llegaron a Europa y que, en la exacta definición de Nilo J. Suburú “metieron al Uruguay a patadas en la geografía del mundo”.

 

Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIV – 2.ª parte)

La reproducción de La Tribuna Popular del lunes 6 de marzo de 1911 es un documento trascendente que nunca se ha publicado.  Da cuenta de la formación de un nuevo Nacional, integrado por los jugadores que abandonaron el club. Su nombre: Nacional’s Old Boys. A la semana siguiente hizo su debut venciendo a Wanderers.

El exitoso debut en el primer equipo de Nacional del  wing derecho Pedro Mazzullo, el centre forward Antonio Brienza y el polifuncional Ángel Romano, concretado el 11 de setiembre de 1910 en el partido contra Central por la Copa Uruguaya,  se ratificó siete días después con la obtención de un trofeo. Nacional venció a Wanderers 2:1 con otro gol de Romano y el de la victoria anotado por Cordero de córner, conquistando la Copa San José. El partido se disputó en la capital del departamento, en el estadio municipal, cuando faltaban que transcurrieran muchas décadas para que llevara el nombre actual de Casto Martínez Laguarda. Los dos equipos montevideanos se trasladaron hasta San José de Mayo para enfrentarse con el trofeo en juego.

A medida que transcurrieron los cuatro últimos partidos de la temporada de 1910 se fue gestando una división en el plantel de jugadores. Aquellos  que pertenecían a la clase alta junto con otros que procedían de las familias patricias, expresaron la incomodidad que significaba para el club, que  perdiera su característica tradicional con el ingreso de elementos de condiciones sociales modestas, algunos de los cuáles se ganaban la vida trabajando como albañiles. La profundización de la grieta originó una asamblea extraordinaria que se desarrolló en el Centro Gallego donde el grupo de futbolistas de la elite, apoyados por varios dirigentes, informaron de su deseo de abandonar el club si la institución mantenía la nueva política  de apertura de sus puertas a representantes de las clases bajas. El adalid y líder de esta tesitura partió del integrante de la comisión directiva, Manuel Rovira Urioste, quién la defendió a ultranza.

Ante la situación creada en el plantel, el mejor de los cuatro jugadores promovidos al primer equipo y también el más jovencito –Ángel El Loco Romano-, no aguantó el ambiente que se generó  y… se fue a jugar al CURCC (Peñarol).

Paulatinamente la división aumentó sus dimensiones internas, hasta que en las primeras semanas de 1911 en la siempre tradicional sección de rumores y chimentos de la prensa titulada Lo que se dice”, en las páginas de La Tribuna Popular el clima de crisis que existía en el club albo trascendió al público. Se dice…

         -Qué Nacional lucha con dificultades para formar team.

         -Qué varios de los Crack que le dieron vida el año pasado, se niegan á prestarle su concurso.

         -Qué lo de las reformas en el Parque es cuento.[1]

 ¿NACIONAL SEGUIRÍA LA RUTA DE ALBION RUMBO A LA DESAPARICIÓN?

En el mes de febrero el Club Nacional de Football vivió horas de apasionada turbulencia por el choque de las dos corrientes en pugna. La polémica ocupó las páginas de la prensa publicándose cartas de asociados a favor de una y otra posición. Rescato una de ellas porque arroja luz definitiva sobre el decaimiento del Albion FC, el club uruguayo más importante -junto con el  CURCC (Peñarol)-, de fines del siglo XIX. La separación de Nacional de un grupo tan numeroso y selecto de socios, no puede causarle sino trastornos. Debe recordarse que una mala interpretación y una cosa insignificante motivó en 1902 la desmembración del Albion y como consecuencia de ella la formación de Wanderers, formado en sus comienzos en su totalidad por elementos del Albion que principió á decaer desde entonces y que sólo seis años después logro volver por sus antiguas proezas realizando la brillante temporada de 1908 que fue su último paso por los fields. Debe dejarse á un lado los personalismos. Un club de football, lo mismo que un país, precisa de todos sus elementos, precisa que todos ellos vayan guiados por un mismo fin, el de realzarlo en todo y por todo lo posible.[2]

Diversas opiniones se difundieron en la prensa sobre la crisis que vivía Nacional. Entre las voces de apoyo al movimiento reformista se destacó la de Héctor R. Gómez, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol y a esa altura de su exitosa gestión deportiva y administrativa, la figura de mayor destaque a nivel dirigente en el Río de la Plata.

Como ocurría anualmente en cada comienzo de año, de acuerdo con el estatuto la comisión directiva presidida por Eusebio Céspedes –el padre de los malogrados Carlos y Bolívar- debía fijar la asamblea en la cuál se elegían las autoridades de la institución.

Manuel Rovira Urioste se puso al frente de lo que denominó la fracción democrática”. Con el objetivo de formalizar el movimiento convocó a los veinte socios más representativos, los que se reunieron en la noche del 12 de febrero en el café Londres, en la esquina de la avenida 18 de Julio y Arenal Grande. Además del convocante, la figura más importante de los asistentes era la del Dr. Joaquín Reyes Lerena, presidente de Nacional en 1906, y los hermanos Andrés y José Landoni que integraban el primer equipo. Los dieciseis concurrentes restantes fueron los siguientes: Juan Restano, Julio Aguirre, Joaquín J. Romero, Pastor Castaing, Juan, Luis y Duilio Introini, Francisco Márquez, José y Guillermo Deya, José Alejandro Simeto, Nicolás Moratorio, Antonio Perrone, Mario Suero, Eduardo Moncaut y Eduardo Irigaray.

EL 3 DE MARZO DE 1911 SE CREO EL CLUB NACIONAL’S OLD BOYS

La grieta se profundizó definitivamente cuando un grupo de dirigentes, jugadores y asociados que pertenecían a la clase alta y al patriciado reaccionaron de forma inesperada. Con fecha del 28 de febrero de 1911 publicaron en todos los diarios de la capital el siguiente comunicado: se cita á los señores C. Asp, A. Bordabehere, O. Caserza, L. Carbone (hijo), J. C. –Campisteguy, L. A. Chabaneau, J. M. Durán, R. E. Frommel, S. Rey Espinosa, M. Espada (hijo), M. Ferreiro, C. Finocchietti, J. P. Indart, A. L. Méndez, E. Martínez, J. Pena, J. G. Pacheco, H. A. Pérez, G. Urrestarazú, P. G. Lacroix, J. Brauer (hijo), N. Bordabehere, A. Dugrós, E. Dugrós, C. Ríos, W. Friedrich, P. Reyes, E. Novoa, F. Pacheco, M. Bertolotti (hijo), F. Etchegorry Bercaitz, J. A. Ballesteros, H. L. Surraco y J. A. Garat, para la reunión que con motivo de la fundación del nuevo club, se efectuará el viernes 3 de marzo á las 9 p. m. En la calle Ituzaingó N.o 130, (Bar Chantecler). Se ruega puntual asistencia. El secretario ad-hoc.

En la nómina precedente figuran los famosos jugadores del equipo principal Luis Carbone, Juan Pena, Jorge Germán Pacheco, Carlos Ríos, Urrestarazú, José María Durán Guani, el back Frommel, W. Friedrich, Ferreiro, el ex dirigente Apeles Bordabehere y el también ex vicepresidente de Nacional, Jorge Ballestero.

Ante los hechos, con la división ya no sólo planteada sino que, también, concretada, la directiva de Nacional reaccionó en forma inmediata. Se cita á los señores socios activos del Club Nacional de Football, para una Asamblea General que tendrá lugar en el local del Centro Asturiano (ex Centro Gallego), calle Arapey n.° 243, el día viernes 3 de Marzo á las 8 y media p.m. Orden del día: Reforma de los Estatutos, Aprobación de la memoria y Balance anual. Elección de Comisión Directiva.[3]

Como consecuencia de la historia narrada, el viernes 3 de marzo de 1911 resultó un día clave en la vida de los albos. La jornada nocturna parió dos hechos trascendentes.

Anoche se efectuó la anunciada reunión de un grupo de sportmans pertenecientes al Club Nacional de Football, habiéndose tomado las siguientes resoluciones: Fundar un nuevo club sportivo que se llamará Nacionals Old Boy. Dicho club que cuenta con elementos de valía, concretará su primer team de football á realizar matchs nacionales é internacionales, disponiendo también de un considerable número de asociados, todos seleccionados. Además se nombraron barias comisiones con carácter de transitorias, que deberán llenar diferentes cometidos de importancia para el novel club. A fin de aprobar los reglamentos y nombrar Comisión Directiva, se efectuará una nueva reunión el viernes próximo en el mismo local. El nuevo club hizo su presentación oficial con éxito el domingo 19 de marzo de 1911, enfrentando al fuerte equipo de Montevideo Wanderers al que venció en su cancha de Belvedere.

EL 3 DE MARZO DE 1911 DELGADO ELECTO PRESIDENTE DE NACIONAL

En la asamblea extraordinaria se presentó la memoria y balance de la gestión conducida por Eusebio Céspedes donde se destacó la ejemplar administración por parte de la comisión directiva anterior, impulsando los intereses de la predicha asociación por los buenos carriles, dá una prueba bien elocuente de la injusticia que importa el conflicto en que se ha visto envuelta aquella con una parte de sus asociados. Más aún: en el renglón financiero corresponde anotar más de un éxito a favor de la nueva comisión. Propagando constante con eficaz resultado, en pro del aumento de socios y lo que es más significativo y aplaudible, una fiscalización severa en lo que se refiere á la administración de los dineros del club, cuya saludable gestión ha permitido un sobrante considerable.[4]

Posteriormente se aprobó la reforma de estatutos, designándose luego la comisión de escrutinio que llevaría a cabo la elección de autoridades. La lista triunfante, que representaba a la fracción netamente democrática del club, llevaba como lema el de los gloriosos campeones nacionalófilos Bolívar y Carlos Céspedes’. [El lunes 6 de marzo de 1911 al sumir la nueva comisión directiva] el señor Juan Daquó manifiesta el deseo de que antes de entrar de lleno en la misión que le está encomendada trate de unir o conciliar los dos bandos en que se encuentra dividido el club.[5]

La nueva comisión directiva surgida en los comicios quedó integrada con Eugenio Céspedes (presidente honorario). José María Delgado (presidente), Juan Daquó (vicepresidente), Joaquín Reyes Lerena (secretario). Hilario Garayalde (prosecretario), José A. Simeto (tesorero). Valentín Sámano (protesorero). Manuel Rovira Urioste, Ricardo Brusoni, Eduardo Moncaut y Nicolás de Rosa (Vocales). La comisión fiscal la integraron José López, Pedro Halty y Rodolfo Bermúdez.

Quedaron impuestos como suplentes para cada cargo, los siguientes: Santiago Puchet (presidente), Rodolfo Bermúdez (vicepresidente), Julián González Suero (secretario). Francisco Márquez (prosecretario), Juan Restano (tesorero). Alberto Lúgaro (protesorero). Luis Introini, Enrique Queirós, Alejandro Argul, Nemesio J. Bazzano (Vocales). Fueron electos suplentes de la comisión fiscal Felipe Díaz, Mario Suero y Miguel Irigaray.

[1] FOOTBALL. La Tribuna Popular. 24/01/1911.

[2] Football. La formación de un nuevo club. La Tribuna Popular. Montevideo, 06/03/1911.

[3] Mundo Sportivo. La Tribuna Popular. Montevideo, 02/03/1911.

[4] FOOTBALL. El Parque Central. La Tribuna Popular. Montevideo, 22/03/1911.

[5] LIBRO DE ORO. Club Nacional de Football. Montevideo. Tomo I, 1953.

Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIII – 1.ª parte)

La fotografía tomada durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez en 1911, es un documento. Aparece arriba, de pie, desde la izquierda Feliciano Viera, (?), Pedro Manini Ríos, Mateo Margariños Solsona, Antonio M. Rodríguez, el coronel Laborde, José Serrato, (?), Domingo Arena y (?). Abajo, en el mismo sentido: Claudio Williman, Diego Pons y Don Pepe. A excepción del muchachito ubicado segundo  de pié y que no está identificado, el más joven de todos los que están en la imagen es Manini Ríos. Desde 1896 era una de las nuevas figuras políticas destacadas por el líder del Batllismo con su amistad por las condiciones personales e intelectuales que lo adornaban. Editorialista de El Día, luego director del matutino de Batlle y Ordoñez, al captarse la fotografía ya había ocupado diversos cargos, entre ellos el de diputados y era aspirante a la presidencia de la República. Resultó el hombre clave en la fundación de Nacional y sus primeros años. Y en el plano futbolístico ya había sido impuesto con la alta distinción de haber sido designado el primer presidente honorario de Nacional. ¿Por qué motivos?

Próximos al final de esta serie de notas sobre el suicidio de Abdón Porte, entiendo que resulta imprescindible para comprender la exhaustiva investigación realizada, así como el contenido de conclusión finales que seguirá a continuación de esta crónica y una segunda que aparecerá luego, recorrer sucintamente la historia del Club Nacional de Football. Abarcaré el período comprendido entre  el momento de su nacimiento hasta el momento en que la asamblea de socios votó unánimemente al Dr. José María Delgado para ocupar la presidencia de la institución. Esta trascendente decisión –tal vez la más importantes en la vida de Nacional- se produjo el viernes 3 de marzo de 1911. Vayamos al comienzo de la vida del club de los albos.

¿POR QUÉ HOY NACIONAL DESCONOCE A PEDRO MANINI RÍOS?

Aunque sin la existencia de un acta formal que la torne incuestionable, la reunión que concluyó con la fundación de la institución se llevó a cabo en la casa del jovencito Ernesto Caprario, en la calle Soriano n.° 99 (actual 922) el 14 de mayo de 1899, entre un grupo de estudiantes universitarios de entre 15 y 19 años que reunían la condición de jugar al fútbol en el Montevideo FC –club que llevaba el nombre del café donde se reunían-, y Uruguay Athletic Club de la Unión. La historia oficial de la nueva institución comenzó a escribirse varias décadas después de producido el episodio, por una razón lógica. Ninguno de los fundadores se imaginaban el futuro que el destino tenía reservado para el sueño que ellos ponían en marcha. Por este motivo, al volcar sobre el papel los recuerdos de las décadas pasadas, se resaltaron las figuras del dueño de casa (Ernesto Capario), así como también las de Sebastián Puppo, Domingo Prat -estudiante de medicina- que contaba con 16 años (nacido el 27 de setiembre de 1882), y otro estudiante de medicina en la rama de la pediatría, Atilio Narancio de 15 años (nació el 3 de julio de 1883) . Surge aquí la primera constatación de la verdad histórica. Éstos dos últimos asistentes a la reunión, pertenecían al núcleo de los muy jovencitos quienes por la diferencia de edad con los mayores, poco podían influir en las decisiones y los planteos. En la reunión que surgió por impulso principal de los integrantes del Montevideo FC, resultó fundamental la participación de quién a ese altura de su vida ostentaba el título de abogado y editorialista en la página política de El Día. Me refiero a Pedro Manini Ríos de 18 años (nacido el 2 de setiembre de 1879) quién -por otra parte- gozaba de la distinción de José Batlle y Ordóñez como consecuencia de las condiciones intelectuales que lo adornaban, destacándolo entre los de su generación. Este aspecto llevó a Manini Ríos a pertenecer al selecto grupo de dirigentes cercanos a Don Pepe.

A raíz de este prestigio adquirido, Manini Ríos influirá para que el cerrado núcleo británico y empresarial que puso en marcha The Uruguay Association Football League en 1900, acepte al año siguiente la integración de Nacional a la organización oficial del fútbol uruguayo, postergando de esta forma el mismo deseo de otras instituciones con mayor antigüedad que Nacional y más sólido prestigio deportivo adquirido. No se detendrán aquí las gestiones  de Manini Ríos quién no tenía aspiraciones de destacarse en la vida del Club Nacional de Football, ya que en su mente visualizaba el mayor destino superior que se puede soñar en un país. El de conducirlo desde la presidencia de la República. Sin embargo, como fundador e impulsor del desarrollo de Nacional, Manini Ríos no dudó en desplegar acciones en apoyo del club mientras avanzaba en su carrera política y periodística en los más altos niveles gubernamentales.

El 28 de agosto de 1904 Nacional jugaba contra el C.U.R.Cricket Club la final del Campeonato Uruguayo de 1903, que no se había podido jugar ese año [por causa de la guerra civil que vivía el país por el levantamiento en armas del Partido Nacional liderado por Aparicio Saravia]. Se descontaba el triunfo del CURCC, pues Nacional tenía que presentarse por ausencia forzada de sus jugadores, a causa de la guerra civil, con elementos de segunda categoría. Los hermanos [Amílcar, Carlos y Bolívar] Céspedes y Gaudencio Pini [jugaban en Belgrano FC de Buenos Aires donde pasaron a residir, junto a su padre Eusebio, por su adhesión al Partido Nacional y para escapar de la leva del gobierno para formar las filas del ejército de línea] y Gonzalo Rincón en campaña [formando en las huestes de Aparicio]. Y ante la sorpresa general aparecieron los hermanos Céspedes y Pigni, créditos en aquel entonces del cuadro albo, que secretamente habían llegado de Buenos Aires.[1] ¿Cómo fue posible que las cuatro estrellas futbolísticas de Nacional que logró el triunfo por 3:2 consagrándose por primera vez en la historia campeón uruguayo, retornaran especialmente para disputar la final sin ser detenidos en la aduana por su calidad de desertores?

No llegaron secretamente como lo indica la crónica oficial del club. El Dr. Pedro Manini Ríos –al año siguiente con 25 años asumirá una banca de diputado por el Batllismo-, obtuvo la autorización del presidente de la República, José Batlle y Ordóñez, quien otorgó el salvoconducto autorizando el retorno de los cuatro jugadores militantes del Partido Blanco.

Por este y los anteriores servicios prestados en la fundación de Nacional, la directiva del club distinguió al joven Pedro Manini Ríos, designándolo primer presidente honorarios de la institución.

NACIONAL EN CRISIS: 5 AÑOS SIN GANAR UN TÍTULO

La conquista del título de 1903 -disputado en las postrimerías de 1904- colocó a Nacional en pie de igualdad con el CURCC (Peñarol), con una pequeña gran ventaja obtenida en el campo internacional. El resonante triunfo del 13 de setiembre de 1903, cuando el equipo albo en su totalidad asumió la conducción de seleccionado uruguayo, venciendo 3:2 por primera vez en la historia a los argentinos en Buenos Aires. Nacía de este modo la rivalidad que convertiría al enfrentamiento entre el CURCC (Peñarol) y Nacional en el clásico del fútbol uruguayo del siglo nuevo, sustituyendo al anterior que protagonizaban el CURCC (Peñarol) ante Albion.

Otros hechos se agregaron para potenciar esta rivalidad. El CURCC (Peñarol) eran los de “afuera”, los del interior, los que llegaban a la capital en ferrocarril para jugar sus partidos, los gringos de los ferrocarriles mezclados con algunos criollos obreros, los del club de una empresa privada. Enfrentaban a los universitarios, los de las familias de la clase alta, los de la capital del país, los del equipo integrado en su totalidad por criollos. Todo apuntaba para que esa rivalidad se estableciera y continuara.

Sin embargo, el destino jugó sus fichas en el paño de la existencia. En 1905 una epidemia de viruela que afectó a los habitantes de Montevideo se llevó la vida de los dos mejores jugadores de ataque de Nacional y el fútbol uruguayo. Bolívar (21 años) y Carlos (20) fallecieron el 9 y 30 de junio de este año. Aunque sin ellos Nacional obtiene el primer título de campeón de su historia en el campo internacional –ganó la 1.a edición de la Copa de Honor Cusenier, el vencer en la final 3:2 a Alumni en la cancha del Paso Molino el 10 de setiembre-, la pérdida de estos dos grandes valores afectó el poderío deportivo del club en esta etapa embrionaria del fútbol uruguayo. Corrían años donde con la excepción del CURCC (Peñarol), Nacional competía con varias instituciones por el éxito en un total pie de igualdad futbolística procurando que las conquistas derivaran en la obtención de apoyo popular. El club aurinegro del ferrocarril desde su comienzo contó con esta condición favorable de que un núcleo importante de parciales los rodeara por una razón muy simple. La institución se fundó en la Villa Peñarol, en las afueras de Montevideo –era en ese tiempo un club del interior-, donde la compañía británica que usufructuaba la explotación de los trenes instaló sus talleres y oficinas. Allí vivían 3.000 personas cuya existencia dependía de ésta actividad. Potencialmente el único club que funcionaba en la villa contó con la adhesión popular de los habitantes de todo el poblado.

En cambio en Montevideo el fútbol asistía a la pérdida de poder deportivo y de adeptos del Albion, y el surgimiento de Nacional, Montevideo Wanderers y River Plate FC de la aduana, luchando palmo a palmo por el éxito que redundara en apoyo popular. Los triunfos en la Copa Uruguaya del CURCC (1905-1907), Montevideo Wanderers (1906-1909) y de River Plate (1908-1910) desplazaron a Nacional que veía afectado su acceso a la popularidad por la propia condición del grupo de fundadores y quienes luego se sumaron a la causa, todos ellos pertenecientes al círculo universitario y, por ende –especialmente en aquel tiempo-, vinculados socialmente a la aristocracia. El mantenimiento de esta característica de coto cerrado, de círculo, iba en detrimento del poderío deportivo debido a que con la masificación del fútbol en Montevideo, los mejores jugadores comenzaron a surgir en los barrios aledaños y periféricos a Montevideo. Es necesario señalar, también, que comenzó a aparecer el profesionalismo encubierto en diversas formas -empleos, retribuciones por partido, etc.- para lograr captar a las mejores figuras del ambiente.

La consecuencia de esta pauperización futbolística en la que ingresó Nacional a partir de 1905, se materializó en las canchas a través de la ausencia de resonantes victorias locales que quedaron en manos de sus adversarios y, también, en el siempre difícil campo internacional donde Montevideo Wanderers en 1908 y CURCC (Peñarol) en 1909 obtuvieron el trofeo.

AL FINAL DEL AÑO 1910 DEBUTAN VARIOS JUGADORES EN NACIONAL

El referido andar tambaleante de Nacional hizo crisis en la Copa Uruguaya de 1910 cuya definición se convirtió en un mano a mano entre el CIURCC (Peñarol) y River Plate FC. Faltando tres partidos y cuando las posibilidades de terciar en esa lucha disminuyeron, la directiva presidida por Eusebio Céspedes aceptó como manotazo de ahogado la propuesta –desechada en anteriores ocasiones- del vocal Manuel Rovira Urioste, para que ingresaran al equipo titular el  wing derecho Pedro Mazzullo, el centre forward Antonio Brienza y Ángel Romano. Éste último tenía 17 o 18 años –según la biografía que se escoja para su estudio-, se desenvolvía con gran capacidad en todos los puestos del ataque. Ese, su debut en primera división ante Central, resultó espectacular. Victoria por 4:1 con tres goles de Romano quién volvió a convertir en el último partido del certamen ante el CURCC (Peñarol) en el empate en tres goles. Esa igualdad en el clásico disputado en la cancha de la villa, le cedió el título de campeón uruguayo a River Plate FC.

En el segundo partido ante Wanderers, que también finalizó en victoria, retornó al primer equipo otros jugador que había actuado al comienzo de la temporada, radiado luego de la formación titular: el back Juan Munichelli.

El 6 de noviembre finalizó la actividad futbolística de Nacional correspondiente a 1910 perdiendo 3:2 frente a Wanderers, convirtiendo Romano otro tanto. Este joven futbolista vivía en el barrio donde está el Parque Central y había aparecido en un campeonato armado por una de las tantas ligas independientes que existían entonces, disputado en la cancha del Ballor FC afiliado a la Liga Uruguaya, en la parte trasera del actual Hospital Militar. El hombre del club era el de un vermouth. Lo bancaba como acción publicitaria. El color de la camiseta era rosado. Allí lo vieron y Romano comenzó en 1908 jugando como centro delantero. Era casi un chiquilín.

Nacional incorpora a Romano a comienzos de 1910 para jugar en lo que llamaban el III Team, especie de divisiones formativas de la actualidad.

Le decían El Loco y le quedó para siempre, como una denominación cariñosa a sus extravagancias con la pelota de fútbol. Nadie hacía lo que él con la número 5. Las gambetas más complicadas, las piruetas más risueñas, la pisada, la amasada, el taquito, el mondonguillo y lo de hacerla dormir sobre el empeine de la alpargata y lo de pararla y dejarla seca abajo del pie cuando venía de alto… todo eso, a manera de un número de circo, lo hacía Angelito Romano para asombro de los que lo rodeaban.[2]

 

[1] LIBRO DE ORO. CLUB NACIONAL DE FOOTBAL. Tomo I. 1953:26.

[2] Diego Lucero. ESTRELLAS DEPORTIVAS, fascículo n.° 83, El Diario, Montevideo. “Ángel Romano el rey de la pirueta”, 18/04/1979:5.


Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIV – 2.ª parte)

 

Horacio Quiroga escribió el cuento de Porte a pedido del presidente de Nacional (Nota XII)

Horacio Quiroga nació en Salto el 31 de diciembre de 1878. Cinco años mayor que el Dr. José María Delgado, cultivó con quién a los 26 años asumirá como presidente de Nacional, una gran amistad, al igual que con Asdrúbal, su hermano mayor. Testimonio de esta afirmación es un libro publicado con la amplia correspondencia del cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Quiroga se suicidó en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires el 9 de febrero de 1937. Bebió un vaso de cianuro al enterarse que padecía cáncer de próstata. Tenía 58 años.

La pista que me permitió ir juntando las piezas que componen la respuesta a la afirmación rotunda formulada en el título de esta nota, la encontré releyendo un libro que se encontraba en el acervo de mi biblioteca desde algo más de un cuarto de siglo. Escrito por Pablo Rocca en 1990, Literatura y fútbol en el Uruguay (1899 / 1990) La polémica, el encuentro, de editorial Arca, se convirtió en una obra imprescindible por varios motivos. Comencemos por  transcribir lo que se lee en las páginas 20 y 21 del texto:

El 16 de mayo de 1918 la revista porteña Atlántida publicó, a una página y con un dibujo de Málaga Grenet en el centro, un breve relato de Horacio Quiroga titulado Juan Polti, half-back. La historia trata de un jugador del Nacional de Montevideo, proveniente de un ignorado club de quinta categoría y del pueblo. […] Del apogeo deportivo a la decadencia física, desde el éxito a su retiro del plantel y de ahí al suicidio. A Quiroga lo seduce –como siempre- el destino trágico del personaje, no le importa la plasticidad del juego ni se detiene en las condiciones del futbolista, éstas son apenas un marco para el frustrado sueño del pibe y su final, con la grotesca morisqueta que corona la carta despedida. El cuento, por su brevedad, por la economía de recursos empleados, se lee como casi todos los relatos de la primera época quirogiana, textos confeccionados a medida de una página, como los que exigía Luis Pardo en Caras y Caretas. Sin embargo la historia abarca demasiados hechos, pasa y saltea datos de singular riqueza en el personaje y en su entorno, urgido por el desenlace fatal. No es de sus mejores creaciones, pero contiene todos los rasgos que lo diferencian y lo distinguen entre los escritores del 900.

El caso elegido, sin embargo, no fue imaginado exclusivamente por el autor. Se trata de la reelaboración de un material que la realidad le proporcionó, un suceso ocurrido en Montevideo en la mañana del 5 de marzo de 1918. Ese día el cuerpo de Abdón Porte –y no Juan Polti, alteración nominativa obvia por la cercanía del acontecimiento- fue hallado por el encargado del Parque Central tendido en el medio del campo, con un tiro en la cabeza y una carta en la mano. El mensaje estaba remitido al presidente del Club Nacional, institución donde Porte había actuado hasta apenas unos días atrás cuando había sido apartado por su bajo rendimiento.

Tal presidente era un salteño, amigo de Quiroga desde la juventud, contertulio en el Consistorio del Gay Saber, corresponsal activo, primer biógrafo –junto con Alberto J. Brignole- en 1939: el Dr. José María Delgado, quien –como veremos- algo hará con el nexo literatura-fútbol. En la correspondencia que mantuvieron no queda ninguna cita de la anécdota, aunque hay una carta de agosto 22, donde algo podrían haber comentado[1]. Indudablemente fue Delgado quien le pasó la historia y, tal vez, la nota del suicida. Quiroga era poco propenso a confesiones sobre sus cuentos, además no tomó a Juan Polti, half-back en ninguna de las colecciones de relatos que de ahí en adelante compiló.

 EL CUENTO DE QUIROGA: JUAN POLTI, HALF BACK

La precedente no es la única mención que el autor del libro citado -Pablo Rocca- realiza asegurando que el dramático escritor salteño, Horacio Quiroga, recibió una carta del Dr. Delgado con noticias de lo ocurrido en Montevideo. En la página 37 informa Rocca de la aparición en noviembre de 1918 de la revista ¡Nacional! Dirigida por Rodolfo E. Bermúdez. Y agrega: “Allí ODAGLED escribió muchos poemas nacionalófilos, evidente seudónimo de José María Delgado, el mismo que le había proporcionado la epístola de Abdón Porte a su amigo Horacio Quiroga.

Entiendo del caso como elemento que sustenta la conclusión a la que arribaré, la transcripción del cuento Juan Polti, half-back que Quiroga consideró menor adoptando la decisión de que el mismo no figura en ninguna de las colecciones de relatos que de ahí en adelante compiló. He aquí el referido cuento.

Cuando un muchacho llega, por a o b, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremisiblemente. Es un paraíso demasiado artificial para su joven corazón. A veces pierde algo más, que después se encuentra en la lista de defunciones.
Tal es el caso de Juan Polti, half-back de Nacional. Como entrenamiento en el juego, el muchacho lo tenía a conciencia. Tenía, además, una cabeza muy dura, y ponía el cuerpo rígido como un taco al saltar; por lo cual jugaba al billar con la pelota, lanzándola de corrida hasta el mismo gol.
Polti tenía veinte años, y había pisado la cancha a los quince, en un ignorado Club de quinta categoría. Pero alguien de Nacional lo vio cabeceador, comunicándolo en seguida a su gente. Nacional lo contrató, y Polti fue feliz.
Al muchacho le sobraba, naturalmente, fuego, y este brusco salto en la senda de la gloria lo hizo girar sobre sí mismo como un torbellino. Llegar desde una portería de juzgado a un ministerio, es cosa que razonablemente, puede marear; pero dormirse forward de un Club desconocido y despertar de half-back de Nacional, toca en lo delirante. Polti deliraba, pateaba, y aprendía frases de efecto:

-Yo, señor presidente, quiero honrar el baldón que me han confiado…
El quería decir blasón, pero lo mismo daba, dado que el muchacho valía en la cancha lo que una o dos docenas de profesores en sus respectivas cátedras.
Sabía apenas escribir, y se le consiguió un empleo de archivista con cincuenta pesos oro. Dragoneaba furtivamente con mayor o menor lujo de palabras rebuscadas, y adquirió una novia en forma, con madre, hermanas y una casa que él visitaba.

La gloria lo circundaba como un halo. “El día que no me encuentre más en forma”, decía, “me pego un tiro”.

Una cabeza que piensa poco, y se usa, en cambio, como suela de taco de billar para recibir y contralanzar una pelota de football que llega como una bala, puede convertirse en un caracol sonante, donde el tronar de los aplausos repercute más de lo debido. Hay pequeñas roturas, pequeñas congestiones, y el resto. El half-back cabeceaba toda una tarde de internacional. Sus cabezazos eran tan eficaces como las patadas del team entero. Tenía tres pies: esta era su ventaja.

Pues bien: un día, Polti comenzó a decaer. Nada muy sensible; pero la pelota partía demasiado hacia la derecha o demasiado hacia la izquierda; o demasiado alto, o tomaba demasiado efecto. Cosas estas que no engañaban a nadie sobre la decadencia del gran half-back. Sólo él se engañaba, y no era tarea amable hacérselo notar.

Corrió un año más, y la comisión se decidió al fin a reemplazarlo. Medida dura, si las hay, y que un club mastica meses enteros, porque es algo que llega al corazón de un muchacho que durante cuatro años ha sido la gloria de field.

Cómo lo supo Polti antes de serle comunicado, o cómo lo previó -lo que es más posible-, son cosas que ignoramos. Pero lo cierto es que una noche el half-back salió contento de casa de su novia, porque había logrado convencer a todos de que debía casarse el 3 del mes entrante, y no otro día.

El 3 cumplía años ella. Y se acabó.

Así fueron informados los muchachos esa misma noche en el club, por donde pasó Polti hacia medianoche. Estuvo alegre y decidor como siempre. Estuvo un cuarto de hora, y después de confrontar, reloj en mano, la hora del último tranvía a la Unión, salió.

Esto es lo que se sabe de esa noche. Pero esa madrugada fue hallado el cuerpo del half-back acostado en la cancha, con el lado izquierdo del saco un poco levantado, y la mano derecha oculta bajo el saco.
En la mano izquierda apretaba un papel, donde se leía:
Querido doctor y presidente: le recomiendo a mi vieja y a mi novia. Usted sabe, mi querido doctor, por qué hago esto. ¡Viva el club Nacional. Y más abajo estos versos:

Que siempre esté adelante

El club para nosotros anhelo

Yo doy mi sangre por todos mis compañeros,

Ahora y siempre el club gigante

¡Viva el club Nacional!

El entierro del half-back Juan Polti no tuvo, como acompañamiento de consternación, sino dos precedentes en Montevideo. Porque lo que llevaban a pulso por espacio de una legua era el cadáver de una criatura fulminada por la gloria, para resistir la cual es menester haber sufrido mucho tras su conquista. Nada, menos que la gloria, es gratuito. Y si la obtiene así, se paga fatalmente con el ridículo, o con un revólver sobre el corazón.

Todo lo rescatado en este artículo, además de la lectura del libro de Pablo Rocca y –especialmente- el final del breve cuento de Horacio Quiroga, abren la puerta al tránsito por las últimas notas de esta serie, donde revelaré una pregunta fundamental sobre el mito. ¿Cómo nació? Resultará apasionante. Como anticipo creo atinado cerrar esta nota XI con una constatación. Los versos atribuidos a Porte enviados por el Dr. Delgado a su amigo Quiroga no son los mismos que el propio presidente de Nacional entregó a La Tribuna Popular al otro día del suicidio y que, según lo indicado en los textos del diario citado, pertenecían a la carta que Porte dejó para el Dr. Delgado. Es que, entonces… ¿Porte escribió dos cartas con textos distintos y no una sola misiva al presidente de Nacional?

[1] Cartas inéditas de Horacio Quiroga, Montevideo; INIAL, 1959, tomo II. Prólogo de Mercedes Ramírez de Rossiello, ordenación y notas de Roberto Ibáñez, pp. 53-75.


Para entender la verdad oficial publicada en 1918 es necesario reconstruir la historia de Nacional (Nota XIII – 1.ª parte)

 

 

 

Suicidio de Abdón Porte: la verdad histórica destruye la verdad oficial publicada (Nota XI)

Primer plano de la firma que Abdón Porte estampó en el carné de jugador de la AUF. La caligrafía del jugador reafirma las expresiones del presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, en cuanto a su escasa cultura. El presidente de Nacional escribió sobre Porte que “sus toscas manos estaban acostumbradas sólo a la rudeza de la herramienta”. Entonces… surgen las preguntas legítimas sin respuestas. ¿Pertenecen a Porte esos versos perfectos con que cierra la carta que antes de suicidarse escribió al Dr. Delgado? Todo indica que no, afirmando esta idea el hecho de que el original de la misiva nunca apareció.

Las notas de esta serie que he destinado a profundizar en la investigación del suicidio de Abdón Porte con el único afán de intentar aproximarme a la verdad histórica, a mi juicio componen el alegado que permite establecer varias conclusiones que han sido debidamente documentadas en la decena de escritos precedentes. Las mismas derrumban los débiles argumentos de la verdad oficial publicada. Voy a rescatar cada una de ellas con la intención posterior de llegar al documento final que a mi juicio justifica el apasionamiento de quienes, aún ante la documentación concluyente, se aferran a las fábulas cerrando los ojos a la realidad.

LA “DECADENCIA” DE ABDÓN PORTE 

La respuesta a una sola pregunta, dejando de lado otras consideraciones, derriba la afirmación que recurre a ella para justificar la trágica decisión que tomó Porte. ¿Un jugador de fútbol, de cualquier época, está en decadencia a los 25 años de edad? Categóricamente la respuesta es no. Y mucho menos es no, si se tiene en cuenta que desde 1911, momento en que El Indio llegó a Nacional, no sufrió lesiones graves y se adueñó de la titularidad en el puesto de centre half, siendo considerado caudillo e ídolo por los dirigentes que decidían quienes integraban el equipo y, también, por los parciales albos. En consecuencia, todo indica que se encontraba en el cenit de su carrera futbolística.

Esta afirmación -además- queda ratificada en  la nota escrita por el presidente de Nacional, Dr. José María Delgado, al afirmar rotundamente que “no creemos que fuera cierta tal decadencia, ni había disminuido á su alrededor el halago del aplauso, ni el afecto de los partidarios”, aseverando como epílogo que [Porte] se encontraba “en plena hora meridiana”.

LA “SEVERA” LESIÓN EN UNA DE SUS RODILLAS.

Buscado este episodio con tesón para justificar el decaimiento de la actuación de Porte, el mismo pierde consistencia cuando los documentos permiten que aflore la verdad histórica.

Lesionado en el clásico frente a Peñarol el 27 de mayo de 1917 continuó disputando el partido no por un acto de coraje. Siguió en la brega disminuido físicamente, porque en aquel tiempo era común que un futbolista en su situación se mantuviera en el equipo, porque no se permitían cambios de jugadores. Quienes hoy destinan todo tipo de elogios sobre esta decisión de Porte –continuar en la cancha a pesar su lesión- desconocen esta realidad del fútbol de esa época que se extendió hasta que -reglamentariamente-, la FIFA permitiera en 1970 una variaciones en las oncenas durante el transcurso de los 90 minutos.

¿Qué podría escribirse hoy de Eliseo Álvarez que continuó jugando 47 minutos en la selección uruguaya con fractura de peroné, ante la Unión Soviética en la copa del mundo de 1962 en Chile?

Por otra parte, la “severa” lesión que experimentó Porte no parece que en la realidad  de los hechos mereciera esa calificación de grave. ¿La prueba? El futbolista superó rápidamente el problema físico al punto que faltó solo a los tres partidos siguientes. En 27 días volvió a la titularidad, la que no abandonó hasta el último partido de su vida. Efectivamente, desde su retorno al equipo -el 24 de junio de 1917 contra Wanderers- actuó en todos los compromisos de Nacional hasta el 3 de marzo de 1918, suicidándose en la madrugada del día 5. O sea que se recuperó perfectamente no quedando secuelas.

LA DECISIÓN TOMADA DE SUSTITUIR A PORTE CON ZIBECHI

Este argumento que se utiliza por los sostenedores de la fábula como complemento de la “severa” lesión que experimentó Porte el 27 de mayo de 1917, se derriba por si sólo ante la fuerza de los documentos existentes y su análisis. Un rápido repaso de los hechos comentados ampliamente en notas anteriores, lleva de la mano a una contundente conclusión.  ¿Cuál? Antes del suicidio los dirigentes que conformaban el equipo nunca pensaron en Zibechi para ocupar el lugar de centre half cuyo dueño era Porte. Y tampoco lo hicieron después del suicidio, manteniendo dudas entre dos jugadores (Zibechi y Bértola) para sustituir al ídolo y caudillo malogrado. Los siguientes hechos ratifican lo expresado. A saber:

1) Alfredo El Pelado Zibechi, tres años menor que Porte, surgió en Wanderers junto a Armando, su hermano mayor, titular en el club en la plaza de centre half. Alfredo desarrollaba un juego que le permitía actuar en varios “puestos” del equipo. Es necesario recordar que en aquel tiempo el fútbol era posicional y las funciones en el campo se desempeñaban según el manual de cada una de ellas: full back, half back, centre half, wing derecho e izquierdo, centre froward e insider izquierdo o derecho. En los bohemios Zibechi actuó en todas las posiciones, con excepción de la de full back centre half. 

2) Zibechi llegó a Nacional para la temporada de 1917. Debutó en el segundo partido amistoso del año, el 11 de marzo ante el River Plate FC, actuando como half derecho. Se mantuvo en esa posición en el partido siguiente el día 18, enfrentando a Boca Jrs. de Buenos Aires con triunfo 5:2 en Montevideo y en el tercero,  el día 25 contra Central, Zibechi actuó de centre forward.

Desde ese momento transcurrieron 15 partidos de Nacional sin la presencia de El Pelado. Entre ellos se disputaron los tres enfrentamientos contra Defensor (3 de junio), Universal (día 10) y Dublín (día 17) donde Porte no jugó por lesión y… ¡no fue suplantado por Zibechi! El ex jugador de Wanderers retornó el 8 de julio en la posición de half izquierdo en otro amistoso frente a River. Quedó al margen en los dos encuentros siguientes ante Wanderers y retornó el día 29, actuando de insider derecho contra Central. En el resto de la temporada, en el tramo decisivo de la Copa Uruguaya, la Copa Competencia y la Copa de Honor Cusenier, entre el 8 de agosto y el 23 de diciembre, Zibechi jugó otros seis partidos completando en el año 1917 la cantidad de once presencias del total de treinta y ocho cotejos que disputó Nacional en ese año. Una conclusión surge de la documentación como rotunda e indestructible: desde su llegada a Nacional, Zibechi nunca actuó como centre half. Entre otras cosas porque El Indio sólo faltó a los citados tres compromisos que utilizó para recuperarse de su lesión de escasa entidad.

¿Con estas escasas apariciones y sin que los dirigentes hayan recurrido a sus servicios para colocarlo en la posición de centre half cuando Porte estuvo ausente, como puede afirmar Dimitri Seuchuk[1] aunque quien se fe adueñando de a poco del puesto no fue otro que Alfredo Zibechi, un half-back polifuncional de gran proyección, que fue la sombra de Abdón desde su llegada al club?

Otra prueba sobre esta parte del mito se concreta después del suicidio de Porte. Se programó para el domingo siguiente -10 de marzo de 1918-, un partido entre Nacional y Wanderers en el Parque Central, con el único objetivo de recaudar fondos para la madre de Abdón Porte. Los dirigentes albos tenían que armar el equipo para ese cotejo. Surgieron entonces las dudas sobre quién ocuparía el lugar de Porte. Estas interrogantes confirmatorias de mi afirmación quedaron documentadas en la publicación de La Razón[2]. Señaló que, luego de un análisis del plantel la Comisión Directiva decidió probar a Zibechi y Bértola en la posición de centre half para luego adoptar una decisión sobre la sustitución del ausente. ¿Alguien que no esté alineado en la defensa ciega de sostener el mito sobre el suicidio de Porte, después de leer este documento publicado dos días después del trágico final de la vida de El Indio, puede continuar afirmando que los dirigentes lograron el pase de Zibechi en 1917 desde Wanderers, para sustituir a Porte?

LA CARTA QUE DEJÓ PORTE PARA EL PRESIDENTE DE NACIONAL

 Este aspecto en el que no se ha reparado debe tenerse muy en cuenta. En la anteriormente referida nota escrita por el Dr. José María Delgado, el entonces joven presidente de Nacional (tenía 32 años) definió a Porte como “de humildísimo origen” dejando constancia de que “sus toscas manos (estaban) acostumbradas sólo á la dureza de la herramienta”. Si estas afirmaciones se suman a la observación de la caligrafía de Porte, que confirman totalmente las expresiones del Dr. Delgado, cuesta mucho comprender –o más bien aceptar- que el tenor de la carta que se publicó en los diarios en aquellos trágicos días, resultara no sólo de la autoría de Porte, sino también que haya surgido de su escritura. Recordemos el final poético y en versos de la misiva: “Nacional aunque en polvo convertido / Y en polvo siempre amante / No olvidaré un instante / Lo mucho que te he querido. / Adiós para siempre. / En el Cementerio de la Teja con Bolívar y Carlitos”. Sin duda alguna resulta muy difícil juntar la correcta definición escrita por el Dr. Delgado sobre la condición humana de Porte, con la precisión y belleza del versículo transcripto.

EL ORIGINAL DE LA CARTA NUNCA APARECIÓ

Indudablemente el hecho de que el original de la carta que recibió el Dr. José María Delgado no haya sido difundido en su momento a través de su reproducción fascimilar, y tampoco en los años futuros, abren una serie de inevitables dudas sobre la misma. El Dr. Delgado en su calidad de excelente médico, poeta, ensayista y también periodista fundador de la revista Pegaso, es indudable que conocía y valoraba la fuerza de la documentación como para no conservar en su acervo –aunque no la haya exhibido en su momentos a la prensa- tan trascendente testimonio. Inclusive, hasta por el valor enormemente afectuoso de una misiva escrita momentos antes que su autor tomara la auto decisión de partir de este mundo.

El año pasado (2017) luego de comentar algunas de estas reflexiones con Sergio Gorzy en el programa “Usted que opina” de 890 radio Sport, recibí la llamada de la nieta del Dr. Delgado. Ante mis dudas sobre la carta en cuestión enfáticamente aseguró que la misma existía y que la iba a procurar para exhibirla en prueba de lo afirmado por ella. Hasta el momento de escribir estas líneas lo prometido no se ha traslado a la tela de la realidad. Por lo tanto las sombras de la duda siguen intactas.

 

[1] Abdón Porte: más allá de la leyenda. Ediciones mc, 2018:157.

[2] FOOTBALL. EL SUSTITUTO DE PORTE. La Razón, Montevideo, 07/03/1918.


Próxima nota: Horacio Quiroga escribió el cuento de  Porte a pedido del presidente de Nacional (Nota XII)

La “seria” lesión de Porte se curó en 27 días y luego no faltó a ningún partido hasta el suicidio (Nota X)

Esta es la mención que realiza La Tribuna Popular sobre la lesión de Porte que se produjo, aproximadamente ya que la nota no lo señala, a los 55 minutos de juego del partido ante Peñarol del 27 de mayo de 1918 por la Copa Albion en Belvedere. No abundan los datos sobre la misma, la que le ocasionó falta a los tres partidos siguientes de Nacional. Estuvo 27 días al margen. Muy poco tiempo, en cualquier época para curarse una “seria” lesión de rodilla, aunque no he encontrado en la prensa datos sobre que zona de sus extremidades inferiores se lastimó.

Aquellos historiadores e investigadores de la historia de nuestro fútbol que se han inclinado sobre la documentación que existe relacionada con el suicidio de Abdón Porte, priorizando la búsqueda de elementos para sostener la “verdad oficial publicada” sobre los motivos que condujeron al jugador a su trágica decisión de quitarse la vida, rescatan episodios de su trayectoria, los potencian y utilizan para sustentar el mito creado. Uno de ellos que juzgan más importante porque otorga pie para señalar el decaimiento en la producción futbolística de Porte, ocurrió en el clásico ante Peñarol, disputado el 27 de mayo de 1917 en el estadio de Belvedere por la Copa Albion.

“Los numerosos parciales de Peñarol, parece hubieran tenido ayer la intuición de la buena performance que habría de realizar el equipo de más afectos. Solo así podría explicarse que una vez más después del desastre reciente [Nacional venció 4:0 a Peñarol por la Copa Uruguaya siete días antes], volvieran a formar mayoría indiscutible los parciales auri-negros [sic], como pudo evidenciarse al producirse los dos goals [sic] de la jornada”.[1] Asistieron “más de seis millares de aficionados”, el puntapié inicial [la crónica del periódico lo denomina “el toast”] estuvo a cargo del Ministro de Inglaterra, es decir el embajador acreditado ante nuestro gobierno. La crónica agrega que Nacional jugó el primer tiempo “con doce hombres y viento en contra” [sic] a pesar de lo cual Peñarol no pudo aprovechar esa condición climática y la primera etapa terminó sin goles.

Seguidamente la crónica destaca que en el “2.o periodo: Peñarol tendría en esta etapa viento en contra”, situación que de acuerdo a la crónica parece aprovechar Nacional en los primeros minutos. Interviene dos veces el zaguero de Peñarol, Delacroix, con quites de la pelota a Héctor Scarone, jugador que seguidamente remata dos veces al arco de “Ceri” [sic] refiriéndose a Chery. Un tiro lo detuvo el golero y el otro pegó en el travesaño.

A LOS 55 MINUTOS SE PRODUJO LA LESIÓN DE PORTE

Después de estas incidencias, aparece en la crónica el subtítulo “Casi sin Porte” en el mismo cuerpo de letra de todo el texto destacado con el negro en mayor intensidad. “El centre-half nacionalófico -se lee a continuación- lesionado seriamente, comienza á decaer. Casi en un pie, Porte se mantiene no obstante en su puesto de honor pero la defensa ha sufrido el derrumbe de una de sus columnas más poderosas”. No se indica el minuto en que se produjo la lesión, así como tampoco la pierna o el pie afectado y si fue atendido fuera o dentro del campo. Sin embargo, luego del punto y aparte el periodista prosigue señalando: “Harley mientras sigue realizando milagros en campo auri-negro. A los 12 minutos Nacional reacciona y Ceri salva un buen shot de Brachi que comienza á rehabilitarse”. Esto permite estimar que la lesión del Indio con anterioridad al tiempo expresado o sea que se produjo en el entorno de los 55 minutos de juego.

El comentario refleja una chance de gol para Nacional cuando el Poeta Chery detiene un “soberbio” cabezazo de Romano en el minuto 18 y, a partir de allí se suceden jugadas peligrosas en ambas áreas lo que demuestra que la inferioridad física de Porte que continuaba en su puesto de centre half o bien no era aprovechada por Peñarol, o el Indio se las ingeniaba para mantener su rendimiento, o la lesión no será tan seria como en principio pareció.

El partido finalizó empatado sin goles lo que hizo necesaria la disputa de una prórroga de media hora divididos en dos tiempos. “Apenas había transcurrido un minuto de juego, cuando el quinteto albo, en un excelente avance, logra arrollar a la defensa adversaria. Héctor Scarone enfila un violento shot cruzado inatajable y Ceri tiene que conformarse con la primer caída del arco que defendiera tan brillantemente, no sin arriesgar una tirada soberbia. […]  Héctor Scarone pasa a la línea media para ayudar a Porte que no abandona su puesto llegando a colaborar en situaciones difíciles a pesar de su estado. Nacional domina en este cuarto de hora”.

HASTA 1970 LOS LESIONADOS SEGUÍAN JUGANDO “EN UNA PIERNA”

Luego de señalar que “la derrota de Peñarol parecía sin levante” el periodista califica como “un goal estupendo” [escrito así, con negrita] lo que describe de la forma siguiente: “Piendibene recuerda sus proezas de antaño, y su voluntad logra en un segundo, lo que nadie ha logrado en el field. Toma la boll [sic] y burla á la línea media; elude á Cambre y aparece Foglino, lejos todavía de Demarchi. Esta vez Foglino es también impotente y Piendibene sigue directamente ahora, y dos pasos más y el shot alto, cruzado, matemático, lleva la boll á anidarse en uno de los ángulos”.

El partido finalizó con el empate en un tanto luego de 120 minutos de fútbol de los cuales 65 de ellos Nacional los disputó con un hombre “en una pierna”, como se decía entonces. Cabe señalar para mayor comprensión de los lectores que -oficialmente- el International Board aprobó un cambio de jugador por equipo a partir de 1970, poniéndose en práctica a partir de la copa del mundo de México. Hasta la promulgación de esta nueva regla, un futbolista lesionado permanecía en el campo de juego, aunque más no fuera para molestar al adversario requiriendo la atención de un defensa, porque el lesionado pasaba a jugar en el ataque. El caso más célebre en el fútbol uruguayo ocurrió en el mundial de Chile en 1962. Eliseo Álvarez sufrió fractura de peroné a los 43 minutos del primer tiempo, fue retirado en camilla y volvió a la cancha participando en toda la etapa complementaria “en una pierna”.

Asimismo, en la copa del mundo de 1954 en Suiza, Obdulio Varela se desgarró luego de convertir el segundo gol ante Inglaterra a los 41′ siendo retirado del campo. Al igual que Eliseo Álvarez volvió al terreno para disputar toda la segunda etapa con una muslera en su pierna derecha, con la cual había sacado el potente remate desde fuera del área que envió la pelota a las mallas.

Por lo tanto, que el Canario Porte haya continuado en la cancha actuando lesionado resultaba normal. Además, de la crónica se desprende que se mantuvo en su posición y luego de varios minutos pasó Héctor Scarone a su lugar.

TRES PARTIDOS DE NACIONAL SIN PORTE LESIONADO

Dos días después del partido -el martes 29- el diario La Tribuna Popular bajo el título de “Todos contentos”, destaca que “Los nacionalófilos no podían mostrarse descontentos. Les restaba el supremo consuelo de que Porte, enfermo, no había podido sino conquistar título de estoico; la ausencia de Olivieri y Pesquera y… la defección de Romano. “Si con todo esto Peñarol no nos ha ganado, ya no nos vencerá jamás…” Esa era la deducción no muy exagerada ni ilógica de los albos”.

En las ediciones siguientes no se encuentran referencias a la lesión de Porte. Es importante dejar constancia que en el periódico referido en ningún lugar se detalla la zona donde experimentó la lesión y en qué pierna fue la misma. Se apunta en la crónica del partido, tan sólo que el jugador fue “lesionado seriamente” y que quedó “casi en un pie”.

En aquel tiempo diarios brindaban espacios limitados a la información deportiva, sin puntos de contacto con lo que años más tarde ocurriría con las páginas enteras destinadas a ella. En el caso que nos ocupa, el viernes 1.° de junio se brinda la integración del equipo de Nacional que enfrentaría a Defensor. La misma incluye dos cambios. Los ingresos de Urdinarán por J. Cambre y de Antonio Di Bello por Abdón Porte. El partido correspondiente a la Copa Uruguaya finalizó con igualdad en un tanto.

La ausencia de Porte quién -seguramente- realizaba tratamiento para mejorar de su lesión continuó en el cotejo siguiente frente a Universal por el mismo torneo. La Comisión Directiva tal vez advertido del bajo rendimiento de Di Bello ensayó una nueva variación. Ingresó Héctor Formento en la posición de half derecho pasando el experimentado Pedro Olivieri, ex jugador campeón con River Plate apodado Maquinita por el despliegue físico que realizaba, a ocupar la plaza vacante por la ausencia del Indio. Otro empate en dos goles llevó a una tercera modificación ensayada por los dirigentes que formaban el equipo que enfrentaría a Dublín, cotejo por la Copa de Honor Cusenier. El habitual back Ramón Pesquera ocupó el puesto de centre half, retornando Nacional a la victoria con un 3:2 en el tanteador final.

27 DÍAS DESPUÉS DE SU LESIÓN VOLVIÓ PORTE Y NO FALTÓ MÁS

En la fecha siguiente, contra Wanderers por la Copa Uruguaya, retornó Abdón Porte a la titularidad manteniéndose en la misma, sin ninguna falta en los veinte partidos siguientes hasta que llegó a su fin la temporada. Esta realidad demuestra claramente que el Canario se recuperó perfectamente de la seria lesión que sufrió en el clásico ante Peñarol y que la misma no dejó ningún tipo de secuela.

Las líneas precedentes llevan a plantearle una pregunta a los lectores que siguen estas notas. ¿No resulta llamativo que para sustituir al lesionado Porte los dirigentes no hayan recurrido a Alfredo Zibechi quién en esta temporada se incorporó a Nacional? Según el mito el jugador que pasó de Wanderers a Nacional era el suplente de Porte quién adoptará diez meses después la decisión del suicidio, al comunicarle el Dr. Delgado o la directiva -según la fábula que se escoja-, la determinación resuelta de su salida del equipo al ingresar Zibechi a la titularidad.

Sin embargo los sostenedores de la “verdad oficial publicada” que utilizan el método de la construcción de fábulas a partir de la existencia de hechos reales, con la ulterior finalidad de sostener el mito creado, recurren a la seria lesión -así informada por La Tribuna Popular-, marcándola a fuego como el comienzo de la decadencia del rendimiento de Porte. Obviamente, en ningún momento dejan constancia que el Indio tenía 25 años, que se encontraba en su “hora meridiana” -según lo escribió el Dr. Delgado- y que el quebrando físico que experimentó en el clásico lo mantuvo al margen por tan sólo 27 días.

LA “VERDAD HISTÓRICA” Y LA “VERDAD OFICIAL PUBLICADA”

Este sendero ha recorrido el destacado, minucioso y eficaz investigador de Nacional, el Cr. Juan José Melos Prieto. Quién condujera con galanura y eficiencia la Comisión de Historia y Estadísticas de Nacional, conocedor como muy pocos dentro del club de la gloriosa trayectoria recorrida por la institución, escribió: “Su ausencia más prolongada fue a raíz de una lesión de consideración que sufrió a los 10 minutos en un partido por la Copa Albion ante Peñarol. Su decisión de continuar en la lucha hasta el final lo llevaría a estar fuera del equipo por un par de meses”.[2] Entiendo, comprendo, acepto y justifico que el fanatismo encendido por la pasión nacionalófila influya en la evaluación de los episodios. Seguro estoy que el Cr. Melos Prieto sabe muy bien que en mi instrumento de investigador e historiador, las cinco cuerdas apunten siempre a la búsqueda de la “verdad histórica” por encima de los colores de todas las camisetas. Inclusive de la celeste.

Idéntico camino al del Cr. Melos Prieto transitó Dimitri Seuchuk en Abdón Porte: más allá de la leyenda, libro de su autoría de reciente aparición. El título ilusiona pensando que una muy seria investigación como la que realizó el treintañero autor de la trayectoria del Indio, culminara aproximándose a la verdad histórica que surge de los documentos. Documentos que -tal como surge de las páginas del volumen de 191 páginas- tuvo a la vista. Seuchuk transcribe citas de la misma crónica de La Tribuna Popular que he mencionado en las líneas precedentes. Sin embargo el autor afirma que “El partido [se refiere al clásico por la Copa Albion del 27 de mayo de 1917 donde se produce la lesión de Porte a los 55 minutos], comenzó de la peor manera posible para Nacional. Es que, a solo 10 minutos de empezado el encuentro, Abdón Porte sufrió un golpe de entidad en su pierna derecha, provocándole una severa lesión. Sin embargo, el Indio, con su honor, pasión y lágrimas a cuestas, siguió disputando el partido, negándose a salir del campo de juego.[…] Fueron los primeros pasos hacia el abismo en la vida de nuestro ídolo”.[3] Cuando informa acertadamente que Porte estuvo ausente por la lesión en tres partidos indicando el nombre de los sustitutos, culmina el párrafo de forma injustificable afirmando que “aunque quien se fue adueñando de a poco del puesto no fue otro que Alfredo Zibecchi, un half-back polifuncional de gran proyección, que fue la sombra de Abdón desde su llegada al club”.[4] Entonces… si Zibecchi fue la sombra desde el 11 de marzo de 1917 cuando debutó de half derecho en el equipo en el partido amistoso ante River Plate, ¿por qué los dirigentes no aprovecharon estos tres partidos en los que faltó el Indio para que la sombra se disipara, ocupando el Pelado la titularidad?

 

[1] Mundo Sportivo. FOOTBALL. “El campeonato Albion sin definir. Nacional y Peñarol se reparten los honores de la jornada”. La Tribuna Popular. Montevideo, 28/05/1917. Todas las transcripciones que continúan en la nota –salvo las individualizadas puntualmente-, corresponden al comentario del partido publicado en el referido diario.

[2] Juan José Melos Prieto. El padre de la gloria. Montevideo. Ediciones El Galeón, pag. 32.

[3] Dimitri Seuchuk. Abdón Porte: más allá de la leyenda. Montevideo. Mc ediciones. 02/2018:155.

[4] Idem:157.


Próxima nota: Suicidio de Abdón Porte: la verdad histórica destruye la verdad oficial publicada (Nota XI)

 

La fábula de la decisión de sustituir a Porte con Zibechi (Nota IX)

La reproducción del comienzo de las informaciones del FOOTBALL del diario La Razón de Montevideo del 7 de marzo de 1918, son el documento irrefutable sobre la fábula construida según la cuál la directiva de Nacional había resuelto sustituir a Porte con Zibechi debido al decaimiento que exhibía el Indio. La Razón deja constancia de las dudas que tenía la Comisión Directiva sobre quién cubriría el puesto de Porte luego de su muerte.
El documento se inicia con otra novedad. El pase de Manuel Varela de Peñarol a Nacional. El Japonés fue uno de los acusados por ser sobornados en el partido clásico del 11 de noviembre que permitió a Nacional coronarse triple campeón uruguayo por primera vez en la historia.

En los días siguientes al trágico desenlace de la vida de Abdón Porte, la información sobre el mismo disminuyó en las páginas de los diarios, manteniéndose algunos pequeños comentarios sobre el tema. El más importante, sin duda, radicó en la sustitución del jugador trágicamente desaparecido. Sustitución en la que nadie pensaba –ni siquiera remotamente- con anterioridad al luctuoso episodio. Porte con 25 años y en la plenitud total de su rendimiento futbolístico, tenía “rollo para rato”, forma común de expresar entonces que un jugador se encontraba en el pináculo de su actividad. ¿Quién ocuparía la posición de centre half que el Indio o el Canario –sus dos apodos-, llenaba con las características propias de un jugador de temperamento, lucha, fortaleza en la marca, presencia física, capacidad en el juego aéreo en las dos áreas? Porte no era un virtuoso. No se caracterizaba por el derroche de la técnica y la habilidad, condiciones en las que sobresalían los arquetipos ocupantes de esa plaza. El primero, el escocés John Harley, quién introdujo la modalidad del “pase corto” en el CURCC (Peñarol) a partir de 1909 y luego el moreno Juan Delgado (Central).

Relacionado con este tema de la sustitución de Porte, en La Tribuna Popular del jueves 7 de marzo se expresa que “aún no se han aunado opiniones (en la Comisión Directiva) respecto al jugador que ocupará el centro de la línea media de Nacional. Los candidatos que cuentan con más votos son Zibecchi y Bértola. El que acuse mejor estado en los matchs de práctica, ocupará el puesto vacante por muerte de Porte”.[1]

La transcripción de lo publicado hace cien años adquiere una importancia fundamental al convertirse en un documento irrefutable que hecha por tierra otra página de las novelas que se construyeron en año posteriores al suicidio de Porte y que hoy se sigue repitiendo machacona y erróneamente.

¿CÓMO SURGIÓ ESTE GRAVE ERROR HISTÓRICO?

En este caso, todo indica que esta fabula que adjudica nada menos que la causa del suicidio a la anticipada decisión de la Comisión Directiva de sustituir a Porte por Zibechi, comunicada en los vestuarios antes del partido disputado por Nacional y Charley el 3 de marzo de 1918, nació en un pequeño texto escrito por mi querido maestro Diego Lucero, en una nota cuya publicación original no he podido ubicar. Esas líneas han sido reproducidas –aparentemente- en forma textual. Rescato copiando el texto recogido en uno de los sitios de la web donde se hace referencia equivocada al tema en cuestión de esta manera: Ese gran maestro uruguayo del periodismo, Diego Lucero, publicó años después un artículo en que deshebraba la tragedia: “Después del partido ante Charley, para la temporada de 1918, la directiva de Nacional decidió correr a Alfredo Zibecchi al centro. Porte era reemplazado. Sería un suplente, un hombre de reserva. No pudo soportar el golpe: escribió una carta, marchó al Parque Central y en la vieja cancha en la que tanto brillara, la que fuera teatro de sus máximas proezas, en su puesto, puso fin a su vida (…) Cinco días después Nacional disputó un partido con Wanderers a beneficio de la familia de Porte. Asistimos a ese cotejo en que flotó el recuerdo del “Indio”. Cuando los ojos distraídos dirigían sus miradas hacia el medio eje albo… buscaban a Porte. Allí lo habíamos visto muchas veces; allí se había dormido, allí fue. Acaso la vieja torre del molino sigue mirando hacia allí”.[2]

El texto de Luis Alfredo Sciutto –nombre y apellido real de Diego Lucero- se da de bruces contra la realidad de aquel tiempo que deja en claro la publicación de La Tribuna Popular. La integración de los equipos que jugaban los partidos los fines de semana, se resolvía en la sesión de la comisión directiva de los jueves de noche, luego de haber asistido –varios dirigentes o los integrante de la Comisión de Team– a la práctica de fútbol que se realizaba ese día por la tarde. Movimiento que, por otra parte, ¡era el único que se llevaba a cabo en la semana! En aquella época los integrantes de un plantel de jugadores de un club no se entrenaban diariamente como en la actualidad. No existían directores técnicos. Tampoco había sustituciones de futbolistas durante el partido. Entre otras cosas, por estos motivos la comisión directiva “designaba” el team en la reunión de los jueves en votación de sus integrantes. Por ese motivo La Tribuna Popular informó que “los candidatos que cuentan con más votos son Zibecchi y Bértola”. ¿Por qué? Porque el cronista de aquel tiempo tiene que haber consultado las opiniones de los dirigentes de Nacional que conocían muy bien a los jugadores del plantel que era el mismo de la temporada de 1917 con sólo dos incorporaciones: el goalkepper  Paravís y el wing izquierdo Ramón José Gorga (así lo escribió la prensa en ese momento, aunque su apellido era Gorla), que hasta su llegada a Nacional era un excelente jugador en la liga bancaria.

Por otra parte y como lo he referido en las notas anteriores, Nacional y Charley jugaron el domingo 3 de marzo el primer partido de ambos de la temporada, de carácter amistoso y el lunes la actividad que realizaron los jugadores albos fue la acostumbrada: reunirse por la noche en la sede del club para beber, conversar y charlar. Allí estaba Porte quién salió desde ese lugar rumbo al Parque Central para suicidarse.

ZIBECHI POR PORTE ANTE WANDERERS EL 10 DE MARZO, PERO…

A propósito de la nota de mi maestro Diego Lucero, del extenso conocimiento que tuve de su vida desde los años finales de la década sesenta del siglo pasado hasta su fallecimiento en junio de 1995, debo dejar constancia del valor histórico de sus crónicas, su particular y maravilloso estilo para escribir, así como también del desapego por la rigurosidad de los detalles y las fechas exactas.

De todos modos, aprovechando esta cita de lo escrito por Diego Lucero con el correr de los años en el algún momento y alguien vinculado a Nacional que no está identificado, resolvió agregarle “color” a la fábula con un nuevo ingrediente mentiroso. ¿Cuál? Que el presidente del club, Dr. José María Delgado, le comunicó en el vestuario del Parque Central, después del partido jugado entre Nacional y Charley, que Zibechi lo iba a sustituir.

La verdad histórica respaldada por los documentos se encuentra en la publicación de La Razón del jueves 7 de marzo de 1918. Y no hay más vueltas que darle al tema: “aún no se han aunado opiniones (en la Comisión Directiva) respecto al jugador que ocupará el centro de la línea media de Nacional. Los candidatos que cuentan con más votos son Zibecchi y Bértola. El que acuse mejor estado en los matchs de práctica, ocupará el puesto vacante por muerte de Porte”.

En su edición siguiente, la del viernes 8 de marzo de 1918, el diario La Razón dio cuenta de que “Ha quedado definitivamente resuelto la realización del match á beneficio de la señora madre del infortunado jugador Abdón Porte, para el próximo domingo 10 en el Parque Central, con el Montevideo Wanderers. La Comisión Directiva resolvió que actuará el siguiente team de Nacional: Ares, Urdinarán y Foglino, Olivieri, Zibechi y Bancino (sic); Brachi, H. y C. Scarone, Marán y Somma. Se avisa á los señores socios del Club Nacional de Football que abonarán entrada á field y grada. Las entradas estarán en venta en el Club Nacional de Football, 18 de Julio 893, después de las 16”.[3] De la transcripción se desprende que en la reunión del jueves de noche, la Comisión Directiva de Nacional se inclinó por probar primero a Zibechi en el puesto vacante dejado por el Indio Porte. Concluyente.

A propósito de este partido debe destacarse un buen gesto de Peñarol. Suspendió el partido amistoso que había concretado ante Universal para ese mismo día, con la intención de que concurra más público al cotejo a beneficio de los familiares de Porte.

Nacional venció a Wanderers por 2:1 tantos convertidos por Pascual Somma. Los albos lucieron un enorme brazalete negro en el antebrazo izquierdo, jugándose el cotejo ante una muy buena concurrencia. En la crónica del encuentro publicada por La Tribuna Popular no se realiza ningún comentario sobre la actuación de Alfredo Zibechi y tampoco se lo menciona en el desarrollo de las incidencias que comentó el cronista. Lo único que se lee sobre el rendimiento de lo jugadores es lo siguiente: “Repartiendo méritos debemos citar en término preferente á la defensa de Nacional, en la que Urdinarán descoló sobre manera. De los forwards, citaremos por orden de mérito á Carlos Scarone, Somma, Héctor Scarone, Brachi y Marán”.[4] 

…JULIÁN BERTOLA JUEGA ANTE UNIVERSAL EL PARTIDO SIGUIENTE

De acuerdo al comentario de La Tribuna Popular la actuación de Alfredo Zibechi ante Wanderers no resultó convincente. Prueba de ello y -además- confirmando lo adelantado por La Razón al señalar que el sustituto surgirá de las pruebas que se realizarán con Zibechi y Julián Bértola en ese puesto, en el tercer amistoso del año 1918, previo al inicio de la actividad oficial, Julián Bertola aparece como titular. El equipo presentó otras variantes lo que demuestra la verdad histórica de que la Comisión Directiva estaba armando el conjunto probando jugadores. Actuaron Paravís en el arco por Ares y Manuel Varela por Vanzzino, Romano por Brachi y Gorga por Marán.

No puede pasar por alto e inadvertido el debut de Manuel Varela con la camiseta de Nacional en este partido. El famoso Japonés de Peñarol y la selección uruguaya, acusado de aceptar soborno en el clásico del 11 de noviembre de 1917 para disminuir su rendimiento y permitir que Nacional se clasificara triple campeón uruguayo, determinó su expulsión de Peñarol y… su incorporación a Nacional. De acuerdo al reglamento durante 1918 el Japonés Varela sólo podía actuar en partidos amistosos, quedando habilitado para hacerlo oficialmente por su nuevo club, en la temporada 1919.

Retornando a nuestra historia vinculada con el suicidio de Abdón Porte, corresponde señalar que en el partido próximo -el cuarto amistoso de la temporada- jugó Zibechi ante Dublín; en el siguiente se mantuvo Zibechi en el lugar de Porte jugando Bértola a su lado y, recién luego de esa etapa de pruebas, Alfredo El Pelado Zibechi fue confirmado en la titularidad en la plaza de centre half.

UNA CURIOSIDAD HISTÓRICA: EN 1917 NACIONAL NO TUVO EN CUENTA A ZIBECHI COMO SUPLENTE DE PORTE

Alfredo Zibechi tenía tres años menos que Porte. Nació el 30 de octubre de 1895 iniciándose en Wanderers, club al que fue incorporado por su hermano mayor, Armando, destacado centre half de los albinegros. El Pelado -como le llamaban por su calvicie prematura, actuó en diferentes puestos del equipo, menos de centre half por las razones ya expresadas. Pudo comenzar a jugar en Nacional a partir de la temporada de 1917. Esta afirmación de nuestra parte, deja en claro otro error que se incluye en varias notas publicadas en ocasión del centenario del suicidio de Porte, en las que se ha escrito que “Nacional adquirió en temporada de 1918 a Zibecchi para sustituir a Porte”.

De los 38 partidos que los albos disputaron en 1917 el Pelado fue titular sólo en 11 encuentros. Debutó en el primer partido de ese año, el 11 de marzo, en un amistoso ante Central en la posición de half derecho, repitiéndose su presencia al cotejo siguiente contra Boca Jrs. de Argentina en el mismo puesto. Luego no actuó hasta el 8 y 23 de julio contra River Plate y Wanderers, donde lo hizo en posición de half izquierdo. A partir del enfrentamiento siguiente, el 29 de julio ante Central, Zibecchi en los siete cotejos que disputó para completar los 11 de todo el año, se desempeñó en posiciones de ataque: de insider derecho o izquierdo e, inclusive, en uno de ellos como centre forward.

La actuación de Zibecchi en este año 1917 en Nacional presenta una particularidad que no se menciona por los historiadores del club. Ellos han señalado hasta el cansancio que Porte “disputó en Nacional 227 partidos estando presente en 206. Su ausencia más prolongada fue a raíz de una lesión de consideración que sufrió a los 10 minutos en un partido por la Copa Albion ante Peñarol. Su decisión de continuar en la lucha hasta el final lo llevaría a estar fuera del equipo un par de meses”.[5]

Efectivamente Porte resultó lesionado en ese clásico ante Peñarol disputado el 27 de mayo a los diez minutos de juego. Continuó en la cancha porque los cambios de jugadores no eran reglamentarios, siendo costumbre y estilo que aún “en una pierna” el futbolista afectado se mantuviera en el equipo, pasando a ocupar posiciones de wing o centre forward para molestar y exigir a un rival que lo marcara. A raíz de esa lesión porte estuvo sin jugar sólo 24 días entre el 27 de mayo y el 24 de junio cuando retorno a la titularidad frente a Wanderers. Esta verdad histórica deja en evidencia el deseo aumentar del citado historiador de Nacional citado. La gravedad de la lesión sufrida por el Indio Porte como forma de ir preparando el terreno para justificar el suicidio por su decadencia o bien, la certeza de que su “severa” lesión hacía decaer su rendimiento, no lo llevó “a estar fuera del equipo un par de meses”, como se escribió en la publicación referida. Sólo se mantuvo al margen 24 días.

En ese pequeño tiempo para recuperar un “severa” lesión de rodilla en aquella época de tratamientos médicos muy precarios, la ausencia de Abdón Porte demostró las dudas que tenía la Comisión Directiva sobre quién podría ser el sustituto de ese centre half indiscutido titular que se encontraba en su mejor momento, con 25 años de edad. En esas tres semanas de ausencia del Indio, Nacional enfrentó a Defensor, Universal y Dublín. Ya se encontraba habilitado para jugar Alfredo Zibechi. Sin embargo la Comisión Directiva recurrió a  surge Antonio Di Bello para suplantar a Porte en el primer partido. El empate 1:1 ante los violetas y la mala labor de Di Bello, determinó que la directiva colocara a Pedro Maquinita Olivieri en el segundo cotejo, ingresando Héctor Formento de half derecho, el puesto que dejaba libre Olivieri. Una nueva igualdad, esta vez 2:2 ante  Universal, llevó a los dirigentes a otro prueba para el tercer enfrentamiento sin Porte en el equipo. El back Ramón Pesquera resultó escogido para jugar en esa posición, ganando Nacional 3:2 el partido por la Copa Cusenier. En definitiva… ¡en ninguno de estos tres partidos actuó Zibechi en lugar de Porte!

No puede señalarse entonces que Zibechi llegó para suplantar a Porte, porque hay otro elemento que los historiadores de Nacional omiten, olvidan o no conocen. Abdón Porte era todo lucha, tesón, temperamento, vehemencia. El juego de Zibechi se encontraba en las antípodas. Era la máxima expresión de la técnica, la habilidad, el quite de la pelota al adversario marcando “con técnica” como expresaba el Prof. De León. Incapaz de golpear a un adversario El Pelado reunía las condiciones del jugador estéticamente bello en su juego y desplazamientos. Ausente Porte, los dirigentes de Nacional buscaron en estos tres partidos un alter ego. Y no lo consiguieron. El 24 de junio al retornar Porte a la titularidad luego de superada la lesión, Nacional venció 2:0 a Wanderers.

 

[1] FOOTBALL. “EL SUSTITUTO DE PORTE”. La Razón, 07/03/1918.

[2] Ricardo Vasconcellos. 2003.

https://web.archive.org/web/20030822120153/http://www.eldiariony.com/especiales/90/detail.aspx?id=619440&SectionId=46

[3] “El match de mañana”. La Razón, 08/03/1918.

[4] FOOTBALL. “El match de ayer. Nacional 2 Wanderers 1”. La Tribuna Popular, 11/03/1918.

[5] Juan José Melos. El padre de la gloria. Pág. 32