Francia ganó a Uruguay con la heladera y el congelador

Luis Suárez y el llanto por el adiós a la Copa del Mundo de la FIFA Rusia 2018. Fotografía de Fernando González-

El primer tiempo se jugó dentro de una heladera. Francia se plantó en la cancha con preocupaciones extremas demostrando un respeto llamativo por la capacidad del rival. Controlado Griezmann por la férrea marcación en el medio campo liderada por Torreira, los galos se replegaron generándose algunos tenues intentos ofensivos de Uruguay desde el arranque del partido. Nández y Stuani desbordaron en dos maniobras diferentes por la derecha acercándose al arco defendido por Lloris. La respuesta de los franceses a ese comienzo superior de los celestes tuvo puntos de contactos con antiguas técnicas tan criticados por los europeos en su momento. Suárez recibió la pelota unos metros más allá de la mitad de la cancha para arrancar otra jugada de ataque y el grandote Umtiti salió de la cueva directamente a golpearlo. Lo derribó con un agresivo planchazo. Suárez cayó al suelo teatralizando la incidencia. Reaccionó el árbitro Pitana con ampulosos ademanes y gritos contra la actitud del jugador oriental, dejando en evidencia la equivocación de muchos periodistas y aficionados que pensaban que el argentino expondría alguna pequeña inclinación para ayudar a sus hermanos del Río de la Plata. La agresión de Umtiti merecía tarjeta amarilla y, también, un llamado de atención para el uruguayo sin esa agresividad que expuso el juez de la contienda. A partir de este episodio Suárez dejó de ser Suárez. El equipo sintió esa presión, bajó el ritmo y cesaron sus afanes ofensivos.

Esa circunstancia permitió que los franceses comenzaran a exhibir algunas tímidas intenciones de ataque, sin arriesgar en lo defensivo, volcando la pelota por la zona derecha buscando la velocidad del joven Mbappe, aunque sin generar peligro favoreciendo los quites defensivos de Uruguay. En uno de ellos partió raudo en contragolpe Nández con posibilidades por la derecha. La violencia de Lucas Hernández derribando al oriental obtuvo la respuesta lógica de Pitana con la tarjeta amarilla. Debió ser la segunda para los franceses. Transcurridos algunos minutos más de la media hora resurgió otro ataque celeste con una combinación entre Vecino y Suárez rematada afuera.

La heladera levantaba algunos grados más de frío encaminándose a un final de etapa sin goles cuando una nueva proyección ofensiva de Francia con toque por la derecha del avance, la cortó Bentancur con fuerte plancha a Tolisso.El argentino Pitana actuó con la corrección que no expuso frente a Umtiti. Empató el partido de los cartones color ictericia. La ejecución de la infracción con pelota enviada en centro al área uruguaya encontró el cabezazo de Varane superando la oposición de Stuani en el salto. El gol hizo bajar varios grados el frío con el que transcurría el partido colocado por Francia en la heladera. Uruguay se tiró adelante en los pocos minutos que quedaban generando un par de tiros de esquina e infracciones levantadas en centro al área por Torreira. Uno de ellos, cuando la etapa moría, generó entre forcejeos en el área un impecable cabezazo de Cáceres. Hacia abajo, contra el palo derecho del arco,  casi inatajable. Casi… Hasta allí llegó la mano del portero Lloris que contuvo a medias rechazando la pelota que quedó boyando en el área pequeña. Llegó Godín apretado por un marcador. Estaba el gol del empate con sólo tocarla por encima de la humanidad del arquero francés tirado en el suelo. El capitán definió como un zaguero rechazando y la pelota se fue a las nubes.

En un siguiente tiro de esquina generado por Uruguay el primer plano de la televisión mostró como un zaguero de Francia se colgó de los pantalones del mismo Godín sin dejar que se elevara para buscar el cabezazo. Tampoco en esta ocasión la igualdad que hubiera colocado justicia de acuerdo al trámite parejo del partido, pudo concretarse.

Uruguay retornó renovado en su ánimo para la etapa complementaria. Francia, irreconocible, dejó en el vestuario todos los pruritos del buen fútbol. Arrancó el segundo tiempo bajándo los grados de frío a la heladera con la consigna de hacer pasar los minutos tocando la pelota hacia los costados; renunciando a las acciones de ataque.

Con Uruguay lanzado a la ofensiva un rechazo largo de la defensa francesa lo recibió Godín tocando hacia atrás para que Muslera despejara de pelotazo. El portero oriental dominó el esférico, Griezmann se le vino encima. Consumido por los nervios Muslera le pegó a la pelota que encontró las piernas del atacante francés saliendo rebotada afuera de milagro. En la tribuna de prensa me quedó una mala señal. El golero de Uruguay era un saco de nervios.

En la cancha los celestes continuaban atacando. Aunque sin crear peligro se manifestaba en ofensiva. Un tiro desde lejos de Bentacur parecía anunciar la continuidad de esa presión en la búsqueda del empate. Así lo entendió Oscar Tabárez quién no dudó en enviar a la cancha a Maximiliano Gómez y Cristian Rodríguez en sustitución de Stuani y Bentancur. Transcurrían trece minutos de la parte complementaria.

Las expectativas ciertas de llegar al empate, acuerdo a lo que se proyectaba desde la cancha, prontamente se desplomaron. Un tímido ataque de Francia, el primero en el segundo período, finalizó con un remate desde lejos de Griezmann. Era una pelota fácil. El golero Muslera la envió al fondo de la red…

A partir de ese momento Francia pasó de la heladera al congelador, aumentó los grados de frío y la lucha finalizó. Por más que el equipo oriental intentó reponerse a fuerza de temperamento los galos “se defendieron con la posesión de la pelota”, como suele expresarse en el moderno léxico del fútbol. Sacaron a relucir la destreza de la innata inhabilidad de los morenos de sus colonias, con la certeza y seguridad de que el encuentro estaba liquidado, aunque también hubo posibilidades para una fea y antideportiva actitud del jovencito Mbappe. No dudó en tirarse al suelo simulando una infracción inexistente de Cristian Rodríguez. Caído en el suelo recibió la justa reprimenda del capitán uruguayo, Diego Godían, quién corrió hasta llegar al lugar de la acción para recriminarle su actitud antideportiva. Después de varios empujones salomónicamente Pitana resolvió amonestar a los dos. De todos modos el partido colocado en el congelador por Francia culminó después del autogol de Muslera. Todo lo posterior estuvo de más.

Así ocurrió y así, también, lo sintieron en carne propia los miles de hinchas uruguayos que se encontraban en las tribunas del estadio luciendo los colores de nuestro país. Minutos antes de terminar, un emocionante coro de la multitud gritando “soy celeste / soy celeste”, hizo emocionar hasta las lágrimas a todos los que pensábamos que la bandera de la esperanza podía continuar en alto. Francia ganó con justicia ayudado por un reiterado error del golero Muslera en la defensa del arco celeste. De no haberlo cometido el destino del cotejo aún no exponía el rumbo final cuando llegó su equivocación. Desde hace muchos años sostengo que los grandes equipos parten de colocar debajo de los tres palos a un gran golero. Con un gran arquero Bélgica produjo otra sorpresa en el mundial a dejar fuera de la competencia a Brasil.

 

Tabárez, las “historias equivocadas” y Uruguay 5 Francia 1 en 1924

 

La reproducción pertenece al comienzo de la nota aparecida en el vespertino El Plata de Montevideo, el martes 3 de junio de 1924. Reproduce el artículo del periodista francés Andre Glaner sobre la victoria de Uruguay 5:1 lograda en Colombes, eliminando a Francia, el local, del torneo celebrado en París y organizado por la FIFA. La conclusión es tan real que, aún, historiadores y periodistas franceses lo reconocen: “ante los jugadores uruguayos nos consideramos alumnos”. Aunque puede resultar petulante expresarlo hoy en día, la escuela de fútbol que adoptó desde 1924 Francia fue la que enseñaron los uruguayos en los cinco triunfos consecutivos que lograron en París y que se sumaron a los nueve obtenidos en España, sin perder ningún encuentro.

Existen dos formas de conocer la historia del fútbol uruguayo hasta fines de la década de los años cincuenta. Una es proceder a la lectura de los muy pocos libros que existen sobre ella. No hay textos sobre las conquistas de Uruguay a nivel mundial en 1924, 1928 y 1930. Adelanto que los tengo en proceso de edición. El magnífico trabajo de investigación del autor franco uruguayo Pierre Arrighi relacionado con la competencia en Colombes, es un alegato contundente que no deja duda alguna sobre las verdades históricas que muchos se empeñan en negar aceptando las falsedades de los ingleses que, pese a quién le pese, siguen mandando en el fútbol y obtienen sus beneficios. La última prueba fue el arbitraje del estadounidense Mark Geiger perjudicando a Colombia a favor de Inglaterra. De todas las Copa América y campeonatos sudamericanos extraordinarios que se han disputado, incluyendo las 15 conquistas de Uruguay, se publicó un libro del cuál soy coautor con Sergio Gorzy.

La otra manera de profundizar en la búsqueda de la verdad histórica es difícil. Consiste en estudiarla consumiendo años de lectura en la biblioteca nacional de los diarios desde fines del siglo XIX, rescatando los hechos poco conocidos o que no han trascendido por haber sido sepultados por los autores que los amañaron para construir una verdad oficial o deformada de exprofeso.

Sobre esta afirmación precedente –que también involucra la historia del juego en la cancha, o sea informar sobre la vía como se consiguió tanta gloria-, se ha referido en varias ocasiones Oscar Tabárez. En la conferencia de prensa realizada el día antes de enfrentar a Portugal, volvió a expresarse sobre el tema al contestar una pregunta cuyo autor no se identificó. De haberlo hecho y quedar registrado en la grabación, obviamente lo citaría. Rescato textualmente la respuesta del entrenador de Uruguay.

“En otra época del fútbol había muchas cosas que tenían que ver con la manera de jugar, con la manera de comportarse grupalmente, y eso se fue perdiendo porque nos contaron historias equivocadas, eh… Cosas que no eran así y se transformaron en mitos algunas cosas, no en cosas reales que sucedieron, sino que, esteee… era una carga pesada para las generaciones que venían…”

-Porque pegábamos… (la afirmación pertenece al autor no identificado de la pregunta)

-“…sí, pero no pegábamos porque somos mala gente. Es porque muchas veces, cuando a uno le dicen que son los mejores del mundo, eh… esteee… y también le dicen, campeones eran aquellos, los de Maracaná, no ustedes, eh… cuando se va con esa mochila con el objetivo de salir campeón y después, en algún partido nos superan, o nos ganan, o nos meten algunos goles, la primer reacción era un poco previsible pero no era culpa sólo de los jugadores que entraban a la cancha, sino de toda la cultura que se había establecido, de que para Uruguay no existía ser segundo. Eso se oía a cada rato. Y que las finales son nada más que para ganarlas. Todas esas cosas que hablaban de un Uruguay como si fuera, yo que sé… como si tuviera cincuenta millones de habitantes como tiene Colombia, por ejemplo, o Argentina. Y no es así. Y eso dio rienda suelta a la impotencia, a la incorrección, eh… y bueno. Y nosotros lo tuvimos claro, que eso sucedió en la historia, pero quisimos volver a lo que marcaban los antecedentes. Y esto del fair play –y lo repito, ya lo dije en una conferencia, pero cada vez que puedo lo digo-, no lo inventó la FIFA hace pocos años. Cuando Uruguay perdió por primera vez en su historia en los campeonatos mundiales en 1954 su invicto ante Hungría, 4 a 2 después de haber empatado faltando poco y jugar un tiempo de prórroga, un equipo maravilloso, un periodista italiano hizo una nota de pos partido en la zona de vestuario de Uruguay – Hungría. Y el capitán de Hungría dijo: a mí me tocó la difícil misión de marcar al mejor jugador del mundo que es Juan Alberto Schiaffino. Salí enteramente perdidoso en esa misión y por esas cosas que tiene el fútbol ganamos nosotros. Fíjese los valores de esa persona, la humildad y la grandeza. Y Schiaffino en el mismo momento dijo: fuimos derrotados por el que es actualmente el mejor equipo del mundo”.

Hasta aquí lo manifestado por Tabárez.

Ante la inminencia del partido ante Francia y en apoyo de las palabras del entrenador, rescataré de mi archivo documentos del enfrentamiento que ambos rivales del próximo viernes, disputaron el domingo 2 de junio de 1924 en el estadio de Colombes, por el primer campeonato del mundo de fútbol organizado por la FIFA, dentro de los Juegos Olímpicos. Aquel fue un partido idéntico al próximo en cuanto a lo que está en juego: continuar en el torneo. Era por cuartos de final. En cambio, tenía condiciones históricas superiores. Por primera vez Francia rivalizaba en la cancha ante un país no europeo. Uruguay ganó 5:1 delante de 50.000 personas que dejaron en la boletería el récord de recaudación de los juegos: 300.00 francos.

En ese tiempo la pluma francesa de Andre Glaner estaba a la altura de Gabriel Hanot y de Frants Reichel. La crónica que escribió después de la eliminación de Francia a manos de los celestes entiendo merece ser rescatada hoy para que se conozca por las nuevas generaciones –en apoyo de lo afirmado por Tabárez-, la forma cómo se construyó aquella gloria celeste, base sólida del Uruguay del presente.

“La habilidad de los uruguayos resulta tal que no pecaría de exagerado quien afirmara que por momentos ante las espléndidas combinaciones de sus contrarios, los franceses se vieron en situación un tanto ridícula.

El equipo uruguayo dio oportunidad nuevamente de presenciar un sistema de juego desconocido hasta ahora en el continente. El grupo de los uruguayos entusiasmó al espectador. El triunfo se debió a la técnica de los vencedores y a la flojedad de la línea intermedia francesa. El equipo vencedor hizo gala de homogeneidad mereciendo destacarse Andrade por su juego movido y preciso. La línea media uruguaya actuó espléndidamente.

Los uruguayos jugaron brillante partido y obtuvieron una merecida victoria, estando constantemente en movimiento durante el segundo tiempo, especialmente mientras los franceses se mostraron desalentados. Si hubieran podido seguir el tren endiablado de los uruguayos –terminó declarando el capitán Dubly- hubiera podido vencerlos”.

El citado Reichel después del 7:0 de Uruguay ante Yugoeslavia, escribió: “sus hombres accionan rápidamente, tiran de distancia y con violencia que nunca había apreciado y en el passing (así se llamaba el pase largo) son maestros. Yo creo que este team puede alternar con los profesionales ingleses”.

Finalmente y con referencia específica a lo expresado por Tabárez (“también le dicen, campeones eran aquellos, los de Maracaná, no ustedes”), debo reiterar la conclusión de la investigación que realicé en el libro sobre la conquista de Uruguay en 1950 en Maracaná – la historia secreta. Los celestes vencieron a Brasil porque el equipo oriental era superior al dueño de casa, a pesar que se desplegó desde noviembre de 1949 una preparación plagada de desorganización. El valor temperamental mezclado con la alta técnica de la mayoría de sus jugadores se impuso a Brasil como en tantas ocasiones lo hizo durante la década que finalizaba. Inclusive, le ganó 4:3 en San Pablo el 6 de mayo de 1950 por la Copa Río Branco, día del debut de Ghiggia con la camiseta celeste. Uruguay llegó a ese partido sin director técnico, sin prácticas previas y en medio del caos. ¿Un ejemplo? Al embarcar la delegación en Montevideo el jugador Schubert Gambetta no pudo hacerlo porque tenía la cédula de identidad vencida? En cambio Brasil desarrollaba una concentración permanente desde dos meses antes en un paraje serrano en las afueras de Río, con la conducción casi militar del técnico Flavio Costa.

¿Otra prueba sobre lo afirmado? Recurro a lo que me expresó infinidad de veces Juan Alberto Schiaffino, citado por Tabárez: “en el partido ante Brasil nuestro equipo cometió solo 11 foul”.

 

 

¡Admirable partido de Uruguay! y el final que Messi no merecía

La fotografía de Fernando González es una postal del partido. Diego Godín le gana el mano a mano a Cristiano Ronaldo. Así ocurrió durante toda la noche desde el sorteo realizado por el juez. En ese triunfo individual se sostuvo el gran andamiaje colectiva de Uruguay.

El árbitro César Ramos envió la moneda al aire. La mirada atenta de Diego Godín y Cristiano Ronaldo se posó en la mano del juez mexicano. El capitán de Uruguay ganó el sorteo y eligió el arco. El saque quedó para los portugueses. Así, por obra del destino y antes que comenzara el enfrentamiento,  Godín comenzó a ganar el duelo que definiría el cotejo.

Puesta en movimiento la pelota quedó en evidencia que los defensas de Uruguay se transformaban en hombres araña que construían un entretejido telar con el objetivo de inmovilizar a la única carta de triunfo del rival: Cristiano Ronaldo. Sin desplegar un marcaje al hombre -como aquellos famosos del peruano Reyna a Maradona en las eliminatorias para México 1986 o el de Verti Voogs a Cruyff en la final de Alemania 1974-, los defensores uruguayos cumplieron la firme consigna de respirar en la nunca de Cristiano en la zona por donde intentara iniciar las acciones. Cumpliendo lo que acordaron con el técnico Tabárez -reveló el entrenador en la conferencia de prensa previa que la planificación surgió en una especie de conciliábulo con ellos-,  Cáceres, Laxalt, Nández y Vecino le opusieron firme resistencia por las bandas. Esos escollos obligaron a Cristiano a ensayar sus penetraciones por el centro del área cayendo en el embudo que le formaron Torreira con el respaldo de Giménez y Cáceres.

Un elemento fundamental tuvieron en cuenta los esbirros oriental en la ejecución del plan defensivo. No cometer infracciones en las inmediaciones del área grande de Uruguay, para evitar la ejecución del remate libre por parte de Cristiano Ronaldo. Tal grado de efectividad llevó esta consigna que sólo en una ocasión, en el primer tiempo, el juez sancionó un foul de Bentancur en la puerta del área. Todos los defensores rodearon al árbitro reclamando por la sanción  la que, según su pensamiento, no existió. El remate de CR 7 pegó en la barrera que saltó hacia arriba en el momento de la ejecución.

De esta forma, reducida su estrella a la mínima expresión, Portugal se quedó sin brújula al perder el capitán de la escuadra el timón de mando. Uruguay se adueñó del juego imponiendo el ritmo que le convenía. Lento, con buen manejo de la pelota tocando en corto y en varias ocasiones jugando hacia atrás para hacer caminar el reloj, pese a que el partido recién mostraba sus primeros escarceos.

Rápidamente, cuando apenas transcurrieron ocho minutos, la estrategia desplegada por Uruguay parió un gol maravilloso. Impactante. Espectacular. La maniobra comenzó en la zona defensiva derecha de la cancha que defendía la celeste. Una pelota quecayó en los pies de Bentancury permitió la habilitación en largo por la banda izquierda donde Cavani, apenas unos metros más adelante de la línea central del campo, en extraña posición de wing derecho, recibió el esférico. Después de controlarlo sacó un largo pase en diagonal que cruzó por el aire todo el ancho del terreno que defendía Portugal, bajándola mansamente Luis Suárez con su pierna hábil. También era una rareza que Lucho se encontrara ocupando el lateral izquierdo como wing. A Ricardo, el moreno marcador, lo pasó como a un poste y encaró en diagonal hacia el área buscando el remate de derecha. En ese instante una luz lo iluminó. Suárez envió un centro-pase perfecto al segundo palo, al vértice del área pequeña conde Cavani llegaba pidiendo pista a toda velocidad, proyectándose en diagonal después de la habilitación para su compañero. La pirueta en el aire, el golpe a la pelota con el parietal derecho y… Uruguay uno a cero. El golazo de alta factura, impactante como una trompada de K.O. dejó groggy a los portugueses.

Con la ventaja en el tanteador fruto del resultado del plan de acción que desarrollaban, los uruguayos decidieron profundizarlo. Portugal quedó inmovilizado. Impávido sin reacción, comprobaron sus jugadores que superar la telaraña defensiva celeste no era juego de niños. Incómodo Cristiano Ronaldo, los portugueses no reaccionaron mientras Uruguay acentuaba sus virtudes y canchereaba con la experiencia acumulada durante tantos años, apurando el camino de las agujas del reloj con teatralizadas caídas ocasionadas por los golpes de los portugueses, demorando el reinicio de la brega. A propósito de estas acciones violentas ante la impotencia, según las estadísticas cuando a los portugueses se les complica el partido, golpean. Acumularon sus jugadores seis tarjetas amarillas en los tres partidos anteriores. La permisividad del árbitro mexicano César Ramos impidió que ese número aumentara.

El avance del juego no cambió el panorama. Por el contrario se acrecentó la eficacia defensiva de la telaraña celeste y quedó en cero las posibilidades de Portugal de acercarse con peligro al arco oriental. A tal grado llegó esa impotencia que en el repaso de las acciones de los 94 minutos de juego no registró una sola situación clara de peligro a favor. Esas maniobras que destapan a un atacante cara a cara con el golero faltaron a la cita en el equipo de Ronaldo. En cambio, a través del contragolpe Uruguay dispuso de varias situaciones que pudieron establecer un tanteador aún más contundente. Todas esas acciones que tomaron a contra pié a la defensa rival tuvieron como ejecutante de lujo, de alta calidad, a un notable Luis Suárez  y a un admirable Edinson Cavani. El peligroso tiro libre ejecutado por Suárez desviado por el golero Rui Patricio contra el palo derecho y dos posibilidades que tuvieron a Cavani como último receptor, evidenciaban que el defensivo esquema de Uruguay contemplaba y ponía en práctica la creación de peligro con el contragolpe en la búsqueda de aumentar el tanteador.

No cambió el panorama en el segundo período. Ni siquiera cuando a los nueve minutos Portugal empató el tanteador. Córner a favor de Portugal desde la izquierda tocado en corto para Guerreiro quién envió el centro al corazón del área chica. Giménez y Godín saltaron controlando a Cristiano Ronaldo. A sus espaldas el zaguero Pepe en solitario metió el cabezazo al medio del arco estableciendo la igualdad. Los código del fútbol de siempre son claros. La pelota que cae en las inmediaciones del área chica tiene que ser del golero. Muslera siempre remiso en este tipo de acciones se quedó para sobre la goal line. Antes y después de esta incidencia Muslera salió a cortar varios centros -única vía posible que tuvo Portugal para intentar crear peligro-, algunos con eficacia y otro muy inseguro donde perdió la pelota. En la conferencia de prensa Tabárez insistió en que en esta acción se cometió por parte de la defensa el único error de la jornada, sin especificar al o a los responsables.

Apenas unos minutos después Uruguay respondió con otra gran jugada con varios puntos de contacto con la que originó el primer gol. Captura de una pelota por parte de Luis Suárez forcejeando con el marcador, deriva para Bentancur que avanzó recto hacia el área y el pase a la izquierda por bajo, besando la pelota el césped, por donde ingresaba Cavani en solitario. La acción del goleador, su gesto técnico para arquear el cuerpo apoyado en su pierna izquierda y rematar en rosca con la parte interior del pie derecho, quedaron como una postal de belleza técnica y precisión absoluta cuando la pelota besó las mallas.

El 2:1 a favor cargó de emotividad los veintisiete minutos restantes. El ingreso de Cristian Rodríguez por Bentancur; la salida de Nández sustituido por Carlos Sánchez y la preocupante lesión que obligó la sustitución de Cavani por Stuani, no variaron un ápice el montaje escénico que Uruguay construyó desde el primer minuto de juego. No exagero si agrego que el tercer gol uruguayo rondó el área de Rui Patricio -lo perdió Rodríguez después de notable contragolpe de Suárez por la derecha-, y tampoco si señalo que la locura del golero portugués de pasar a jugar de centrodelantero, resultó la clara comprobación de que Cristiano Ronaldo ya no pesaba en la mente de sus compañeros quienes en los últimos minutos, a fuerza de centros y en medio del descontrol total, le dijeron adiós al mundial.

Una frase resume lo acontecido. Uruguay jugó como siempre y… ganó como casi siempre triunfa cuando juega de ésta forma, desarrollando el juego con una alta solvencia defensiva y un contragolpe impactante ejecutado por dos jugadores que pertenecen a la elite del fútbol mundial: Luis Suárez y Edinson Cavani.

En la madrugada de Rusia al regresar al hotel en el centro de Sochi, luego de una hora de viaje en el tren repleto de hinchas de todas partes del mundo entre quienes no faltaban, por supuesto, los uruguayos, un mail de mi amigo franco uruguayo Pierre Arrighi enviado desde Francia, en una frase definió a la perfección lo ocurrido en el estadio del parque olímpico. ¡Admirable partido de Uruguay! Efectivamente así fue. La escojo para título y cierre de la crónica del gran triunfo celeste en octavo de final.

La caída de Argentina

La cara de Lionel Messi es una postal de la caída. Los ojos cerrados, el rostro pálido enmarcado por la barba y la boca cerrada, describían la crueldad de la despedida. Con el gesto, desde lo más profundo de su sentimiento, el mejor jugador del mundo le decía adiós a sus sueños de consagración suprema en el gran escenario del fútbol. La Copa del Mundo ya no tendrá más a Messi. La magia del pequeño nacido en Rosario y criado en Europa ya no tendrá revancha. Messi no pudo doctorarse ante el tribunal supremo donde se adquiere la gloria eterna. Es una lástima. Un jugador de su clase se quedará con el duro sabor de boca del fracaso, que no lo borra aquel lejano título de campeón mundial en la categoría sub 20 en los Países Bajos en 2005, cuando todos pensamos que se asistía a la coronación del el nuevo rey del fútbol.

Francia y Argentina, cada cual volcando lo suyo en el campo de juego del estadio de Kazán, regalaron una lucha sin cuartel. El fútbol casi químicamente puro de los galos, con alta técnica en los pies de los morenos de las ex colonias, liderados por un titiritero pulcro como Griezmann, me hizo acordar a los grandes equipos argentinos del pasado. La violencia absurda y enemiga del fair play de Ottamendi y Mercado, el querer y no poder de la vejez de Mascherano y la orfandad de Messi intentando un diálogo de fútbol imposible, trajeron a mi memoria aquellos equipos europeos toscos de antaño.

En síntesis, Francia ratificó su chapa de candidato con su mejor exposición en lo que va del torneo, venciendo con más apremio del que surgió desde la cancha. Argentina queda inmersa en un ciclo de crisis que parece difícil de superar. La caída es la culminación de un proceso negativo que se identifica con la trayectoria de Messi y las aspiraciones de conquistar la tercera corona mundial a partir de su indiscutible titularidad en el equipo. No debe olvidarse en esta instancia la titubeante conducción política de la AFA a partir de la muerte de Julio Grondona que abrió una caja de pandora con repercusiones oscuras a todo nivel. Lamento en lo más profundo esta realidad que viven los maestros del fútbol sudamericano. Su historia iniciado en 1867 con el primer partido de football association en la historia de América del Sur, reserva para Argentina un protagonismo que tiene el deber de recuperar ahora que, definitivamente, ya no contará para el futuro con el mejor jugador del mundo en sus filas. El síndrome Messi llegó a su final.

Luis Suárez, Cristiano Ronaldo y la democracia del fútbol

Postal de Luis Suárez. Una dura mirada al pasado que quedó detrás. Busca conseguir el único título que le falta a su rica historia de conquistas. El de campeón del mundo.

Krátovo es una zona alejada cincuenta quilómetros al sureste de Moscú poblada de dachas de maderaAsí llaman a las casas de campo rusas construidas en las afueras de las grandes urbes, donde las familias moscovitas van a pasar los días de fin de semana. Algo así como los típicos paese que tapizan la campiña italiana. Las calles estrechas por las que continúan las rutas cuando se achican, circulan entre bosques de pinos y arces. Allí, en el hermoso centro deportivo llamado Saturn, se alimenta el sueño de Portugal. La meta del entrenador, Fernando Santos, es superar aquel equipo liderado por Eusebio que hizo historia en Londres 66 metiéndose entre los cuatro primeros países de la copa del mundo. La idea de Cristiano Ronaldo es otra. Apunta más alto. El título de campeón del mundo es el único que le falta en su extensa y exitosa trayectoria a este hombre de 33 años. Nació en un hogar descompuesto por la pobreza y el alcoholismo de su padre en Funchal, un pequeño pueblito de la isla de Madeira, otro punto apenas perceptible en el océano Atlántico separado por mil quilómetros de agua de Lisboa, la capital de Portugal. Para agregar males mayores, a los quince años lo sometieron a una operación del corazón cuando descubrieron que tenía un soplo que aceleraba la sístole y la diastole.

Cuentan que después de los partidos ante Marruecos e Irán la súper estrella de Portugal está fatal. Casi inaguantable trascurren para él las horas en el centro deportivo Saturn. Ha dicho que al equipo le falta fútbol, que no crea juego y todo lo esperan de su exquisito talento y potente fortaleza física y mental.

A 512 quilómetros de allí, después de transitar con el automóvil siete horas y media por la ruta, en las afueras de la ciudad de Nizhny Novgorod, en la orilla menos poblada del río Volga sobre la que está construida la ciudad, el panorama que se vive en sports centre Borsky es diferente. En la construcción rectangular de hormigón sin lujos que se erige en medio de un enorme predio destinado a canchas de fútbol y otros deportes, está alojada la selección uruguaya. En esa escenografía que trae a mi mente similitudes con el penal de Libertad en el departamento de San José, la única preocupación radica en si a José María Giménez el tirón que acarrea en el muslo de una pierna, le permitirá aguantar todo el partido acompañando a Diego Godín en la difícil misión de anular a Cristiano Ronaldo.

Luis Suárez, la máxima estrella de Uruguay, en el interior del centro deportivo alimenta idéntica ilusión a la de su par de Portugal. Agregar a su larga foja de resonantes títulos conseguidos con el Barcelona y la selección de Uruguay, el único que le falta. El de campeón del mundo con la celeste. A los 31 años, Lucho –como lo llaman en la intimidad alejada del famoso Pistolero del marketing-, exhibe grandes similitudes con Cristiano. Una niñez muy dura en los suburbios pobres de la ciudad de Salto; una madre que afrontó con valentía las dificultades en un hogar rengo y la decisión de emigrar a Montevideo con los críos dejando atrás el tormento salteño.

Una pelota de fútbol cambió la vida de Ronaldo y Suárez con la similar particularidad de que en la historia de ambos ídolos, un club de nombre Nacional resultó decisivo.

En el Nacional de la Isla de Madeira llamó la atención el juego de Cristiano, despertando la puja de los clubes poderosos de Lisboa por la conquista de ese diamante en bruto. En Nacional de Montevideo advirtieron que en la zona donde se mezclan los barrios Jacinto Vera y Larrañaga, con la camiseta naranja del Urreta de Baby Fútbol –color y denominación elegida por los fundadores como agradecimiento a la empresa de bebidas de ese nombre que los apoyó-, surgía un botija díscolo con pinta de crack.

Muy lejos de aquellos comienzos de pobreza y pata en el suelo, Luis Suárez y Cristiano Ronaldo -admiradas estrellas del fútbol mundial-, se enfrentarán nuevamente como en tantas ocasiones con las camisetas del Barcelona y Real Madrid. Uno de ellos seguirá adelante con los colores de su país. Los dos continuarán siendo el símbolo de la democracia perfecta que es el fútbol, acertada definición que acuñó Pepito Urruzmendi. ¿Por qué? Porque ambas cosas no es sólo cuestión de ricos y pobres. La democracia depende de la adhesión de los ciudadanos mediante el voto y el fútbol requiere ser mejor que el adversario cautivando a la pelota. O sea que el éxito depende exclusivamente de la capacidad individual. Y esa condición innata la determina Dios, el destino o el que el lector entienda que coloca a los seres humanos sobre la tierra.

 

Tabárez encontró el equipo: tres goles a Rusia

 

Final de fiesta en Samara. Coates otra vez en muy buen nivel, Godín siempre excelente y Lucas Torreira la gran revelación, festejan al final del triunfo.

La imagen de la televisión mostró el primer plano de una niña de risos rubios enrulados y ojos celestes. Las lágrimas ruedan por sus blancas mejillas, cada una de ellas pintada con los tres colores de la banderita rusa. Confieso que la ternura de la desolación que exhibía la pequeña –mérito indudable del camarógrafo que logró captarla-, me estremeció. Reaccioné pensando. Allí estaba una síntesis de la vida, cuando me imagino a los miles de botijas uruguayos -de la misma edad que esta encantadora rusita con pinta de Matriosca que lloraba-, locos de contentos saltando de alegría por las calles, en los patios de las escuelas, con la risa ancha de oreja a oreja cantando la eterna canción triunfal de Jaime Roos.

-Vamo’vamo arriba la celeste; la de ayer y la de hoy…

Así es la vida, en definitiva. El llanto y la alegría frente a un mismo episodio.

La rusita y los uruguayitos no saben quién fue Foglino, Nasazzi, Obdulio, el Flaco Rodolfo y Francéscoli, para identificar con ellos, capitanes gloriosos, a cinco generaciones que a lo largo de la rica historia del fútbol uruguayo obtuvieron triunfos iguales o parecidos a este de hoy. Cómo bien ha recordado Oscar Tabárez en varias de las conferencias de prensa en las que ha brindado cátedra, el fútbol forma parte de la cultura de nuestro país, así como también –agrego por mi parte- de aquellos siete más que han conquistado la copa del mundo. Porque… ¡he ahí lo difícil! Escribir la historia, alcanzar la cima, aunque sea por una sola vez -España y Francia-, forman parte de una eterna condecoración que impone respeto para siempre.

Ese respeto que seguramente llevó al técnico ruso Stanislav Cherchesov a reservar tres titulares que actuaron en el partido anterior frente a Egipto y cinco futbolistas si se toma la alineación que debutó venciendo por goleada a Arabia. Entre los que faltaron en la formación local se encuentran las estrellas del equipo. El joven Aleksandr Golovin a quién Oscar Tabárez destacó en la última conferencia de prensa como poseedor de un gran futuro en el profesionalismo; el atacante Alan Dzagoev y el volante Yury Zhirkov.

En consecuencia, mientras el técnico ruso se dedicó a pensar en el futuro, Oscar Tabárez volvió a “meter mano” con el resultado positivo de haber encontrado el equipo. La confirmación de Lucas Torreira en la mitad de la cancha; la reubicación de Diego Laxalt en la posición de lateral izquierdo con el pasaje de Martín Cáceres a la derecha y la confirmación de Naithna Nández en esa zona, se completó con el adelantamiento en el campo de Rodrigo Bentancur en la búsqueda del “enganche” que tanto obsesiona al entrenador.

Así, desde el comienzo se advirtió que el equipo oriental arrancó con buen pie el partido. Porque, además de insistir en adueñarse de la posesión de la pelota mediante la reiteración de toques, quebró esa actitud con los pases profundos para destapar a Suárez y Cavani, contando desde el comienzo con un muy activo Laxalt por la banda izquierda, convertido con el devenir del encuentro en la mejor figura del campo.

La tranquilidad para afirmar el rendimiento llegó a los diez minutos de juego. Una penetración por el centro de Bentancur llegando a las inmediaciones del área grande rusa, generó la dura infracción de Denis Cherytshev. El remate de Suárez, previa charla con Cavani para definir la forma de la ejecución, se metió rastrero contra el palo del golero. Contó el goleador celeste que “pensaba rematar por debajo de la barrera porque iba a saltar, pero me dijeron que el golero le había dicho a los que estaban en la barrera que se pusieran en puntas de pie, lo que indicaba que no iban a saltar”. Cavani y Cáceres se colocaron en la barrera contra los grandotes rusos, forcejearon y salieron justos hacia atrás cuando Suárez le pegó al balón con mucha dirección y poca fuerza. Golazo.

A partir de entonces los celestes se adueñaron del cotejo y más allá de esporádicos y desordenados intentos de los rusos –en el más claro remató el mismo Cheryshev salvando Muslera en gran forma-, los celestes se mostraron como una expresión compacta de juego.

A pesar del intenso calor el equipo mostró experiencia y capacidad para ir dominando el trámite, creciendo en su rendimiento Lucas Torreira y Nández; afirmándose de “enganche” Bentacur, respaldados todos por un firme trabajo de Godín, Cáceres y el siempre cumplidor Sebastián Coates. Adelante la potencia de Suárez generando peligro permanente y la búsqueda constante de Cavani, aunque sin mucha claridad, compusieron un panorama superior a la débil exposición del equipo local.

El ingreso de Cristian Rodríguez por Nández permitió mantener el control del medio juego e, inclusive, insistir en acciones ofensivas como la que culminó con el córner –tras gran remate de Rodríguez que desvió el golero- que a la postre derivó en el tercer gol luego de tomar Cavani el rebote en el portero tras el impecable cabezazo de Godín. En cambio la inclusión de Giorgian De Arrascaeta dejó, nuevamente, poco sabor en boca, mientras que en una incursión por la derecha –a pesar de los pocos minutos que estuvo en la cancha-, parecieron demostrar que a Maxiliano Gómez no le pesa la responsabilidad.

Tabárez, el Cerro, la docencia intacta y el fútbol ante Rusia

Reproducción de la página del suplemento deportivo que todos los días editaba El Diario. Se observa la primera hoja donde aparecía el reportaje a Oscar Tabárez, realizado en un aula de la escuela N.º 30 en el Cerro y cuya dirección ejercía el maestro. La misma se llevó a cabo en la primer semana de setiembre de 1983 al retornar de Venezuela donde Uruguay, con su dirección, se consagró sorpresivamente y contra toda lógica, campeón panamericano a fines de agosto. La fotografía fue armada por el equipo deportivo de aquel vespertino. La imagen la captó Mario Saporiti. El texto de la entrevista lo realizó el periodista Alberto Schiavone. La idea y coordinación que incluyó, por solicitud de Tabárez, obtener la autorización de los organismos superiores del gobierno “cívico-militar” de la época, corrieron por cuenta del autor de la nota.

Hay una nueva versión de Oscar Tabárez en el contacto con la prensa internacional y uruguaya a través de las conferencias que organiza la FIFA, y a las cuales el director técnico de mayor edad de Rusia 2018, tiene obligación de concurrir. La experiencia acumulada se decanta en la riqueza de sus conceptos ante cualquier pregunta. Mantiene intacta la capacidad de la docencia, aquella profesión que lo llevó en el escalafón de enseñanza primaria al cargo de director de la escuela N.º 30 en el Cerro.

Hasta allí llegue una mañana en los comienzos del mes de setiembre de 1983, acompañado del periodista Alberto Schiavone y el fotógrafo Mario Saporiti. ¿El motivo? Dirigiendo a un equipo uruguayo armado a las apuradas, con acusaciones al director técnico de haber citado a jugadores por amistad, Tabárez llevó a Uruguay a la conquista del campeonato panamericano, título que por primera vez en la historia obtenía nuestro país. El Diario, cuya dirección deportiva ejercía, fue el canal informativo que más apoyó a esa selección, cubrió los entrenamientos y le realizó una nota a Tabárez antes de la partida. La única que se publicó porque todos los demás medios escritos, radiales y televisivos le dieron la espalda. Nadie pensaba que ese equipo uruguayo rejuntado, retornaría campeón.

Al volver llamé a Tabárez y le plantee una nota exclusiva en la escuela N.º 30, a partir de una fotografía tomada en un aula frente al pizarrón donde Tabárez escribiría la palabra “campeón”, rodeado de alumnos. Aceptó con la condición de que estuvieran de acuerdo las autoridades de la educación mediante la correspondiente autorización para realizar la producción propuesta. El Uruguay atravesaba el período autodenominado “gobierno cívico-militar”. Comencé por lo más alto. El contacto con el Cnel. Raúl Cloto Masciadri, director general del ministerio de Educación y Cultura, resultó positivo. Con su autorización el “si” final debía ser otorgado por el director de primaria, maestro Ribolla Ricci. Planteado el tema se logró la autorización que exigió Tabárez y así llegué con los compañeros aquella mañana al Cerro.

Oscar Tabárez estaba rodeado de diez niños delante del pizarrón cuando le pedí que escribiera “campeón”, con la finalidad de que el fotógrafo Saporiti captara las diversas imágenes a medida que el maestro componía la palabra con las letras, Tabárez se negó. Ante la sorpresa y recordando siempre la máxima que escribió y cantó Jaime Roos –“la foto tiene que salir”-, propuse al técnico que había logrado el primer éxito que lo hizo trascender, que yo escribía la palabra y él tomaba la tiza para apoyarla en el último trazo. Aceptada la alternativa así nació esa fotografía que se ha hecho histórica, registrada por Mario Saporiti que recuerda aquella etapa del Tabárez docente, virtud innata que conmtinúa exhibiendo –como los vinos añejos- en cada conferencia de prensa donde resulta un placer escucharlo.

“Otra cosa que tengo muy incorporada, pero muy incorporada desde hace algún mundial ya, es que en los mundiales no se puede esperar. Cuando uno piensa algo, está convencido, hay que hacerlo. Y eso lo saben los 23 jugadores del plantel como los 23 de los mundiales anteriores”, dijo Oscar Tabárez en el encuentro con el periodismo el día previo al partido contra Arabia Saudita.

Acto seguido y en cumplimiento de la revelación ante la prensa, Tabárez “metió la mano en el equipo” –como se acostumbraba a decir antiguamente cuando el entrenador revolucionaba el conjunto con las variantes-, y confirmó una integración diferente a las anteriores para disputar el primer puesto en el grupo A del mundial frente al equipo local, en el estadio de Samara. Resulta positiva la actitud del entrenador que mantiene vigente sus conceptos expuestos en las dos anteriores citas mundialistas en lo que atañe a la búsqueda del equipo para cada circunstancia, otorgando oportunidades a los componentes del plantel.

Aunque se publicite que la figura táctica inicial será la de 3-5-2, la realidad y los antecedentes indican que con las salidas del conjunto de Guillermo Varela, Carlos Sánchez y Cristian Rodríguez, el entrenador celeste rearma el 4-4-2 tan habitual en las formaciones celestes. El pasaje de Nández al lugar del half derecho sustituyendo a Varela, permiten abrir la interrogante sobre los motivos que llevaron a mantener en el grupo de 23 jugadores a Maximiliano Pereira, a quién no se recurre en la emergencia, destinando al joven fernandino a esa posición que ocupó en la selección sub 20.

Con las salidas de Carlos Sánchez –pese a que con cierta razón, después de las dos asistencias para idéntica cantidad de goles convertidos por Uruguay, llevó a Sergio Gorzy a decir que Uruguay era “Sánchez y diez más”-, y de Cristian Rodríguez, el técnico Tabárez exhibe su pensamiento similar al de la gran mayoría de los uruguayos. El Cebolla Rodríguez está para el final del partido, cuando la mano viene brava y se requiere fuerza –en lugar de fútbol-, en la mitad del campo para asegurar el resultado. El Pato Sánchez –a mi juicio y así lo señalé en los dos comentarios de los partidos-, aportó la ejecución de la pelota quieta que culminaron en los dos tantos conseguidos por el equipo. Pero, antes y después, estuvo lejos de aquel jugador con ida y vuelta permanente, desequilibrante en River Plate de Argentina.

El principio de lesión que acusó José María Giménez impone otra variante que no estaba en la mente de Tabárez. La necesidad de preservar al joven zaguero del Atlético de Madrid para el partido de octavos de final origina el ingreso de Sebastián Coates.

La nueva constitución del equipo aparece como la más lógica para enfrentar a ese vendaval de fuerza, velocidad, potencia y goles con los que Rusia –llamativamente-, le pasó por arriba a egipcios y árabes. Estas dos producciones espectaculares del equipo local sorprendieron a propios y extraños. Rusia debutó en el mundial acumulando siete partidos consecutivos sin poder ganar, con una estadística de resultados negativos desde 2016, año en que Stanislav Cherchesov asumió el cargo de entrenador. Los últimos dos triunfos incrementaron a siete sus éxitos, contra seis empates y diez derrotas.

Ante ésta realidad actual donde el equipo de fútbol del país anfitrión se ha transformado en “una máquina de correr”, quienes gustan de encontrarle la quinta pata al gato para desmerecer los cambios positivos que operan en la mente de los actores la búsqueda de la gloria, la motivación para no defraudar las expectativas de una gran nación convirtiéndose en héroes si logran lo que nunca antes pudieron alcanzar los antepasados -Lev Yashin entre otros-, ojean con malicia las páginas de  la historia reciente del deporte.[1]

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Dopaje_en_Rusia – El dopaje en el deporte ruso tiene una naturaleza sistémica. Rusia perdió 49 medallas olímpicas por infracciones de dopaje, la mayor cantidad en cualquier país, cuatro veces el número de finalistas y más de un tercio del total mundial. De 2011 a 2015, más de mil competidores rusos en diversos deportes, incluidos deportes de verano, invierno y paralímpicos, se beneficiaron de un encubrimiento del cual era partícipe el gobierno ruso.

Dos victorias seguidas de Uruguay 64 años después

La cámara de Fernando González captó el momento preciso en que el técnico Oscar Tabárez brinda indicaciones al capitán Diego Godín que baja la cabeza. Martín Cáceres y José María Giménez beben agua, en tanto Rodrigo Bentancur mira hacia otro lado. Faltaba un minuto para concluir la etapa inicial cuando se produjo este episodio que no registró la televisión.

Cuarenta y cuatro minutos del primer tiempo. Oscar Tabárez abandonó por segunda vez caminando trabajosamente apoyando su mano derecha en el bastón americano y se dirigió al borde del campo de juego. En el área de Uruguay el N.º 17 de Arabia Saudita, Taisser Aljassam, quedó tendido después de rematar por encima del horizontal una acción propicia de ataque. De las pocas, muy pocas ocasiones que tuvo el rival a los largo de todo el partido. Tabárez se dirigió a Godín que se encontraba junto a Martín Cáceres, José María Giménez y Rodrigo Bentancur, generándose un diálogo intenso, caliente, con ademanes de ambas partes. Escasos los del entrenador que movía su mano izquierda. Visiblemente aparatosos los del capitán que en determinado momento, tras escuchar las primeras expresiones del director técnico, abrió sus brazos a lo ancho respondiendo a las indicaciones que recibía. La televisión no capturó este episodio que se extendió por un par de minutos, mientras el jugador árabe lentamente se incorporaba en el campo siendo sustituido.

A los presentes que observamos todos los detalles que se producen en un enfrentamiento futbolístico la situación llamó la atención. Restaba poco tiempo para la finalización de la etapa. Tabárez pudo o tal vez debió aguardar que la etapa concluyera, reservando la expresión de su contrariedad para descargarla entre las cuatro paredes del vestuario.

Más allá de las interpretaciones, no cabe duda que la gestualidad de Tabárez, que un tiempo antes fue captado por la televisión compartiendo con Celso Otero y Mario Rebollo su molestia por el rendimiento del equipo, representaba el sentir de todos los uruguayos presentes en las tribunas del estadio de Rostoc on Don, así como también de todos aquellos que dentro y fuera de las fronteras de nuestro país, seguían las alternativas del juego por la transmisión satelital.

A pesar que en ningún momento corrió peligro el destino del partido y la seguridad de la victoria del equipo oriental desde el momento en que Luis Suárez convirtió el gol a los veintitrés minutos, se aguardaba la contundencia de una victoria holgada frente a un rival de escaso fuste. Triunfo que pudo materializarse también abultadamente desde el primer minuto de juego, cuando un profundo pase de Vecino para la entrada en diagonal de Cristian Rodríguez, generó un pase hacia atrás para Suárez que ingresaba al área por la izquierda, trabándole el remate la zaga árabe.

Después, hasta el final del cotejo, la libreta de apuntes se llenó se situaciones favorables para que Uruguay convirtiera más goles. ¿Cuántos? Muchos, sin duda alguna. Dos, tres, cuatro, cinco tal vez…

Sin embargo la histórica victoria conseguida 1:0 sobre Arabia Saudita que clasifica a los celestes para la disputa de los octavos de final ante España, Portugal o Irán [Marruecos quedó eliminado], según los resultados que se produzcan hasta el próximo 25 y 26 de junio, además de escamotear la aguardaba fiesta de la contundencia en las redes, dejó sabor a poco en la boca.

Me imagino que en los vestuarios las indicaciones técnicas de Tabárez habrán tenido como destinatario a todo el equipo. Con pocas palabras. Las justas y claves a las que siempre recurre atinadamente el entrenador. Pese a ello no varió la exhibición del conjunto en el primer cuarto de hora de la etapa complementaria. Saltaron a la cancha Diego Laxalt y Lucas Torreira en lugar de Vecino y Cristian Rodríguez, generando una ilusoria imagen de mejoría prontamente concluida. Fue entonces que, nuevamente, Tabárez reiteró su acción de levantarse del banco de reservas, ahora para realizar indicaciones concretas a Bentancur y Torreira, reubicándolos en el campo.

El posterior ingreso de Nahitan Nández por Carlos Sánchez a los 82’ impulsó un repunte de la actitud del conjunto –aunque leve-, llegándose al final del juego con Uruguay resignando la ejecución de un córner a favor, en acción deliberada de contribuir a consumir los cuatro minutos de prórroga determinados por los árbitros.

La narración precedente deja para el final otro episodio histórico y positivo. Desde la copa del mundo de Suiza disputada en 1954 ningún equipo uruguayo logró dos victorias consecutivas en el arranque del certamen, clasificando en aquel entonces para cuartos de final –competían 16 países-, y actualmente logró el pasaje a octavos. También es justo decir que aquellas dos victorias de Uruguay se materializaron por un triunfo 2:0 ante Checoeslovaquia y la goleada de 7:0 a Escocia. Resulta necesario establecer que en cualquier momento de la historia del fútbol y particularmente en el actual, donde los dos países vencidos hace 64 años no participan de Rusia 2018, escoces y checos son expresiones de mucho mayor nivel que egipcios y árabes a los que Uruguay venció trabajosamente luego de inesperados sofocones. ¡Nada menos!

La cámara de Fernando González captó el momento preciso en que el técnico Oscar Tabárez brinda indicaciones al capitán Diego Godín que baja la cabeza. Martín Cáceres y José María Giménez beben agua, en tanto Rodrigo Bentancur mira hacia otro lado. Faltaba un minuto para concluir la etapa inicial cuando se produjo este episodio que no registró la televisión.

Coincidencias entre México 1970 y Rusia 2018

 

José María Giménez recibe el abrazo de Edinson Cavani después de convertir el gol de la victoria frente a Egipto. Fotografía de Fernando González, enviado especial a Rusia 2018.

Martes 2 de junio de 1970. Sentado al lado de Carlos Solé en el pupitre de la tribuna de prensa del estadio Cuauhtémoc de Puebla asignado a CX 8 Radio Sarandí, mis veinte años se emocionaron hasta las lágrimas cuando Ildo Maneiro golpeó la pelota casi agachándose al ingresar al área pequeña, conectando el centro enviado por Juan Martín Mujica desde la izquierda y convertir a los 20 minutos el primer gol de Uruguay ante Israel en el partido debut de los celestes en la Copa Jules Rimet. Media hora después un taponazo del mismo Mujica desde la izquierda al recoger un rebote que cedió el golero de Israel, colocó el 2:0 definitivo en el tanteador.

Viernes 15 de junio de 2018. En la tribuna de prensa de la Arena Ekaterimburgo, sentado al lado de Jorge Giordano, estudioso y ascendente director técnico de nuestro país que asiste a su segundo torneo de esta índole porque, entre otras cosas, “en los mundiales se define el sistema táctico de los próximo cuatro años”, mis casi setenta abriles experimentaron una sensación interna de serena alegría. Inexpresiva, si se compara con aquel llanto de la juventud que quedó grabado detrás del registro de la inolvidable voz de don Carlos lanzando al éter el grito de gol. Hoy me puse de pie sonriente observando la montaña humana que formaron sobre el cuerpo de José María Giménez –autor del impecable cabezazo que infló la red-, tendido de euforia sobre el césped después de convertir el gol del triunfo por 1:0 sobre Egipto, en el estreno de la celeste en la Copa del Mundo de la FIFA Rusia 2018.

Entre uno y el otro acontecimiento de los he sido testigo transcurrieron 48 años y 13 días, lapso en el cuál Uruguay no pudo vencer a Holanda (1974), Alemania (1983), España (1990), Dinamarca (2002), Francia (2010) y Costa Rica (2014). Casi medio siglo con un par de llamativas coincidencias.

La primera es simple. Las dos jugadas nacieron de centros enviados desde los extremos del campo y conectados con la cabeza. El de Maneiro metiéndose como una flecha a buscar por el segundo palo el pelotazo de Mujica enviado desde la izquierda luego de ser habilitado con pase corto por Cubilla. El de Josema trepando por la escalera al cielo cortinado perfectamente por el capitán Godín, en la búsqueda del corner ejecutado por Sánchez del ángulo derecho del campo.

La otra conexión entre los dos triunfos, más allá de la agonía del obtenido ante Egipto en contraposición con la comodidad de la victoria frente a Israel, radica en la propuesta de juego y en la actitud. En los dos casos el equipo celeste dominó de principio a fin el trámite del cotejo. En aquel tiempo del mundial azteca la inexistente tecnología imposibilitaba que se informaran datos al culminar los enfrentamientos, tal como ocurre hoy en día. Ante Egipto el equipo celeste dispuso de la posesión de la pelota en un 57% contra el 43% restante del rival, acertando el 85% de las ocasiones en que los jugadores se conectaron mediante el pase de la pelota (492 entregas correctas en 578 realizadas), también siendo superior en este aspecto a los egipcios quienes alcanzaron el 76% de efectividad en las entregas.

Los hechos visionados por este testigo confirman que el equipo celeste que venció a Egipto en los minutos de la agonía, expuso similar actitud y propuesta para encarar el juego vistiendo el traje de favorito y también protagonista, que aquel de 1970 que amarró con comodidad la victoria ante Israel. Aquel conjunto de Puebla y este de Ekaterimburgo del gol victorioso cuando el partido moría, dominaron de principio a fin el juego, emergiendo como justos y claros ganadores de sus compromisos.

El equipo oriental que escaló Tabárez para el debut defendió con total acierto al extremo de convertir al golero Muslera en un espectador más. Con un Diego Godín esplendoroso –la figura del equipo-, expuso una propuesta ofensiva permanente que chocó una y otra vez ante la correcta muralla defensiva de ocho y nueve hombres alineados por el adversario en dos bloques cubriendo el área de Egipto, con marcación desde atrás de dos hombres sobre Luis Suárez y uno restante que siempre llegaba de frente para asistir a sus compañeros en el control del ariete ofensivo oriental.

La paciencia resultó a la postre la otra gran virtud que exhibió Uruguay. Apegado a la nueva línea de juego que prioriza el buen trato de la pelota y su destino seguro, luchó contra el pasado que aconsejaba recurrir al ollazo cuando el reloj consumía el tiempo y el gol de la victoria se intuía pero no llegaba. Matías Vecino y Rodrigo Bentacur respaldados por Godín y Giménez mucho tuvieron que ver para que el equipo todo fuera, una y otra vez, al asalto de la nutrida muralla egipcia, con la pelota jugada a ras del piso en la denodada búsqueda del último pase que pusiera cara a cara ante el arco rival a la dupla de los mortíferos artilleros: Suárez y Cavani. En dos ocasiones el guardameta Mohamed El Shenawy salvó el arco. La primera ante Suárez en el arranque del segundo tiempo y la segunda al desviar al córner tras el disparo de bolea de Cavani, habilitado por el Pistolero. El palo se antepuso cuando otra perfecta ejecución de un tiro libre del goleador del Patís Sainte Germain se dirigía a las mallas.

En síntesis Uruguay obtuvo –cómo lo solicité en el comentario previo- “un triunfo claro en la contundencia del juego, en la prestancia y actitud en la cancha de quién se siente importante por el respaldo de la historia”.

Así ocurrió en esta jornada histórica de Ekaterimburgo que revivió aquella otra de hace 48 años. ¡Ojalá, como aquel equipo de México 1970 que reunía grandes virtudes y muchas carencias, el recorrido del camino iniciado hoy tenga, por lo menos, el mismo destino. Las coincidencias son muchas. Aunque todo el Uruguay que empuja el sueño, después de esta tarde sueña con un destino más importante…

 

Uruguay y el traje de favorito

Estrella indiscutida de primer nivel mundial, Luis Suárez lleva en sus espaldas la responsabilidad de demostrarle al mundo su condición de líder goleador del equipo uruguayo que esta tarde, aquí en Ekaterimburgo, deberá confirmar en la cancha el favoritismo con el que debuta en el torneo dentro del grupo A. Fotografía de Fernando González, enviado especial a Rusia 2018.

Llegó el tan anhelado debut de Uruguay en la Copa del Mundo de la FIFA  2018. Los celestes inician el camino ante Egipto en calidad de favoritos en el grupo A, condición que aumentó en grado sumo diecinueve días atrás, cuando Mohamed Salah se lesionó el hombro izquierdo en la final de la Champions League disputada en Kiev con su club, el Liverpool FC, frente al Real Madrid. La desleal acción del corpulento zaguero del equipo merengue, Sergio Ramos, puso entre algodones al único jugador del rival de esta tarde en Rusia, que despertó temor en todos los uruguayos, a medida que la televisión exhibía las notables acciones y goles convertidos en el campeonato de Inglaterra contribuyendo para que su club obtuviera el título de campeón de la temporada.

Idéntica condición de favorito según la opinión de la cátedra adornaba a Uruguay cuatro años atrás, al comenzar la participación en Brasil 2014 en el siempre caluroso norte de Brasil, en el estadio Castelão de Fortaleza. A los 24 minutos de aquella tarde el gol de penal convertido por Cavani, ratificaba esa distinción en el arco adversario defendido por Keylor Navas, entonces casi desconocido golero del Levante UC de España quién ficharía por el Real Madrid después del torneo mundial.

A pesar del favoritismo y la ventaja que confirmaba el tanto de Cavani, los celestes bajaron el ritmo, creció el rival y media hora después el empate del moreno atacante Campbell, que tuvo a maltraer al capitán Lugano, desencadenó la debacle. Dos goles posteriores de los costarricenses sellaron la impensada derrota por 3:1 a manos del hasta entonces modesto equipo costarricense.

Deben sumarse a estos recuerdos recientes en el tiempo pasado sobre las dificultades que Uruguay ha encontrado para superar el momento del debut en competencias de primer nivel, las huellas que quedaron en las últimas dos ediciones de la Copa América. El apretado triunfo en Antofagasta (Chile) ante Jamaica cuando todos pensábamos que en este primer encuentro Uruguay emergería del campo como un claro dominador en el juego y el tanteador. Y al año siguiente en Phoenix contra México y en Filadelfia ante Venezuela, las dos derrotas al hilo dejaron prematuramente a los celestes fuera de la lucha por el áureo trofeo. Algo así como aquello que se decía en nuestro de tiempo de botijas, de que al que no quiere sopa, dos platos.

Este recuerdo pone una vez más en escena y a pocas horas del debut de Uruguay enfrentando a Egipto aquí en Ekaterinburgo, lo difícil que resulta para  cualquier selección uruguaya –sean estas juveniles o de mayores- vestirse previamente a un partido con el traje de favorito. Esta realidad no es nueva. Buscar su punto de arranque equivale a retroceder en la historia a la década del setenta del siglo pasado, momento a partir del cual a todos los equipos de fútbol de nuestro país, ya sean estos del nivel de selecciones o clubes, les resulta siempre difícil participar en certámenes de alta competencia. Las causas de este fenómeno son muchas. Una de ellas es la clave.

El descubrimiento de los satélites que introdujeron en la televisión las transmisiones punto a punto a partir de 1972, trajo de la mano el desarrollo de un negocio gigantesco en el cual el fútbol se transformó en la locomotora que arrastra los vagones de la TV que debe ser pagada por el abonado que deseen observarla. Sumado a este fenómeno el otro surgido con la globalización que borró las fronteras de los países en el globo terráqueo, a partir de los años noventa en el fútbol el reparto de la torta del éxito que se traduce en dinero, quedó reservado a los países que reúnen dos condiciones imprescindibles: historia gloriosa y gran mercado de consumo detrás. Esto último se mide a través del respaldo de poblaciones millonarias en varias decenas de seres humanos. ¿Cuáles? Los que han triunfado en la copa del mundo de la FIFA iniciada en 1924. Alemania, Italia, España, Francia, Brasil y Argentina. ¡Falta Uruguay, exclamará el lector! Si, falta… Uruguay es el patito feo, la piedra en el zapato, porque presenta una historia gloriosa de primera categoría en la cancha, pero no reúne esa otra condición indispensable en el fútbol del mundo actual para hacerse respetar y ser respetado. Tres millones de habitantes son absolutamente nada para el mercado regido por las leyes que impone el poderoso señor don dinero. Nuestro país es apenas un suburbio de cualquier capital de los países que ostentan la orgullosa condición de campeones del mundo. Porque… ¡es muy difícil alcanzar la cima de la conquista de esa gloria futbolística! Por algo hasta la fecha tan sólo ocho naciones alcanzaron el trofeo, con la particularidad que recién desde 1998 se sumaron otros dos miembros al club: Francia y España.

Según mi juicio, por estos motivos el partido ante Egipto que comenzará dentro de pocas horas, resulta clave para el futuro celeste. Un triunfo claro en la contundencia del juego, en la prestancia y actitud en la cancha de quién se siente importante por el respaldo de la historia, abrirían las puertas a una pelea donde la calidad de varias de sus grandes estrellas (Suárez, Cavani, Godín, Vecino y Bentancur) meten miedo, como para convertirse en los héroes de una novela que comenzó a escribirse ayer con la goleada de Rusia y en cuyo protagónico papel final los gurúes de la cátedra no consideran a Uruguay.

 

Uruguay es como una farmacia

 

Oscar Tabárez parece indicarle alguna sugerencia a Lucas Torreira. El entrenador celeste sabe muy bien y así lo deja entrever en cada conferencia de prensa, que el fútbol es “el arte de lo impensado”. Fotografía de Fernando González, enviado especial a Rusia.

Los varios cientos de miles de compatriotas que van llegando a Ekaterimburgo, la cuarta ciudad de importancia en Rusia, en el actual límite de Siberia en la frontera entre dos continentes (Europa y Asia), arriban con la ilusión en alta de un triunfal debut en el partido de mañana ante Egipto. La selección uruguaya a la que definí en Sudáfrica 2010 como una “farmacia” –por el orden, la pulcritud, la perfecta ubicación de las cajitas y demás artículos que allí se expenden-, alienta esa esperanza de los aficionados y el periodismo. El “proceso” conducido por Oscar Tabárez con mano de hierro envuelta en guante de seda, ofrece los argumentos que permiten escribir en la mente de todos, el comienzo de la novela que se imagina con el anhelado final feliz de ver a la celeste en el último partido del torneo en Moscú el próximo 15 de julio. Ocurre aquí con esos miles de compatriotas que han concretado un moderno éxodo del pueblo oriental hacia Rusia. Sucede allá, en nuestro país, muy lejos de esta “Ventana de plata” como se llamó a la urbe en tiempos que lideraba el comercio de esta zona, con los tres millones de los uruguayos que estarán palpitando frente a las pantallas de la televisión.

Si algo faltaba para sumar nuevas esperanzas de cara al futuro, pensando en la siguiente fase si es que la celeste supera la zona del grupo A, la bomba que cayó sobre la selección española, reafirma las bondades de la “farmacia” llamada Uruguay donde las horas transcurren con total normalidad a la espera del enfrentamiento ante Egipto. El anticipado anuncio del Real Madrid de la contratación del director técnico de España a tan sólo tres días del debut en el mundial ante Portugal, despertó todas las críticas generando un terremoto que derrumbó la paz en la fastuosa residencia de Krasnodar, en las afueras de Moscú, donde reside la selección de la casaca color sangre. “Hace meses que jugadores importantes del equipo sospechan que el técnico toma decisiones que afectan al funcionamiento de España pensando en su carrera después del Mundial”, publicó en su edición de hoy El País de Madrid. Agregó los detalles del acuerdo que fue gestado y definido por Jorge Mendes, el representante más poderoso del mundo, a través de su empresa de extraño nombre. Se llama Gestifute…. ¿Se han puesto a pensar que hubiera ocurrido si –por ejemplo- Tabárez en estos días previos a conducir a Uruguay en su cuarto mundial, cerraba el acuerdo con el presidente de Peñarol, Jorge Barrera, en iguales circunstancias que el Real Madrid con Lopetegui, o sea con la participación publicitada de cualquiera de los muchos empresarios que hoy se dedican a este tipo de transacciones en nuestro medio? Y ni que pensar si el acuerdo lo cerraba Paco Casal…

Lamentablemente el fútbol-negocio continúa extendiendo sus tentáculos estrangulando a aquel fútbol que se transformó en deporte profesional con montos de dinero que “daban para vivir” y no atacaba las raíces del juego.

Apenas unas horas antes de que se conociera la noticia oficial, en conversaciones informales el técnico Lopetegui confirmaba la titularidad del defensa del Real Madrid, Nacho, en lugar de Odriozola en quién se pensaba como seguro en el equipo que enfrentará a Portugal.

Los planetas parece que se están alineando a favor de Uruguay, a pesar que en Europa la celeste continúa marginada en las consideraciones de los entendidos y no sólo de quienes apuestan fortunas en los sitios donde la pasión popular se canaliza en expresiones lúdicas en busca de jugosas ganancias. También en esta jornada en el mismo diario citado línea arriba, una nota a César Luis Menotti culmina con sus vaticinios en los cuales Uruguay no cuenta. “A mí me gusta ver todos los partidos -dijo el ex entrenador de 79 años nacido en Rosario-. Brasil está muy fuerte y, por supuesto, España y Alemania son candidatos. Después hay otras selecciones que juegan bien como Colombia y Bélgica, que te pueden dar un dolor de cabeza. Y está Francia”. Por lo menos no incluye a su país entre los posibles conquistadores de la copa del mundo.

De todas maneras los lectores que conocen mi pensamiento sobre este juego maravilloso, saben que sostengo como línea de pensamiento la justa definición que Dante Panzeri acuñó para el fútbol: “dinámica de lo impensado”. Alejado totalmente de las ciencias exactas, el fútbol es, en cambio, una ciencia oculta imposible de predecir. La propia historia gloriosa de nuestra celeste se transforma en el símbolo perfecto que resume lo expresado. A través de conquistas primigenias que parecían imposibles de alcanzar, Uruguay le demostró al mundo del fútbol, en varias ocasiones, que los sesudos análisis previos en procura de esbozar la posibilidad de adivinar la definición de un cotejo no tienen sentido. El técnico Tabárez está afiliado a este mismo pensamiento. Alcanzar con leer y analizar sus expresiones en las habituales conferencias de prensa -que tanto le molestan-, cuando un periodista formula una interrogante en buscar de la respuesta prevista que nunca llega.

El fútbol lo construyen los jugadores en la cancha donde olvidan cualquier indicación previa para accionar de acuerdo a los dictados de su mente de forma imprevista. Normalmente el resultado se inclina a favor del equipo que actuó mejor, lo que tampoco quiere decir que jugó más lindo o, si lo prefieren, que practico “yogo bonita” como pregonaban en un tiempo pasado los brasileños. Y cierro estos conceptos transcribiendo a Panzeri: “Fútbol bien jugado puede incluir, puede necesitar en algún momento, del pelota ‘bartoleado’, en la misma medida que del toque que sutilmente coloca la pelota en un claro desde el que solamente hay que empujarla al gol. El fútbol bien jugado puede necesitar alguna vez rechazo sin destino meditado; la retención de pelota sin avanzar ni retroceder, ni hacer nada futbolísticamente exquisito, aunque sí circunstancialmente necesario; un vertiginoso movimiento de ocho o nueve hombre que esconden la pelota haciéndola andar de unos a otros; un suave toque o un violento disparo; una carrera individual avasallante y desconcertante; una carrera colectiva de varios hombres que no se llevan a nadie por delante y en la que todo sea diláfano al mismo tiempo que penetrante”.

En síntesis, “dinámica de lo impensado”, del imprevisto, de lo espontáneo.